miércoles, 13 de marzo de 2013

La única herencia que vamos a dejarte es tu educación

La vida es injusta. Por mucho que vengamos con frases optimistas, hoy puede ser un buen día o un día de mierda. Y a ti te puede haber tocado una vida fantástica, pero a otros puede que les haya tocado una de mierda.

Es así. La suerte existe, digan lo que digan. Hoy me he enterado de que mi amiga Monika está peleando muy duro contra una neumonía, una de esas que se complican, después de más de dos años de lucha contra la leucemia. La vida no es justa.

Hay cosas que no podemos controlar, por mucho que quieras, te concentres, busques energía positiva y creas en Coelho sobre todas las cosas, no hay libro de autoayuda que te saque de una de esas. A veces, el optimismo sin control puede ser un insulto.

Te toca jugar unas cartas, y con esas juegas. Puede que hayas tenido suerte, buena salud, padres cariñosos, inteligencia y dinero.

También puede que no. Mala suerte.

Pero hay algunas cosas que no deberíamos dejarlas en manos de la suerte, no hace falta. Puede que estés enfermo, pero no podemos dejarte solo en eso. Deberíamos poder colaborar a que mejores en lo posible, a que te encuentres bien, a que no tengas que preocuparte nada más que de sanar. Por eso creo en la Sanidad Pública.

Otra es el hambre. El hambre es obsceno en un mundo como el nuestro. Nuestra sociedad es capaz de alimentar a aquellos que no han tenido nuestra suerte.

Y otra de ellas es la educación. Quizás no se valora tanto, quizás no parezca tan urgente, tan vital, pero lo es.

La educación puede darle la vuelta a tu suerte. Puede enseñarte a ser mejor persona, sean tus padres cariñosos o no, te puede enseñar a esforzarte, lo hayas visto en tu casa o no, te puede hacer conseguir un buen trabajo, lo hayan tenido tus padres o no, puede conseguir que nadie te engañe con cantos de sirena, puede enseñarte a pelar por lo que mereces o merecen los demás, puede ayudarte entender el mundo, y a darte los recursos que la suerte no te ha dado.

Y eso, debería ser igual para todos. No te hablo de hacer un MBA, te hablo de que todos los niños, nazcan en la familia que nazcan, puedan construir su propio principio si sus padres, sus tutores o quién sea, no lo han podido construir para ellos. Y eso se llama educación pública de calidad. Sin importar quién gobierne, qué religión sea la mayoritaria, ni el dinero que tienen tus padres.

La educación no debería ser una herencia, si no un derecho.

Hoy os pido dos cosillas:
Echarle un ojo al movimiento #mareafucsia en #viernesreivindicativo, que este viernes quieren exigir una enseñanza de calidad para todos: http://tangledpolitics.wordpress.com/viernesreivindicativo

Y la otra es: si vivís cerca del Hospital San Pau, Mónika (@leucemina.lapp) necesita muchas plaquetas para poder seguir peleando. ANTIC HOSPITAL DE SANT PAU, Edifici de Convent, nº 11
Decid que vais para MONICA CARABAÑO.

domingo, 10 de marzo de 2013

Estar fuera del armario

Cosas que pasan cuando publico un post:
- Me escriben dos primas y tres amigas para que les mande una foto de mi corte de pelo. Todas opinan después que sí, que parezco una menina.
- Me llama mi madre diciendo que se ha tenido que enterar por la vecina de que he publicado.
- Mi hermana me manda un whastapp con caras sonrientes y miles de jajajas. Y pide foto. Su respuesta el verme: “chica, el pelo crece”.
- Mi cuñado comparte el post en Facebook, y sus amigos (que me conocen a mí y a mi madre) comentan lo terrible que soy contando cosas, aunque se ríen mucho.
- Mi madre vuelve a llamar  y me dice que eso me pasa por no tener peluquera conocida. Y que no diga tantos tacos.
- Llego al curro y me llaman exagerada porque el corte no es para tanto.
- Un amigo me dice que prefiere los post más concienzados, como por la Sanidad o la Educación, que no está el mundo para tonterías, ni cortes de pelo equivocados
- Otro me dice que se me está agotando el formato y que le mande foto del corte de pelo. No contesta después de recibirla.
- Me escribe gente para decirme que ya no publico tanto.
- Un compañero me comenta que en internet hay que escribir textos cortos y con más imagen para que funcionen, que los míos son infumables de largos.
- Me vuelve a llamar mi madre y me dice que este post está teniendo menos comentarios.
- Me manda un email mi editora y me dice que en Planeta se han reído con mi último post.
- Recibo mails de que debería publicar al menos dos veces por semana, que así, se va a morir el blog.

Menos mal que mi novio no me lee…

Últimamente me cuesta escribir. Bueno, en realidad, me cuesta publicar en el blog.

Estoy escribiendo mucho, mucho muchísimo, como nunca en mi vida. Primero porque me traigo algo entre manos que verá la luz en breve. Algo que tiene forma de libro, y hojas de libro, y solapas y esas cosas. Pero no digo más que las cosas se gafan.

Segundo porque me apetece escribir. Eso lo sé porque no leo. Es una chorrada pero si estoy en proceso de escribir, no leo casi nada.  No sé por qué me pasa, pero tampoco sé por qué si me mojo una mano, necesito mojarme la otra, y sigo viviendo igual.

A pesar de que tengo un montón de post escritos, me cuesta publicarlos. Y no lo entiendo porque es una pasada la sensación de leer los comentarios. Pero el anonimato tenía algo muy liberador.
Ahora según publico, recibo el feedback de la gente que me conoce. Y así es difícil porque me es imposible no pensar en todos ellos cuando voy a escribir, o a publicar…

Luego la vida está tan intensa que me salen unos post sin nada de sentido del humor, cagándome en toda la situación política y social: tengo uno sobre educación, otro sobre los políticos, otro sobre la dignidad… Pero no sé, en el último momento, me entra angustia de andar opinando cuando no soy nadie y tampoco creo que sirva para mucho. Y se quedan en la carpeta de no publicados.
Yo no soy nada extrovertida, de verdad. Lo que pasa es que cuando escribía aquí nadie sabía quién era yo y eso facilitaba todo. Cuando salió el libro y tuve que confesar, me costó tragarme todo mi pudor porque la gente sabía mucho de mí. Y me sigue costando. Es que ya no puedo ser la nena y Amaya por separado. Nos hemos convertido en la misma persona. Solo he conseguido escribir 13 post en todo este tiempo, bueno, publicarlos.

Y la gente que te quiere, te quiere digas o lo que digas, pero luego hay muchas personas que me conocen de vista y ahora me miran como si supieran exactamente quién soy. ¿Te imaginas que tú carnicero te dice que tu madre tiene razón, que te queda mejor el pelo recogido? Pues yo me lo imagino perfectamente, vamos que sí.

Así que he pensado que si escribo este post, igual se me empieza a pasar el vértigo, igual la extroversión es un músculo que se puede ejercitar, igual así la carpeta de no publicados se va quedando vacía, y no necesito releer 60 veces un post, que tampoco pasa nada porque la gente sepa que Amaya es la nena, y que por esta tontería a veces me pierdo lo mejor de tener el blog: la gente que está ahí al otro lado, compartiendo estas tonterías, y reírnos, sea de manera anónima o con nombre y apellido. Lo mismo da…

Bueno, os dejo, tengo que llamar a mi madre a toda leche para decirle que he publicado, que la vecina tiene pinchadas las rss del blog y es rápida leyendo.

martes, 5 de marzo de 2013

Hasta que no me llamas, no me duermo

¡Ay! El teléfono y las drama mamás.
En la adolescencia era alto tipo: que yo no sé qué tienes tú que hablar tanto por teléfono, que si te crees que tenemos acciones en Telefónica, pues te vas a su casa y se lo dices en persona, pero si acabas de hablar con ella…

A partir de los 20 años pasa a ser: que si llámame cuando llegues, y también está el “llámame cada vez que pares”, que si por qué no me coges el móvil, que si no me lo coges pienso que te ha pasado algo malo…

¿Quién no ha tenido 23 llamadas perdidas al salir del cine? Lo normal, vamos.  Le llamas a tu madre pensando que ha pasado algo horrible, algo horrible nivel 23 llamadas.
- ¿Estás bien mamá? ¿Estáis todos bien? ¿Qué ha pasado? ¿Cojo el coche y me voy para allí?- le dices casi sin aliento.
- ¿A mí? A mí no me ha pasado nada. ¿Y tú estás bien? ¿Estás en urgencias? No me digas más, te ha pasado algo. Te he llamado varias veces y no me cogías. A punto he estado de llamar a la Policía- entonces respiras, y es cuando te entran ganas de matarla.
- 23 veces has llamado, mamá, en las dos horas que duraba la película. ¿Te parece normal? Estaba en el cine y tenía el móvil en silencio.
- Pues avisa, chica, avisa, si ya sabes que siempre te llamo a esta hora. Menudo disgusto tenía. Y llámale a tu hermana que igual está nerviosa también porque le he llamado alguna que otra vez para ver si sabía algo de ti.
Lo normal.

Mi madre y yo tenemos una enfermiza relación con el teléfono. No sé si viviéramos en la misma ciudad, lo sería tanto, pero a 400 kilómetros nuestra comunicación se la debemos a Teléfonica. Lo digo así y parece que no pagamos, que sí que pagamos, vamos, que igual Teléfonica nos debe a nosotras el haberse podido expandirse a Latinoamérica.
Hablamos todos los días al menos una vez, normalmente por la noche.  A pesar de tantas llamadas el sistema no nos funciona muy bien. Se ha puesto doble llamada y el contestador y nos está volviendo locas. Ella no lo quiere quitar porque dice que así sabe quién llama cuando no está, pero a mí me está quitando años de vida.

Me explico. Cuando empiezo a tener hambre digo: “Le voy a llamar a mi madre y así ceno tranquila después”. Total que le llamo y hay varias opciones en las que ningún incluye que me coja el teléfono:
1. La primera es que suenen cuatro tonos, no está, y me salte el contestador.
2. La segunda es que suenen seis tonos, que puede que esté o que no, pero significa que yo soy la segunda llamada.
3. La tercera es que esté, suenen cuatro tonos pero no le dé tiempo a llegar a coger y me salte el contestador.
4. La cuarta es que ante las otras tres, yo opte por llamarle al móvil, que nunca jamás escucha. Y del que tampoco sabe mirar las llamadas perdidas.
Entonces le digo a mi novio de cenar, aprovechando que ella no está, está pero no puede ponerse o vete tú a saber.  Así que empezamos a cocinar o a sacar embutido del frigo que suele ser lo más normal, y según nos sentamos en la mesa, llama ella. Le cojo para que no piense que me he muerto, que alguna vez lo ha pensado, y le digo que estamos cenando, que le devuelvo la llamada cuando terminemos.
Al rato le vuelvo a llamar, entonces tengo tres opciones:
1. Que suenen cuatro tonos y salte el contestador. Entonces es que puede haya pasado a casa de la vecina porque es raro que salga de noche.
2. Que suenen seis tonos, y salte el contestador, entonces casi seguro que está hablando con su amiga Loli que dice mi madre que tenemos la misma hora para llamarla.
3. Que suenen cuatro tonos y no le dé tiempo a cogerlo.
Entonces, por fin, me llama ella.
- Nena, ¿me has llamado? Es que este teléfono va a volverme loca.
- Sí, dos al fijo y una al móvil.
- El móvil no lo oigo, solo lo oiría si fuese un perro. Debe de estar en mi bolso. Y mira que he mirado, pero no me salen las llamadas. Yo creo que no funciona.
- ¿Pero si es nuevo?
- Pues no funciona. Estaba hablando con Loli al fijo, y he ido a coger la segunda llamada pero se ha colgado. Le he vuelto a llamar a Loli porque le he dejado con la palabra en la boca.
- Mamá no hace falta que cojas la segunda llamada siempre, si quieren, ya te llamarán después o te dejarán recado en el contestador.
- Es que no puedo, es superior a mis fuerzas. ¿Y si es algo urgente?
- Pues seguro que te volverán a llamar. ¿Por qué no quitas ese servicio? Te está volviendo loca.
- Ay no, que me viene muy bien. Lo malo es lo del contestador, que deja sonar solo cuatro tonos y no me da tiempo a llegar.
- Pues llama a Telefónica y que te lo quiten.
- Ya he llamado pero no quiero que me lo quiten, lo que quiero es que lo retrasen, hasta siete tonos o así. Que salto del sofá y no me da tiempo a cogerlo. Pero me han dicho que no se puede, que son cuatro tonos y punto. Ya les he dicho que pienso buscar otra compañía de teléfono que tenga más tonos. Por cierto ¿te puedes enterar tú de eso? ¿Lo buscas en internet?
- Quita, quita, que eso es un follón mamá. Es más fácil que te toque la lotería que darte de baja en una compañía de teléfono. Mejor desactívalo y listo.- Yo me estoy viendo mirando todas las ofertas, cambiando las domiciliaciones y sobre todo, explicándole a mi madre todo, y me entran sudores- ¿Y el inalámbrico que te regalamos en Reyes? ¿Por qué no lo utilizas?
- No funciona. Bueno, a veces sí, pero otras no. Lo tengo que llevar a mirar.
- ¿Cuándo funciona?
- Pues cuando le da la real gana.
- Igual haces algo mal…
- Sí, claro, la culpa será mía. Ese teléfono está mal. Yo lo descuelgo y no oigo nada al otro lado.- entonces empezamos a oír las dos el bip de la segunda llamada. Loli no puede ser, así que casi seguro que es mi hermana.
- No lo cojas mamá, seguro que es mi hermana.
- ¿Y si no es?- bip.
- Pues volverá a llamar. Aguanta un poco que solo quedan tres tonos y salta el contestador- bip.
- ¿Y si es importante?- bip.
- Volverán a llamar- bip.
- No puedo, nena. Es superior a mis fuerzas.- y me cuelga. A los pocos segundos vuelve a llamar.
- No he llegado a tiempo, se había cortado. Bueno ¿el día bien? ¿Sí?
- Sí todo bien, trabajando mucho.
- Eso es bueno, nena, estando como están las cosas eso está bien. El mío también. Te voy a dejar que tengo mucho lío. Voy a llamar a tu hermana a ver si era ella. ¿Hablamos mañana?
- Vale mamá, que descanses.
- Un beso.

Luego vendrá con que no le cuento nada...

martes, 29 de enero de 2013

108. Nena, al mar, agua.

Todocoleccion.net
Tengo un mal día. Bueno, un mal mes. Enero es como un jodido lunes de 31 días.
Yo no soy de ese tipo de personas a las que empezar un ciclo les sienta bien. Todo lo contrario. Yo me tiro como una loca a la lotería, al euromillón e incluso a la bonoloto, y a intentar hacer bien cosas que se me dan mal, por ejemplo, cocinar.

La lotería no me ha tocado y llevo un mes comiendo fatal. Realmente creo que esta semana he comido el peor puré de calabaza del mundo, es que no me salió ni de color naranja. Todavía no me lo explico.

Y luego, otra afición por la que me da en enero es por ponerme a punto en salud. Pero no es un impulso liberador, en plan: me lo quito de encima y ya está, estoy cumpliendo con mi obligación o es por mi bien. Es más bien algo que suena a: lunes dentista, martes ginecólogo, miércoles a nadar, jueves repaso de depilación con láser, y viernes análisis. Todo eso contando que salgo a las 6 currar. Vamos, un planazo.
La semana siguiente: lunes oculista, martes recoger resultados del ginecólogo, miércoles nadar, jueves reconstrucción de una muela, y viernes peluquería.
Sí, para mí, ir a la pelu es como ir al médico: voy poco y siempre salgo disgustada. Esta semana salí disgustada y con una melenita absurda. “¿Por qué?” os preguntaréis (o no, pero os lo voy a contar igual) pues porque en la cita del lunes con el oculista, me prohibió las lentillas durante dos meses.  ¡Dos meses con gafas! Quitando que me hacen cara de panoli, que no me gustan y que quiero morder a todos los que me dicen que me da pinta de interesante… ¿Interesante? Nadie quiere parecer interesante, lo que quiere es parecer guapa, coño, que la gente es que no sabe animar. Encima de eso, veo poco.
Bueno, pues yo y mi cara de panoli fuimos a la pelu, con poca fe, la verdad. Y dije dos conceptos sencillos:
- Corta las puntas que me llegue para coleta y descárgame volumen.
Lo último que quiero yo en mi pelo es volumen. Mi madre siempre dice que tengo pelo para dos cabezas. Ondulado, grueso y seco. Pues éstas son las características que nublan la razón a todas las peluqueras del país, al menos, a todas a las que yo he ido.

Primero, paso por una serie de admiraciones tipo:
- Uy  pues sí que tienes pelo- esto es porque siempre les aviso antes de empezar, para que tengan en cuenta que necesitan un rato más conmigo, como una hora de más.
- Le voy a llamar a mi compañera, es que tienes un pelazo. Mari, ven, mira que cantidad de pelo.- Viene Mari.
- ¡Que barbaridad! Además es fuerte.- dice Mari agarrando mi melena con pasión y admiración a partes iguales, bueno, y a veces mala leche porque menudos tirones me meten.
- Y encima grueso.- yo trato de aplacar tdda esa pasión:
- Sí, pero es muy difícil de llevarlo bien. Me cuesta horrores secarlo. Menos mal que al ser ondulado no me lo peino mucho, lo dejo secar al aire y ya está. Por eso necesito que me quitéis volumen.
- Mira, chica, siempre es mejor que sobre que no que falte.- dice la peluquera 1, que no me dijo su nombre y ni ganas que tengo de preguntárselo.

La Mari de turno se va y en ese momento yo siempre pienso que no es posible que todas las peluqueras del mundo monten el mismo número, que no creo que se lo enseñen en la academia, que va a ser verdad que mi madre tiene razón (mamá, no leas esto), que tengo pelo para dos cabezas, y también suelo pensar que hay cosas que es mejor que falten, pero me callo, sonrío y digo que sí al suavizante y a la mascarilla porque la peluquera 1 siempre sigue diciendo: “Uy pues con tanto pelo hay que darte bien de producto porque si no, te va a costar muchos tirones cepillarlo, y algo de mascarilla para que se nutra porque lo tienes apagado”.

Entonces solo pienso en concentrarme para cerrar la boca, porque lo único realmente bueno de ir a la pelu es el masaje mientras te lavan. Y a mi cara de panoli lo que le faltaba es estar allí medio tumbada, con esas batas espantosas y la boca abierta de placer.

Pero esta vez hubo una pequeña novedad en la estancia en la peluquería gracias al oculista del lunes (gracias señor oculista, de verdad). Pues resulta, nada, una pequeñez en la que no había pensado, una tontería sin importancia, resulta que no te pueden cortar el pelo con las gafas puestas porque se pegan con las patillas. Solícita, como soy yo y de poco reflexionar, me las quité pero, claro, con 5 dioptrías pues no me veía en el espejo. Tan solo dos manchas. La tipa cortaba y cortaba y cortaba. Yo trataba de arrugar el entrecejo, que allá por las 2 dioptrías servía para fijar un poco la vista, pero no había manera. Y la tipa cortaba más y hubo un momento en el que ya me animé:
- Oye, que estás cortando mucho ¿no?
- Es que tienes una barbaridad de pelo, solo estoy descargando. Ya vas a ver que liberación.
Yo me callé por no molestar, que a mí no me gusta molestar, bueno, y porque las peluqueras me dan casi tanto miedo como las depiladoras que, en cuanto te descuidas, te están regañando rollo mi madre: por no sanearte el pelo a menudo, por haberte pasado la cuchilla, y te dicen cosas ¿pero y tu novio no te dice nada? No señora, pero mi madre me tiene frita, me dan ganas decirle, pero me quedo callada y no molesto.

Así, sin molestar ni un poco, seguí hasta que terminó y me puse las gafas. Casi lloro. Me fui sin peinar ni nada, con todo el pelo mojado, que estamos en enero, a dos graditos. Pero no podía ni pensar. A mi cara de panoli con gafas recién estrenada, se había sumado una melena por la mandíbula, a capas, que produce un volumen de diez cabezas y una especie de greñas por la parte de detrás que la peluquera no paraba de repetir:
- ¿Ves? Estos pelos son solo tres centímetros más cortos que los que tú traíais. Solo te he quitado peso en el resto.
- Ya, pero es que son tres mechones sueltos ¿Y el resto? Esto no me llega para coleta. ¡Me voy a tener que peinar todos los días!
- Que no hombre, te das espuma y te queda rizadito, levantado, despeinado, como un poco africano. Y tiene un toque muy moderno.

Entonces lo vi, vi a mi madre juntando esas tres palabras en una frase: moderno, despeinado y africano. Y me morí por dentro y a punto estuve de matar por fuera a la peluquera número 1, pero como soy una cagueta me fui con el pelo empapado y las gafas empañadas.

Llegué a mi casa e hice lo peor que se puede hacer: me corté los tres mechones. Ahora tengo una melena de panoli africana, despeinada, moderna y asimétrica. Porque me ha quedado más largo el lado izquierdo. He intentado igualarlo pero cada vez que lo hago, solo consigo tener que recortar el otro y la melena tiene pinta de convertirse en estilo garçon como le meta una tijera más.

Bueno, pues para terminar este fantástico mes en el que el dentista me ha dicho que tengo que hacerme un aparato para la bruxismo porque tengo los dientes del tamaño de un hámster, el médico me ha dicho que tengo el colesterol alto y que debería comer más vainas, el oculista me ha puesto gafas, y he ido al ginecólogo, que ya solo ir, sin que te diga nada malo, es desagradable, para rematar, voy este fin de semana a casa de mi madre.

Ya la estoy viendo cuando le cuente la explicación de por qué he dejado que me hagan el corte de pelo con menos sentido y estructura de mi vida: “Nena, eso te pasa por llevar siempre esos pelos. Les das ideas antes de tiempo. Llegas a la peluquería, y en vez de hacerte algo finito, peinadito, recto, pues se animan y te hacen esa modernez. Si es que siempre estamos igual, al mar, agua. Así nos va”.

Por dios, que ganitas de que llegue febrero.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Mis deseos mínimos para 2013 y balance de 2012

Este año no voy a hacer propósitos que siempre se me han dado mal. Según apunto alguno en mi lista, empiezo a no cumplirlo. Soy de ese tipo de personas que según dice “Me pongo a dieta”, le da el hambre. Este año voy a pedir deseos, que no implican voluntad, solo suerte y no voy a ser ambiciosa. A la suerte no hay que pedirle demasiado porque a veces, ante la avaricia, se da la vuelta.

13 cosas mínimas que le pido a 2013

1. Quiero que las naranjas del bar donde desayuno no amarguen ningún día.
2. Quiero que todos los días tenga 15 minutos menos de atasco para venir a trabajar.
3. Quiero que me entre el sueño a las 11 de la noche y ser una de esas personas que se levantan a las 7 llenas de energía y hablando por los codos. Una de esas que no insultan a su pareja por despertarles.
4. Quiero que todas las gasolineras tengan el botón de seguridad en el surtidor para que no tenga que quedarme como una panoli sujetándolo.
5. Quiero que se me pasen estas ganas de fumar constantes.
6. Quiero aprender a conducir sin ir pensando todo el rato "que mal conduce el resto de la gente", porque por estadística, no puede ser que solo conduzca bien yo.
7. Quiero no tener que pagar ninguna multa.
8. Quiero encontrar sitios para aparcar sin dar vueltas.
9. Quiero que no se me olvide comprar ni café ni vermut.
10. Quiero que me salga el gazpacho igualico que a mi madre. Que ni ella sepa cuál es cual.
11. Quiero que todos los libros que lea este año me encanten, que no haya ni uno solo que me aburra, se me haga bolo o me resulte soso.
12. Quiero aprender a nadar bien con el brazo izquierdo, sin ahogarme, ni tragar agua, y a poder ser, sin que parezca que me está dando un ataque.
13. Y, bueno, ésta no es mínima pero la quiero igual: salud para todos lo que quiero y para mí. Solo un catarro al año y de los que no dan fiebre. Un moqueo tontorrón para recordarte lo maravilloso que es tener salud.

Y 12 cosas buenas que me ha dado 2012:
1. Ha salido del armario cibernético y ahora la gente se sabe mi nombre. Esto a veces está bien y otras asusta.
2. He publicado un libro que ha llegado a la sexta edición.
3. Fui la hermana de la novia. Y llevaba el pelo suelto ;)
4. He conocido cientos de personas muy interesantes y he desvirtualizado a algunos que espero sean buenos amigos para siempre.
5. Mi madre y yo nos hemos ido de vacaciones y no hemos discutido. Casi.
6. He firmado en la feria del libro mi libro y he salido en la tele.
7. He conocido Cuba después de muchos intentos de viajar a ese país. He flotado en el Caribe y he visto tormentas increíbles.
8. Mantengo mi trabajo (al menos de momento).
9. He vuelto a nadar todas las semanas. Bueno, casi todas.
10. He aprendido a cocinar pochas.
11. He conseguido limpiar la casa y aprobar el temido examen maternal, incluidos los interruptores de la luz.
12. He recuperado un poco las fuerzas y las ganas reírme otra vez de casi todo.

La nena y la drama mamá os desean un Feliz año 2013 lleno de amor, humor, salud y un poquillo de suerte.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Creo en la Sanidad Pública y Universal

Estoy muy cansada de oír las noticias, estoy harta de los políticos que parecen haber olvidado qué es la dignidad. Harta de los bancos y sus anuncios en los que hablan de “confianza”. Estoy harta de que digan que tienes que estar contento de tener un trabajo: aunque te bajen el sueldo, aunque te aumenten las horas. Estoy harta de temer por la pensión mis familiares. Estoy harta de que la educación parezca un lujo. Estoy cansada de que me metan miedo en el cuerpo. Pero hay una cosa que no puedo soportar por encima de todo: que hablen de gestionar la sanidad con manos privadas y de que digan que sería más rentable.

Yo no quiero rentabilidad con la salud. La salud no se puede medir en los mismos términos que cualquier otra cosa. Si el Estado se tuviera que permitir un agujero sin fondo, para mí, ese sería el de la Sanidad.

Más intormación
Lo primero. Los impuestos no son tu hucha personal. Hay gente que piensa que si le quitan 500 euros al mes del sueldo, o 2.000, es como si el Estado se los guardara para el futuro, y le van a dar ese dinero exacto cuando lo necesite.

No. Los impuestos no van de eso. Tienen que ver con la solidaridad. Y mientras la solidaridad es con otros, parece que a este país le jode un huevo. Pero puede llegar un día, que la solidaridad sea contigo. Y entonces, me entenderás. Tú no te lo crees, porque puede que estés bien, que tengas un trabajo, e incluso un seguro privado que paga tu empresa. Ojalá no tengas que averiguarlo. Ojalá los 500 euros que me quitan a mí, o los 2.000, no los tengamos que utilizar contigo, ni con tu padre, ni con tu hijo. Ojalá.

Pero puede que un día llegue un médico y te diga: tienes leucemia, o un cáncer de colón, o esclerosis, o tu hijo tiene un linfoma. Entonces desearás que la Sanidad sea universal y gratuita y también, que no esté en manos privadas y que la rentabilidad no importe lo más mínimo.
Porque ojalá no sea así, pero igual tienes un pronóstico terrible. Uno de esos en los que solo el 1 por mil sale adelante, una enfermedad “rara” y según la rentabilidad, y esas manos privadas, por uno por mil, no sale rentable comprar una máquina, o dar un tratamiento, o investigar. Entonces, me entenderás.

Tu seguro privado te pondrá problemas, te dirá que no cubre eso o que no tienen esa carísima máquina, o puede que si es bueno, te trate, pero luego vendrán los problemas. Dirá que eres una persona de riesgo y ese seguro dejará de cubrirte. Por no hablar de lo que te costarán las recetas. No creas que hablo de 3 euros de ibuprofeno. Hay medicamentos que cuestan 3.000 euros. Medicamentos que te salvarían la vida o igual no te la salvan, solo te quitan un dolor atroz.

Si te dieran por desahuciado en la supuesta sanidad pública para la que no eres rentable, y tu seguro no te cubriera, siempre habrá un hospital completamente privado que te dirá: nosotros sí investigamos, nosotros sí compramos esa máquina, pero va a ser caro, unos 200.000 o 500.000 euros en total de caro.

Entonces tú, que creías en la rentabilidad, te olvidarás de todo, hipotecarás tu cómoda casa,  tu sueldo, e incluso el de tus familiares, para curarte, aunque solo haya un uno por mil de posibilidades, porque cuando te dan un diagnóstico así, aunque solo haya uno entre un cien mil que salen adelante, tú creerás que eres ese uno. Por supuesto que sí, tú vas a salir adelante, aunque a tu familia no le salga rentable.

Mi familia lo ha sufrido. Un diagnóstico terrible, de esos con un uno por mil sobre la espalda. Y sé, que si en la sanidad pública nos hubieran dicho que no nos cubrían, o que no merecía la pena, que las estadísticas decían que iba a salir mal, sé a ciencia cierta, que nos hubiéramos recorrido el mundo, y hubiéramos hecho cualquier cosa, y pagado a cualquier vende humos porque curaran a mi padre.

Pero como la sanidad era pública, y no buscaba rentabilidad, solo curar a la gente, le hicieron todas las pruebas, le recetaron medicamentos carísimos, le trasplantaron, le volvieron a tratar, probamos medicamentos nuevos, y perdimos. Pero peleamos, no nos queda ni una sola duda de que se hizo todo lo que pudo y eso es la leche. Jamás pienso “y si…” Porque tuvimos médicos que no pensaron ¿es este tac rentable? ¿Me espero dos semanas a hacer otro análisis que cuesta mucho? ¿Igual no necesita batidos proteícos? ¿Lo mandamos ya a casa aunque esté muy justo? ¿La morfina es un lujo?

Los impuestos tienen que ver con la solidaridad y no son tu hucha personal. Tú das 500 euros al mes, o igual 2.000, para que esos otros que no han tenido tanta suerte, no tengan que preocuparse en el peor momento de su vida por nada más que por sentirse lo mejor posible.

Y sí, habrá gente que se aprovechará del sistema, gente que malgastará, gente que defraudará para no poner dinero en la hucha de todos. Vamos a por esos. 

Pero seguro que si con 90 años, te mueres dormido en la cama sin haber pasado por un hospital no le envidiarás la suerte a todos esos que se gastaron “tu dinero” en una Sanidad Pública y Universal. Ni siquiera al inmigrante que se cruzó un océano en una patera, que igual no había cotizado tanto como tú a la seguridad social, y murió solo, a 10.000 kilómetros de su familia, con toda la dignidad que merece un enfermo, y un médico detrás que no tuvo que pensar si era rentable pelear por él o por mi padre que estaba en la habitación de al lado. Se llamaba Diadia y no era rentable, claro que no.
Yo creo en la Sanidad Pública Universal y tú deberías.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Todos los motivos por los que debes llamar a tu madre

Bueno el plan para forrarme está fallando…
Que no es que vosotros no hayáis puesto todo de vuestra parte, que yo sé que sí.
Que no es que mi  madre no haya ido por todas las librerías por las que ha pasado recolocando el libro y tapando las dichosas 50 sombras de Grey.
Que no es que mi familia no haya comprado unos 1.000 ejemplares ellos solitos.
No es nada de eso. No.
El plan tenía un fallo de base. Ya ves tú. Una tontería de nada. Yo lo tenía todo preparado y resulta que, en España, forrarse con un libro es imposible. Tal cual.  La verdad es que hubiera estado bien que alguien me lo comentara antes de empezar todo este follón.
Que no quejo, que no soy de quejarme. Gracias a todos vosotros el libro va por la sexta edición. Pero viendo que mi plan hace aguas, he decidido diversificar. Que no paro de oír en la tele que es súper importante: diversificar y ser proactivo. Lo segundo no sé si lo cumplo porque no lo entiendo muy bien. Yo soy nerviosita, aunque no se seré pronerviosa…
Bueno, y tampoco es que lo haya decidido yo, es que Planeta me llamó un día y me dijo: “Nena, vamos a hacer una agenda con las frases de la drama mamá para esta navidad”. ¿Os podéis creer que he conseguido que todo Dios me llame nena con 33 años? Estoy encantada, vamos. Justo lo que yo quería. Hasta mi frutero me llama la nena. Lo sé, me lo merezco porque a mi madre, su frutero le llama Drama mamá…


El caso es Mario Vaquerizo y yo hemos sacado una agenda del año 2013 con Planeta. Ya sé que Mario es muy majo y sabe poner morritos mucho mejor que yo, pero mi agenda es más bonita. Tiene frases de madre y algún detallito.
Así que si alguno está pensando en comprarse una. ¿Qué mejor que la agenda de la Drama mamá 2013? Y bueno, si estáis pensando en compraros dos porque sois del tipo de gente a la que le pasan muchas cosas, la de Mario es graciosa.




Y entre todas las paginitas tan monas, hay algún texto como éste. Por si acaso muchos de vosotros, sois de los que no utilizáis agenda,  aquí van todos los momentos en los que debes llamar a tu  madre:
-          Cuando llegues.
-          Cuando estés de camino, cada vez que pares.
-          Cuando estés enferma, o casi enferma, o simplemente te duela ligeramente la cabeza. Ella conoce una sopa que lo cura todo.
-          Cuando hagas pochas, al menos, si quieres que salgan como las suyas.
-          Cuando estés pensando en comprar algo caro. O algo muy grande. Ella sabe si te cabe en casa y tiene en su cabeza todos los precios de las cosas desde hace 20 años, si dan buen resultado, si son útiles, y actualmente, a cuánto están los tomates en 7 supermercados diferentes. Eso es mucho.
-          Cuando te dé la neura de que te tienes que cortar el pelo radicalmente. Tu madre te quitará la neura a gritos.
-          Cuando dudas de si ese vestido es demasiado corto, lo es. Ella te lo repetirá cada vez que te vea. Así que es mejor que lo evites desde el principio.
-          Cuando estés sola, triste o rendida. Ella nunca te dejará sola. Y será capaz de recorrerse los países que haga falta para que comas caliente.
-          Cuando hayas hecho algo mal.  Te regañará, intensamente, y eso ya es parte de la purgación, pero siempre te perdonará.
-          Cuando creas que nada tiene solución. Tu madre tiene solución para todo. Y si no, te hará un buen bizcocho, un chocolate caliente, y seguro que al menos te sientes mejor.
-          Cuando necesites saber la verdad. Igual no necesitas oírla, piénsalo antes de llamarla, ella será franca, incluso demasiado franca.
-          Cuando se te ponga el poto tristón. Ni se te ocurra pensar que internet tiene más información que tu madre, nadie tiene el poto como ella.
-          Cuando te pase algo bueno. Nadie se va alegrar como ella, bueno, y tampoco nadie te va a poner los pies en la tierra como ella.

Así que llama a tu madre, porque puede que ella esté triste, o se sienta sola, o no se acuerde de cómo mandar un sms o simplemente necesite charlar sobre lo frío que está el invierno, y lo malo que es para sus geranios.





La podéis comprar en El Corte Inglés, La Casa del Libro, FNAC, Vips, en Amazon...

Bueno, espero que este plan si funcione. Ya os contaré...

lunes, 26 de noviembre de 2012

107. ¿Te has lavado bien las manos?

AHB
Las manos, para las madres, son un enemigo del mundo. Está el Demonio, el frío en los riñones, el corte de digestión y las manos. En ese orden más o menos.
Si fuera por mi madre, a mí me las hubiera puesto al vacío cada vez que salía de casa. (Pequeño inciso, que sé que me leen muchas drama mamás: por favor, olvidad esta imagen, no es una buena idea mandar a vuestros hijos al cole con las manos al vacío. Al menos no, si queréis que vuestro hijo tenga amigos, y le hablen, bueno, y pueda convertirse en adulto normal)

Yo recuerdo estar con 10 años mirándome las manos como si no me pertenecieran, como si esas manos me pudieran asesinar en cualquier momento. Porque a los 10 años, yo llevaba, exactamente 10 años escuchando eso de:
- ¿Te has lavado bien las manos?
- Si mamá- decías con pesadumbre.
- A ver, enséñamelas.- Y yo le mostraba las palmas con frustración porque siempre sabía que iba a decir:
- No están limpias, vete y te frotas otra vez, que te puedes pillar cualquier cosa. Frótalas bien, en los metidos también, y quiero esas uñas relucientes. ¡A tu madre le vas a engañar! ¿Te crees que la policía es tonta? Límpialas bien que si no, se te pudren los dedos.

Que yo no lo entendía, porque ella me decía eso me las hubiera lavado o no. Lo que al final produce un pequeño defecto: no te las lavabas, total, te iba a tocar repetir la jugada…
Es una cosa extraña porque un niño convive con sus manos todo el día. Es más, siendo purista, un adulto convive con sus manos todo el día también.  Entonces vives un poco en conflicto con tu propio cuerpo. En plan: ¿pero vosotras manos, qué supone que hacéis cuando yo no miro? ¿Estáis de mi parte? ¿O qué?

Una vez, no recuerdo que años tendría, se murió una vecina de mi abuela y le pregunté a mi madre:
- ¿Por qué se ha muerto la señora Mariana?
- Pues porque estaba muy malita. Se había cogido una enfermedad y los médicos no han podido ayudarle.- y como me tenía tan acojonada el tema, le dije:
- ¿Por no lavarse las manos?- y bueno, igual ella dudó un par de segundos, pero lo vio claro enseguida:
- Sí, por no lavarse las manos. Así que ya sabes.

Oye, pues a partir de aquello era capaz de gastar casi media pastilla cada vez que me las lavaba y recuerdo, al irme a domir, meterlas debajo de la almohada pensando:
"Ahí quieticas toda la noche, ni se os ocurra hacerme nada, que tengo me queda mucho por vivir. ¡Si todavía no me sé la tabla de multiplicar del ocho!".

Me he puesto a investigar esa cuestión que me quitaba el sueño y resulta que sí, que mi madre tenía razón. Las autoridades sanitarias dicen que lavarse las manos correctamente es la mejor manera de controlar el contagio de virus y gérmenes.
Vale, mamá, tenías razón. No te vengas arriba. ¿Pero era necesaria la dramatización?


Excepciones para utilizarlo con mi futuros hijos:
Pues hombre, lo dicen las autoridades sanitarias, yo no soy nadie para ir contra las autoridades sanitarias, pero me ahorraré los de los dedos podridos y muertes varias. Llamarme finolis...

sábado, 3 de noviembre de 2012

106. Un día vas a perder la cabeza

Soy un poco empanada. De una manera rara porque tengo una memoria bastante prodigiosa para acordarme de qué llevaba puesto con 5 años el primer día de cole y quién fue la niña que me dijo que no me daba un  mordisco de bollicao con 7 años. Sí, bonita, me acuerdo perfectamente. Pero también estuve más de un año viviendo en la casa en la que vivo ahora, sin darme cuenta de que vivía en el segundo, y no en el tercero, como yo creía. Un año para descubrir que no había cero en mi ascensor, por lo que el bajo es el primero y sí, yo vivo en el segundo… Es más, salí a la ventana a contar los pisos por debajo de mí porque no daba crédito.

Normalmente cuando descubro cosas así, me tiro un rato en estado de shock.  Estaba en el ascensor mirando los botones buscando el cero, quería salir a la calle en mi casa y de repente me sentía prisionera. ¿No hay cero? ¿Qué ha pasado? ¿Qué tipo de broma macabra es esta? Lo primero que pienso es que me lo han cambiado, y luego, cuando reflexiono pues me asusto un poco de mí misma. Constantemente digo cosas como: “Mira ese hotel, ¿eso no estaba ayer ahí no?”. Y mi novio me mira con cara de miedo, porque el hotel tiene grietas y una arquitectura de 1900. Pero es que muy difícil descubrir cosas que están ahí todos los días, y que tú justo las descubres. Yo lo llamo mi capacidad de abstracción, mi madre siempre lo ha llamado: “a veces no sé si eres de este planeta”. Mismo concepto, diferente manera de decirlo.

El caso es que el otro día, en una de esas empanadas mentales, perdí lo peor que se puede perder en la vida: a tu madre, tus tres tías y tú misma en Parla. Que parece un chiste, pero no, no tuvo ni puñetera gracia.

El fin de semana pasado vinieron de excursión a la capital dos hermanas de mi madre, una cuñada y mi madre. Solo comentar que cuando mi hermana las montó en el tren, me mandó una foto de ellas sentadas y un mensaje: “Ahí te mando  a las chicas de oro, suerte”.  Y pude oír sus carcajadas a 400 kilómetros de distancia.

Entre otros planes, las chicas de oro y yo teníamos una misión: ir a visitar a una tía segunda suya que vive en Mostoles el sábado. Yo ya intuía que ese viaje podía ser complicadito teniendo en cuenta que dos de mis tías, cuando voy a conducir, siempre me dicen que vaya por mi “derechica” y que coja las curvas “rectico”. Así que como táctica de desmotivación de la tropa, les hice meterse un cocido madrileño entre pecho y espalda, rezando para que les entrara modorra y no me llevaran los 25 kilómetros hasta Móstoles dándome indicaciones.  Pero no funcionó. Se despertaron al tener que meterse las cuatro en mi Civic de tres puertas. Que mi madre y yo ya hemos decidido que es el último coche que tengo de tres puertas: “porque no hay persona humana que pueda subirse atrás con una falda sin hacerse daño en la riñonada, que si le pueden poner 5 puertas, no sé para que ponen dos, que ya son ganas de complicarse la vida”.

Bueno, el caso es que en esa situación, con las chicas de oro diciéndome que mi coche apesta a tabaco, que que bajos son los techos de los garajes madrileños, que que rápido va la gente, pues tuve una típica empanada de la nena y me dije: “A Móstoles se va por la A42”. Que yo no sé por qué mierda me dije eso, porque por  la A42 se va a Toledo y yo vivo en un segundo. Pero os juro que cuando me di cuenta de que me había equivocado, hice tanta fuerza mental, que casi hago que esa carretera pasara por Móstoles. El caso es que íbamos en una alegre charla cuando yo empiezo a sospechar que es un poco raro que estemos en el kilómetro veinte y pico y ni un jodido cartel diga Móstoles.  Pero me puse a disimular y a punto estuvimos de que ver el Alcázar, pero en Parla me dije: “Nena, tienes que confesar, que no va a haber manera de convencerles que han hecho un Alcázar en Móstoles”. Y confesé, bueno, casi:
- Pues no sé, yo creo que han cambiado los carteles porque juraría que por aquí había un desvío que hoy no está… Voy a poner el gps y en un periquete estamos.
La palabra periquete nunca ha tenido tan poco sentido.  Por Dios, ¡Parla está a tomar por saco de Móstoles! El caso es que con esas palabras activé el GPS y el sistema de indicación más complicado del mundo: cuatro mujeres diciéndome una, “derecha”, otra, “izquierda”, otra “pregunta a alguien” y mi madre, “yo ya lo sabía, un día pierdes la cabeza”. 

Ni siquiera el GPS decidió ayudarme y empezó a dar indicaciones sin sentido mientras mis tías me leían en alto todos los carteles que veían: Mercadona a 400 metros, Toledo, Aeropuerto, Grandes rebajas en Media Mark, Yo no soy tonto... Total que me puse a dar vueltas en una urbanización de chalets hasta que un señor salió del suyo, bajé la ventanilla, y creo que ha sido la comunicación mental más intensa que he tenido en mi vida.
- ¿Me podría decir donde está Móstoles?- dije yo, pero le miré fijamente, miré dentro del coche y mentalmente le dije: “Por dios, no les diga que estamos muy lejos, solo dígame como coger la M50 y punto”. El me miró, miró el coche con las chicas de oro embutidas dentro y dijo:
- Da la vuelta en aquella rotonda, coge a la A42 dirección Madrid, verás un desvío a la M50, la coges dirección Coruña, y en seguida ves el desvío de Móstoles- Y me sonrió pero yo le entendí perfectamente: “Muchacha, te has equivocado, pero por bastante, vuelve por donde has venido, y confío en que tengas suerte porque la vas a necesitar”.

Así es como las chicas de oro y yo conocimos Parla y a partir de ahora yo tengo mucho respeto por su educada e intuitiva población local. El caso es volvimos hacia atrás y no sé cómo cogí la M50 y, por fin, el dichoso cartel de Móstoles.  Como unos 30 minutos después, y unas 20 frases de: “por aquí no es”,” ahí pone Córdoba”, “¿Nena tú sabes que nos gusta Andalucía pero que a donde queremos ir es a Móstoles no?”, cuatro Ikeas (que yo pensaba que en Madrid solo había tres) y siete Carrefours  por fin: “Bienvenidos a Móstoles”. Y dice mi tía:
- Venga, nena, que ya hemos llegado, aparca aquí y ya vamos andando, que este cinturón me está ahogando.
- Tía, ahora hay que encontrar la casa. Móstoles es dos veces Pamplona…- dije con miedo.
- Por el amor de Dios, ¿pero dónde vive la tía? ¿en el fin del mundo?- yo creo que las tres de atrás, ya no les circulaba la sangre de lo prietas que iban.

Yo no sé si lo sabéis pero todas las casas de Móstoles son igual a la de mi tía abuela. Pero iguales, iguales… Vamos, que no había manera de situarse, pero por fin,  la suerte vino a ayudarme, el GPS se ubicó en el mundo y yo con él, con un poco de paciencia, dos equivocaciones y cuatro gritos míos, porque ya estaba al límite de mis fuerzas, llegamos. Yo me metí directa al baño, para disfrutar del placer del silencio 10 minutillos… Y casi me pongo a llorar pensando que había que volver…

Varios besos después, bizcocho casero, tazones de café con leche, charla, abrazos, más besos, más café y  medio bizcocho que me pusieron en tupper porque “a saber qué desayunas, nena”,  las chicas de oro y yo nos fuimos hacia al coche. Me fumé un cigarro como si fuera a ser el último y, para adentro del Civic. No fue difícil, porque siempre es más fácil buscar carteles en los que ponga Madrid, así que no me perdí. Volvíamos tan tranquilas, felices, estábamos ya en los túneles de la M30, casi lo habíamos conseguido, cuando empiezo a ver que el tráfico está muy denso, que son las 9 de la noche de un sábado y que no es normal, y de repente un cartel que tuvieron a bien leerme las cuatro a las vez: “bypass cerrado, alternativa por la A4 o A42”. Y os juro que casi aparco allí mismo y cogemos en un taxi.  Estuvimos completamente atascadas mientras mi madre decía:
- A mí estos túneles me dan claustrofobia, ¿por qué no te sales por ahí y ya buscamos tu casa?
- Mamá, ahí pone Villaverde, yo no tengo ni idea de cómo ir de ahí a mi casa. Mejor esperamos.- una de mis tías ayudando dijo:
- ¿Sabéis la cantidad de tierra que tenemos por encima de la cabeza? ¿Esto será seguro no?
- Segurísimo tía, ahora, vamos a estar en silencio vale. Por si acaso.
- ¿Por si acaso qué?
¡Por si necesito oír mis pensamientos! Dije mentalmente, claro, como para decirlo en alto. Ese día estaba cortada la Albufera por un partido, y la Castellana por una manifestación en el congreso, la M30 colapsada y se puso a llover. Ahí, el destino, poniéndomelo fácil. Con algo de paciencia, mucha por mi parte, todo hay que decirlo, salimos de allí y llegamos a mi casa y, bueno, solo por ver a las cuatro chicas de oro en mi salón, tomando otro café,  charlando como siempre hemos hecho en el pueblo, mereció la pena. Eso sí, al día siguiente, miré la ruta que teníamos que hacer, un par de alternativas por si había atasco, me las imprimí por triplicado todas, las memoricé, y recé a San Cucufato, por si acaso. 

martes, 23 de octubre de 2012

Un blog no te hace rico, palabrita.

Últimamente muchas personas me están escribiendo para que les aconseje sobre cómo hacer un blog o publicar un libro. Primero me siento muy importante, como si me hubiera hecho mayor de golpe. Deben ser los primeros consejos que doy en la vida, y no sé si habrán servido para mucho, pero he pensado que podría contar algunas cosillas que he aprendido, no solo con mi blog, si no con mi experiencia trabajando en internet, con la promoción y demás.

Las cosas están muy mal para mucha gente y aunque internet es la leche para tener una oportunidad, no es una panacea. Mucha gente se piensa que yo me he retirado por el blog, pero no, sigo teniendo un trabajo normal (y doy gracias). Ya sé que está todo escrito, que los blogs están muertos, que ya se ha dicho todo lo que se tenía que decir sobre la bloggosfera, pero yo no había opinado y yo soy muy de opinar.

Así que de vez en cuando os contaré alguna de estas cosillas, igual no os interesan nada o no os sirven.  Bueno pues dejaré de hacerlo en cuanto oiga los abucheos. A mí, a abucheos, se me convence rapidito.

Para aquellos que tenéis un blog, sabéis lo que cuesta mantenerlo y os gustaría monetizarlo (que es una palabra seria que significa sacarle pasta) allá va:

Lo primero: un blog no es un negocio. Esto es en serio. No creáis que me estoy tirando el pisto y que vivo en un chalet en la playa bebiendo champagne sin parar por esos dos anuncios que salen en el blog.  No, esos anuncios dan para pagarse el dominio y cuatro cañas (baratas) al año. Por eso Google es rico y yo no. Es injusto pero para eso se le ocurrió a Google cobrar por clicks a los anunciantes y no a mí. A mí solo se me ocurrió contar mis batallitas infantiles, y esto, pues tampoco es mucha ocurrencia, la verdad. Un blog no es un negocio, no solo el mío. En España, debe haber como 10 personas que vivan exclusivamente de su blog, e igual me estoy pasando, que siempre he sido exageradita…
Lo segundo: existen otras maneras de conseguir ingresos a parte de Google:
1- Con post patrocinados.
2- Que alguna marca te pague por un hueco de publicidad fija en tu blog.
3- O meterlo en alguna red grande que se encarga de gestionar la publicidad por ti.
Para todos ellos, tienes que tener mucho tráfico (hablo de mucho de verdad, la mayoría de la gente cuando habla de ‘tengo miles de visitas en mi blog’, está hablando de páginas vistas, no de usuarios. Los contadores casi siempre son así) y el dinero que te pagan no es para tanto.
En realidad, las marcas te ofrecen regalarte algo para que hables de ellos pero no te pagan. Por ejemplo a mí me han ofrecido constantemente sacaleches. Luego tenía que comentar en el blog cómo me había funcionado el sistema. Dudé, solo por curiosidad de qué narices es un sacaleches, pero al ver las fotos en Google (ves, otra vez, por eso Google tiene un chalet y bebe champagne en vez de agua) se me quitaron las ganas. Me han ofrecido viajar gratis, o juegos para los niños que no tengo y algo de dinero (poco).
A mí no me parece mal aceptar. Ahora hay mucha gente que critica esto de los bloggers, pero intentar hacer de un hobby una profesión me parece un sueño para todo el mundo. Aunque yo nunca lo he hecho porque no pretendía sacarle dinero al blog y además, para qué narices necesito yo un sacaleches. Pero si lo haces, sé sincero con la gente que te lee. Yo me fío de la gente que leo, y me importa su opinión. No pasa nada por decir: me han regalado este sacaleches para que hiciera publicidad, y es que, mira, justo lo que necesitaba en mi vida es un sacaleches, y oye, si me ahorro unos eurillos pues eso que me llevo. Di que sí, que están los eurillos cómo para tirarlos. Pero no estaría de más decir: "Lo he probado y lo que de verdad pienso es…", lo que sea que se debe pensar sobre ese invento del demonio. ¿Lo habéis visto? ¡Me da miedo solo de pensarlo!

Sigamos, si te metes en grupos grandes lo puedes hacer de varias maneras:
1- Que te paguen un fijo al mes y tu tráfico les cuenta a ellos. (Esto está bien pero es complicadísimo y la suerte  y los contactos son muy importantes y el tráfico que te pedirán, inmenso)
2- Que te paguen también por click de publicidad. Normalmente te comprometes un tiempo (que suelen ser dos años) a seguir actualizando y ellos sirven publicidad en tus huecos. No sé si es rentable porque nunca me quise comprometer a nada. No es mi estilo, o eso dice mi madre…
3- Que no te paguen nada de nada: qué tú dirás, pues vaya mierda. Pues sí, una poca pero si estás en un sitio muy grande, puedes conseguir visibilidad, que mucha gente te siga, y cuando te hagas necesario, pues lo de siempre: o te pagan o te vas a otro lado. Puede estar bien para empezar.
Tercero: si un blog no es un negocio. ¿Para qué escribes? Pues porque me lo paso en grande, en serio y de rebote me ha pasado una cosa: he publicado un libro.

Así que para lo que de verdad te puede servir un blog, a parte de tener todos los sacaleches que puedas necesitar, es como escaparate. Si escribes, si eres periodista, o si haces unos jerséis de punto que ya quisiera tu abuela, un blog puede ser tu escaparate. Puedes crear un producto que vender derivado de él o conseguir que otro te contrate para que hagas eso mismo que haces tan bien en tu blog: contar chistes, cocinar, escribir, opinar, diseñar, pintar…

¿Por qué digo esto? De verdad que me escribe mucha gente que lo está pasando mal, que no tiene trabajo y empieza un blog y le pone muchas esperanzas. Pero, un blog no es nada, mi blog no es nada. Primero necesitas que a la gente le guste lo que haces, también necesitas que haya mucha gente al otro lado. (Esta parte, no sé cómo se hace. Lo mío ha sido suerte. Otro día os cuento cuántas suertes me han acompañado en este proyecto, que ni siquiera era un proyecto al principio, claro…) Pero sobre todo lo que necesitas, es que alguien te pague por algo que produces, porque Google, mucho no te va a pagar. Así es él.

Por último (que ya no sé si es cuarto o quinto, que me he perdido) si tienes un blog, pásatelo bien. Si no te forras, que te quiten lo bailado. Una de las cosas mejores que me ha pasado en mi vida ha sido este blog, y ahora, me voy a poner cursi que no se me suele dar bien.

Las mejores cosas de haber tenido esta blog ha sido:
- La mejor, súper mejor de todas con diferencia es que me ha reconciliado con esa parte de mi madre que me puede repetir mil veces que me retire el pelo de la cara. Además, ya no discutimos tanto porque mientras me echa la charla, yo estoy haciendo anotaciones mentales: “Esto para el blog. ¡Ay! Que graciosa va a quedar. Sigue, sigue que este post me está quedando cortito”. Y ella me lo nota en la cara porque se me escapa una sonrisa y se corta, no mucho, no creáis, pero algo de miedo tiene a que sus charlas tengan cobertura nacional y ya vayan por la sexta edición.
- Lo segundo mejor fueron los más de 400 comentarios, mensajes y mails que recibí de todos vosotros en el peor momento que he pasado en mi vida. El peor de verdad. No uno de esos que dices: “Vaya, estoy algo tristona”.  No. Uno de esos momentos en los que ya no tienes siquiera sitio para la tristeza porque la angustia te lo ha ocupado entero. Justo uno de esos. Y, a veces, cuando me viene esa angustia, me los vuelvo a leer todos. Me suelo inflar a llorar, para qué mentir, pero se me pasa un poco. Es como si tuviera mi propio consuelo ahí, para mí solita.
- La cantidad de gente que he conocido de todo el mundo y a todas sus madres. Y esa especie de comunión al saber que existen más taradas que mean tirando dos veces de la cadena y que por nada del mundo se sentarían en un baño público.
- He publicado un libro en el que pone mi nombre en la tapa. Y está ahí para siempre… O casi siempre. Y era uno de mis sueños.
- Me he obligado a tener sentido del humor y perspectiva en situaciones en las que nunca hubiera creído posible.
- He perdido mucho pudor, vergüenza, miedo… Cuando has contado a tanta gente cómo vas al baño o que te disfrazaron de vieja chocha, pues como que el pudor se te pasa un poco.
- También he aprendido a soportar las críticas. Las más difíciles no han sido hacia mí porque mi mayor crítica la tengo en casa, las peores han sido cuando se han metido con mi madre. Y hasta esas, después de que se me pasaran las ganas de sacarles los ojos a varios, he aprendido a soportarlas.
- He vuelto a nadar. Sí, y es gracias al blog. Os lo explico mejor que igual, así de entrada, no se entiende. Darme cuenta que he sido capaz de tener la voluntad para escribir todo esto y editarlo, me ha hecho creerme que puedo ser constante con casi cualquier cosa. Aunque sigo nadando como si convulsionara, eso no lo me lo quita nadie, es culpita de esta bendita psicomotricidad que traigo de fábrica.
- No me llega para una casa en la playa, pero bueno, igual puedo comprarme a Don Giovanni y pegarme algún viaje a la playa. Y eso, en este momento, es gran una suerte.
- Y por último, me he reído hasta hartar con las historias de otros, con la promoción, con mi hermana, pero hasta hartar de verdad, con hipo y lágrimas… ¿Os acordáis cuando Pedro Piqueras dijo Drama Mamá en el telediario? ¡Ay! Es que solo de pensarlo me meo.

Así que por la parte que os toca, muchas gracias. Tengo bien claro que el 50 por ciento de todo esto, os lo debo. El otro 50, perdonadme, pero le pertenece a mi madre.

martes, 16 de octubre de 2012

105. Si funciona, no lo toques.

El tetra brick de la discordia
Mi madre ha empezado a regañarme por cosas que hacen otros. Esto es relativamente nuevo. Si se enfada por algo, como yo trate de explicárselo, pues al final me llevo mi parte.

Escena: Cocina. 10 de la mañana de un sábado de octubre. La luz tibia de otoño entra por la ventana. En la mesa, dos cafés humeantes y madre e hija desayunando sobados pasiegos mientras leen el periódico.
- Nena, ¿qué es esto de performance (pronunciado exactamente performance)?
- Pues como un teatrillo pero en más moderno…
- ¿Y en castellano cómo se dice?
- Pues no sé, creo que no hay palabra.
- Pues en el anuncio deberían poner eso: el día 25 habrá un teatrillo tan moderno que no sabemos cómo llamarlo. Y no esto de performance que nadie sabe lo qué es y hace que los lectores nos sintamos tontos.
- Es una palabra bastante conocida…- yo no sé para qué me meto.
- ¿Bastante conocida? Bastante conocida es enciclopedia o huevo frito, nena. Eso es una modernez.
- Bueno, a mí no me regañes por lo que hagan otros.
- No claro, nena, a ti bastante tengo con regañarte con lo que haces tú. Que vamos sobradas las dos.
- No aproveches mamá, que estamos tan tranquilas desayunando. Anda sigue leyendo el periódico.
- A mí no me mandes que ya estoy mayor para que me mande nadie. Es que nena, me tiene frita el periódico. No va el otro día y leo en una página, así, en grande, toda una página: Viene la zarzuela a la ciudad. Y punto, nena, nada más. Las letras muy bonitas, eso sí. Pero yo me puse a buscar para adelante y para atrás y nada más.  Bueno, pues yo quería ver esa zarzuela que viene, pero antes quería saber qué zarzuela, dónde, cuándo… Esas cosas que necesitamos las personas mayores para poder ir a los sitios. Total que me paso por la oficina de suscriptores del Diario, que yo fui a comprar garrapiñadas justo al lado pero ya que estaba, pues entré. Primero le pregunté al de seguridad, que ese pobre hombre tiene que estar harto ya de tanta vieja que vamos a dar la tabarra. Bueno, y el hombre me dice que hable con una de las chicas que el no sabe nada de zarzuelas.  Pues te puedes creer que nadie sabía allí ni dónde, ni cuándo ni cuánto era la dichosa zarzuela. Ni ellos, ni una tal Maritere a la que llamaron por teléfono. Nadie. ¿Cómo es posible que la gente publique cosas sin saber nada? ¿Tú lo haces?
- No mamá, yo no. Yo soy muy buena.
- Tú que vas a ser buena. 
- Mamá, eso es un anuncio y el periódico no tiene nada que ver. Es como cuando pone: “En agosto, querrás tener nuevo coche” Y no pone qué coche es. Es para crear intriga y aumentar las ganas de la gente de enterarse de qué va eso.
- Pues chica, a mí las ganas de zarzuela me las han quitado todas.
- Se llama marketing.
- ¿Y qué es eso del marketing?
- Pues no sé, es como un tipo de publicidad pero más moderno.
-  ¿Y eso cómo se dice en castellano?
- Mamáaaaaaa...
- Vale, chica, no te pongas así. ¿Quieres más leche?
- Sí, pásame un poco. ¿Por qué la tienes en botella en vez en brick?
- Pues ya verás lo que ha pasado, que por cierto, me tienes que echar un repaso a una carta que le he escrito al señor Pascual para quejarme.
- ¿A qué señor Pascual?- Yo estoy ya sospechando lo peor.
- Pues a qué señor Pascual va a ser, al de la leche. A veces no te enteras hija, con lo lista que eres para otras cosas.
- ¿Qué le has escrito una carta a la empresa Pascual?- yo no sé qué hace, pero mi madre todavía me logra sorprenderme.
- Pues claro que le he escrito, es que mira lo que me han hecho. Me han cambiado el formato del tetrabrick. Antes era rectangular y ahora es cuadrado. ¿Te lo puedes creer? Total, que donde antes cabían dos en la nevera, ahora solo me cabe uno. De verdad que no entiendo en qué piensan. Y les he escrito para que lo cambien. Que yo no entiendo qué ganas de andar cambiando cosas que ya estaban bien. Porque estaba bien, nena.
- Pero mamá, ¿de verdad que vas a mandarles una carta?
- Oye no lo digas con ese tonito. Pues claro que la voy a mandar. Mira nena,  si la gente no se queja, pues igual van y piensan que han tenido la idea más brillante del mundo y eso sí que no.  Aquí teniendo que rellenar una botella como hace años, vamos hombre. Es que me tienen negra. Yo no sé para qué inventan. Que ganas de cambiar cosas que ya funcionan. Yo creo que la gente se aburre. Si una cosa funciona, no lo toques. El mundo es así. Es como cuando les da por hacer pan con aceitunas. A ver, si el pan ya estaba bueno, y las aceitunas también ¿para qué juntarlo? Que manera de liar las cosas nena.
- Mamá pierdes mucho tiempo preocupándote por cosas que no tienen importancia…
- ¿Qué no tienen importancia? Mira nena, para que dentro del frigo entre toda la comida que te vas a llevar a Madrid, me tiro horas encajando alimentos, para que venga el señor Pascual y me destroce todo el sistema. ¿Por qué te crees que la última vez se me olvidó mandarte las dos chistorras? Porque las tuve que meter en el cajón de la fruta por culpa del tetra brick cuadrado. ¿Qué tipo de persona te crees que soy guardando las chistorras donde la fruta, hombre? ¿Te crees que me he vuelto loca o qué?- y a mí me da la risa, claro.
- Chica mamá, qué más dará si metes las chistorras con la fruta...
- Pues claro que da, qué tonterías dices. No quiero ni imaginarme tu frigo. Capaz eres de tener el pescado al lado del queso o alguna barrabasada semejante.  Nena, tú estás en el mundo porque tiene que haber de todo. Así mismo te lo digo.

Fin de la escena.

PD. Señor Pascual, por favor, vuelva a tetrabrick de siempre, al rectangular.  Lo hago por usted, que usted no sabe lo pesada que puede ser mi madre. Solo le digo que ya tenemos su dirección y que mi madre está pensando hacerse tuiter, porque le han dicho que por tuiter te hacen caso. Está advertido.

lunes, 24 de septiembre de 2012

104. Tiempo al tiempo, nena

Gomadrid
Cuando mi madre viene a Madrid, hacemos planes rollo Pitita Ridruejo. Como dos señoronas. Un día vamos a comer huevos a Lucio, otro al Real, un vistazo a la Casa de Sorolla, una merienda en Embassy, un paseo por el botánico… Pitita total.

Bueno, también tenemos el momento Belén Esteban, porque a mi madre un mercadillo le vuelve loca.  Tiene como una especie de radar para encontrar algo decente entre todos esos pingos. Yo, según ella, tengo el don  justamente opuesto, entro a Chanel y me compro un pingo.

Así que el domingo, sacamos la rubia que llevamos dentro y nos fuimos a un mercadillo en el que compramos dos kilos de cilantro a un euro. Que pensaréis: para qué quieres dos kilos de cilantro si a casi nadie le gusta. Pues porque estaba muy barato. Es así. Yo no lo sabía pero éste es suficiente motivo para comprar, igual de importante que necesitar algo, o ir utilizarlo después. Si es barato, lo compras. Que a mí me gusta el cilantro, pero ¿dos kilos? Porque vosotros sabéis que el cilantro casi no pesa ¿no? Os podéis imaginar el volumen de cilantro que poseo.

Así que ahora tengo dos kilos de cilantro muy barato en mi congelador, separados en bolsitas individuales (muy prácticas, eso sí) lo que hace que el cilantro ocupe un cajón y medio entero. La verdad es que tampoco pasa nada porque mi frigo es del tipo: balda, balda, salchichas, balda, una hoja de lechuga pocha, y medio limón. Que mi madre cada vez lo abre creo que muere un poco.

Pero era barato, y lo compramos.  El caso es que faltaban dos horas para nuestro siguiente plan Pitita: paseo por el Retiro con Maricristi y exposición temporal en el Prado, y pensé: vamos a arriesgarnos, vamos a hacer una locura, vamos a un Vips que tiene todas esas cositas absurdas que comprar y mirar.  El vips fue bien, incluso compramos un molde para hacer los huevos fritos con forma de corazón. Aunque mi madre no paró de repetir:
- ¡Qué precios, nena! ¡Qué precios! ¿Dices que esa cubitera vale 19 euros?
- Sí mamá, pero hace caras de Los Simpsons.
- Y para qué quieres tú la cara de nada en un hielo. ¿Y esto la gente lo compra?
- Pues me imagino mamá, nosotras hemos comprado el molde para huevos fritos con forma de corazón.
- ¡Me irás a comparar! Un huevo frito siempre tiene su encanto. Tú imagina las caras de tus primos cuando les ponga eso en el plato. Pero ¿un hielo? Uy y mira esta taza, ¡35 euros! Estamos locos, eso es lo que le pasa a España, que andamos entretenidos con tonterías que no valen para nada.

Pero el error vino justo después. Antes de nuestro siguiente plan Pitita, hicimos tiempo en un Starbucks, y el tiempo en los Starbucks es carísimo. Os resumo un poco la opinión general de mi madre, os la resumo porque no tengo horas para escribir todo lo que dijo allí sentada:

Sobre mi Frapuccino:
- ¿Y dices que esto es café? Jajaja, no me hagas reír, nena, no me hagas reír. Ni huele, ni sabe, ni parece café. No es café.  Es bastante fácil de entender. Ni siquiera parece un granizado de café. ¡Ya sé a qué se parece! ¿Sabes eso te que dan en los aviones que ellos llaman café pero no es café? Pues es esto mismo.

Sobre su zumo de mango:
- ¿Y dices que esto es zumo? Jajaja, qué sentido del humor tiene esta gente. He visto purés de patata de sobre más líquidos que esto. Por no hablar de lo del mango… Igual es que en Estados Unidos llaman mango a otra fruta… Debe ser eso.

Sobre mis cookies:
- ¿Qué esto es una galleta? Vamos, hombre, esto son las tortas españolas de toda la vida pero arenosas. Están como sequitas ¿no? Y para qué quiere la gente una galleta tan grande,  si ni quiera se puede mojar en la taza. Me parece un despropósito. Me das harina, azúcar y mantequilla, y les dejamos a la altura del betún en dos horas.

Sobre tener que llevarte tú misma las cosas a la mesa:
- Primero los selfservice, luego las gasolineras, luego te cobras tú misma en el súper, ¡y ahora las cafeterías! Que yo ya tengo un trabajo, vengo para que me atiendan, por eso pago, porque está claro que para tomar buen café no será. Luego que hay paro… Dentro de nada vamos a tener que quitarnos el apéndice a nosotros mismos. Tiempo al tiempo, nena.

Sobre la cuenta:
- Pero nena, ¿seguro que eso está bien? ¿18 euros por esto? Tú eres tonta, porque si no lo entiendo.  Que se están riendo de ti. ¿No lo ves? Ahora esta el dueño de este sitio riéndose en su mansión diciendo: ¡otra que ha caído! Yo aquí no vuelvo. Y que no me entere que vuelves tú.

Yo me  mantenía en silencio porque, la verdad, razón lleva pero es que el Frapuccino yo creo  que tiene el mismo ingrediente que los Risketos, tomas uno, y adicto para siempre. Una exclavitud.

Nos fuimos de allí mientras ella miraba al señor de seguridad con cara de “¿No le da vergüenza?”.  Y después del Prado,  paseando, acabamos en San Ginés, una chocolatería de toda la vida de Madrid y entonces sí:
- Esto es otra cosa nena, con estos churritos jugosos, y estos camareros vestidos de blanco. Pero mira qué chocolate: huele, sabe y parece chocolate. Así  de sencillo funciona la vida, que ya va siendo hora de que te enteres y tengas algo de personalidad. Que eres muy influenciable, que oyes llover y te meas. Yo no sé a quién has salido tú, porque vamos, con lo que nos gusta en casa un buen café, con ese olorcito que te despierta, y poder mojar las galletas.  ¿Y dices que esa cafetería la hay por todo el mundo? Pues no lo entiendo, de verdad que no lo entiendo.  El mundo se ha vuelto loco, va a llegar un momento en el que la gente ya no sepa que era el café de verdad, ni que el zumo es líquido, ni que el mango es mango, ni que hubo un tiempo en que había gente detrás de la barra que te daba los buenos días al entrar a la cafetería y te decía: ¿lo de siempre, señora? Porque yo para prepararme un café, pues me lo tomo en casa, que lo tengo bien rico. Aquí vengo a otra cosa.  El mundo se ha vuelto loco,  y vosotros ni siquiera os dais cuenta, pero un día os vais a dar, y entonces ya será tarde. Tiempo al tiempo, nena.

Y la nena entra en un estado de depresión que ya no sé si estamos hablando de Starbucks, de San Ginés, del café que sabe a café, o de que el mundo es una mierda y no hay salida. De verdad, que no lo sé.

viernes, 31 de agosto de 2012

103. Hazme caso que yo sé lo que es mejor para ti

La taza que es como debe ser.
¿Sabes el sitio donde guardas el estropajo de fregar los platos? Pues no tienes ni idea, que  yo diría ni puñetera idea, pero como ahora me lee mi madre, pues no lo digo. A lo que voy. El sitio en el que llevas guardando el estropajo años, pues es un sitio completamente equivocado. No me vayas a venir con que para ti es cómodo, que siempre lo dejas ahí, que meterlo dentro de una cajita en un armario es una lata. Tonterías, tú vivías con el estropajo en el sitio equivocado, tan temerariamente, pero invitas a tu madre una semana a tu casa y entonces descubres lo ignorante que eres tú, no ya de dónde va cada cosa sino, incluso, de lo que te resulta cómodo.  Ignorante, ignorante, ignorante. Que también podría decir tonta del culo, pero no lo digo porque me lee mi madre.

Una semana, con sus siete días, que os voy a recordar que tienen 24 horas, y muchos minutos (se me dan mal las mates, multiplicad vosotros), para que tu madre vea cada esquina de tu casa, cada mota de polvo, cada cosa que tu has colocado en el sitio equivocado, provocando un desalineamiento espacio temporal de cómo tiene que ser la vida, y que a ella le lleva hasta el más profundo de los horrores:
- ¡Pero cómo es posible que puedas vivir con el cubo de reciclaje de papel, separado del de envases! Y aún más, ¡cómo es posible que no tengas cubo para el vidrio!

Inconsciente, que eres una inconsciente.
Porque una cosa es que tu madre venga de visita, mire por encima, y te regañe durante 3 horas. Pero una semana completica da para que se dé cuenta del desastre total de persona que eres, capaz de vivir en la total inmundicia con un único estropajo para limpiar los platos y las cazuelas.  Analfabeta de la cocina, que también podría decir jodida analfabeta de la cocina, pero no lo voy a decir que me lee mi madre.

A parte de las cosas que no están donde deben estar, hay otra categoría: las que no tienes. Y no vayas a empezar con que has vivido 11 años sin ellas: necesitas un bote con una hortensia dibujada para guardar los envases vacíos de la nespresso. Y si quieres, luego hablamos de: cómo es posible que prefieras esa cafetera, a una italiana de toda la vida, con su aroma y su pitido, y ese burbujeo que ya te despierta. Luego lo hablamos. Tranquila. Por hablar será...

Y por último tenemos la categoría en la que ni tú, ni las tiendas de decoración, sabéis que las tazas para desayunar, las buenas, son grandes, tipo tazón, pero bajas, apilables, con plato a juego, solidas, en las que caben tres cafés. Y da igual que vayas a Ikea a buscar las dichosas tazas para que puedas desayunar como se debe hacer, y no en esas tazas americanas absurdas demasiado altas para poder mojar agusto una magdalena, da igual que entre las 3.000 tazas no haya una de esas, porque está claro que los suecos tampoco tienen ni idea. Da igual que en La loja do gato preto, tampoco las tengan, ni en Casa, ni en Micasa, ni en ningún lado. Da igual, porque siempre existe El Corte Inglés, en el que por supuesto, hay una dependienta a la que tu madre le mira a los ojos y le dice:
- Seguro que usted me puede ayudar, buscamos un juego de tazas para desayunar de café con leche, de las de toda la vida.- Y la señorita, que apuesto mi mano derecha a que era una señora, con esa mirada de suficiencia que tienen todas las drama mamá, le contesta:
- Por supuesto, con florecitas o en rosa, para poder mojar las magdalenas sin que se te caiga ni un miga. Y apilables para que ocupen poco.- Y las dos se miran, y el mundo parece ordenarse un poco ante dos mujeres con tanta sabiduría interior.
- Ay, nena, ¿ves? si es que lo que no haya en El Corte Inglés.

Consecuencias:
No encuentro nada en mi casa. Ni idea de cuál es el verdadero sitio del Fairy, he abierto 3 armarios y nada.  No sé dónde está el arroz, acabo de encontrar un gato que llevaba perdido 3 horas,  y he descubierto que las tazas apilables están en el antiguo sitio de la jarra de agua. Así que si alguno conoce el lugar donde debe de estar una jarra, agradecería que me lo dijerais. 

Segunda consecuencia: estar en mi casa ahora es un poco como vivir en una gincana constante. Algo tipo: vale, he econtrado los tuppers dónde deberían estar las cazuelas, y las cazuelas están donde antes estaban los cuencos, ¿Dónde demonios está la mermelada y desde cuando tenemos paellera? Es divertido, rollo: ¡sorpresa! Aquí están las toallas que llevas dos días buscando.
Eso sí, en este momento podría chupar el suelo de mi casa de lo limpio que está, todos mis mecheros están ordenados por tamaños y colores y tengo la nevera llenita de pollo al ajillo, chistorra, mejillones en salsa, queso, albondigas y gazpacho, que tú no tienes ni idea, pero el gazpacho bueno, el de verdad, no lleva pepino.

Bueno, aunque también mi casa huele a la colonia de mi madre, y tengo una planta de hierbabuena con la que cocina y  bizcocho casero,  y horas de acordarme de nuestras charlas delante de un café con leche, arreglando el mundo,  ordenándolo,  y riéndonos de lo ignorante que soy, y de lo bien que me podría ir la vida si le hiciera un poquito de caso y no andara con mis payasadas de siempre, que ella podría decir "mis chorradas de siempre", pero ¡ay! mi madre jamás diría chorradas. Ignorante, que eres una ignorante.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, os voy a dejar un mundo desordenado, no me sé los sitios. Pero siempre podéis preguntarle a vuestra abuela, ella seguro que os puede ayudar.

domingo, 22 de julio de 2012

Qué te diría tu madre




Acabo de volver de tres semanas de vacaciones. Tres. Semanas. He visto dos mares. El Caribe y el Mediterráneo. Y les he hecho miles de fotos mentales para que me duren todo el año y los lunes sean menos lunes. Aunque del de mañana no me libra nadie.  Llevaba sin descansar realmente 3 años, desde que mi padre se puso enfermo, porque aprovechaba todos mis días libres para irme a casa, bueno, al hospital, que fue un poco nuestra casa durante ese tiempo. Así que mi grado de sobre excitación pensando en tres semanas, entericas, para mí, casi acaba con mis nervios. Pero sobre todo, casi acaba con mi madre.  

Lo peor de un viaje no es hacer la maleta, preparar las rutas, pensar en el Fortasec (que inevitablemente siempre llega), adelantar todo el curro que deberías hacer en las siguientes semanas, ni siquiera, el pastón que hay que pagar por 21 días mirando al mar. Lo peor de hacer un viaje es tu madre. Bueno, no la tuya, la mía, claro. Como un mes antes de irme, comienzan la retahíla de consejos de todo tipo, largas llamadas avisándome de todos los peligros que ha oído sobre el país, de hijas de amigas suyas a las que robaron o perdieron una maleta, de accidentes  de lo más variopinto… Si para una madre, te puede pasar cualquier cosa dentro de casa, imagina si te vas fuera, o ¡si cruzas el charco!  Porque he estado dos de esas semanas en Cuba, y a mi madre, todo lo que no sea Valencia le parece Mordor.

Entre mis consejos preferidos están:
- Lleva una maleta de mano con dos vestidos, dos bragas, un bañador, un minineceser, una toalla y una pastilla de jabón Lagarto, por si acaso te pierden la maleta. Que el Lagarto te apaña cualquier mancha, y no hace jabón y se aclara en un pis pas.
- Lleva un cinturón cartera para llevar el dinero pegadico a la barriga, y así no te robarán. (Por si acaso no le hacía caso, me compró uno y me lo mando por correo)

- No vayas por lo oscuro, que en lo oscuro puede pasarte cualquier cosa.
- No bebas ni comas nada, que no hay nada peor que una colitis de vacaciones. (Sí, debe ser la única vez que tu madre, bueno, mi madre, ya hemos hablado de esto, te pide que no comas, en vez de cebarte como habitualmente).

- Lleva: antiestaminicos, antibióticos, antinflamatorios, calmantes, antimosquitos, tiritas, jarabe, suero oral, y unas tijericas, que nunca sabes cuando vas a necesitar tijericas en la vida. (Mi madre no viaja con su médico de cabecera de milagro. Yo creo que incluso le ha preguntado alguna vez su destino de vacaciones, a ver si con suerte, coincidíamos)
- Llama cuando llegues, que ya sabes que yo no descanso hasta que sé que estás bien.

- No seas aventurera, que no hay ninguna necesidad. Tú segurica, y si la gente se tira en una piragua por una cascada, pues tú sacas las fotos, pero desde el autobús. Que vista una cascada, vistas todas.
- No te separes del grupo, tú pegadica a ellos, si van al baño, pues tú con ellos. Que mira que si te secuestran…

- No te sientes en ningún baño, ni siquiera en el hotel, compra un desinfectante y lo limpias un poquillo, que nunca se sabe si la mujer de la limpieza del hotel ha tenido un mal día, que todo el mundo tiene derecho a tener un mal día.
- No andes descalza por ahí, te pones las chanclas, que se cogen unos hongos malísimos que luego son muy difíciles de quitar. Y te pones un par de bolsas de plástico en los pies para bañarte en los hoteles.

- Lleva una chaquetica por las noches por si refresca, que los sitios de playa son muy traicioneros, no te vayas a enfriar.
- Y sobre todo, guarda dos horas de digestión antes de meterte al agua. ¡Que no quiero un disgusto! Ala, nena, pásatelo bien, y llámame todos los días ¿eh?

Sí mamá, si me salvo de la colitis, las diarreas mortales, los ladrones, los secuestradores, las cataratas del infierno, los hongos, los virus, las tempestades típicas de agosto y el frío glacial de las noches de verano, prometo pasármelo bien.

Pero sí, a pesar de los mosquitos y de un estómago demasiado sensible al cambio de alimentos, tengo el mar metido en las retinas, la piel dorada, y llevo arena en las esquinas del bolso, en mi casa hay ron cubano y el café de las mañanas es intenso, he leído tres libros en dos semanas, he flotado horas en el agua, he visto lugares increíbles , me he empapado de tormentas cálidas, se me han pegado canciones que no conocía, y me he reconciliado un poco con el mundo, que ya era hora.  Bueno, y me he ido una semana con mi madre a la playa, a su Mediterráneo y sus gambitas, pero eso ya es otro post, bueno, o cuatro.