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lunes, 28 de febrero de 2011

64. Tápate la barriga que te vas a enfriar.

Todd Baxter
Yo de pequeña pensaba que las barrigas eran hipersensibles, y que si se te enfriaban era una auténtica catástrofe. A mí no hacía falta que me dijeran que iba a venir el coco, menuda tontada, a mí lo que me asustaba de verdad era un corte de digestión. Claro que yo me imaginaba que se me iba a partir en dos la tripa, tipo hachazo. Si, una niña un pelí gore.

Cuando utilizaba el consejo:
Tú piensas que lo lógico es que lo dijera cuando hacía frío...ay infeliz, esperando lógica de una drama mamá. Mi madre me lo decía cada vez que me veía la barriga. Voy a concretar un poco. Eso ni siquiera significa que la tuvieras al aire, noooo, eso significa que si se acordaba que eras su hija y no tenía otro consejo pendiente, te decía:
- Nena, tápate mejor la barriga que te vas a enfriar.
Que yo me recuerdo mirando mi barriga pensando: "¡Por dios! ¿De qué está hecha? Si llevo una camiseta interior, unas bragas de puntillas hasta debajo del pecho, una camiseta con felpilla por dentro, un jersey de lana que haría las delicias de cualquier esquimal, un pantalón de pana, un anorak de paño, bufanda, guantes y pasamontañas". Porque sí, yo fui niña de pasamontañas, pero de los que solo se te ven los ojos:
- Que por la boca se coge de todo nena, y las anginas son muy malas.
- Ya mamá pero no puedo hablar.
- ¿Pero tú qué vas a querer decir con lo pequeña que eres? De aquí al cole vas en silencio, repasando la lección, que seguro que te viene bien.
- Ya mamá, pero es que no oigo bien. Pues te agarras a la mano del abuelo y que él te lleve. Ya te lo he dicho, repasando la lección, la tabla del 7 que siempre te la inventas.
- Ya mamá, pero es que no puedo ver bien.
- Ya mamá, ya mamá... qué pesada eres. Que ves perfectamente, ¿o quieres que te tengan que operar las anginas? -yo negaba, por cansacio, problamente, porque ni idea de qué eran las anginas- pues eso, te vas con el gorro bien puestico.
- Pero es que tengo pinta un poco rara... Martita tiene un gorro super guay con una bola roja y orejas de conejo y el mío es como de ladrón.
- Ay por dios nena, que tienes cada cosa... El tuyo es mejor que lo hizo tu abuela. ¿O le vas a decir a tu abuela que su gorro no te gusta?
Chanteje, leches, eso era chantaje emocional en toda regla, y allá que iba yo, que solo se me veían los ojos, como un alma en pena, como una pequeña terrorista en pena, porque de eso era de lo que tenia pinta. Y aún gritaba:
- Y tápate bien la barriga que te va puede dar un corte de digestión.
Lo segundo más terrible que te podía pasar en la vida era que se te enfriaran los riñones. De ahí que fuera super necesario meterte la camiseta por las bragas, qué digo la camiseta, yo he llevado jerseys de lana gorda (sí de esos que picaban) remetidos por las bragas. Esto movilidad no te daba, te convertía un poco en una niña palo, ahora, que con tanto refajo y tan bien colocado eras una niña que rebotaba. Incómodo pero práctico.

Consecuencias del consejo:
Me siento salvaje si no me remeto la camiseta dentro de las bragas. Puro riesgo.
En agosto, duermo con la sábana por la barriga. Puedo estar desnuda pero necesito aunque sea un pañuelo en la tripa, si no, no cojo el sueño.
Consecuencias en mi hermana mucho más dramáticas: necesita pilas de ropa para dormir, también a 40 grados, no le sirven los edredones, necesita mantas que pesen, varias. Y varias veces hemos estado a punto de perderla por un golpe de calor durmiendo.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, prometo decirlo solo si hace frío y si tenéis la barriga destapada. Y si alguna vez os meto un jersey de lana por dentro de la ropa interior tenéis mi permiso para gritarme. Y para haceros un blog metiéndoos con vuestra madre, también.

sábado, 26 de febrero de 2011

63. Hasta que no se rompa, no se compra otro.

Mi madre se ríe de la obsolescencia programada. ¿Que hacen las medias mal para que se hagan carreras? Pues ella aprende a remendarlas. ¿Que quedan fatal porque se ve como un pellizco en mitad de las rodillas? Pues a ella le importa un pimiento. Listo. Si fuera por mi madre el sistema capitalista se hubiera ido al traste hace años. Viviríamos en el Estado del Drama donde todo el mundo lleva coderas y rodilleras y todos los días se comen vainas. Vamos, el jodido paraíso.

Cuándo utilizaba el consejo:
Siempre que pedías algo, insisto, siempre.
- Mamá quiero un walkman nuevo.
- Y yo un tren eléctrico.-ahí, con esa lógica que te descompone porque empiezas a pensar: ¿un tren eléctrico? ¿para qué narices quiere ella un tren eléctrico? Te vuelves a centrar.
- eh... Bueno pues yo un walkman nuevo que este ya no rebobina.
- A ver nena, para un rato que me siento en el día y tienes que venir a incordiar. Vete a jugar con tu hermana que no la oigo, y seguro que está haciendo algo malo.
- Que no te incordio más, pero necesito un walkman nuevo.
- Mira nena, uno necesita respirar, comer, dormir y que le quieran, todo lo demás no es necesario, es un plus. Y tú ya tienes pluses de sobra, si hasta tienes unos patines, mira si andas sobrada de pluses.
- Pero mamííí...
- Ay qué pesada eres. A ver, trae ese ualman (ajá, mi madre habla inglés).  ¿Cómo se enciende?
- Con el play mami.
- A mí háblame clarito que estamos en España y somos españoles.
- Con el botón grande.
- Uy si se oye de maravilla, ¿qué andas diciendo que no funciona?
- Es que no puedo echar las canciones para atrás.
- Pues te las eschuchas todas, que eres muy fina tú.
- Pero es que la cara B está vacía.
- ¿Y por qué andas desaprovechando una cara entera? ¿Qué te crees que las cintas me las regalan? Ya estás grabando en el otro lado. Y hasta que no se rompa, no se compra otro. Habráse visto.
- Pero no puedo rebobinar...- muy pesada, lo sé, y poco intuitiva de dónde estaba el límite de su paciencia.
- Mira nena que me estás hartando, a ver si al final te tiro el ualman por la ventana y la única música que vas a oír van a ser mis gritos por soleares de par de mañana. Te coges un boli de bic y le das para atrás.
- Pero mamá...., además está como desteñido ya no se lee ni lo que pone en las teclas.
- Chsitttt, a callar ya. ¿Desgastado? Tú si que me estás desgastando. ¿Se oye no? Pues ya está bien. ¿O quieres que lo tire por la ventana? ¿y a ti detrás?
Aquí ya no hacía falta intuición y me iba a buscar un boli de bic.

Consecuencias del consejo:
He roto miles de cosas a propósito. Y ella ha conseguido reparar el 80% de ellas: ropa remendada, juguetes pegados, estuches atados con gomas, incluso una vez me arregló los frenos de una bici BH azul de tercera mano (mi prima, su hermana, y yo era la tercera mano).
Segunda consecuencia: en  mi casa la compra de esparadrapo, cinta aislante y pegamento alcanzaba cotas de mayorista.
Tercera consecuencia: éxtasis total ante las cosas nuevas. Con éxtasis me refiero: saltos, grititos, abrazos a la coso nueva que fuera (un bici, unos patines, unas botas, una tele, unca caja de galletas...).
Cuarta consecuencia: mala valoración actual de si algo está roto o no. Ejemplo: tengo una caja de música que no hace música y no cierra, tuve un coche en el que no funcionaban la radio, las ventanas, la bocina, el aire acondicionado y llevaba pegada con cinta aislante la guantera...
Quinta consecuencia: mi vida está llena de trucos. He tenido tantos objetos medio rotos que me he acostumbrado a que haya que ponerle una piedra al cable de la tele para que se pueda oír bien, pero si lo quiero ver es el dvd, tengo que quitar la piedra de la tele y poner un páquete de tabaco debajo del euroconector. Agotador.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, este consejo me lo quedo. ¡Hombre ya con tanta tontería de comprar y comprar! Más os vale que las coderas se pongan de moda. Dicho está y os voy avisando que si quéreis cambiar de canal, hay que meterle un pañuelo de papel al mando donde las pilas porque se han aflojado los muelles.

martes, 22 de febrero de 2011

62. Te lo dije nena, te lo dije.

Este consejo me da pereza y probablemente sea el que más veces he escuchado, escucho y escucharé. Por lo siglos de los siglos, amén. Y sin lugar a dudas, es la frase que más me jode escuchar de boca de mi madre porque, la vida es así, ella siempre me lo ha dicho antes de que algo malo suceda.

Cuando lo utiliza:
Pues para joder, porque no me cabe otra explicación, siempre que algo me ha salido mal y con una coletilla que te termina de rematar normalmente acompañado de un refrán.
- Si suspendía un examen: "Te lo dije nena, te lo dije. Sabe el diablo más por viejo que por diablo y yo sabía que con lo poco que has estudiado te quedaban las matemáticas. Ahora que las dos sabemos que eso significa que estás castigada sin salir hasta... Encima no me tuerzas el morro que la tenemos. A buen entendedor pocas palabras bastan".
- Si volvía mojada a casa: "Te lo dije nena, te lo dije, que iba a llover y que te cogiéras el paraguas. Que en abril aguas mil. Pero tú te debes creer que eres impermeable. Pues no, nena, no, el don que te ha dado dios es la ubicuidad, que no paras quieta, pero, de momento, la lluvia te moja y te acatarra como a todos los mortales así que ya te estás comiendo una naranja que más vale prevenir que curar".
- Si me dejaba un novio: "Te lo dije nena, te lo dije, que así no ibas a ningún lado, que si somos modernos y yo puedo salir con mis amigas cuando quiera, irme de viaje sin pedir permiso, no llamarle en tres días. Pues no, nena, ni tan modernos, ni nada. Gota a gota el mar se agota. Y ale, para de llorar, que me pones nerviosa con tanto hipo".
- Si me perdían las maletas en un vuelo: "Te lo dije nena, te lo dije. Que te llevaras una muda limpia y un vestido en la maleta de mano, pero noooo, tú a tu aire como siempre. Hombre prevenido vale por dos. Y luego a llorar que te has gastado todo el dinero del viaje de fin de curso en bragas. Y no digas que era poco dinero. A París la niña, con 16 años, y que no tenía ni para tomar un café. Pero qué café ni qué ocho cuartos, a París, a tu edad, se va a mirar, que es muy bonito. Y no me digas que has pasado hambre que te cruzo la cara. Eso sí que no. Te metí mortadela para siete días, lo que pasa es que eres muy fina y no puedes comer todos los días lo mismo ¿no? Ah y que querías también Cocacola. Mira nena, lo que dan los grifos es agua, y eso bebemos nosotros. Habráse visto, y quítate de mi vista que aún te pongo a comer mortadela otra semana más, para que aprendas a hacerme caso que te lo dije nena, te lo dije, que esos de Iberia no tienen cuidado y les da lo mismo París que Moscú. Que tu tía Mari cuando fue de crucero, para una vez que se estira tu tío, le perdieron la maleta en Barcelona y todo el crucero sin ropa. Ella que se había llevado un vestido de gala para la cena con el capitán... Pues en pareo tuvo que andar 15 días, porque ¡lo qué valen las cosas en esos barcos! Que ya le dije yo que no lo entendía, que una falda es falda en el mar y en la tierra, pero como no tienes otro remedio, pues ellos ponen el precio que quieren. Y cada vez que hacían una visita a un sitio a correr a ver si encontraban algún puesto más barato para comprar al menos bragas y calzonzillos y se perdieron todos los monumentos. Ahora, tú tía de los mercadillos del Mediterréno se lo sabe todo. Y total que llegaron a casa y la maleta traía la mismita ruta que ellos, pero les seguía tarde. Desde entonces yo siempre hago un petate con cuatro cosas para poder salir del paso. Y ya te digo que yo a un crucero no voy, vamos hombre, por mucho capitán que me pongan que...". En este punto he desarrallado lo que mi hermana y yo llamamos "el poder del click". Click y a pensar en mis cosas y ya no tengo ni repajolera idea de qué narices habla.

Consecuencias:
Odio los refranes, el refrañero español y la madre del que se inventó tanta frase tocapelotas, pero ¡No puedo evitar repetirlos constantemente!
Segunda consecuencia: cierto aire de niña envejecida cuando les decía a mis compañeras: "Más vale pájaro en mano que ciento volando".
Tercera consecuencia: aislamiento social no elegido, yo lo llamo así, otros prefieren llamarlo marginación. Cabrones...
Cuarta consecuencia: terror. Cada vez que dice: esa mayonesa se va a cortar, va a caer una nevada, te vas a coger anginas, tiemblo. Leche, es que siempre acierta. Aunque he empezado a dudar. Creo que la técnica es la siguiente: ella siempre piensa que pueden pasar las peores cosas, y cuando pasan, ahí está para recordarte que lo había dicho. Ahora, cuando todas esas pequeñas apocalipsis no suceden... ¿Quién se acuerda de que ella dijo que en el año 2000 se iban a estropear todos los electrodomésticos y que por eso no compraban tele nueva? ¿Quién? Pues yo, pero cualquiera se lo recuerda.

Excepciones para utilizarlo:
Me niego. Futuros hijos míos si os lo dije, estoy segura de que os acordaréis solitos cuando os tiréis una semana comiendo mortadela. De los escarmentados, nacen los avisados, ea.

lunes, 14 de febrero de 2011

61. Nena, como te caigas, encima te doy.

En defensa de mi madre aquí va el parte de accidentes de mi infancia:
Fracturas:
- Los dos brazos, juntos y por separado. Juntos: haciendo una voltereta lateral encima de una barra de un columpio. Por separado: haciendo el pino y peleando con un vecino.
- Los dos tobillos, por separado. Una vez jugando a saltarle a mi hermana por encima. Otra vez jugando al bote bote.
- Varios dedos de los pies. Siempre por correr dentro de casa...jodidos quicios de las puertas.
- La tibia y el tobillo en una misma caída. Haciendo un montón con hojas de los árboles un día de lluvia y jugando a patinar sobre ellas. Sí, patiné demasiado.
- Casi todos los dedos de las manos: baloncesto, gimnasia, fútbol, pressing catch con mi hermana...
- La rabadilla, en varias ocasiones. La primera me caí de una rueda de tractor, la segunda persiguiendo a un gato caí de culo en una mini sima y la tercera haciendo saltos cruzados en una colchoneta elástica, hasta que me choqué con mi compañera de saltos, y fui a parar con el culo en el centro, es decir, en la parte que no es para nada elástica sino un hierro duro con una colchoneta de un milímetro de grosor.
- Las dos palas de leche y una definitiva. Bici y patines las falsas, y tirándome de cabeza la definitiva, que en realidad, en mi caso fue poco definitiva, un año de definitiva, la pobre:
- ¡Pero qué narices has hecho! Un día me matas de un disgusto, y ya te estás tirando a la piscina a buscarla, que igual te la pueden pegar.
- Pero mamá que estoy sangrando...
- Pues habértelo pensado antes de tirarte como Tarzán. A ti quién te mandará. Nena, que no eres de goma, que te lo he dicho mil veces. Ahora toda la vida sin palas, por no hablar de la fortuna que me voy a tener que dejar en el dentista. Una hija mellada. Que te tires a por el trozo de pala, y tu hermana también, por dejarte hacer tonterías.
Un espectáculo en mi piscina que los niños todavía recuerdan. Y una cara atónita, la del dentista: "Pero señora exactamente qué quiere que haga con esto?".

Brechas: barbilla, frente, rodillas, dedo gordo del pie y brazo derecho.

Cuando utilizaba el consejo:
Siempre que veía peligro, bueno la verdad es que ella siempre veía peligro. Y yo nunca. Yo descubrí el miedo en la universidad. Así que he sufrido los accidentes más raros que se puede uno imaginar. Para que os hagáis una idea, una vez me clavaron un palo de esquí justo encima de las palas. Y no fue culpa mía, aunque claro, para rato mi madre me creía nada.
Si además sabía que cerca de mí iba a haber cualquier cosa con ruedas ella entraba en estado de histeria. "Nena no juegues con eso, bájate de ahí, aléjate de ese quicio, no corras, no saltes, no te muevas y suelta ese patinete que lo carga el diablo".

Consecuencias del consejo:
Múltiples heridas de guerra. Yo sigo teniendo piedras pequeñicas en las rodillas de algún derrape indebido que, por no decirle a mi madre que me había vuelto a caer, pues ahí se han quedado, de recuerdo.
Segunda consecuencia una fama inmerecida en el barrio que llegó a su esplendor un día que estábamos en los columpios de la plaza.
- ¡Nena! Siéntate en la ruleta ahora mismo.
- Pero mami que es más divertido así hacia atrás.
- Que te he dicho que te sientes que te vas a abrir la cabeza. Y esta semana no podemos ir a urgencias otra vez. Que ya me tratan de tú. Y acábate ese plátano ya, por dios, que llevas una hora para dos bocados.
- Pero mira mami cómo hago- y yo me ponía colgando de la barra central de la rutela con la cabeza mirando para atrás... Lo dicho, me creía inmortal.
- Nena, como te caigas, encima te doy.
Pero no hizo falta, un ligero desequilibrio y me hice una brecha en cabeza. Sangraba una barbaridad y mi madre, me arrastró a la farmacia de la esquina mientras repetía todo el rato el número de teléfono de mi padre como una letanía, yo callada, porque sabía que podía cobrar. Según entramos en la farmacia, dijo el número una vez más y se desmayó. Así que mi padre recibió la siguiente llamada:
- Mire, lo de la niña no es nada, un par de puntos, ahora, que lo de su mujer, ya no sabemos.
Lo dicho, a la boticaria, que era una cotilla, le faltó tiempo para irle con el cuento a todas mis vecinas.
Tercera consecuencia: mote familiar "La nena mercromina".

Excepciones para utilizarlo:
Encima de las leches que me he dado a lo largo de mi vida, lo único peor era pensar que encima me podía llevar un sopapo. Éste no pienso utilizarlo. Ahora, futuros hijos míos cruzad los dedos para que mi gen de la inmortalidad sea recesivo. Por dios, hacedme caso, tenéis que salir a vuestro padre.

miércoles, 9 de febrero de 2011

60. Eso es que estás creciendo nena.

Boldandnoble
Tú te levantabas un día de la cama y se te doblaban las rodillas:
- Mami me encuentro fatal, yo creo que esta noche durmiendo me he partido las piernas.
- No digas tonterías nena, que no dices más que tonterías. Eso es que estás creciendo.
- ¿Crecer duele?
- En la vida todo duele, pero si me haces caso y eres una niña obediente, la vida te dolerá menos.
- ¿Por qué duele?
- Ya estamos con los porqués, ¿eh nena? No habíamos hablado ya que, a veces, las cosas son más bonitas si no sabemos porqué. Acuérdate del disgusto que te llevaste cuando tu padre te explicó que el frigo no era una caja mágica que hace frío. Acuérdarte que no te hizo ninguna gracia. Pues eso, a veces es mejor pensar que las cosas son mágicas, y punto.
- Mamíiiiíii, pero es que me duele.
- Mira nena, te he dicho una y mil veces que no me llames mami, que no eres un bebe y yo me pongo muy nerviosa. Te duele porque sí, porque te tiene que doler.
- Porque sí no es una respuesta- ahí, en plan kamikaze.
- Porque sí es una respuesta si lo digo yo. ¿Te queda claro?
- Jo, sólo preguntaba...
- Ay que pesada eres, de verdad, nena  Pues la vida duele porque la hicieron así y tus piernas, porque los huesos se están extirando y empujan a tus piernas y te duele.
- Pues yo no quiero crecer más.
- ¡Ah claro! Que te quieres quedar enana, muy práctico. Así no tendré que comprarte ropa nunca más, ni zapatos, ni cambiarás de clase, porque como no habrás crecido...
- Bueno no sé... Si no tengo que crecer más..., ¿tendría que seguir comiendo vainas que son buenas para crecer?- estaba  loca, estaba mirando a directamente a los ojos del abismo, y tan tranquila, como si no fuera conmigo.
- Mira nena, tú te comes las vainas aunque midas la mitad de pulgarcito, ¿me oyes? Y como te hagas la lista, dos platos cada vez. Y vete a hacer los deberes, que me tienes harta.

Consecuencias del consejo:
Miedo paralizante por las noches. "Y si mis huesos crecen mucho y me revientan la piel, ¿qué? ¿Cómo se vive una vida con la piel reventada?"
Segunda consecuencia: crecer me parece una mierda. No sólo te dolían las rodillas, cualquier catarro, angina, dolor de muelas, de cabeza e incluso moratón era "porque estás creciendo".
Tercera consecuencia: terror a ser un gigante. Yo crecí de golpe. Un martes. Pasé al metro setenta y tres de golpe, y mucho antes que mis amigas. Así que todos los dolores que padecí después de "El estirón" me aterrorizaban. "¡Por dios, no quiero crecer más! Ni un centímetro. Esto me pasa por comer tantas vainas".
Cuarta consecuencia: incredulidad en la sabiduría materna. Vamos, hombre, con 31 años que tengo y me siguen doliendo las rodillas, no me jodas que todavía me queda por dar un estirón.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, la vida duele, es así. Me gustaría daros buenas noticias, pero duele. Ahora, que si sois obedientes...

jueves, 3 de febrero de 2011

59. Nena, tú nunca seas la primera en nada.

101Birdtales
El otro día le dije a mi madre que iba a hacerme la depilación láser y me recordó uno de los consejos más raros que me solía dar:
-Ni se te ocurra nena, que eso no está ni investigado ni nada, a ver si te queman o te pegan algo raro, que nunca se sabe. No ha pasado tiempo para qué se conozcan las consecuencias, y las compañías lo único que quieren es ganar dinero. A mi costa no, desde luego, no me verás a mí esperando a que una señorita con unas gafas de marciana me apunte con una pistola de luz azul a la piel. Nooooo. Muy tonto hay que ser para caer en eso.
- Pero si se lo hace mucha gente.
- ¿Cuántos años han pasado desde que se lo hizo la primera? ¿Dos, tres?
- Pues no sé, mamá, algo más.
- Pues cuando esa primera mujer se muera con 80 años, feliz y rodeada de nietos, podrán decir que no tiene consecuencias. Yo mientras tanto me espero, que de toda la vida de dios nos hemos depilado de manera normal y no pasaba nada, que ahora sois muy finas. Yo con mi Antonia que me hace la cera perfectamente, y además me da conversación.
- Mamá hay que avanzar, si por ti fuera en esta casa no hubiera entrado ni un microndas...
- Mira la moderna. Nena, yo he sido toda una avanzada, aquí donde me ves, que tú no tienes ni idea lo que hemos tenido que pasar las mujeres de mi generación y todo lo que hemos tenido que inventarnos. Ni idea tienes. Eso sí, de ahí a creerme que no sé porqué magia divina la comida congelada se calienta, pues no, no soy tan moderna ni falta que me hace. Que así de pocha se queda la comida, algo malo le hará. Nunca hay que ser la primera en nada, nena, en nada. Ni en probar cosas nuevas, ni en ser la primera de la clase tampoco. El segundo puesto está de maravilla en la vida. Ya lo aprenderás. La más guapa, siempre acaba mal. Es mejor ser del montón. La más lista, siempre acaba sola. Por eso siempre os lo dicho: Yo quiero hijas del montón. Que los niños listísimos se los queden otros. Vosotras normalicas, como a mí me gustan, con una vida normal, un novio normal y un trabajo normal.
- Mamá eso es un poco raro. Todos los padres quieren que su hija sea la más guapa y la más lista.
- Pues yo no. Mira, la Mari Carmen era la guapa de mi colegio. Monísima, una mujer de bandera. Pues me la encontré hace poco, gorda como un tonel, que ya sabes que yo prefiero un hija gorda que una flacucha, pero hay que cuidarse, por salud. Pero como ella era tan guapa, pues se fue dejando. El caso es que nos ponemos a charlar, 40 años después, y de repente me saca del bolso una foto firmada por todos los chicos del colegio del al lado. ¡40 años después! Nena, esa mujer llevaba en su bolso esa foto vieja como el mayor trofeo de su vida. Ay me pareció tristísimo. Y todo eso por ser guapa. Yo como era del montón en mi bolso llevo tu foto y la de tu hermana, que menuda pinta tienes tú. A ver si te sacas una foto en la que salgas bien, porque es de la época en la que te dio por ir de sucia, porque ya me dirás tú que ese pelo rizado... ¡Ni la Pantoja nena! Que las que son muy morenas y con tanto pelo se tienen que peinar bien, que te lo tengo dicho, que si fueras rubia, pues puedes ir despeinada y pareces graciosa, ¡pero tú! Tú pareces sucia. Con lo mona que podrías ir si me hicieras caso. (Más spam) ¡Ah! y en el bolso también llevo el carnet de conducir, que creo que ha sido lo mejor que he hecho en mi vida, bueno, después de vosotras, que no sabes la libertad que te da eso de ir a dónde te de la gana. A por patatas, a por patatas, al Corte Inglés, al Corte inglés, a casa de mi hermana, a casa de mi hermana, y sin pedir a nadie que te lleve, que es casi como pedir permiso. Eso sí que ha sido la liberación de la mujer.

Consecuencias del consejo:
A mí destacar en algo me hacía sentirme fracasada, ya de entrada.
Segunda consecuencia frustración:
- ¡Nena! ¡Un cinco en matemáticas!
- Pero mami, no decías que no querías que fuera la primera...
- Pero mira la listilla. La segunda nena, te dije la segunda, no la listilla que solo quiere llegar al mínimo.
- Pero es que la de mates me tiene manía.
- Yo también te la tendría si no fueras mi hija, que eres muy listilla. Y ya te estás poniendo a estudiar desde hoy mismo si quieres volver a pisar la calle.
- Pero mamá...
- Chts. He dicho ¡YA!.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, sin presiones, pero me encantaría que fuérais los primeros de vuestra clase en retirar a vuestra madre a vivir a una isla caribeña. Para el resto, pues lo mismo me da.