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jueves, 5 de mayo de 2011

77. Los fuegos no se apagan con alfombras persas, nena.

archiexpo
Una vez dije que yo nunca había quemado mi casa. Es verdad, más o menos. Yo mi casa no la he quemado, pero la de mis padres casi sí. Bueno, tampoco es que yo fuera responsable del fuego, aunque mi madre tiene dudas. Mi madre siempre que pasa algo malo a un kilómetro a la redonda anda pensando si he sido yo. Vivo con ello. Así que sus dudas tampoco sirven para demostrar que fui yo y tampoco ardió la casa entera, que os veo, solo el hall. Por cierto, por qué solo las casas de padres tienen hall.
A lo que íbamos. Este post va de como yo no quemé la casa de mis padres, que quede claro, que creo que no he empezado muy bien.
Sigamos. Los timbres hacen Ding-Dong. (Ya sé que estáis pensando: la hemos perdido, se ha vuelto loca, dadme tiempo, hombre, un poco de fe, que ya llevamos 77 post juntos). Pues los timbres hacen “ding” y a veces no hacen “dong”. Sí, sí, como lo oís. Lo sé, estáis en estado de shock. Pues ahí está la clave. Pero vete tú a explicarle a mi madre que el “dong” nunca llegó, y que el “ding” fue el culpable. Vamos, que la culpa fue mía, ella lo tiene claro.
El caso es que una mañana de junio, mi madre me dejó cuidando a mi hermana y dos vecinas más pequeñas, yo tendría unos 13 años o así. Llamaron a la puerta y, como estaba bien aprendida, miré por la mirilla, y no abrí a un desconocido que podía traer el mal a nuestra casa, que lo mismo se comía niños o era un enviado del diablo, cualquiera sabe.
Me fui tan tranquila a leer la Super Pop de contrabando de mi amiga Martita. Pero no había habido “dong”. ¿Quién iba a saber que el “dong” es vital? Uno no valora el “dong” del timbre hasta que lo pierde. Al rato, enfrascada como estaba en oscultar a la última novia de Mickael J Fox (joder que adolescencia) empecé a darme cuenta de que olía a quemado. Tampoco es que yo nunca me haya dado cuenta de las cosas muy rápido así que hasta que mi cerebro procesó todo era tarde. Ya sabéis: “huele a quemado, pero qué mona es esta chica, qué tendrá ella que no tenga yo, huele más fuerte, tengo que hacerme con el siguiente número de la Super Pop que trae un poster de los New kids on the bloks a doble página (una absoluta mierda de adolescencia), ¿de dónde puedo sacar dinero?, oye como huele a quemado, igual se lo pido a mi abuela, para mí que huele demasiado, y le pido a Martita que me la compre claro, este olor no es normal y eso… ¿es humo? Voy a ver, por si acaso. Lo mismo está ardiendo algo”.
Ya os he dicho que no era muy rápida. Abrí la puerta del hall y ¡sorpresa! (que sí, que a esas alturas aún me sorprendí) la puerta ardía, parte del parqué y de la caja del timbre saltaban unas increíbles chispas que amenazaban con llegar al armario. Bueno, pues lo bueno de ser un poco empanada es que actúas sin importancia, porque no valoras el riesgo de lo que sucede. Así que, con tranquilidad fui al cuarto, cogí una manta, cubrí a las 3 niñas y las saqué del piso. Me quemé las manos intentando abrir la puerta que se había inflado por el fuego, pero las saqué. Luego si queréis hablamos de mi acto heroico, que va a pasar desapercibido. Lo estoy viendo venir. Entramos en casa de las vecinas y llamé a los bomberos. Todavía estuve lo suficientemente empanada para darle un último buen mensaje a mi hermana:
- Llama a papá y dile que se está quemando la casa, que yo no he hecho nada y que estamos fuera y que vienen los bomberos. Díselo tranquila para que no se asuste, y repite que yo no he sido.
Justo después me entró la histeria y empecé a gritar: fuego, fuego por todas las escaleras. Solo salieron niños. Ni un adulto en todo el edificio. Los típicos últimos días de junio en que los hermanos mayores se quedan con los pequeños y se quema la casa de la del séptimo, cuál si no. Ya me imagino a las vecinas…
El niño mayor del edificio vino a mi rescate. Nos miramos, miramos el fuego y los dos lo tuvimos claro: Vamos a ser unos jodidos héroes. Cogimos una alfombra de mi madre y comenzamos a intentar apagarlo. Che, y lo conseguimos. Los bomberos llegaron y me costó explicarle la escena: unos 11 niños, 5 de ellos manchados por el humo, una alfombra quemada… En eso estábamos cuando se abrió la puerta del ascensor y mi no drama papá traía la cara más dramática que le he visto en mi vida. Mi hermana se había saltado algunos trozos del tranquilizador mensaje y solo le dijo:
- Papa, se está quemando la casa.- y colgó, de lo de que “yo no había sido” ni mu. Los bomberos miraron a ver si ese hombre estaba sufriendo un infarto y luego dijeron que había sido culpa del timbre (Escucha bien papá, le dije, del timbreee).
Aquí es cuando vuestra fe se ve recompensada: dijeron que hizo ding, se quedó enganchado y no hizo dong, y produjo una chispa, la caja del timbre es de plástico que arde muy rápido, y la madera también, más si es barnizada. Mi padre firmó un papel y se fueron. Mientras despedíamos a los niños llegó mi madre con la compra. Y ahí sí que nos costó explicarle la escena, el ding, y el dong, y la cajas de plástico, y la madera barnizada, y porqué mí no drama papá había perdido el habla y entonces, cuando llegué a la parte en la que Mikel, el del quinto, una alfombra y yo habíamos sido unos héroes, ahí se jodió todo.
- ¿La alfombra? ¿Qué alfombra? Porque no será la alfombra persa que me costó años comprar, que vale más que el coche, esa no será nena ¿verdad que no? Esa no puede ser- me vio la cara de terror debajo de todo ese hollín- Justo esa, me voy una hora, una hora y me quemas la casa, y encima me quemas la alfombra persa. Yo guardando 10 mantas viejas por si acaso, y tú coges la alfombra.
- Ha sido idea de Mikel- dije y miré para atrás. Ni resto de los 11 niños. Cabrones cobardes.
- La próxima vez coges una manta. Y qué es eso del ding y el dong. Vamos, que a los bomberos les podrás engañar pero yo soy tu madre, y seguro que algo has hecho. Los fuegos no se apagan con una alfombra persa, nena.
- Mami, pero si me he quemado las manos y todo por salvarlas…
- Menos teatro, que eres una peliculera.
Lo dicho. El único acto heroico de mi vida y ha quedado manchado por un quítame de ahí esas alfombras. En fin. La vida es dura.

Consecuencias del consejo:
Entro en estado de histeria a la espera del dong cada vez que llaman a la puerta.
Segunda consecuencia: la caja del timbre de casa de mis padres ahora es de hierro y en el armario de la entrada hay dos mantas viejas, por si acaso vuelvo a no quemar la casa.
Tercera consecuencia, de pequeña, creía que una alfombra persa era algo así como un tesoro, tipo:
- Mis padres tienen un Picasso.
- Pues nosotros una vez tuvimos una alfombra persa.
Cuarta consecuencia, creo en el “dong” sobre todas las cosas.

Excepciones para utilizarlo:
¡Con lo que valen esas alfombras! Futuros hijos míos, tranquilos, nunca voy a tener suficiente dinero para comprar una. Este consejo nos lo saltamos. Y la caja del timbre, de hierro, por si acaso.

PD. En serio, si alguien pincha en la casilla de "Yo también recibí este consejo", necesito que nos conozcamos. Tenemos demasiado en común como para dejarlo pasar. Quizás juntos podemos gobernar el mundo.

jueves, 31 de marzo de 2011

71. Nena, ir a un selfservice es tirar el dinero.

Vistalegre
Este consejo creo que entrará dentro de la categoría de "solo la madre de la nena" aunque todavía podéis sorprenderme...
Mi madre les tiene una tirria inconcebible a los selfservice (o como diría ella: selservis) y a los restaurantes sin mantel. No puede. Es superior a ella.
- Para una vez que salimos a comer por ahí, nena, una vez al año ¿y me tengo que servir yo la comida? Vamos hombre, pero ¡qué invento es este! Todos los días del año que si pon la mesa, prepara la comida, los manteles y servilletas, los cubiertos, que todo esté rico, que todo esté bonito, y un día, ¡un día! que nos damos un capricho y nos vamos por ahí, tengo yo que levantarme y ponerme la comida, encima con esos mantelitos de papel... Que así yo también tengo un restaurante, total, lo mismo da cocinar para 5 que para 50, si ellos solos se sirven y luego la vajilla y los manteles van a la basura... Vamos hombre, y si aún fuera un buffet (ella dice bufé) que puedes comer todo lo que quieras... Aunque ya te digo yo que la comida es malucha, vamos, que esas croquetas no son ni de pollo ni de jamón, eso es croqueta de bechamel, porque no llevan nada... Pero bueno, lo del selservis me parece un horror. Vamos hombre, última vez que me ven a mí en una de estas. Nena, ir a un selfservice es tirar el dinero, con lo que cuesta ganarlo.

Cuando utilizaba el consejo:
En mi casa salir a comer fuera es un acontecimiento. Normalmente lo propone mi madre pero casi nunca lo conseguimos:
- Estoy harta de cocinar. Todo el día como una criada. Me merezco un descanso, que me tenéis explotada. ¿Por qué no comemos por ahí? Me ha dicho la Mari que han abierto un restaurante muy mono en el centro y que se come bien, y hacen un cordero para chuparse los dedos.
El resto de la familia siempre decimos que sí, pero ¡ah! una drama mamá siempre es una drama mamá, no coge fiesta nunca.
- Aunque tengo un chicharro que compré el otro día y que me sale tan rico... Y sería una pena que se perdiera.
- Bueno mamá, pues lo comemos mañana.
- Ya pero mañana no estará tan jugoso y con el precio que tiene el pescado cómo para dejarlo pasar. Que yo no sé cómo los pescan, a besos debe de ser, porque si no, no entiendo el dineral que vale.
- Seguro que mañana está igual de bueno.
- Pero tú qué vas a saber, si no soportas el chicharro, si todo te da para atrás, que más que papilas gustativas debes de tener una fregona, porque entre que no te gusta nada y los ascos que te dan... Total, que vamos a un restaurante y pides pollo, que para eso, para comer pollo nos quedamos en casa y comemos pescado, que seguro que es más sano como lo cocino yo. Que han dicho en la tele que hacen unos pollos sin patas ni nada, solo cuerpo, y los engordan y lo venden muy baratos. Que uno no se puede fiar de lo que le dan en los restaurantes, que en casa sabemos lo qué estamos comiendo, con aceite de verdad y no con esos sprays que les echan por ahí.
- Chica, vamos a salir, por un día...- yo insisto pero mi no drama papá permanece en silencio porque conoce el final.
- Nada, nos quedamos en casa, si como comemos en casa no se come en ningún lado.

Una vez se me ocurrió invitarles al típico wok en el que tu coges lo que quieres y luego un chino te hace algo a la plancha. Quién coño me mandará a mí innovar con mi madre, yo no le he visto la cara tan desencajada nunca, ni si quiera cuando le dije que me iba a vivir con un novio sin casarme, y eso que ese día mi hermana y yo casi pedimos un carro de paradas cardiacas al hospital, en previsión del infarto, digo.  Pues lo del wok, peor:
- Nena, esto no es comida. No, no. (Me miraba con los ojos como platos mientras me metía pellizquitos) Estos chinos están locos. ¿Arroz tres delicias le llaman a esto? Pero ¿qué delicias?, ¿qué entenderán los chinos por delicias? Es otra cultura, nena, otra cultura. Una delicia es una buena torrija, eso es un trozo de gamba, con suerte, porque las gambas que compro yo tienen otra pinta y otro color, no sé, más color a gamba. ¡Pero si son trasparentes! Y, ¿los guisantes? (Más pellizquitos) Mira esos guisantes (Y ponía cara de estar viendo un cerdo volar) Eso no son guisantes, te lo digo yo, eso es hierba prensada. ¿Y por qué todo sabe igual? Ayayayayy, a qué sitios nos traes. Yo no entiendo qué ganas de ser moderna tienes. Con lo bueno que está un menú del día o un plato combinado, con su san jacobo de toda la vida. Pero mira esa gelatina que lleva el cerdo (triple pellizco). Mira que habré cocinado yo el cerdo de mil maneras, qué digo mil, dos mil, que el cerdo es muy agradecido y, nunca, oye lo te que te digo, nena, nunca me ha salido esa grasa tan rara. Eso no puede ser cerdo, o los cerdos chinos en vez de piel, tienen vaselina. ¿Y por qué llaman pan a eso? Eso es un bollo aceitoso, pues que se inventen otro nombre, que no le pongan pan, porque entonces tú crees que vas a comer pan y, no, te dan eso medio dulce, y ¡caliente! Te digo nena que es otra cultura. ¿Y encima me tengo que levantar yo a servirme (Siete pellizcos y un pisotón, todo en plan disimulado)? Unos listos son estos chinos, y a ver si aprendes de una vez a comer como la gente normal, que esto son todo guarrerías, vamos, ¡pagar por esto! Con el chicharro tan rico que tenía yo en la nevera. Esto es tirar el dinero, y tú eres muy mucho de tirar el dinero, que yo no lo entiendo, porque no será que hayas visto en casa que derrochemos, eso lo has aprendido fuera.

Consecuencias del consejo:
Lo dicho, cuando por fin conseguimos comer fuera de casa vamos más arreglados que a una boda, y nos sentimos los reyes del mambo.
Segunda consecuencia: soy incapaz de disfrutar de un selfservice, porque voy tan tranquila con mi bandeja y no paro de oír a mi madre dentro de mi cabeza, y eso te quita el hambre. Os lo digo yo.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, no es que me vuelvan loca pero tampoco es que los self-service los cargue el diablo, vamos, a vuestro aire. Ya decubriréis si os gustan o no..., aunque lo de la gelatina en el cerdo, tengo que admitir que sí es un poco raro.

jueves, 3 de febrero de 2011

59. Nena, tú nunca seas la primera en nada.

101Birdtales
El otro día le dije a mi madre que iba a hacerme la depilación láser y me recordó uno de los consejos más raros que me solía dar:
-Ni se te ocurra nena, que eso no está ni investigado ni nada, a ver si te queman o te pegan algo raro, que nunca se sabe. No ha pasado tiempo para qué se conozcan las consecuencias, y las compañías lo único que quieren es ganar dinero. A mi costa no, desde luego, no me verás a mí esperando a que una señorita con unas gafas de marciana me apunte con una pistola de luz azul a la piel. Nooooo. Muy tonto hay que ser para caer en eso.
- Pero si se lo hace mucha gente.
- ¿Cuántos años han pasado desde que se lo hizo la primera? ¿Dos, tres?
- Pues no sé, mamá, algo más.
- Pues cuando esa primera mujer se muera con 80 años, feliz y rodeada de nietos, podrán decir que no tiene consecuencias. Yo mientras tanto me espero, que de toda la vida de dios nos hemos depilado de manera normal y no pasaba nada, que ahora sois muy finas. Yo con mi Antonia que me hace la cera perfectamente, y además me da conversación.
- Mamá hay que avanzar, si por ti fuera en esta casa no hubiera entrado ni un microndas...
- Mira la moderna. Nena, yo he sido toda una avanzada, aquí donde me ves, que tú no tienes ni idea lo que hemos tenido que pasar las mujeres de mi generación y todo lo que hemos tenido que inventarnos. Ni idea tienes. Eso sí, de ahí a creerme que no sé porqué magia divina la comida congelada se calienta, pues no, no soy tan moderna ni falta que me hace. Que así de pocha se queda la comida, algo malo le hará. Nunca hay que ser la primera en nada, nena, en nada. Ni en probar cosas nuevas, ni en ser la primera de la clase tampoco. El segundo puesto está de maravilla en la vida. Ya lo aprenderás. La más guapa, siempre acaba mal. Es mejor ser del montón. La más lista, siempre acaba sola. Por eso siempre os lo dicho: Yo quiero hijas del montón. Que los niños listísimos se los queden otros. Vosotras normalicas, como a mí me gustan, con una vida normal, un novio normal y un trabajo normal.
- Mamá eso es un poco raro. Todos los padres quieren que su hija sea la más guapa y la más lista.
- Pues yo no. Mira, la Mari Carmen era la guapa de mi colegio. Monísima, una mujer de bandera. Pues me la encontré hace poco, gorda como un tonel, que ya sabes que yo prefiero un hija gorda que una flacucha, pero hay que cuidarse, por salud. Pero como ella era tan guapa, pues se fue dejando. El caso es que nos ponemos a charlar, 40 años después, y de repente me saca del bolso una foto firmada por todos los chicos del colegio del al lado. ¡40 años después! Nena, esa mujer llevaba en su bolso esa foto vieja como el mayor trofeo de su vida. Ay me pareció tristísimo. Y todo eso por ser guapa. Yo como era del montón en mi bolso llevo tu foto y la de tu hermana, que menuda pinta tienes tú. A ver si te sacas una foto en la que salgas bien, porque es de la época en la que te dio por ir de sucia, porque ya me dirás tú que ese pelo rizado... ¡Ni la Pantoja nena! Que las que son muy morenas y con tanto pelo se tienen que peinar bien, que te lo tengo dicho, que si fueras rubia, pues puedes ir despeinada y pareces graciosa, ¡pero tú! Tú pareces sucia. Con lo mona que podrías ir si me hicieras caso. (Más spam) ¡Ah! y en el bolso también llevo el carnet de conducir, que creo que ha sido lo mejor que he hecho en mi vida, bueno, después de vosotras, que no sabes la libertad que te da eso de ir a dónde te de la gana. A por patatas, a por patatas, al Corte Inglés, al Corte inglés, a casa de mi hermana, a casa de mi hermana, y sin pedir a nadie que te lleve, que es casi como pedir permiso. Eso sí que ha sido la liberación de la mujer.

Consecuencias del consejo:
A mí destacar en algo me hacía sentirme fracasada, ya de entrada.
Segunda consecuencia frustración:
- ¡Nena! ¡Un cinco en matemáticas!
- Pero mami, no decías que no querías que fuera la primera...
- Pero mira la listilla. La segunda nena, te dije la segunda, no la listilla que solo quiere llegar al mínimo.
- Pero es que la de mates me tiene manía.
- Yo también te la tendría si no fueras mi hija, que eres muy listilla. Y ya te estás poniendo a estudiar desde hoy mismo si quieres volver a pisar la calle.
- Pero mamá...
- Chts. He dicho ¡YA!.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, sin presiones, pero me encantaría que fuérais los primeros de vuestra clase en retirar a vuestra madre a vivir a una isla caribeña. Para el resto, pues lo mismo me da.

lunes, 8 de noviembre de 2010

44. Nena, eso es un lujo capitalista.

Mi madre es un ser contradictorio. Desde que recuerdo, ella ha deseado que fuera normal y me ha educado para no serlo.
Yo de pequeña quería ser dimplomática y a mi madre le daba mucha rabia porque le parecía raro. Jugaba a los diplomáticos con mi hermana, y sí, era raro.
- Tú ponte en esa silla y coge ese vaso como si fuera una copa de vino, y vamos a discutir sobre política internacional. Yo soy España y tú eres Portugal.
- Jooo yo no quiero ser Portugal- decía mi hermana.
- Pues Francia no puedes ser porque con los franceses no se puede discutir.
Muy raro. La culpa en realidad era de mi padres que me explicaban cosas complicadísimas para una niña, y a mí se me grababan a fuego. A ellos les hacía gracia que yo repitiera cosas así, hasta que se les fue de las manos.
- Nena, a ver si jugamos a cosas más normales. Por ejemplo a papás y mamás o a profesoras.
- ¿Qué tiene de malo ser diplomática? ¿Si vosotros siempre decís que es el mejor trabajo del mundo?
- Nada nena, no tiene nada de malo pero tú tienes 9 años y deberías jugar con muñecas.
- ¡Pues cómprame una Barbie!
- No empezemos ¿eh? nena, no empezemos.
¿Pero qué querías mamá? ¡Si mis muñecas parecían una jodida reunión de Naciones Unidas!

Otra frase que mis padres me repetían constantemente era: "Eso es un lujo capitalista". Para que os hagáis una idea: la nocilla, el pan bimbo, el chocolate, los cereales, cualquier galleta que no fuera María, los petitsuis, la cocacola... Todo era un lujo capitalista. Y el mini-babybel: un super lujo capitalista.
- Mamá quiero colacao.
- Nena, la leche se toma sola. Si quisieran que tú tomaras la leche con chocolate, las vacas la harían así.
- Pero mamá, toooodoooo el mundo toma la leche con Colacao.
- Pues nosotros no, porque es un lujo capitalista.
Claro que como yo no tenía ni jodida idea de qué significa aquello, pues no podía discutirlo.
Un día en la panadería del barrio, con todas las vecinas alrededor, mi amiga Martita le pidió a mi madre que le comprara una napolitana de chocolate. Y a mí me faltó tiempo:
- Martita, eso es un lujo capitalista y nosotros no lo compramos.
- ¡Ay qué salada es la niña!- me dijo la típica vecina cabrona que vio que allí había materia para la humillación- ¿y tú qué quieres ser de mayor guapa?
- Yo dimplomática para beber siempre buen vino y viajar mucho.
Pellizco de la muerte, pisotón y mi madre de un rojo escarlata.
- Esta niña, de verdad que no sé de dónde saca esas cosas-. Tirones del brazo hasta casa, gritos en el ascensor, pellizco de la muerte, repellizco.
- Un día me matas de un disgusto. Pero ¿quién te mandará a ti decir esas cosas en público? Te voy a mandar interna, te prometo que te voy a mandar interna, para que aprendas.

Consecuencias del consejo:
Me pasé años creyendo que "lujo capitalista" debía ser un insulto parecido a "hijo de puta".
Valoro poco a los diplomáticos: mi imagen de ellos se reduce a gente bebiendo vino y hablando en palacios impresionantes.
No me gusta la cocacola, el colacao justito y nada los petitsuis. Si nunca de pequeña te has acostumbrado a esos sabores, pues de mayor te parecen extraños, sobre todo la cocacola. Esto te hace rara. Muy rara. En los cumpleaños infantiles, en los botellones con el kalimotxo y en la treintena con los cubatas.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, no os pienso decir frases que no comprendáis pero quiero ser la madre de un dimplómatico y beber buen vino y vivir retirada en un palacio. ¿Ha quedado claro? Pues eso.

martes, 14 de septiembre de 2010

35. Un drogata suicida no es decorativo, nena, una planta sí.

Mi madre utiliza la palabra drogata como adjetivo: pantalones de drogata, pelo de drogata, zapatos de drogata. La otra palabra perfecta para definir mis gustos es pilingui. Y si algo es de "drogata piligui sucia", olvídate. Ya puedes ir tirando a la basura lo que sea que cuadre en esa clasificación porque no podrás soportar oirla cada vez que te lo pongas. Te derrumba. Bueno, tiene que ver con un agotamiento tipo al que debe sentir alguien que sube al Himalaya. O eso imagino la 304 vez que le oigo decirme: "Nena esa falda es horrorosa, te sienta fatal, es que no entiendo cómo pagas por algo así ¡Pero si eso es de pilingui drogata sucia! Y no me digas que es moderno. Que me tienes de las moderneces hasta las narices. Lo que es bonito, es bonito, ahora y con los romanos!". Y yo no puedo respirar, siento el mal de altura y me dan ganas de buscar un buen precipicio por donde tirarme.
Bueno, pues con 16 años, en plena rebelión hormonal, intenté resistir. El caso es que puse en mi cuarto un poster de Kurt Cobain. Me gustaba mucho y fue el único poster que he tenido de un cantante, actor, etc. Lo puse medio escondido porque veía la que se me venía encima, y se me vino. No quedaba muy normal, esa es la verdad. Digamos que no encajaba con las enormes hortensias moradas de mis cortinas (quien dice mis cortinas, dice las cortinas que mi madre eligió mientras yo pataleaba como una loca gritando:  mamá son de vieja, y de vieja cursi), ni con los cuadros de marinas, ni con las muñecas de porcelona, sobre todo no pegaba con las muñecas de porcelana, que por cierto me daban un miedo de muerte de pequeña.
Pero la nena pensó que tenía que defender su identidad y en aquel momento toda mi identidad residía en aquel poster. Ahora, que mi madre pensó que la guerra de los cien años iba a ser una tontá comparado con el asedio al que iba a someter a la nena.
Comenzó sin miramientos: "Un drogata suicida no es decorativo, nena, una planta sí. ¿Entiendes la diferencia? Voy a intentar explicártelo: Las plantas son bonitas, quedan bien con todo y están vivas, no como ese drogata de la pared. Te voy  poner otro ejemplo: un hortensia en una cortina es algo bonito. Por eso durante siglos, las hortensias han decorado los jardines reales. ¿Alguna vez has visto jardines con drogatas suicidas plantados? Nooooo, porque son feos. ¿Entiendes ahora la diferencia entre decorativo y feo? Te lo digo nena porque me parece que se te resiste el concepto".
Intentó seguir por otros caminos cuando yo no lo quité de la pared:
- Nena pues si quieres un poster, ponte el de un chico guapo, como ese de Los problemas crecen.
- A mi no me gusta y se llama Kirk Cameron.
- Ay qué gracia ¿en serio que eso es un nombre de persona? ¿Y por qué no te gusta? Si es muy guapo y tiene un pelo precioso, que se le ve que va a envejecer bien.
- Pues a mí me gusta Kurt Cobain y su pelo.
- Pelo escoba, eso es lo que tenía ese. Muerto y feo.
- Se ha suicidado porque sufría mucho... Tú no lo entiendes mamá.
- Yo sí que sufro mucho y no veo que pongas ningún poster mío en la pared.
- Y me encanta su música.
- Ah no, vale que te permita tener al drogata muerto en la pared pero que llames música a eso que pones, por ahí no paso. Serrat hace música, con sus letras bonitas y sus melodías, y no ese drogata que sólo hace griteríos y ruidos. Por no hablar de que Serrat está vivo.
- Mamá, déjame, es que no me entiendes. Nadie me entiende.

Vale, yo misma me caigo mal oyéndome y ni siquiera me parece guapo Kurt Cobain, creo que en realidad fue mi primera gran guerra. Perdí. Como le parecía muy triste el poster, le puso delante un jarrón con flores de plástico "Ay nena, para darle otro aire, de... no sé... ¿más vivo?".

Consecuencias del consejo:
Pocas. Grandes batallas durante toda mi vida ejemplificadas con : "Como cuando te dio por poner al drogata aquel  en la pared, que tú solica te diste cuenta que quedaba mal. Pues esto es lo mismo, me darás la razón. Al tiempo, nena, al tiempo".

Excepciones para utilizarlo con mis futuros hijos:
Por favor, por favor, que no os dé por el reggaeton. Lo que sea hijos, pero el reggaeton no.

domingo, 5 de septiembre de 2010

33. Nena, el mundo es un lugar terriblemente injusto.

¿Y cómo lo iba a aprender la nena? Pues sintiendo la injusticia en sus carnes. No era plan de contármelo, ponerme un vídeo y no concederme nunca un capricho en pro de todos aquellos niños más desgraciados que yo. Eso hubiera sido simple, sencillo, poco pertubardor y mi madre es perturbadora por encima de todas las cosas. Mi madre quería que yo fuera consciente de la marginación, el sexismo, el racismo, la pobreza y sobre todo, el clasismo, una cosa que a mi madre le parece el peor invento del demonio.

Así que el plan era el siguiente:
- Tratamiento de choque contra el racismo: Consistía en no comprarme ninguna muñeca blanca. Nada ni remotamente cercano a la raza a la que pertenezco. Nunca comprarme una Barbie, ni siquiera una Nancy rubia.  En la cabeza de mi madre, si yo jugaba con muñecas de otras razas, no sería racista. Así que mis muñecas fueron: una barriguita africana con el pelo ensortijado y una Nancy marroquí (en serio) cuyo mejor complemento era el shari indio que traía para cambiarle la ropa. Tuve un bebe chino de color amarillo chillón, porque tampoco es que comprara los juguetes caros, así que más que oriental el bebé parecía un extraterrestre (tratamiento de choque contra la pobreza). Tuve matriuskas, una geisha, una familia andina al completo y una especie de Barbie regorderta de todo a 100 pelirroja, porque "nena, los pelirrojos también sufren mucho".
Segunda parte del plan, la que era la parte realmente perturbadora. El día de la vuelta al colegio después de Navidad, todos teníamos que llevar un juguete, el preferido, el más grande, el más caro. Finalidad: dar el máximo posible de envidia al resto de niños. Y ahí entraba mi madre.
- Nena, tú juguete lo elijo yo. En tu clase hay algunos niños que no habrán tenido regalos tan estupendos como los tuyos, así que vas a aprender a solidarizarte con ellos. Te llevas la barriguita negra y no se hable más (tratamiento de choque contra las desigualdades sociales, aunque personalmente creo que era un tratamiento de choque contra mis relaciones sociales normales).
- Pero mamááááá´.... Martita va a llevar la autocaravana de la Barbie y Ana lleva el carricoche del Nenuco. Nadie va a querer jugar conmigo, déjame llevarme al menos las marionetas rusas que son más.
- No, cuando seas mayor me lo agradecerás.
Puede mamá, pero con 7 años aquello era un jodido castigo. Me pasaba esos días sentada el pupitre intentando jugar con Laurita y un tangram que llevaba ella, voluntariamente. "Nena, tú hazte amiga de Laurita que es un niña lista, que sabe lo que importa en la vida". Sí mamá, la capacidad de abstración a veces es lo más importante en la vida. Sobre todo cuando te mandan a chulear al cole con un ábaco, para que aprendas la importancia de las matemáticas, otra vez con una plantilla para aprender a atarme los cordones, otra vez con un tampon que imprimaba mini Quijotes, en fin, lo que viene siendo una vida social de mierda.

Consecuencias del consejo:
Lo dicho, escasa vida social y cierta marginación.
Estado total de éxtasis cada vez que iba a casa de Martita: me disfrazaba de princesa, me pintaba la cara, llevaba unas 5 barbies en la mano mientras acunaba a un Nenuco dentro de la autocaravana, y merendaba nocilla, untada sobre Smacks de Kellogs (prohibidos en mi casa: "Nena, eso no es comida, son chucherías inventadas por los americanos para hacer de los niños seres pusilánimes, en nuestra casa se desayunan tostadas, como Dios manda, con su pan y su mermelada. ¡Arroz inflado! El arroz, para la paella, nena. A ver si aprendes a distinguir las cosas importantes de las tonterías, que parece que te cuesta un poco".

Excepciones para utilizar el consejo:
Todas.
Gracias mamá por enseñarme la cantidad de mierda que hay el mundo, y gracias por hacerme creer que es posible educar a los niños de otra manera para que los adultos acaben siendo también de otra manera, gracias por hacerme valorar cada juguete que tuve, y porque gracias a ti hubo muchas Lauritas en mi vida con sus tangram y sus metrónomos, que me siguen acompañando 20 años después y que jamás me dieron de lado por no tener una Barbie.
Eso sí, te pierden las formas mamá, de verdad, que te pierden. Qué te costaba haberme mandado al cole con un muñeco algo más normal, que me daba igual que fuera aquél bebé indígena con taparrabos, pero ¿el ábaco? Eso no es un juguete mamá, eso es hundirle la vida social a un niño. Palabra.

miércoles, 30 de junio de 2010

19. Nunca compres sólo dos patatas, eso es de gente triste nena, muy triste

Creo que este consejo es de la categoría "Sólo de la madre de la nena". Nadie puede ejecutar su pensamiento hasta llegar a "Nunca compres sólo dos patatas en la frutería, eso es gente triste nena, muy triste. Y todos los demás lo sabrán".  Aunque viendo los comentarios, puede que el resto de madres de España me sorprendan.

Breve explicación del consejo:
Mi madre vive traumada y muerta de pena por una vecina que un día entró en la frutería abarrotada y dijo: dos patatas por favor. "Y ya, nena, no pidió nada más. Se hizo un silencio. Huy horrible, ya te digo. ¡Dos patatas! Eso es muy triste. Pobrecica, eso es porque vive sola, y no tiene para quién concinar. Ay que tristeza me dio, con lo educada que es, y limpia, porque será triste pero tiene pinta de ser muy limpia, que eso se nota. Nena, tú disimulas. Si sólo necesitas dos patatas pues pides cuatro aunque las vayas a tirar. Y pide un pimiento y peregil, que la gente se piense que vas a hacer un guiso. Y un tomate nena, tú pides un tomate, que los tomates siempre vienen bien". Ajá, esta es la ejecución del pensamiento de mi madre.

Segunda breve explicación del consejo:
No se vayan a pensar que mi vecina pasa apuros económicos. Sólo que vive sola, y se ve que es de poco comer. Y llamadme intuitiva, pero la buena mujer a lo mejor sólo necesitaba dos patatas.

Consecuencias:
Antes sufría en la frutería porque mi lista tipo es: 2 pimientos, dos cebollas, dos cogollos, y 6 tomates (los tomates siempre vienen bien). Pensaba: esta gente va a creer que soy una triste, me van a llamar "la de los dos pimientos".  Lo he superado. Eso sí, me ha costado tirar ingentes cantidades de comida podrida sobre todo patatas.

Excepciones para utilizarlo:
Nunca. Futuros hijos: la frutería es un sitio en el que podéis comprar las patatas desde 1 hasta todas las que tengan. El sistema funciona de la siguiente manera: ¿Cuántas patatas necesitas? Pues compras esas.