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martes, 3 de mayo de 2011

76. Haz lo que quieras, nena


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Este es un consejo trampa. A todos los niños del mundo deberían enseñarles que para sobrevivir a la infancia hacen falta dos cosas:
Una: aprender pronto a no mearse encima, que ayuda a tener una vida social activa.
Y dos: jamás hay que hacer caso a una madre cuando te dice “Haz lo que quieras”. Y mucho menos, si tu madre es una drama mamá.

Cuándo lo utilizaba:
Por puro agotamiento cuando te habías tirado horas, días o meses (sí meses, qué pasa, ser insistente puede ser una virtud como cualquier otra) pidiendo algo.
Ejemplo práctico:
A las nueve de la mañana:
- Mami, me dejas ver los dibujos.
- En casa no se desayuna viendo la tele, que no somos una casa de padres separados.
A las 10:
- Mami, ya he desayunado, ¿puedo ver los dibujos?
- Tienes que hacer la cama, un cuarto con la cama desecha es un cuarto desordenado.
A las 11:
- Mami, ya he hecho la cama ¿puedo ver los dibujos?
- ¿Has hecho las tareas? Porque es tu obligación.
- Las hago luego…
- ¿Y qué te parecería que yo limpiara la casa luego? O mejor, nunca. Ya sé. Nos sentamos las dos. Y le explicas tú a papá porqué está todo manga por hombro y la comida sin hacer cuando él llegue.
A las 12:
- Mami, ya he hecho las tareas ¿puedo ver los dibujos? (Yo a estas alturas ya lo preguntaba sin fe, como desganada)
- A ver, trae aquí el cuaderno. ¿Seguro que has hecho todos?
- Bueno, mami, casi casi… Es que los de matemáticas son muy fáciles y me los he dejado para tener que hacer algo por la tarde.
- Como los hagas ahora mismo por la tarde vas a tener que hacer el doble, te lo estoy diciendo.
A la 1:
- Mami, ahora sí que sí, he terminado los de matemáticas, ¿puedo ver los dibujos?
- Bájate a por el pan y a por el periódico que van a cerrar.
- Jo mami…
- Ni jo, ni ja. Ya estás bajando, y me traes las vueltas que te conozco.
A las 2:
- Mami y, ¿ahora ya puedo? (lo preguntaba sin nada de ilusión, tan pequeña y una niña sin esperanzas, ay que pena me doy)
- Ahora es hora de comer, y en esta casa no se come mirando la tele. En esta casa hablamos. Ya me lo agradecerás cuando seas mayor.
A las 3:
- Ya he comido, ahora, sí que sí, puedo ¿no?
- Claro nena, tú vete tranquila que los platos se meten solos en el fregaplatos, anda, dale, haz lo que quieras…
Mira, en serio, por el bien de las generaciones futuras esa frase debería llevar una alarma pegada: ¡Peligro! Alerta. Solo si estás loco, si te gusta vivir al límite, si estás dispuesto a morir joven, puedes hacer lo que quieras cuando una drama mamá te lo dice.
Según me iba hacia el salón pensando en que por fin iba a ver mis queridos dibujos comenzaba la letanía:
- Ya ves tú, todo el rato haciendo cosas por ellas, que ni un rato me he sentado en todo el día. Y la nena, que solo piensa en ver los dibujos. Todo el día peleando con ella. Así son, cría cuervos y te sacarán los ojos… (Y yo en el pasillo pensando: “para mí que lo de cuervos va por mí”) Pero nada, yo me pongo a recoger. Como una criada me tenéis. Qué se cree, ¿que yo no tengo ganas de ver la novela? Pues claro que tengo, y de poner los pies en alto.
Entonces yo ya no me atrevía a dar un paso más porque notaba el click en su cabeza. Es más, casi se podía oír. Y, click, se enfadaba:
- Habrase visto, y tan tranquila se va. Ven aquí ahora mismo. ¿Me estás oyendo? Ipso Facto (que yo pensaba: por qué me llama Ipso Facto, ¿me está insultando?) Mira, nena, para mí sería mucho más fácil dejarte hacer lo que quieras, y no discutir (que yo pensaba: pero si no estamos discutiendo, solo me estás gritando) Pues no. Yo estoy en el mundo para educarte. Así que me ayudas a recoger. Las buenas madres hacen esto. Y así aprenderás que uno no puede hacer lo que le dé la gana en la vida siempre, que existen obligaciones. Y con garbo, que no quiero una mala cara, que te castigo en tu cuarto hasta que seas mayor de edad. ¿Me oyes? Pues ala.

Consecuencias del consejo:
Yo veo la televisión con remordimientos. Siempre que estoy viendo la tele, siento que tengo que hacer al menos otra cosa a la vez: estar con el ordenador, leer, ganchillo… Y eso que no sé hacer ganchillo, pero yo disimulo. Aún cuando estoy sola en el salón, hago como que leo un libro y miro la tele de reojo. Esto me da cierto aire de tarada.
Segunda consecuencia, a base de disimular: es decir, leo un párrafo y luego veo un trozo de serie, en mi memoria Emilio Aragón sale en Cien Años de Soledad… Lo dicho, tarada.
Tercera consecuencia: yo no puedo hacer lo que quiero a pierna suelta porque siempre pienso que mi madre está a punto de castigarme sin salir del cuarto durante meses. Que estoy bailando, malo, que estoy vagueando, peor, que me tumbo sin hacer nada. ¡Pecado! Corre, nena haz lo que sea, dobla calcetines, lo que sea.
Cuarta consecuencia: una vez le llamé a un niño del patio con mucho odio Ipso Facto. Qué te voy a contar… Creo que todavía oigo las risas.

Excepciones para utilizarlo:
Paso de esta frase. Es mentira, futuros hijos míos, si se me escapa, no me hagáis caso, por supuesto que no quiero que hagáis lo que os dé la gana, quiero que hagáis lo que me dé la gana a mí, que para eso soy vuestra madre.

martes, 22 de febrero de 2011

62. Te lo dije nena, te lo dije.

Este consejo me da pereza y probablemente sea el que más veces he escuchado, escucho y escucharé. Por lo siglos de los siglos, amén. Y sin lugar a dudas, es la frase que más me jode escuchar de boca de mi madre porque, la vida es así, ella siempre me lo ha dicho antes de que algo malo suceda.

Cuando lo utiliza:
Pues para joder, porque no me cabe otra explicación, siempre que algo me ha salido mal y con una coletilla que te termina de rematar normalmente acompañado de un refrán.
- Si suspendía un examen: "Te lo dije nena, te lo dije. Sabe el diablo más por viejo que por diablo y yo sabía que con lo poco que has estudiado te quedaban las matemáticas. Ahora que las dos sabemos que eso significa que estás castigada sin salir hasta... Encima no me tuerzas el morro que la tenemos. A buen entendedor pocas palabras bastan".
- Si volvía mojada a casa: "Te lo dije nena, te lo dije, que iba a llover y que te cogiéras el paraguas. Que en abril aguas mil. Pero tú te debes creer que eres impermeable. Pues no, nena, no, el don que te ha dado dios es la ubicuidad, que no paras quieta, pero, de momento, la lluvia te moja y te acatarra como a todos los mortales así que ya te estás comiendo una naranja que más vale prevenir que curar".
- Si me dejaba un novio: "Te lo dije nena, te lo dije, que así no ibas a ningún lado, que si somos modernos y yo puedo salir con mis amigas cuando quiera, irme de viaje sin pedir permiso, no llamarle en tres días. Pues no, nena, ni tan modernos, ni nada. Gota a gota el mar se agota. Y ale, para de llorar, que me pones nerviosa con tanto hipo".
- Si me perdían las maletas en un vuelo: "Te lo dije nena, te lo dije. Que te llevaras una muda limpia y un vestido en la maleta de mano, pero noooo, tú a tu aire como siempre. Hombre prevenido vale por dos. Y luego a llorar que te has gastado todo el dinero del viaje de fin de curso en bragas. Y no digas que era poco dinero. A París la niña, con 16 años, y que no tenía ni para tomar un café. Pero qué café ni qué ocho cuartos, a París, a tu edad, se va a mirar, que es muy bonito. Y no me digas que has pasado hambre que te cruzo la cara. Eso sí que no. Te metí mortadela para siete días, lo que pasa es que eres muy fina y no puedes comer todos los días lo mismo ¿no? Ah y que querías también Cocacola. Mira nena, lo que dan los grifos es agua, y eso bebemos nosotros. Habráse visto, y quítate de mi vista que aún te pongo a comer mortadela otra semana más, para que aprendas a hacerme caso que te lo dije nena, te lo dije, que esos de Iberia no tienen cuidado y les da lo mismo París que Moscú. Que tu tía Mari cuando fue de crucero, para una vez que se estira tu tío, le perdieron la maleta en Barcelona y todo el crucero sin ropa. Ella que se había llevado un vestido de gala para la cena con el capitán... Pues en pareo tuvo que andar 15 días, porque ¡lo qué valen las cosas en esos barcos! Que ya le dije yo que no lo entendía, que una falda es falda en el mar y en la tierra, pero como no tienes otro remedio, pues ellos ponen el precio que quieren. Y cada vez que hacían una visita a un sitio a correr a ver si encontraban algún puesto más barato para comprar al menos bragas y calzonzillos y se perdieron todos los monumentos. Ahora, tú tía de los mercadillos del Mediterréno se lo sabe todo. Y total que llegaron a casa y la maleta traía la mismita ruta que ellos, pero les seguía tarde. Desde entonces yo siempre hago un petate con cuatro cosas para poder salir del paso. Y ya te digo que yo a un crucero no voy, vamos hombre, por mucho capitán que me pongan que...". En este punto he desarrallado lo que mi hermana y yo llamamos "el poder del click". Click y a pensar en mis cosas y ya no tengo ni repajolera idea de qué narices habla.

Consecuencias:
Odio los refranes, el refrañero español y la madre del que se inventó tanta frase tocapelotas, pero ¡No puedo evitar repetirlos constantemente!
Segunda consecuencia: cierto aire de niña envejecida cuando les decía a mis compañeras: "Más vale pájaro en mano que ciento volando".
Tercera consecuencia: aislamiento social no elegido, yo lo llamo así, otros prefieren llamarlo marginación. Cabrones...
Cuarta consecuencia: terror. Cada vez que dice: esa mayonesa se va a cortar, va a caer una nevada, te vas a coger anginas, tiemblo. Leche, es que siempre acierta. Aunque he empezado a dudar. Creo que la técnica es la siguiente: ella siempre piensa que pueden pasar las peores cosas, y cuando pasan, ahí está para recordarte que lo había dicho. Ahora, cuando todas esas pequeñas apocalipsis no suceden... ¿Quién se acuerda de que ella dijo que en el año 2000 se iban a estropear todos los electrodomésticos y que por eso no compraban tele nueva? ¿Quién? Pues yo, pero cualquiera se lo recuerda.

Excepciones para utilizarlo:
Me niego. Futuros hijos míos si os lo dije, estoy segura de que os acordaréis solitos cuando os tiréis una semana comiendo mortadela. De los escarmentados, nacen los avisados, ea.

miércoles, 26 de enero de 2011

57. ¿No tienes nada que contarme?

Yo era oír esa pregunta y me moría de miedo. La había liado seguro, pero yo siempre andaba liándola y no sabía exactamente en cuál de todas me había pillado. Así que llegábamos a situaciones realmente imbéciles. Un ejemplo.
La primera vez que yo le pedí permiso a mis padres para ir a una discoteca con 14 años, ellos, por supuesto, me dijeron que no. Y yo, por supuesto, fui. Llegué a casa extasiada de ese mundo increíble que acaba de descubrir en el que te pasabas toda la noche hablando en una esquina con tus amigas del colegio viendo a los chicos, en la otra esquina, hablando también con los mismos chicos con los que estaban todo el tiempo en clase. Ajá. Increíble. El caso es que llega casa pensando que el cielo era algo parecido a una discoteca y me encontré a mis padres en la cocina, separando lentejas:
- ¿No tienes nada que contarme?- te lo decía así, como si nada.
- Pues no, creo que no, vamos.- y ya estaba vendida.
- Ah bueno. ¿De dónde vienes que vienes como si hubieras sudado?- Pregunta trampa, pregunta trampa!
- Pues es que estábamos en la plaza y han venido unos chicos con globos de agua. Entonces hemos empezado a correr, y nos hemos tenido que esconder porque eran unos chicos muy brutos, y nos han encontrado y otra vez a correr.
- ¿Y qué chicos eran esos?
- Pues no sé, unos chicos.
- ¿En abstracto o tenían nombres?
- Es que no los conocíamos pero nos han estado persiguiendo toda la tarde.- ella seguía separando lentejas como si nada.
- ¿Y hasta dónde os han perseguido?- lenteja pocha a la basura...
- Pues por el barrio.
- Ahhh, por el barrio...- lenteja buena al plato con agua.
- Eh sí, por el barrio- a esas alturas yo ya me temía lo peor. Y acertaba.
- ¿Y no has salido del barrio?- lenteja pocha a la basura.
- Pues no..., bueno, creo que no.
- ¿Y por qué tienes los ojos como tan negros? - "Me ha pillado. Se ha dado cuenta de que me he maquillado. Pero, ¿cómo? Si me limpiado en el ascensor, 6 veces".
- Pues no sé, será sucio...
- Ah... ¿ Y qué has hecho para ensuciarte así?
- Pues no sé, igual de correr o algo, del parque, eso, del parque. Es que una de las veces nos hemos escondido en el parque y el suelo estaba como negro.- Lo sé, yo era imbécil- Ha tenido que ser de eso.
- Claro, claro. De la tierra negra del parque- lenteja buena al agua.
- Sí, sí de la tierra, eso es.
- ¿Y te lo has pasado bien?- lenteja pocha a la basura.
- Sí muy bien, aunque estoy un poco cansada y yo creo que me voy a ir a la cama...
- Pues ya puedes habértelo pasado de maravilla porque- y se ponía de pie y caían lentejas por todos los lados- ¡¡¡¡No vas a volver a ver la calle en meses!!!! ¿Me estás oyendo? Que correr, ni que globos de agua. Que te han visto entrando a la discoteca. Y me han llamado para decírmelo, que menuda vergüenza he pasado yo. Y mira que te hemos dado la oportunidad para que dijeras las verdad, y nooooo, tú con tus mentiras, con tus malas mentiras por cierto. Tiempo te ha faltado para ir. Ayer te lo prohibimos, hoy vas. Y encima maquillada, porque esos ojos de mapache son de rimmel. ¡A mí me vas a engañar tú! Muy bien. Pues como no nos podemos fiar de ti, tres meses sin salir de casa. Directa del colegio, a tu cuarto.
- ¡Pero mamá! Si a todas mis amigas les dejan.
- Encima no me grites que te enteras. Un pimiento me importan todas tus amigas. Y para la cama ya, que me tienes muy enfadada. ¡14 años! Yo fui a mi primera discoteca en la luna de miel. Vamos hombre, la nena nos ha salido moderna. Pues ya te digo que por ahí no paso, antes te mando interna. Buena soy yo.

Consecuencias de la frase:
Pues creo que he estado tres veces en mi vida en un discoteca, llamadme maniática, pero les cogí manía.
Mi vida social adolescente fue como el Guadiana: ahora tienes, ahora te la quito durante tres meses, ahora tienes, ahora te castigo cuatro meses y así hasta que me fui de casa.

Excepciones para utilizarlo:
La verdad es que una técnica cojonuda. Yo creo que a veces ella no sabía nada, y  me hacía la preguntita por si acaso, y allá que iba yo directa, al patíbulo de cabeza. Tú pones a un acusado frente al juez y que le pregunte: "¿No tienes nada que contarme? Y el sistema judicial español se ahorraría mucho trabajo.
Lo siento futuros hijos míos, este, me lo quedo. Id pensando al menos en buenas historias...

lunes, 8 de noviembre de 2010

44. Nena, eso es un lujo capitalista.

Mi madre es un ser contradictorio. Desde que recuerdo, ella ha deseado que fuera normal y me ha educado para no serlo.
Yo de pequeña quería ser dimplomática y a mi madre le daba mucha rabia porque le parecía raro. Jugaba a los diplomáticos con mi hermana, y sí, era raro.
- Tú ponte en esa silla y coge ese vaso como si fuera una copa de vino, y vamos a discutir sobre política internacional. Yo soy España y tú eres Portugal.
- Jooo yo no quiero ser Portugal- decía mi hermana.
- Pues Francia no puedes ser porque con los franceses no se puede discutir.
Muy raro. La culpa en realidad era de mi padres que me explicaban cosas complicadísimas para una niña, y a mí se me grababan a fuego. A ellos les hacía gracia que yo repitiera cosas así, hasta que se les fue de las manos.
- Nena, a ver si jugamos a cosas más normales. Por ejemplo a papás y mamás o a profesoras.
- ¿Qué tiene de malo ser diplomática? ¿Si vosotros siempre decís que es el mejor trabajo del mundo?
- Nada nena, no tiene nada de malo pero tú tienes 9 años y deberías jugar con muñecas.
- ¡Pues cómprame una Barbie!
- No empezemos ¿eh? nena, no empezemos.
¿Pero qué querías mamá? ¡Si mis muñecas parecían una jodida reunión de Naciones Unidas!

Otra frase que mis padres me repetían constantemente era: "Eso es un lujo capitalista". Para que os hagáis una idea: la nocilla, el pan bimbo, el chocolate, los cereales, cualquier galleta que no fuera María, los petitsuis, la cocacola... Todo era un lujo capitalista. Y el mini-babybel: un super lujo capitalista.
- Mamá quiero colacao.
- Nena, la leche se toma sola. Si quisieran que tú tomaras la leche con chocolate, las vacas la harían así.
- Pero mamá, toooodoooo el mundo toma la leche con Colacao.
- Pues nosotros no, porque es un lujo capitalista.
Claro que como yo no tenía ni jodida idea de qué significa aquello, pues no podía discutirlo.
Un día en la panadería del barrio, con todas las vecinas alrededor, mi amiga Martita le pidió a mi madre que le comprara una napolitana de chocolate. Y a mí me faltó tiempo:
- Martita, eso es un lujo capitalista y nosotros no lo compramos.
- ¡Ay qué salada es la niña!- me dijo la típica vecina cabrona que vio que allí había materia para la humillación- ¿y tú qué quieres ser de mayor guapa?
- Yo dimplomática para beber siempre buen vino y viajar mucho.
Pellizco de la muerte, pisotón y mi madre de un rojo escarlata.
- Esta niña, de verdad que no sé de dónde saca esas cosas-. Tirones del brazo hasta casa, gritos en el ascensor, pellizco de la muerte, repellizco.
- Un día me matas de un disgusto. Pero ¿quién te mandará a ti decir esas cosas en público? Te voy a mandar interna, te prometo que te voy a mandar interna, para que aprendas.

Consecuencias del consejo:
Me pasé años creyendo que "lujo capitalista" debía ser un insulto parecido a "hijo de puta".
Valoro poco a los diplomáticos: mi imagen de ellos se reduce a gente bebiendo vino y hablando en palacios impresionantes.
No me gusta la cocacola, el colacao justito y nada los petitsuis. Si nunca de pequeña te has acostumbrado a esos sabores, pues de mayor te parecen extraños, sobre todo la cocacola. Esto te hace rara. Muy rara. En los cumpleaños infantiles, en los botellones con el kalimotxo y en la treintena con los cubatas.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, no os pienso decir frases que no comprendáis pero quiero ser la madre de un dimplómatico y beber buen vino y vivir retirada en un palacio. ¿Ha quedado claro? Pues eso.

jueves, 5 de agosto de 2010

27. Esto me duele más a mí que a ti, nena.

Pues mira mamá, lo dudo. Pero mucho, mucho.
Al principio te creía:
- Castigada sin cenar por no haber merendado. Y no llores que esto me duele más a mí que ti, nena.
Vale. Puede que en ese caso le doliera más a ella si tengo en cuenta que siempre me ha tratado de alimentar como si en mi interior vivieran 4 niñas más, y una de ellas con la tenia. Cuando mi madre me dice: "Te he dejado la comida preparada", ya sé que podemos comer yo y el colegio entero de las Ursulinas, y puede que sobre algo. Así que vale, dejarme sin cenar podía dolerle más a ella.

Puede que también fuera verdad cuando me llevaba a natación y aquel simpático profesor me tiraba al agua mientras le decía a ella: "Tranquila mujer, los buenos sobreviven".
Teniendo en cuenta que todo, repito todo, en esta vida le parece una amenaza... Pongamos ejemplos para dejar las cosas claras: "Las moscas son unos seres horrorosos que trasmiten infecciones mortales, en el mar te puede atacar un banco de medusas, en la arena de la playa hay jeringuillas escondidas para infectar a niñas como tú, en los vasos te echan droga, todos los hombres menos tu padre quieren aprovecharse de ti, por la noche hay delincuentes, por el día no puedes reconocer a los delincuentes porque disimulan, el cloro de la piscina te puede dejar ciega, si andas descalza cogerás hongos, las mariquitas son moscas disfrazadas". ¿Se entiende no? Bueno, por si acaso: "Te puedes pillar cualquier cosa si vas de camping, si te muerdes las uñas se te clavarán en la barriga, si te haces un pendiente se pudrirá y se te va a caer la nariz, las mariposas también son moscas disfrazadas". Ahora sí.
Bueno, también puede que le doliera más a ella verme tragar agua e intentar sobrevivir en aquella piscina del infierno, porque si tenía que confiar que sólo los buenos sobrevivían... No lo vería claro.

Pero el resto de las veces. Castigada sin salir, sin postre, sin tele, sin jugar, sin bajar a la plaza, castigada a comer doble ración de alubias verdes, castigada a fregar toda la casa, a limpiar las ventanas, a sacar la basura, a ordenar los armarios... "Esto me duele más a mí que ti, nena". ¡JA! Vamos, mamá, un poco de seriedad: no te dolía nada de nada, ni siquiera un poquito.

Excepciones para utilizar el consejo:
No pienso hacerles creer que yo sufro más por los castigos que ellos. Tampoco es que vaya a disfrutar aunque tengo serias dudas... Mi madre estoy segura de que se lo pasaba pipa viéndome comer doble ración de alubias verdes: "Ale, ya la he alimentado por hoy y por mañana. Anda que no soy buena madre ni nada. ¡Una medalla me tenían que dar!".
Pues eso, queda prohibida la frase. Suficiente es el castigo como para encima regozijarse.