viernes, 31 de agosto de 2012

103. Hazme caso que yo sé lo que es mejor para ti

La taza que es como debe ser.
¿Sabes el sitio donde guardas el estropajo de fregar los platos? Pues no tienes ni idea, que  yo diría ni puñetera idea, pero como ahora me lee mi madre, pues no lo digo. A lo que voy. El sitio en el que llevas guardando el estropajo años, pues es un sitio completamente equivocado. No me vayas a venir con que para ti es cómodo, que siempre lo dejas ahí, que meterlo dentro de una cajita en un armario es una lata. Tonterías, tú vivías con el estropajo en el sitio equivocado, tan temerariamente, pero invitas a tu madre una semana a tu casa y entonces descubres lo ignorante que eres tú, no ya de dónde va cada cosa sino, incluso, de lo que te resulta cómodo.  Ignorante, ignorante, ignorante. Que también podría decir tonta del culo, pero no lo digo porque me lee mi madre.

Una semana, con sus siete días, que os voy a recordar que tienen 24 horas, y muchos minutos (se me dan mal las mates, multiplicad vosotros), para que tu madre vea cada esquina de tu casa, cada mota de polvo, cada cosa que tu has colocado en el sitio equivocado, provocando un desalineamiento espacio temporal de cómo tiene que ser la vida, y que a ella le lleva hasta el más profundo de los horrores:
- ¡Pero cómo es posible que puedas vivir con el cubo de reciclaje de papel, separado del de envases! Y aún más, ¡cómo es posible que no tengas cubo para el vidrio!

Inconsciente, que eres una inconsciente.
Porque una cosa es que tu madre venga de visita, mire por encima, y te regañe durante 3 horas. Pero una semana completica da para que se dé cuenta del desastre total de persona que eres, capaz de vivir en la total inmundicia con un único estropajo para limpiar los platos y las cazuelas.  Analfabeta de la cocina, que también podría decir jodida analfabeta de la cocina, pero no lo voy a decir que me lee mi madre.

A parte de las cosas que no están donde deben estar, hay otra categoría: las que no tienes. Y no vayas a empezar con que has vivido 11 años sin ellas: necesitas un bote con una hortensia dibujada para guardar los envases vacíos de la nespresso. Y si quieres, luego hablamos de: cómo es posible que prefieras esa cafetera, a una italiana de toda la vida, con su aroma y su pitido, y ese burbujeo que ya te despierta. Luego lo hablamos. Tranquila. Por hablar será...

Y por último tenemos la categoría en la que ni tú, ni las tiendas de decoración, sabéis que las tazas para desayunar, las buenas, son grandes, tipo tazón, pero bajas, apilables, con plato a juego, solidas, en las que caben tres cafés. Y da igual que vayas a Ikea a buscar las dichosas tazas para que puedas desayunar como se debe hacer, y no en esas tazas americanas absurdas demasiado altas para poder mojar agusto una magdalena, da igual que entre las 3.000 tazas no haya una de esas, porque está claro que los suecos tampoco tienen ni idea. Da igual que en La loja do gato preto, tampoco las tengan, ni en Casa, ni en Micasa, ni en ningún lado. Da igual, porque siempre existe El Corte Inglés, en el que por supuesto, hay una dependienta a la que tu madre le mira a los ojos y le dice:
- Seguro que usted me puede ayudar, buscamos un juego de tazas para desayunar de café con leche, de las de toda la vida.- Y la señorita, que apuesto mi mano derecha a que era una señora, con esa mirada de suficiencia que tienen todas las drama mamá, le contesta:
- Por supuesto, con florecitas o en rosa, para poder mojar las magdalenas sin que se te caiga ni un miga. Y apilables para que ocupen poco.- Y las dos se miran, y el mundo parece ordenarse un poco ante dos mujeres con tanta sabiduría interior.
- Ay, nena, ¿ves? si es que lo que no haya en El Corte Inglés.

Consecuencias:
No encuentro nada en mi casa. Ni idea de cuál es el verdadero sitio del Fairy, he abierto 3 armarios y nada.  No sé dónde está el arroz, acabo de encontrar un gato que llevaba perdido 3 horas,  y he descubierto que las tazas apilables están en el antiguo sitio de la jarra de agua. Así que si alguno conoce el lugar donde debe de estar una jarra, agradecería que me lo dijerais. 

Segunda consecuencia: estar en mi casa ahora es un poco como vivir en una gincana constante. Algo tipo: vale, he econtrado los tuppers dónde deberían estar las cazuelas, y las cazuelas están donde antes estaban los cuencos, ¿Dónde demonios está la mermelada y desde cuando tenemos paellera? Es divertido, rollo: ¡sorpresa! Aquí están las toallas que llevas dos días buscando.
Eso sí, en este momento podría chupar el suelo de mi casa de lo limpio que está, todos mis mecheros están ordenados por tamaños y colores y tengo la nevera llenita de pollo al ajillo, chistorra, mejillones en salsa, queso, albondigas y gazpacho, que tú no tienes ni idea, pero el gazpacho bueno, el de verdad, no lleva pepino.

Bueno, aunque también mi casa huele a la colonia de mi madre, y tengo una planta de hierbabuena con la que cocina y  bizcocho casero,  y horas de acordarme de nuestras charlas delante de un café con leche, arreglando el mundo,  ordenándolo,  y riéndonos de lo ignorante que soy, y de lo bien que me podría ir la vida si le hiciera un poquito de caso y no andara con mis payasadas de siempre, que ella podría decir "mis chorradas de siempre", pero ¡ay! mi madre jamás diría chorradas. Ignorante, que eres una ignorante.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, os voy a dejar un mundo desordenado, no me sé los sitios. Pero siempre podéis preguntarle a vuestra abuela, ella seguro que os puede ayudar.

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