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miércoles, 23 de octubre de 2013

112. Lo peor ya ha pasado...

Llevo sin fumar desde el 3 de septiembre. Yo, Amaya, llevo sin fumar desde el 3 de septiembre. Y prácticamente todas las noches sueño que fumo. Así de triste es la vida del adicto. Antes soñaba con playas, ahora sueño que fumo y me levanto con más mono.  No os quiero ni contar el humor que me gasto por las mañanas.

La mayoría de la gente que me conoce, cuando trata de imitarme o burlarse de mí, hace el gesto de llevarse un cigarro a la boca o de gesticular con él (como en la imagen). Es decir, todo el mundo me relaciona con el tabaco. Fumo bastante (bueno, o fumaba, todavía no estoy segura del tiempo verbal) pero sobre todo, la manera física que tenía de hacerlo, intensa, nerviosa, rápida, ansiosa, provocaba que si cualquiera de mis amigos hubiera tenido que hacer una caricatura de mí, hubiera sido con un cigarro, estoy segura.

A ver, que lo cuento y parece que me hace gracia, pero no, no tiene ni puñetera gracia. Nunca me ha gustado que hicieran eso y siempre he intentado rebatirlo diciendo que fumaba lo mismo que ellos. Pero da igual, en su mente, yo era una mujer a un cigarro pegada. Y me jodía cuando, por ejemplo, me mandaban esta foto y me decían: "Eres súper tú". Mierda súper tú también.

Solo de pensar en dejarlo, me moría de miedo. Los fumadores y ex fumadores lo entenderán: cómo voy a hacer todas esas cosas que siempre hago fumando, por ejemplo, escribir. Pues mira, estoy escribiendo. Me está costando, tampoco vamos a mentir. Me falta concentración, porque si antes solo tenía que pensar en juntar las palabras, ahora pienso en juntarlas y en que no puedo fumar, que es un pensamiento que me acompaña todo el rato. Mira un café, no puedo fumar. Mira, 5 minutos para esperar al bus, no puedo fumar. Mira, un gin tonic, no puedo fumar.  Mira una colilla, no puedo fumar. Mira, un fumador, no puedo fumar… Y así llevo 1 mes y 20 días, y con los dedos cruzados para aguantar.

Me he cansado de fumar. Eso no me quita la adicción, pero al menos me da fuerzas para intentar dejarlo. Me di cuenta que me pasaba la vida gestionando el mono. Sí, también cuando fumaba. En el curro, a veces elegía entre mear o fumar. Triste. Me bajaba de los aviones ansiosa. Ya no se puede fumar en casa de nadie, ni tampoco cuando sales. Me vi con la cabeza asomada a una ventana, justo encima de un aire acondicionado, fumando. Y pensé: “Esto es un coñazo. No solo me estoy jugando mi salud y mi pasta, sino que encima, ni siquiera lo disfruto”.   Y lo dejé. Bueno, 6 meses después lo dejé. Es que soy de efecto retardado, me cuesta que se me asienten las ideas.

He notado mejoría en algunas cosas: el olfato, la respiración, menos tos, más dinero… Pero hay una motivación más fuerte que nada para no echarme un cigarro: no volver a pasar por las dos primeras semanas de dejarlo.

Dos semanas son 20.160 minutos en los que solo hablaba, pensaba y soñaba con fumar.  Todo el rato. A eso hay que sumar la incredulidad de mi entorno que tampoco me hablaba de otra cosa. Mi madre ni se atrevía a llamarme por si había caído, y aún sigue preguntándomelo cada vez que hablamos:

El primer día:
- ¿Cómo lo llevas? ¿Estás nerviosa? ¿Seguro que has caído? Si has caído no pasa nada, lo vuelves a intentar. Es cuestión de intentarlo.
- Pues lo llevo fatal, y mi novio peor, igual me echan del curro, pero no he caído.
- Muy bien, tú sigue así, que todo lo demás se puede solucionar.

El primer día dos horas después:
- Bueno, y ¿qué tal?
- Bien mamá, ¿y tú?
- Yo nerviosa. ¿Cómo estás? ¿Has fumado?
- No.
- Muy bien, que orgullosa estoy de ti. Tú piensa que dentro de nada habrás pasado lo peor.

El segundo día:
- Hola nena, que estaba aquí pasando el aspirador… Y no me aguantaba. ¿Has fumado algo? Si has fumado no pasa nada, tú dímelo. No vayas a mentirme que me daré cuenta.
- No mamá, sigo sin fumar.
- ¡Por Dios! ¡Qué alegría! Ya vas a ver que en nada has pasado lo peor. Lo peor son las 48 primeras horas.  Luego está chupado.

El octavo día:
- Nena, estás como tristona. ¿Ya has caído?
- No, mamá. Es cansancio.
- Ay qué alegría más grande me das.  Tú no caigas, que ya has pasado lo peor. Lo peor es la primera semana.

La quinta semana:
- ¿Qué tal nena cómo vas? Aquí parece que llueve…
- Que no he caído, mamá, sigo sin fumar. No hace falta que hables del tiempo.
- Ay nena, ¿quién lo iba a decir? Tú aguanta, que lo peor ya ha pasado. Dicen que lo peor son las primeras cuatro semanas.

La gente me dice que me descargue una aplicación que te va motivando todos los días, y ya veis que no me hace falta, tengo la mejor coach del mundo. Es un poco mentirosa con “lo peor ya ha pasado” pero, oye,  parece que ella también lo estuviera dejando, por falta de compañía, seguimiento y apoyo no será.

Tampoco voy a ir de flipada ex fumadora. De momento, solo me atrevo a decir que llevo 1 mes y 20 días sin fumar.  Sé que en cualquier momento puedo caer, aunque por ahora solo fume en sueños, esto es un proceso largo, pero ¿sabéis?,  nunca hubiera imaginado que era capaz de estar tanto tiempo si un cigarro. Eso que me quito. Y a diferencia de antes,  ahora no me da tanto miedo dejarlo, así que volveré a intertarlo. Además he conseguido escribir un post a pesar de la falta de concentración, y ya puedo tomar café y gin tonics sin llorar. Poco a poco.

Mi padre decía que llega un momento en la vida en el que te has fumado todos los cigarros y que ya no quieres fumar más. Ojalá sea mi caso y ojalá sí haya pasado lo peor, por mí, y por mi madre, que la tengo en un sin vivir y con unas facturas de teléfono que para qué te voy a contar…


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