lunes, 17 de noviembre de 2014

118. Me van a oír

Noche, Madrid, octubre de 2014, casa de la nena, llamada rutinaria de control maternal:
- ¿Qué tal nena? ¿Cómo ha ido el día? ¿Hace frío? ¿Has comido? – ésta es mi madre.
- Bien mamá, trabajando y eso.
- ¿Qué es eso? -  a ella los pronombres demostrativos no le gustan, no son su estilo.
- Pues lo de siempre: comer, conducir, planchar… Poca novedad.
- Pues anda que no es novedad tú planchando. ¡Para verlo! ¿Te has grabado en vídeo?
- Anda no exageres ¿y tú qué tal el día? ¿Has hecho algo especial?- esta soy yo desviando la atención.
- Bien, bueno, me ha pasado una cosa un poco rarilla.
- ¿El qué?
- Ha venido una mujer de Iberdrola. Yo le he pedido tarjeta de identificación, no te creas, que a ver por qué tenía que creerle, se lo he dicho tal cual. Total que me ha enseñado una tarjeta y  me ha dicho que venía a actualizar los datos de la facturación y demás. No sé raro.
- ¿Y se los has dado?
- De entrada no, porque ya le he dicho que yo también me puedo hacer una tarjeta que ponga Iberdrola, bueno, que me la haría mi hija que trabaja en internet, y podría ir por ahí pidiendo el DNI y el número de cuenta a la gente, si quisiera, que no quiero claro. Pero entonces me ha enseñado otros papeles y tenía todos nuestros datos. Y me ha dicho que era como para comprobar la información y actualizar el tipo de contrato y que no tenía ningún coste, que mi factura iba a ser igual. Total, que le he dicho que si mi vecina también lo había hecho y hemos llamado a María Jesús, y bueno, no sé al final se lo he dado. Aunque María Jesús no le ha dado nada porque hace poco le hicieron un lío en Telefónica y está que no se fía. Todo parecía normal pero, chica, tengo la mosca detrás de la oreja.
- A ver, ¿has firmado algo?
- Pues lo de los datos y ha hecho como una fotocopia del DNI en una maquinilla que llevaba… Espera que voy a por el papel que me ha dado.

Total que me empieza a leer un larguísimo texto que después de 20 gritos, tres relecturas, 4 reinterpretaciones,  15 minutos navegando por internet, un ¡mierda! (que en boca de mi madre suena a apocalipsis)  y 4 llamadas a Iberdrola, descubro que le han dado de alta en una especie de seguro del que no le habían informado. Pagas lo mismo el primer año, pero luego no y tenía permanencia. 

Así que trato de explicárselo con toda la suavidad del mundo:
- Te han timado mamá.- sí, los rodeos no son lo mío.
- ¿Que me han timado nena?- silencio- ¡ME HAN TIMADO!¡A mí! ¡Mierda!- (dos mierdas: el fin del mundo está cerca)
- Bueno, tú tranquila. Les he dicho que lo paralicen y tengo que mandar un mail a incidencias exponiendo lo que ha pasado con tus datos  y con eso se supone que está.
- De eso nada, mañana mismo a las 8 de la mañana estoy en la oficina de atención al cliente.  ¡Me van a oír!
- Mamá, de verdad, estate tranquila que ya lo he solucionado, no hace falta que vayas.
- Que no, que no. Yo quiero que me lo pongan por escrito y que me devuelva el papel que he firmado.
- Bueno, tú veras. - cualquiera la contradice cabreada. Desde luego que el tercer mierda de la noche no iba a ser para mí así que nos despedimos después de preparar toda su argumentación para el día siguiente.

8 de la mañana. Llamada a las puertas de la oficina de atención al cliente:
- Nena, estoy aquí mismo, en cuanto abran, me van a oír. No sabe esta gente a quién han timado. Los voy a freír a hojas de reclamación.
- Bueno, mamá, por favor, estate tranquila que nos conocemos…
- ¿Tranquila? Te dejo nena que abren. Me van a oír. Estos me van a oír.

8.10 de la mañana. A las puertas de la oficina de atención al cliente. Ring. Ring.
- ¿Qué ha pasado mamá? ¿Ya te lo han solucionado? No me digas más, ¿te ha echado la policía?
- ¿Qué policía? Que te gusta más un drama nena.  Calla, calla… Que he entrado y he pillado a un señor y le he soltado todo el rollo, que lo traigo ensayado, y el señor ahí esperando,  que si sois unos mangantes, que os metéis con la gente mayor, que menuda vergüenza, y total que cuando termino mis 10 minutos de charla, me dice el señor que tengo toda la razón del mundo, pero que eso es Telefónica, y que Iberdrola está en el edificio de en frente.
- ¡Jajajaj! ¿Y qué le has dicho?
- Que me había liado pero que entre Iberdrola y Telefónica se llevan el canto de un duro y que a mi vecina María Jesús le han hecho un lío que le han tenido 10 días sin línea. Bueno, te dejo que ahora sí estoy donde atención al cliente. Me van a oír. Estos no saben con quién se han metido.

8.30 A las puertas de Telefónica. Ring, ring.
- ¿Qué tal ha ido mamá? ¿Qué tan dicho? ¿Has gritado mucho? ¿Y la policía?
- Uy, chica, no sabes qué carácter tiene la de Iberdrola. Menudos gritos me ha metido ella a mí. Pero no te puedes imaginar, qué mala leche la muchacha. Que si ese no es su trabajo, que si además ya estaba anotado en mi ficha que no lo queríamos, que lo había anulado la hija de la propietaria,  que no era su responsabilidad y que ella no tenía nada que ver con eso. A grito pelado me lo ha dicho. Que le he contestado que, hombre, algo tendría que ver con una pegatina de Iberdrola en la puerta… Pero chica, menudo carácter,  casi me como la pegatina.
- ¿Me estás diciendo que te ha conseguido placar una dependienta?
- Imagínate cómo era. Uyuyuy nena, de verdad que tenía muy mal carácter, como para decirle nada. Está allí la mujer en un rincón porque el resto le debe de tener miedo… Y ha despachado a 5 antes que a mí, dos berridos por persona y para casa. Menuda pieza. ¿De qué te ríes? No le veo la gracia por ningún lado, que eres una sin fundamento. Bueno, te dejo, que voy a explicarle al señor de Telefónica cómo han quedado las cosas, que lo  he dejado preocupado. Y me tengo que ir para casa a peinarme el barrio a ver si pillo a la comercial, que como la pille le voy a dar un tirón y me llevo su carpetilla de robar a viejos.- yo casi me atraganto.
- ¿Pero qué dices mamá? No hagas tonterías. A ver si vamos a tener un disgusto.
- Tú tranquila, me acerco por detrás y ni se entera, que soy muy silenciosa cuando quiero. Me ha dicho la panadera que anda por las mañanas en el barrio. Se va a enterar.
- Mamá, por dios, a ver si te caes y te partes la cadera o algo.
- Anda nena,  ¿de quién habrás heredado tanto gusto por el drama? No te preocupes, te dejo que estoy en Telefónica. Esta noche te cuento.

Así que en este momento mi madre ha emprendido una campaña de información del barrio para que nadie caiga en manos de la comercial, que incluye una intensiva vigilancia de todos los portales de la zona oeste, todavía sin timados confesos, y este post bajo su petición con la frase textual de mi madre (y cito): “Pamploneses, cuidado con firmar nada a la puerta de casa, que nunca se sabe”. 



Consecuencias
Días después llamaron a puerta de la Mancomunidad para darle una llave para unos nuevos contenedores de orgánico que han puesto en Pamplona, lo que llaman el quinto contenedor. Las amables chicas del ayuntamiento me lo estaban explicando y cuando yo extendí las manos para que me dieran un pequeño recipiente de basura y la llave, no había llegado a tocarlo, cuando la drama mamá apareció por detrás de mí, y sin darnos tiempo ni a entender qué pasaba, cerró de un golpe la puerta al grito de:
- En la puerta de casa ¡NADA! A mí, comunicaciones oficiales por escrito.

No sé la cara de la chica porque no me dio tiempo a verla, pero la mía incluía el asombro, la vergüenza y cierto gesto de panoli total con los brazos extendidos hacia una puerta cerrada. Estuve así un par de minutos, procesando, porque es verdad que mi madre, cabreada, es rápida. No me gustaría ser la comercial de la carpetilla. Todavía no la ha pillado, ahora, que como la enganche…

La otra consecuencia es que ahora mi hermana y yo tenemos esperanza y poder. Cada vez que mi madre se pone imposible le decimos:
- ¿A que llamamos a la mujer de atención al cliente de Iberdrola?

Y a ella le recorre un escalofrío.  Solo espero que esa mujer no tenga hijas… Pobrecillas.


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