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martes, 24 de enero de 2012

96. Es que vas sin mirar, nena.

El rincón de los libros olvidados
Que levante la mano quien no haya oído esto en su infancia. ¡Venga ya! Bajad esas manos, mentirosos. Todo el mundo ha oído esto. Pero lo peor no es oírlo, no. Lo peor es el momento en que te lo decían. Justo después de haberte metido una leche. Y, normalmente, acompañado de un ¿pero no lo has visto?

De verdad. Esta frase debería desaparecer del lenguaje. ¿En serio que si alguien lo hubiera visto se hubiera empotrado contra ese radiador? Pues claro que no lo has visto. ¡Coño! Que estás sangrando y sangrar a propósito, pues nunca entra dentro de tus planes.


Cuándo lo utiliza:
Pues eso, siempre después de un golpe. El otro día mismamente: el 31 de diciembre de 2011 a las 9 de la noche. Temperatura exterior menos 2 grados, humedad al 80%, bancos de niebla intermitentes. Hemisferio norte. Meridiano de Greenwich.

La escena va así: el coche familiar, que tiene el mismo volumen que cuatro como el mío y era la tercera vez que lo conducía yo. Primera desaparcando.
Dentro de él: mi hermana, mi novio, y yo al volante.
Fuera: mi madre, mi prima, su hijo bebé, y mi tía, todos dirigiendo la operación.
Lo sé, aquel plan fallaba desde la base. La calle cortada a la derecha por la San Silvestre, y yo teniendo que dar la vuelta en una calle de pueblo con pivotes a los lados de la acera. Vamos, que era una misión para Fernando Alonso. Y, eso, si el tío es pacientoso con las críticas.
Mi tía en zapatillas de casa negociando con un policía municipal para que nos dejara pasar porque no llegábamos a la cena de nochevieja. Mi madre gritando: “Derechaaa, izquierdaaa, tuerce, tuerce, tuerce, yaaaaa”. Que el sargento de hierro al su lado, una nenaza. Mi prima con el niño en brazos animándome con la mirada. Dentro del coche también oía: “Izquierdaaa, derechaaa, tuerce, tuerce, tuerce”. Pero nunca a la vez que las órdenes exteriores.

Y se precipitan los acontecimientos: el municipal insolidario diciendo que no me dejaba pasar (que ya nos veremos las caras, bonito, al tiempo). Mi tía corriendo y gritando por la calle. Yo pensando: aún tenemos que ir a urgencias con ella y a ver quién sale de esta calle a toda leche. Mi madre con un movimiento corporal tipo biodanza pero biodanza de la muerte. Y yo sudando en un pueblo que no pasa de 10 grados en agosto. Y entonces sí, con el coche cruzado en mitad de la calle, llega el artista invitado: el gilipollas de la bocina que no ve que la calle está cortada 20 metros más adelante. Y ahí, sí, yo ya pierdo los nervios y las distancias, y le meto con los bajos del coche a un escalón. Pequeña concreción: a la parte de debajo de los bajos, es decir, al protector. Lo raspo ligeramente. Se hace un silencio sepulcral en el interior del coche, rollo funeral, vamos. Mi prima protege al bebé y oigo un grito desde fuera, desde fuera, o desde las mismas entrañas de la tierra:

- ¿¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡Pero es que no lo has vistooooo????!!!!!? Es que vas sin mirar, vas sin mirar. Te he dicho izquierda. Clarísimo lo he dicho.

Y apunto estaba de empotrar el coche a propósito mientras le gritaba a mi hermana que no sé qué me decía de cómo salir de allí, cuándo me acordé de una imagen de mi padre: hace muchos años, en mitad de una carretera mal iluminada arrastrando hacia la cuneta el contenedor contra el que nos habíamos chocado, mientras gritaba: “¿¿¡¡Pero tú crees que si lo hubiera visto me empotro en él??!! ¿En qué cabeza cabe? ¡Por supuesto que no lo he visto! ¡Verlo implica intentar esquivarlo!”. Y mi padre nunca gritaba, ni decía tacos, y creo que le vi perder los papeles 3 veces en su vida, contando el “momento contenedor”. Y me entró una tristeza tan grande, que se pasaron las ganas de empotrar nada.

Consecuencias de la frase:
Entre la tristeza, el cabreo, la tensión y probablemente el sudor en las manos, al aparcar en casa de mi tío le di al coche de atrás. Eso sí, nadie dijo ni mu. Le di las llaves a mi hermana y le dije:
- Todo tuyo. ¿Dónde esta el vino?

Excepciones para utilizarlo:
Ninguna. Tengo bien claro que el golpe que te das es más que suficiente, aún con más motivo, si sangras. Y también que, con toda la adrenalina que tienes en un momento así, lo peor que alguien puede decirte es: ¿es que no lo has visto? Pues claro que no, verlo implica intentar esquivarlo…

martes, 6 de diciembre de 2011

94. Nena, vivir de alquiler es tirar el dinero



Katharte
 

Estamos en un momento apocalíptico. Tengo catarro y he perdido un kilo. Lo que en la cabeza de mi madre significa: muerte inminente. Así que cada vez que le llamo, ando haciendo cosas rarísimas para que no me note la congestión. Le hablo con voces. A veces hago de chiquito, de Mariano Rajoy, de lo que me surge. Yo imito fatal, las cosas como son. Y ahora mi madre se piensa que estoy como una regadera. Razón no le falta.

Cuándo utilizó el consejo:
Reproduzco a continuación una conversación acontecida hace 10 minutos:
- Hola nena ¿ya estás en casa?
- Sí, vamos comerrr ahorarrr.
- ¿Pero qué te pasa? ¿Estás tonta?
- Norrr, es que estoy imitando a Chiquitorrr.
- ¿No habrás bebido? Que como yo me entere que has bebido, y más a estas horas, cojo el tren y me planto a darte un buen sopapo.
- Que no boluda, que estoy haciendo el tonto (con un acento argentino de mierda) ¿ves ahora en argentino?
- ¿Esto en público no lo haces, no? Bueno, déjate de tonterías ¿qué vas a comer? Que la última vez que te vi, habías perdido peso.
- Lentejassssss (a lo Rajoy)
- Ya vale nena, que me estás poniendo mala. Además ¿quién narices se supone que eres?
- Soy Rajoy… - Tú lo que eres es tonta. Toda la vida igual. Qué paciencia contigo. Pues échale bien de chorizo a las lentejas, que tengan chicha, que te vendrá bien.
- Lo que usted diga ama (con voz de pito, yo que sé, mi repertorio tampoco da para tanto).
- Pero mira que eres pesada. Déjate de tontadas. Y a ver si te centras un poco. Que ya tienes 32 años, que yo a esa edad ya te estaba aguantando a ti. Y tú sigues viviendo como una adolescente. ¡Como si fueras una hippie! A ver si asientas un poco la cabeza. Te compras un piso como dios manda y no andas por ahí de alquiler, que eso es tirar el dinero, que te lo tengo dicho. Algo que sea tuyo, que la vida da muchas vueltas, nena. Y yo creo que ya tienes edad de dejar la tontería esa de escribir y sacarte una oposición, que eso es trabajo seguro, y no las tontadas que haces tú. Que en cualquier momento te vas a la calle con una mano delante y otra detrás. Debajo de un puente vas a acabar viviendo a este paso. Ay si tú hubieras querido… Porque yo no lo entiendo, pero las monjas decían que eras muy lista. Bueno, y muy vaga, eso también lo decían, aunque yo eso ya lo veía. Que inventaste un sistema de poleas para no tener que levantarte a apagar la luz de tu cuarto. Eso es de vagos. ¡Ay! Si hubieras dedicado todo ese tiempo a estudiar. Ahora tendrías tu piso, con tus muebles, tuyo para siempre. Y no como ahora, que vas dando tumbos por toda la ciudad. 8 pisos en 10 años. Si es que eres culo de mal asiento. Pero ya te asustarás, ya. Y entonces querrás sacarte una oposición y tendrás el cerebro oxidado. Tiempo al tiempo.
Yo a estas alturas ya no tengo humor para imitaciones y se me escapa mi tono de voz congestionado, si disimular ni nada, a pelo:
- Mamá por dios que me deprimes…
- Uy ¿qué es eso? ¿tienes catarro?
- Brtttt, ggggggkjjjjjkk, ssssssss, Mamá, no te oigo, ssssss, brrrrr, me quedo sin cobertura.- y le cuelgo mientras le oigo decir a lo lejos:
- Abrígateeeeeeee.
Yo sé que no ha colado. En una hora me está llamando para regañarme por ir poco abrigada, por llevar “esos leggings que ni tapan ni nada”, por respirar por la boca “que todo se coge por ahí” y por comer pocas naranjas “que yo no sé qué tontería te ha dado con que te dan dentera los gajos”. Tengo una hora para deprimirme porque mi vida es una mierda y, en nada, voy a vivir debajo de un puente. Ahora tengo catarro y depresión.

Consecuencias del consejo:
Cuando pago el alquiler tengo la sensación de que le estoy prendiendo fuego al dinero o algo así. Y he estado echando un ojo a varios puentes bastante céntricos, que tienen su encanto.
Segunda consecuencia: miro a los opositores con odio. Su voluntad, es mi castigo.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, por lo que parece sacarse una oposición ya no va a ser garantía de nada así que ese nos lo saltamos. Y lo de vivir debajo de un puente ¿cómo lo veis?

jueves, 24 de noviembre de 2011

93. Nena, bien peinada y bien planchada, que nos conocemos.

Esta semana me han cambiado de trabajo. En mi anterior departamento la gente llevaba ropa puesta. Ya está. En el de ahora se visten: mucho, muy variado, y muy estiloso. Vamos, muy poco yo. Yo tengo 3 botas, un par de zapatos y unos 7 vestidos por temporada, uno para cada día de la semana y alguno con agujeros. También lo que tengo es algo de daltonismo según mi madre, que no me ayuda mucho a encajar en la definición de estilosa. Así que cuando le expliqué el cambio de puesto, ella no me aconsejó prudencia con mis jefes, generosidad con mis compañeros, y eficacia, no. Ella fue a lo importante:
- Nena, tú llegas puntual, bien peinada y bien planchada, nena, sobre todo eso, que nos conocemos.
Para que os hagáis una idea si mi madre pilla al diseñador que dijo eso de “la arruga es bella”, le plancha la cara a bolsazos.
- ¡Pero qué tontería es esa! Nos estamos convirtiendo en unos vagos. Eso es lo que pasa. Y un poco sucios también. Lo más importante en la vida es tener pinta de aseada.
- Mamá pero yo me ducho todos los días.
- ¡Hombre solo faltaba! Es que tienes unas cosas. Es que si me entero yo de que no te duchas… No me hagas pensarlo, no me hagas pensarlo. Hazme caso nena, no solo hay que ser aseada sino parecerlo. Y tú con ese pelo encrespado, pues ya lo tienes más difícil. Que te lo digo yo. Y las rubias se pueden permitir llevar flequillo pero ¿tú? ¡tú solo puedes llevar coleta! Que te lo tengo dicho. O cortico, a lo chico, como cuando eras pequeña. Bien retiradico de la cara. Anda que no estabas mona ni nada, y con una pinta de limpia que daba gusto verte.
- Pero qué culpa tengo yo de ser morena…
- Ninguna nena, ni yo tampoco. Nos viene de serie. Pero mira yo me puse una diadema y hasta hoy. Que yo no sé porque tú hermana y tú le tenéis tanta tiña a las diademas, con lo cómodas que son. Y te queda todo el pelo colocado. No como ese matojo que llevas tú en la cabeza. Que no te peinas. Tiene que ser eso. Porque hay peluqueras que se tiran horas para conseguir la mitad de volumen en un cardado que lo que llevas tú.
- Mamá…
- Ni mamá, ni ocho cuartos. Y te planchas la ropa. Toda nena. ¿Me estás oyendo? Que me estoy acordando del día que te pillé que solo te habías planchado los cuellos de la camisa…
- ¿Ya estamos otra vez con eso? Que llevaba un jersey y no se veía.
- Calla, calla, calla. ¿Y si te pasa algo, que tú eres muy de lipotimia, y te quitan el jersey en tu primer día de trabajo y vas hecha una sucia? Nena, se plancha todo, también lo que no se ve. Sí, las bragas también. Que nunca se sabe. Y nada de trasnochar. Te me vas ahora mismo a la cama para rendir mañana. Que no está el trabajo como para perder uno. Ya me has oído.

Consecuencias del consejo:
Primera consecuencia: yo tenía una imagen un pelín distorsionada de mí. Creía que era afro. Luego descubrí que eso era un pelín exagerado cuando le dije a mi peluquera brasileña negra de pelo ensortijado: “Nosotras es que sufrimos mucho para alisarnos”. Y ella con esa gracia brasileña que, bueno, que no me hizo ninguna gracia me dijo: “Niña, tú lo que tienes es mucho pelo, fosco, grueso y rebelde. El mío solo es rizado”.
Segunda consecuencia: cambio radical de peluquería y una ligera aversión por la bossa nova.
En la adolescencia soporté la toga. Aquello que te ponías todo el pelo para un lado y la toalla como turbante, y luego al contrario. Que imagino que a las niñas que tiene el pelo finito les iría bien pero, en mi caso, me tiraba horas con aquello puesto porque yo tengo el pelo de tres personas. Dios es así, tanto calvo y yo tan sobrada.
Tercera consecuencia: con el peso de aquella toalla empapada viví años con tortícolis. Ahora digo tortícolis porque soy una persona adulta y con conocimiento, pero hasta cinco minutos que he buscado en google, yo decía torticulis, con u. ¡Qué cosas! Que ignorante puede ser la gente, no como yo.
Luego llegaron las planchas, ay, las planchas. A cambio llevabas el pelo electrificado que ibas enciendo las farolas a tu paso pero, oye, liso como una tabla.
Cuarta consecuencia: me pasé mi primer día en el trabajo estirándome el vestido y el pelo compulsivamente. Creo que mis compañeras se piensan que estoy en algún programa de adaptación social en el trabajo.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, solo os digo una cosa: que tengáis el pelo liso, por dios, que tengáis el pelo liso.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

92. Se dice por favor, nena.

Seguimos con los post educados. Hoy con documento gráfico, que sé que os gusta. Ya os he dicho más de una vez que soy muy educadita. A la fuerza, ahorcan.

Cuándo utilizó el consejo:
Este consejo se conjuga en presente, pasado y futuro. Es decir, cuando utilizó, utiliza y utilizará el consejo: siempre. ¿La última vez? La semana pasada. Acabamos de volver de una pequeña escapada: la drama mamá, mi hermana, mi novio (lo sé, un valiente) y yo. Nos hemos ido al mar, a ver si la animábamos un poco. No ha funcionado. Pero a cambio he tenido una intensa inspiración para el blog y algún pequeño momento de buen humor. Como éste.
La imagen es la nota que la drama mamá le dejó a la chica que limpiaba la habitación del hotel. Ajá. Vamos por partes, la drama mamá buscó el nombre de la chica, Diana. Ay, Diana, tantos años de profesión y aún te llevas sorpresas ¿eh? Y a falta de post it, pilló la nota con la pantalla de la tele con el siguiente mensaje: "¡Buenos días Diana! (ya os dije que ella es muy risueña) Por favor (aquí está la clave) deje abiertas las cortinas para que dé el sol en la habitación (ella es muy friolera también). ¡Gracias! (y muy, muy educada)".
Mi hermana se moría de vergüenza. Yo me moría de risa. Mi novio no entendía nada: “¿Pero de qué conoce tu madre a la chica que limpia?”.
- Mamá, de verdad, lo de la nota es mucho. ¿Tú qué crees que va a pensar esa mujer?
- Uy, pues qué va a pensar, que hace frío. Y que así el sol calentará la habitación. Que ya ves tú, un 4 estrellas sin calefacción. Esto pasa en todos los sitios de calor, que se creen que aquí no refresca. Pues no he pasado yo más frío en Málaga que en cualquier pueblo del norte. Que 15 grados, son 15 grados, por mucho sol que tengan en verano. Una nota de reclamación es lo que teníamos que poner. Que Diana no tendrá ninguna culpa. Seguro que la mujer tiene que trabajar abrigada, porque en esta habitación se te queda la nariz fría y eso es muy malo para las anginas.
- ¿De verdad que no te parece un poco raro?
- Tú sí que eres rara. Que no le estoy pidiendo que haga mejor el baño, que mira que también se lo podía pedir porque el pie del lavabo también se limpia, pero bastante tendrá esa mujer con tanta habitación y encima con frío. Nena, se dice por favor y ya está. El por favor es la clave.

Consecuencias del consejo:
Más vergüenza en el pasillo por parte de mi hermana, más incredulidad por parte de mi novio y yo casi me meo encima. No va mi madre y para a una mujer de la limpieza y le dice sin dejarle ni contestar:
- ¿Eres Diana no? O bueno, tú se lo dices a Diana. Nada, chica, que he dejado una nota. Que si es posible, nos dejen abiertas las cortinas, por favor, que le dé un poco el sol al cuarto, que hace un frío que pela. Y usted debería abrigarse un poco más, que se pueden coger unos catarros muy malos en esta época. Lo mejor es llevar bien abrigada la cabeza, que por ahí se escapada todo el calor. Bueno, pues muchas gracias, y que tenga un buen día.
Y allí se quedó Diana (o no) sonriendo, mientras mi hermana tiraba de la manga de mi madre y yo me encogía a punto de mearme encima. Yo creo que sonreía por amabilidad, porque Diana tenía cara de africana y también de no entender ni papa de español. Esto lo tuvimos claro cuando volvimos por la noche, y ella no solo dejó las cortinas abiertas sino también las puertas de la terraza de par en par. O no entendió a mi madre o Diana tenía mucha mala leche…
- Pues no ha funcionado el por favor mamá…- yo es que no sé cuándo callarme.
- Ni tampoco han funcionado todos los años de educación que te hemos dado, y no ando quejándome todo el rato- pero ella siempre sabe callarme, siempre.

Segunda consecuencia: pasé una infancia dubitativa, pendiente de un hilo porque delante de gente, ella me decía:
- Nena, ¿qué se dice?
No vamos a incidir mucho en el tema porque ya hemos hablado con anterioridad de que yo muy despierta no era. El caso es que yo entraba en uno de los dilemas existenciales de todo niño: ¿Qué coño se dice? Allí estaba yo, ante el vacío del universo, la eterna pregunta, pensando: “¿Por favor o gracias? Una de dos. Cincuenta por ciento. Tan difícil no puede ser. ¿Pero cuál? Ay el abismo... Dios sácame de esta y prometo comer bien el mes que viene, todo lo que me pongan. Bueno, la semana que viene… Al menos las cenas… O casi todo…”
- Nena, que qué se dice, que te quedas atontada.
- ¿Gracias?
- ¿Cómo que gracias? ¿Cómo se va a decir gracias por pedir una piruleta? Se dice por favor. ¿Pero qué habremos hecho mal nosotros?

Excepciones para utilizarlo:
Hombre, se dice por favor. Las cosas como son aunque Diana no entendiera la clave. Futuros hijos míos, éste consejo nos lo quedamos. Aunque trataré de no haceros pasar constantemente por ese dilema desolador: ¿era por favor o gracias? Que bastante vais a tener con derecha o izquierda. No os digo más que yo todavía tengo que hacer el gesto de escribir para saber cuál es cuál. Lo dicho, poco despierta, pero educada. Eso sí.

lunes, 8 de agosto de 2011

88. Si es que no aprendes.

Me he comprado un cabecero y dos mesillas, éste para ser más concretos. Ha sido todo un capricho, porque es el primer mueble que no tiene nombre sueco en mi casa. Se llama Bahia. Lo vi en la web y me dije “Mira que mono, Bahia”.
Luego me lo pensé muy mucho, me lo volví a pensar, medí 20 veces la habitación, remedí, busqué comentarios en foros para ver si la web daba seguridad... Todo esto si eres ese tipo de persona a las que comprar algo para mucho tiempo les paraliza, pero pensé otra vez: “Mira que mono”. Y al final lo compré. Ilusionada.
Y vas tú con toda esa ilusión y un catálogo a tu madre y le dices: “Mira que mono mamá, se llama Bahia. Y además es de maderas de casas indias recicladas”.
Y ella lo mira y, chica, que no lo ve tan mono:
-¿Eso? ¿Qué te has comprado eso? Nena, por dios, que yo lo veo en una basura y no lo cojo. Pero qué cosa más horrenda. Si es que te engañan, que no es tenga el encanto de los muebles restaurados nena, que eso está viejo. No me digas más, te lo compras sucio para no tener que limpiar. De dónde habrás sacado tú ese gusto torcido, que ni es gusto ni nada. Te has creído que eres una hippie, eso es lo que pasa. Porque vamos, y déjame ver el precio…- ¿sabéis los ojos en los dibujos animados cuando se salen de las órbitas? Pues lo de mi madre, igual, pero con doble tirabuzón de córnea – por dios, por dios, que está viejo, que parece que huele y todo. ¿Lo puedes devolver?
- Pero que mí me gusta…- aquí yo ya estoy menos ilusionada, no sé por qué.
- A ti qué te va a gustar, que no tienes criterio nena, tú oyes casas indias recicladas y te parece mágico, yo oigo eso y pienso: viejo. Y con suerte que no esté podrido. Yo y el 90% de la población mundial. ¡Y comprando por internet! Que te van a acabar robando que lo he visto en la tele.
Aquí ya discutimos, porque entramos en un bucle en el que yo estoy cabreada, le digo que a mí sus muebles no me gustan y que no se lo repito hasta la saciedad, y entonces ella sale en defensa de su sinfonier de caoba como una leona, entonces yo lanzo mi espejo marroquí contra su aparador castellano, y ella arremete contra mis lámparas de papel con su orejero británico. Y siempre gana ella, porque una vez vimos que en la Casa Blanca tienen el mismo sofá que mis padres y eso es la victoria total:
-Pues tan mal gusto no tendré yo nena, cuando el jefe del mundo, que tendrá el hombre dinero para decorar todo el que quiera, tiene mi mismo sofá. El mismo, el mismo. Y mira qué resultado ha dado. Tiene más años que tu hermana y ahí está, como si nada. Ya me contarás tú dentro de un año que le pasa a tu cabecero indio, qué digo dentro de un año. ¡Que ya te viene viejo! Si es que no aprendes, no aprendes.

Consecuencias del consejo:
Yo sufro para comprar cualquier cosa y jamás estoy convencida. Y si es de decoración peor. Así que he desarrollado una técnica absurda que consiste en comprar lo más barato, para que si luego no me gusta, poder tirarlo sin mucho remordimiento.
Segunda consecuencia, vivo rodeada de muebles de mierda: lámparas que se rompen con mirarlas, estanterías de madera sin tratar, sillas que cojean desde el primer día. Bueno, y ahora de un cabecero que se llama Bahia.
Tercera consecuencia, toda esa indecisión me hace vulnerable a las tenderas listillas. El otro día me compré un biquini porque la tendera me había sacado 30 para probarme y me parecía imposible que no me gustara ninguno, así que elegí uno al azar y me lo quedé. Me sienta fatal.
Cuarta consecuencia: desamparo total cuando llegó el cabecero. Solo os diré que mi novio dijo:
- Yo creo que lo veo en la basura y pienso: que pena que esté tan estropeado con lo bonito que es.
Mientras, yo solo pensaba cómo taparlo cuando mi madre venga de visita, porque lo que me faltaba, encima de tener un cabecero de 300 euros que no está si quiera barnizado, es tener que oír a mi madre diciendo: "Te lo dije nena, yo siempre tengo razón es que no aprendes. No aprendes".

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, espero haber aprendido a comprar cuando lleguéis, aunque si notáis que vuestra cuna cojea, le pedís cuentas a vuestra abuela, por hacerme una compradora enclenque. Y del cabecero de mi cuarto no quiero oír una palabra. ¿Queda claro?

PD. Me voy a coger unas pequeñas vacaciones. Nos vemos en septiembre. ¡Disfrutad!

martes, 31 de mayo de 2011

81. Porque lo digo yo, y punto.

energyadvantage.com
Este es el porqué más absurdo seguido de cerca del “porque sí” y el “porque no”. Allí iban los tres juntos, a joderte la infancia.

Cuándo lo utilizaba
A mi madre, la voluntad de darte explicaciones no le faltaba. Las cosas como son. "Mamá, ¿por qué me tengo que comer los garbanzos?". "Porque si no, no vas a crecer. Y si no creces, te dejaremos de querer".
Otra cosa es que la respuesta te compensara. "Mamá, ¿por qué no me puedo comer las uñas? Porque se te clavaran en la barriga, y te hacen agujeros, y los garbanzos se te escaparán por ahí, y no crecerás y te dejaremos de querer". Ahí, relajada, educativa...

Pero había una serie de preguntas que terminaban en el frustrante “porque lo digo yo y punto”. Y uno de los que más me frustraban tenía que ver con mi cumpleaños.

Yo no sé vosotros, pero cuando yo era pequeña, el cumpleaños perfecto era de la siguiente manera:
- Con una semana de antelación, entregabas unas invitaciones monísimas a tus amigas especiales unas 14 afortunadas de poseer tu amistad.
- Las invitaciones eran a poder ser de Hello Kitty o de Tarta de Fresa, y si eran con olor, es que eras de clase alta y la estrella total durante varias semanas.
- El día en sí, ibas al colegio con 42 bolsas de chuches para tus compañeros (porque antes en clase éramos 42) que contenían varias gominolas, una bolsa de gusanitos y una piruleta de las que teñían la lengua y los labios de rojo.
- Luego, al salir, las elegidas ibais a una hamburguesería o algo parecido a pasar la tarde. Y ellas te llevaban regalos monísimos de Hello Kitty o de Tarta de Fresa.

Bueno, pues mis cumpleaños comenzaban con mi madre, llamando a las 42 madres de mis compañeras y diciéndoles que nada de regalos. Solo libros, material de papelería o como mucho algo de ropa. Por que “¿Qué es eso de elegir solo a 14 niños? No, no. Tú no vas a ser de las que hacen grupitos. Tú invitas a todas y punto. Y olvídate de la tontería esa de comprar invitaciones. Que son carísimas. Si quieres te saco unos folios y que te los dibuje tu hermana, que así se entretiene. Y no quiero que nadie se sienta obligado a comprarte algo caro. Que habrá mamás que no tengan dinero para eso. Así que 42 libros y ya tienes algo que hacer en verano”.

El día en sí, mi me madre me mandaba con 42 chupachups minimalistas. Es decir, que no solo no teñían la lengua sino que eran de esos pequeñitos que dentro tienen una burbuja de aire y que el palo se cae nada más abrirlos. Después, los 42 niños venían a mi casa. “¿Pero tú te crees que tenemos dinero para pagar la merienda en Don Bocadilllo para todos? No, no. En casa y hacemos unos sandwichs de nocilla, chorizo y mortadela y listo. Y barra libre de gusanitos, fanta y cocacola. Te quejarás nena, que voy a comprar hasta refrescos”.

Como éramos tantos, para que no destrozásemos la casa, mi madre sacaba todos los muebles del salón nos sentaba en el suelo y comenzaba lo que ella llamaba "El un, dos, tres del cole". Se calzaba unas gafas enormes, sentaba a mi padre con una calculadora al lado y ponía un enorme bol de gominolas de las de pela. Y allí que íbamos, a cumplir años con un increíble juego educativo. "Por dos gominolas por respuesta acertada, di tres ríos que pasen por Sevilla". Ajá. Nos tirábamos la tarde con aquello. "Por dos gominolas por respuesta acertada, di tres invertebrados". Para morirse. Yo muerta de vergüenza y mi madre gritando “Campana y se acabó” y mi hermana haciendo tocar una campana como si el mundo se acabara si ella no reventaba aquel badajo y mi no drama papá poniendo cara de: “¿Cómo he llegado yo aquí?”.
- Mamá, y porque yo no puedo tener cumpleaños normales como el resto la gente.
- Pero si los tuyos son los mejores. Que me lo dicen todas las madres, que ellas no tendrían paciencia para hacer eso. Y anda que no se van contentos tus amigos y encima seguro que han aprendido algo nuevo.
- Mamá, los cumpleaños son para divertirse y recibir regalos, para aprender ya vamos al cole. ¿Por qué no les dejas al menos que me traigan lo que quieran?
- Porque lo digo yo, y punto.
Lo dicho. Frustrante.

Consecuencias:
Tengo una biblioteca infantil que ya quisieran muchos colegios.
Segunda consecuencia. Hacia los 12 años, mi madre se hartó y me dio pasta para invitar a 14 amigos al Don Bocadillo. Pues increíblemente, a pesar de mi euforia, en mi clase me hicieron un vacío total por acabar con los mejores cumpleaños de la historia del colegio y privarles de ganar al "Un, dos, tres del cole". Cualquiera entiende a los niños.
Tercera consecuencia: oigo una campanilla y busco a mi hermana. “Por aquí debe de andar la loca esa agitándola”.
Cuarta consecuencia en mi no drama papá y en mí: pesadillas recurrentes en la que nos persiguen Maira Gomez Kent y la Ruperta.

Excepciones para utilizarlo:
Pues intentaré daros buenas razones y evitar el frustrante “porque lo digo yo, y punto”. Y sobre todo, paso del "Un, dos, tres del cole", que no es plan de tirar años de terapia a la basura borrando esa melodía de la cabeza: Un, dos, tres...., aquí estamos con usted otra vez... ¡Mierda! ¡Ha vuelto!

P.D. Psttt, hoy el blog cumple 1 año. Vamos a celebrarlo en bajito no vaya a ser que mi madre me obligue a invitaros a todos a mi casa a merendar, que no tengo tantas gominolas y sobre todo ¿qué narices voy a hacer con tanto libro en un piso de 50 metros cuadrados?

jueves, 19 de mayo de 2011

78. No te toques el pelo, que pareces un mono.

rincon-psicologia.blogspot.com
Ya sé que estáis pensando ¿cómo te tocas el pelo para parecer un mono? Pues, chico, yo pienso lo mismo. Que miro un mono, me miro a mí, y no encuentro ningún parecido. Así os lo digo. Pero ella no, ella lo ve clarísimo. Es más, incluso cuando no me toco el pelo, ella ve un mono en la tele y dice: “Mira nena, como tú”. Y yo me callo, porque me desconcierta. Bueno, realmente vivo desconcertada con mi madre, es otro de sus poderes.

Cuándo utilizaba el consejo:
Pues siempre. Y siempre incluye este fin de semana. Tengo 32 años, una carrera, un trabajo, soy independiente, responsable, educada… ¡Coño! Soy un lujo de hija, no hay más que ver Hijos de papa, los ninis, o callejeros. Yo quedo bastante bien a su lado. Digo yo. Pues a pesar de eso, mi madre quiere educarme todavía. La mujer no se cansa y si yo unto la salsa del pollo encebollado, pues me llevo un tenedorazo como dios manda. Si arrastro la silla, ahí que está ella para darme una colleja, si apoyo los codos, pues me mete un empujón para desequilibrarme, si pongo los pies en la mesa entra en estado de trance, con los ojos en blanco y da unos gritos que los del edificio de enfrente salieron a la ventana, que yo tengo la sensación de haber cometido la mayor herejía del mundo, y bueno, si se me ocurre tocarme el pelo…
- ¿Tienes piojos o qué? Porque eso es lo que pareces: una piojosa. Todo el día tocándote el pelo. Qué manía más fea. Te pienso atar las manos, a ver si se te pasa. Y tu hermana, igual. Ale, que no tengo dos hijas, tengo dos monos. Cualquiera que os vea. Que queda muy feo. Que yo no sé de dónde habéis cogido esa manía de tiraros del pelo.
Pues yo sí lo sé, de mi amiga Maite, que tenía una hermana que se tocaba el pelo. Y, ya sabes, la típica tontería de:
- Te has fijado alguna vez que tienes algunos pelos como picados, más rugosos que el resto- esta es mi amiga Maite, la culpable.
- Yo no tengo de eso- Esta soy yo, la súper inocente.
- Anda, mira, todo el mundo tiene. Te estoy viendo uno ahora mismo- súper, súper culpable- ¿Te lo quito?
- A ver…- Y hasta hoy.
Maite, Maite, Maite…
Y tú dirás, pues no es para tanto eso de tocarse el pelo. Pues mi madre diría que tú no tienes ni idea. Así que ha intentado todo tipo de técnicas:
- Nos ponía manoplas de cocina para ver la tele.
- Nos ataba los dedos índice y corazón para dormir.
- Nos cortaba el pelo al cero como tratamiento de choque. Sobre todo de choque contra el álbum familiar, porque hay que ver la pinta de refugiada que luzco en algunas fotos. Entre el corte de pelo y la ropa heredada de táctel con coderas me doy una pinta… Yo creo que si me vierais me dabais limosna. Mucha. Lo voy a pensar…
- Nos gritaba sin descanso (Bueno, esto no era mucha novedad, la verdad).
- Nos castigaba a pensar. (Tampoco era novedad, la novedad residía en que pensábamos con guantes, que nos daba una pinta como de mimos desubicados).
- Nos hacía trenzas tan tirantes que ríete tú de Nicole Kidman.

Consecuencias del consejo:
Tengo un poco de cara de sorpresa constante, porque las cejas se me han quedado ligeramente elevadas de semejantes trenzas. Parezco asustada siempre.
Segunda consecuencia: me voy a ahorrar un pastón en Botox.
A Maite en mi casa la miran mal. Con razón.
Tercera consecuencia: no me gustan las manoplas. Cada vez que veo a un niño con ellas pienso: pobrecico, qué habrá hecho.
Un día descubrí que esa manía tiene un nombre según los psicólogos: tricotilomanía. Y con mi cara de sorpresa habitual, más la sorpresa añadida, se lo dije a mi madre pensando que la palabra de un psicólogo serviría para calmarla. Ese mismo día descubrí que mi madre cree más en los kiwis que en los psicólogos: "Anda, anda nena, que te crees cualquier cosa. Que le ponen un nombre raro a un yogur y tú ya andas pensando que es el elixir de la vida eterna. Pues no nena, un yogur es un yogur, y tu manía, es la manía de un mono. Ya me gustaría ver a esos psicólogos con una hija como tú. Ya vas a ver como se cansaban de nombres raros". Así que, quinta consecuencia: no creo en las palabras largas. Todas me suenan a mentira. ¿Quién va a creer que colonoscopia es una palabra seria? Por no hablar de otorrinolaringólogo, vamos hombre, que no es serio.
Excepciones para utilizarlo:
Si los hijos aprenden lo que ven de sus padres, estamos jodidos futuros hijos míos. Pero, por favor, que no os vea la abuela, que tenéis la colleja asegurada.

lunes, 14 de marzo de 2011

67. ¿Ahora sales? Pero si es hora de volver.

Reloj Trovato
¡Ay! ¡Qué nostalgia! Bueno nostalgia, quien dice nostalgia, creo que hace un par de meses me lo dijo, pero es que llevo tantos años acompañada de este consejo.

Cuándo lo utilizaba:
Vamos, por partes. Si alguien escucha este consejo pensará que yo no he tenido hora de vuelta a casa. Bueno, realmente si alguien piensa esto es que esta es la primera vez que se enfrenta al concepto drama mamá y no ha leído nada antes. Bueno, y también que tuvo una adolescencia afortunada en la que podía quedarse por ahí cuando empezaba lo mejor, es decir, cuando yo me iba a casa.
Yo tuve hora de vuelta siempre, y no solo eso, mi madre iba a buscarme:
-Nena, que hay mucha gente muy mala, y por lo oscuro te puede pasar cualquier cosa. ¿Qué has oído lo del violador del ascensor? –en todas las épocas de mi vida había uno, que ya es casualidad- Mira que si te pasa algo. A mí no me cuesta nada, y estoy más tranquila. Además así te veo cómo llegas, que cualquiera se fía. Que ahora tenéis mucha libertad, y que si me tomo una Cocacola y que si la Cocacola llevaba vinito y no, no quiero una hija borracha. Como te vea piripi, ay como yo te vea piripi una vez en tu vida. Ni en tu boda. ¿Me oyes nena? Ni en tu boda te dejo ponerte piripi. Nada, que te espero a las 10 en la plaza. Y puntual.
- Pero mamá…, que ha todo el mundo le dejan hasta las 12.
- A mí me da lo mismo lo que hagan los padres de los demás. Tú a las 10, y así mañana aprovechas el día. ¿Qué ya me dirás tú qué haces a esas horas que no puedas hacer la las cinco de la tarde?
- Es que a las cinco no hay nadie, están a las 12.
- Pues quedar antes, chica, quedar antes, que mira que es fácil la solución. ¡Las 12! Esas no son horas para que una niña ande por las calles. Te espero a las 10, y ven rectica, que como te vea dar un traspiés no vuelves a pisar la calle. ¿Me oyes? Y como te huela a tabaco, te enteras.

Cuando ya no me iba a buscar, es decir con 20 años o así, yo seguía teniendo hora. No lo hablábamos claramente, para evitar en el enfrentamiento, pero si tú a mi casa llegas después del periódico del que mis padres son suscriptores, estás jodida. Más te vale que parezca que has salido a correr, porque si no, correrás de verdad.

Consecuencias del consejo:
Soy absolutamente nocturna, toda la vida pensando que lo mejor pasaba cuando yo me iba, así que nunca veo el momento de ir a la cama. Me lío. “Me voy a ir ya a dormir, total, no dan nada en la tele. Bueno, igual me meto a Facebook. Y ¿twitter? Espera, igual ha pasado algo increíble en el mundo. Debería ordenar esas fotos de vacaciones. Este programa lo he visto. Un zapping. Me voy a depilar las cejas mientras. A ver qué dicen en twitter”. Las dos de la madrugada.
Segunda consecuencia, arrastro un sueño perenne: “Y ¿si ahora pasa lo mejor qué? Aguanta un poco nena, aguanta un poco”.
Tercera consecuencia: broncas infinitas e interminables cada vez que iba a salir.
- ¿Pero a dónde vas a estas horas nena? Las 10 de la noche, es hora de volver no de salir.
- Ay mamá, pues a dar una vuelta.
- ¿Con quién?
- Con éstas.- ya sabes, típica edad comunicativa.
- Uy sí, me dejas mucho más tranquila. ¿Pero qué hacéis por ahí? No lo entiendo, de verdad que no lo entiendo. Con lo bonito que es el día, con su luz y su sol. Pero no, vosotros solo sabéis estar por la noche. Que qué haréis…
- Pues bailar y hablar…
- Con lo mal que tú bailas, no lo entiendo- ahí, reforzándote- No bebas nada. Y no vuelvas por lo oscuro, que el otro día dieron la noticia de que hay un nuevo violador del ascensor, a ver si vamos a tener un disgusto, nena, que un día tú a mí me matas de un disgusto. Total, por andar mal bailando, ¿Por qué tú sabes que bailarina no puedes ser no? Chica, ya te podías quedar en casa haciendo algo de provecho…
Poder del click. Click y ya no la oigo porque puede llenar el mundo de palabras y dar una vuelta, y otra, y otra.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, tranquilos, sé que lo mejor pasa a última hora. Llegaremos a un acuerdo. Eso sí, me quedo con el consejo de mi no drama papá:
- Nena, imagínate que yo me despierto una noche porque haces ruido al llegar de madrugada. Esa es la última noche que tú duermes en esta casa. Y si llegas más tarde que el periódico, compra churros, coño, que me lo tomaré mejor.

lunes, 7 de marzo de 2011

65. Nena, no te vayas tarde a la cama.

Todocoleccion.net
Ay por dios que fatiguita me da este consejo. Porque me lo dice siempre. Sea la hora que sea, esté haciendo lo que esté haciendo, duerma en su casa o esté al otro lado del mundo. "Nena, no te vayas tarde a la cama". Como si toda tu vida se pudiera estropear por irte tarde a la cama.

Cuándo utilizaba el consejo:
Bueno, primero tuvimos que superar la época en la que yo me iba a la cama cuando ella quería, que nos duró hasta casi la universidad, igual, sin casi. La época en la que más collejas he recibido, cuando debajo de la colcha con una linterna intentaba leer. Que mira que hay que ser tonta para pensar que no se daría cuenta. Un bulto enorme luminoso debajo de una colcha de ganchillo, de esas llenas de agujeros... Pues eso, que pillé collejas a mansalva cada vez que intentaba saltarme el toque de queda.
Luego pasamos a la época en la que podía quedarme estudiando, en la que también recibí collejas a mansalva cada vez que ella, sigilosa, me pillaba leyendo una revista en vez de estudiar. Que hay ser muy tonta para no conocer la capacidad de sigilo de una drama mamá cuado te quiere pillar en algo. Se desplazan sin tocar el suelo, como levitando, ni el aire mueven. Que tú te preguntas cómo es posible que esa mujer sea la misma persona que es capaz de reventar a gritos un cristal cuándo le da un ataque de ira en mitad del súper cuando insistes, digamos ligeramente, en que quieres que te compre nocilla.
Y luego por fin, pasamos a la época en la que podía quedarme viendo la tele cuando ella se iba a la cama. Esta época empezó hace unos tres años, y aún y todo antes de irse a dormir me dice:
- Nena, no te vayas tarde a la cama, que si no mañana tendrás mal cuerpo, y tenemos muchas cosas que hacer, total para lo que dan a estas horas...
Entonces se va a lavarse los dientes, y tú te tumbas, tu momento del día. ¡Ja! A los diez minutos vuelve sigilosa:
- ¿Pero qué haces aquí todavía? Y quita los pies de la mesa, cómo te lo tengo que decir.- Y llega la siempre sorpresiva colleja. Que hay que ser muy tonta para que a estas alturas una colleja me pille por sorpresa, pero sí, así es la vida y yo así de tonta- Las mesas son para comer, que los pies andan por el suelo y el suelo está lleno de mierda, qué manía tienes. Cada cosa tiene su función, no sé, imagínate que a mi me diera por utilizar tus vestidos de trapos, no te gustaría ¿no? Pues que no te lo tenga que repetir y tira ya para la cama.
- Mamá, que no tengo sueño...
- El sueño en la cama se cría, anda ya.

Consecuencias del consejo:
Siempre que trasnocho estoy como pendiente de que llegue la colleja. Aunque mi madre esté a 500 kilómetros de mí, aunque esté de bares, en una discoteca, en otro meridiano, yo ando vigilándome la espalda, por si acaso. Cualquiera se fía, con tanto sigilo.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, habrá una época en la que yo decida a qué hora os vais a la cama, otra en la que os quedaréis estudiando y otra en lo que haréis lo que os dé la gana. Eso sí, confío en que el poder del sigilo me sea entregado en breve... Estáis advertidos.

lunes, 14 de febrero de 2011

61. Nena, como te caigas, encima te doy.

En defensa de mi madre aquí va el parte de accidentes de mi infancia:
Fracturas:
- Los dos brazos, juntos y por separado. Juntos: haciendo una voltereta lateral encima de una barra de un columpio. Por separado: haciendo el pino y peleando con un vecino.
- Los dos tobillos, por separado. Una vez jugando a saltarle a mi hermana por encima. Otra vez jugando al bote bote.
- Varios dedos de los pies. Siempre por correr dentro de casa...jodidos quicios de las puertas.
- La tibia y el tobillo en una misma caída. Haciendo un montón con hojas de los árboles un día de lluvia y jugando a patinar sobre ellas. Sí, patiné demasiado.
- Casi todos los dedos de las manos: baloncesto, gimnasia, fútbol, pressing catch con mi hermana...
- La rabadilla, en varias ocasiones. La primera me caí de una rueda de tractor, la segunda persiguiendo a un gato caí de culo en una mini sima y la tercera haciendo saltos cruzados en una colchoneta elástica, hasta que me choqué con mi compañera de saltos, y fui a parar con el culo en el centro, es decir, en la parte que no es para nada elástica sino un hierro duro con una colchoneta de un milímetro de grosor.
- Las dos palas de leche y una definitiva. Bici y patines las falsas, y tirándome de cabeza la definitiva, que en realidad, en mi caso fue poco definitiva, un año de definitiva, la pobre:
- ¡Pero qué narices has hecho! Un día me matas de un disgusto, y ya te estás tirando a la piscina a buscarla, que igual te la pueden pegar.
- Pero mamá que estoy sangrando...
- Pues habértelo pensado antes de tirarte como Tarzán. A ti quién te mandará. Nena, que no eres de goma, que te lo he dicho mil veces. Ahora toda la vida sin palas, por no hablar de la fortuna que me voy a tener que dejar en el dentista. Una hija mellada. Que te tires a por el trozo de pala, y tu hermana también, por dejarte hacer tonterías.
Un espectáculo en mi piscina que los niños todavía recuerdan. Y una cara atónita, la del dentista: "Pero señora exactamente qué quiere que haga con esto?".

Brechas: barbilla, frente, rodillas, dedo gordo del pie y brazo derecho.

Cuando utilizaba el consejo:
Siempre que veía peligro, bueno la verdad es que ella siempre veía peligro. Y yo nunca. Yo descubrí el miedo en la universidad. Así que he sufrido los accidentes más raros que se puede uno imaginar. Para que os hagáis una idea, una vez me clavaron un palo de esquí justo encima de las palas. Y no fue culpa mía, aunque claro, para rato mi madre me creía nada.
Si además sabía que cerca de mí iba a haber cualquier cosa con ruedas ella entraba en estado de histeria. "Nena no juegues con eso, bájate de ahí, aléjate de ese quicio, no corras, no saltes, no te muevas y suelta ese patinete que lo carga el diablo".

Consecuencias del consejo:
Múltiples heridas de guerra. Yo sigo teniendo piedras pequeñicas en las rodillas de algún derrape indebido que, por no decirle a mi madre que me había vuelto a caer, pues ahí se han quedado, de recuerdo.
Segunda consecuencia una fama inmerecida en el barrio que llegó a su esplendor un día que estábamos en los columpios de la plaza.
- ¡Nena! Siéntate en la ruleta ahora mismo.
- Pero mami que es más divertido así hacia atrás.
- Que te he dicho que te sientes que te vas a abrir la cabeza. Y esta semana no podemos ir a urgencias otra vez. Que ya me tratan de tú. Y acábate ese plátano ya, por dios, que llevas una hora para dos bocados.
- Pero mira mami cómo hago- y yo me ponía colgando de la barra central de la rutela con la cabeza mirando para atrás... Lo dicho, me creía inmortal.
- Nena, como te caigas, encima te doy.
Pero no hizo falta, un ligero desequilibrio y me hice una brecha en cabeza. Sangraba una barbaridad y mi madre, me arrastró a la farmacia de la esquina mientras repetía todo el rato el número de teléfono de mi padre como una letanía, yo callada, porque sabía que podía cobrar. Según entramos en la farmacia, dijo el número una vez más y se desmayó. Así que mi padre recibió la siguiente llamada:
- Mire, lo de la niña no es nada, un par de puntos, ahora, que lo de su mujer, ya no sabemos.
Lo dicho, a la boticaria, que era una cotilla, le faltó tiempo para irle con el cuento a todas mis vecinas.
Tercera consecuencia: mote familiar "La nena mercromina".

Excepciones para utilizarlo:
Encima de las leches que me he dado a lo largo de mi vida, lo único peor era pensar que encima me podía llevar un sopapo. Éste no pienso utilizarlo. Ahora, futuros hijos míos cruzad los dedos para que mi gen de la inmortalidad sea recesivo. Por dios, hacedme caso, tenéis que salir a vuestro padre.

lunes, 20 de diciembre de 2010

51. Nena, hay que limpiar que viene la chica.


Ikea
Pues sí, en mi casa se limpia antes de que venga la chica a limpiar. Yo he intentando explicarle a mi madre que eso es un sin sentido pero, para qué mentir, jamás en mi vida he conseguido convencer a mi madre de nada.
- Pero nena, ¿qué va a pensar Maru si ve la casa sucia cuando venga? De eso nada. Sólo faltaba que fuera diciendo por ahí que tenemos la casa hecha un desastre. Nadie va a decir eso de nosotros, nunca, ¿me oyes? Nunca. Así que limpia el baño.
- Pero mamá, ¿tú para qué le pagas?
- Para que limpie nena, pero un poco por encima, que tampoco hace falta que llegue aquí y esto parezca una casa de sucios.
- Pero mamá, si yo soy capaz de chupar este suelo y tan traquila.
- Tú porque eres muy liberal, eso pasa. Qué vas a chupar tú el suelo ni nada, te suelto un sopapo como te vea. Chupar el suelo dice, pero ¿qué te crees que somos hippies? (Lo siento hippies del mundo, sois el peor colectivo para mi madre después de los drogatas)
- Ay mamá era un decir...
- Un decir, un decir... Cómo te oiga cualquiera diciendo que chupas el suelo... El suelo no se chupa nena, no se chupa, ni se dice que se chupa si se quiere ser una persona normal. ¿Qué habré echo yo para tener un hija como tú? No lo entiendo. Y te coges esa escoba que está apunto de llegar Maru y quiero que la casa esté impoluta.

Consecuencias del consejo:
Maru es super feliz. Debe de ser la casa más limpia que limpia. Además mi madre no está acostumbrada a que alguien trabaje para ella y para no ser una empresaria explotadora, según llega Maru, le pone un café, y unos bollos, porque mi madre sólo compra bollos el día que viene la chica. Se sienta con ella y se tiran desayunando un rato. Y luego, como no sabe pedirle que se ponga a trabajar, se levanta ella y le dice:
- Maru, tú quédate aquí tranquila que yo tengo muchas cosas que limpiar.
Y Maru se queda tan tranquila, leyendo el periódico mientras mi madre trabaja. A las tres horas, mi madre le paga el sueldo, con una proponilla: "Porque es muy buena persona. Menuda suerte hemos tenido con Maru. Que me puedo dejar dinero en cualquier lado y ella jamás toca nada, que se te mete en casa una aprovechada y a ver qué haces, en cambio la Maru, la dejo tan tranquila" Ajá.
Y luego Maru se queda a comer, porque "Donde comen cuantro comen cinco, y esta gente lo ha pasado muy mal en su país, que se han cruzado un mundo para venir aquí. Además, nena, a los trabajadores hay que tratarlos bien, con sus pagas y sus dietas, porque eso es de gente de ley. Y yo no quiero que vayan diciendo por ahí que me aprovecho de nadie. Pobrecica Maru, con lo sola que está, y sin saber hacer cocido, que me lo dijo el otro día. ¿Nena te puedes creer que en Bolivia no se come cocido? Ni vainas, tampoco comen vainas. Yo le he tratado de enseñar a Maru a cocinarlas, pero claro, con lo del salto cultural, dice que le salen malas. Normal. Si yo tuviera que cocinar..., bueno lo que sea que comen allí, pues me saldrían mal. Aunque vete a saber, porque a mí la cocina se me da muy bien, que con una patata, un hueso y un puerro te hago un  guiso para seis. Así que igual aprendía yo a hacer sus platos. Pero ella, la pobre, no sabe. Así que le he hecho un par de tuppers, para que se lleve a casa y congele. También para una compañera de piso que tiene que es marroquí, las pobres". Lo dicho, Maru es super feliz y, en mi casa, cada vez que viene limpiamos y cocinamos como si viniera el rey. Ya es una más de la familia. No te digo más que le ponemos zapato la noche de Reyes.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, que alguien limpie tu casa es un auténtico lujo que la mayoría de la gente no se puede permitir. Si alguna vez podéis contratar a alguien, disfrutad de ello sin tensión. Eso sí, tratádle al menos con la mitad de cariño que nosotros le tenemos a Maru. Y nada de chupar el suelo, que os estoy viendo... Y ésta no es la casa de mi madre, no os vayáis a pillar cualquier cosa.

lunes, 18 de octubre de 2010

41. Nena, abrígate que viene un frente.

adn.es
A mi madre el frío no es que le asuste, le aterroriza. Olvídate de zombis, demonios, o plagas mundiales, tú a mi madre como mejor le puedes asustar es diciéndole:
-Mamá, he oído en el parte que viene una ola de frío.
Y se le eriza la piel como si hubiera visto al mismo diablo. A mi madre, el cambio climático no le parece tan malo porque va a hacer más calor. Y los nórdicos le dan un pena que no puede:
- Esa pobre gente, todo el año con frío a punto de coger un resfriado. Qué horror. Nena, si alguna vez hay una tercera guerra mundial tú te vas para el sur, que bastante jodida es una guerra como para que encima pases frío.
- Mamá... Has dicho "jodida"...
- ¡Nena, por Dios! Que te estoy hablando de una cosa muy seria, déjate de tonterías. Tú te vas para el sur, que con calor, el hambre es menos mala.
Sí, esa es la peor pesadilla de mi madre: su hija malcomiendo y muerta de frío. Su propia versión del apocalipsis.
Ella vive la meteorología como si fuera una telenovela. Está completamente enganchada. Tiene termómetros dentro y fuera de casa, una pequeña estación meteorología y una figura de una pastora con una oveja que cambia de color en función del tiempo. Le tiene una fe absoluta. Incluso le pone velas cuando quiere que pare de llover. Así que ayer me llamó, y me dice:
- Nena, ¿has sacado los abrigos de invierno? Que la oveja esta azul, azul. Y eso es que mañana viene un frente.
- Pues chica, aquí hace 20 grados. He estado tomándome un café en una terraza en la calle y se estaba tan agusto.
- Tú siempre estás en la calle, ¿en casa no tienes café? Ya son ganas de gastar, luego vienen los lloros de que no tienes dinero. Pero bueno, tú sabrás, ya eres mayor para perder el tiempo y el dinero en lo que quieras. Ahora, si te da por seguir siendo una derrochona mañana, te coges un abrigo, que la pastora está azul, y he visto la estación y da descenso de hasta 7 grados, y ya me estoy notando yo en esta rodilla que viene lluvia.
Coño, yo no sé para que España se gasta dinero en el Meteosat, si con una llamada a mi madre les bastaba. Ella cree en los meteorólogos cómo la gente en los astrólogos:
- Yo es que he sido muy de José Antonio Maldonado de la 1, que me acertaba mucho. Y se toma esto en serio, no como el muchacho de La Sexta que hace bromas. El tiempo es una cosa muy seria como para andar con jueguecitos Muy modernos eso es lo que son. Y también me gusta una chica nueva que hay en la 1 que tiene pinta de limpia, y cuenta muy bien todo: de dónde va dar el viento en cada provincia y bien clarito. Que en algunos canales sólo hablan de Madrid, y en provincias también nos enfríamos, y pillamos la gripe. Y más aquí, que un día te pilla el viento norte y te da un aire que te paraliza la cara. El de la Ser, ese que tiene nombre de mujer mayor, Florenci, ese, pues me hace gracia. Es demasiado optimista pero, chica, cuando se acerca el fin de semana sólo tengo ganas de oír buenas noticias, y llámame loca, pero le hago caso, y me acierta bastante, aunque ya te digo es muy optimista, y yo por si acaso siempre echo una chaqueta de más. Y bueno, mi pastora, que no me falla nunca, y hoy está azul. Así que mañana, no te olvides el abrigo.
Creo que si mi madre descubriera que en internet puede ver el tiempo que hace en todo el mundo, y todas las aplicaciones que hay sobre el clima, entraría en colapso.

Consecuencias del consejo:
No me sé abrigar sola. Llevo toda la vida escuchando qué debía ponerme la noche anterior. Incluso ahora que vivo lejos de mi madre, me llama y me informa. Así que, si un día no hablo con ella, o en Madrid el clima es distinto, me pilla por sorpresa, desabrigada. Yo a ella no se lo digo, porque si le digo que he pasado frío se echa a llorar y se lleva un disgusto enorme.
Otra consecuencia es que yo sufro mis resfriados en silencio. No le puedo decir que estoy mala porque me echa la bronca por no haberme abrigado, así que me inflo a Couldina y Lizipaina para que no me lo note en la voz cuando le llamo. Eso sí, luego tengo que aguantar cosas como:
- ¿Ves nena? Llevas 10 años sin cogerte un catarro, y todo por abrigarte bien. Ay... si me hicieras caso en todo, algo mejor te iría en la vida...

Excepciones para utilizar el consejo:
Futuros hijos míos, si algún día tomo alguna decisión en función del cambio de color de una oveja, podéis estamparla contra el suelo. Eso sí, si viene frío, os abrigáis, no os vaya a dar un aire.

domingo, 10 de octubre de 2010

39. No tires eso que se puede aprovechar.



Kill The Heel
  Según mi madre todo se puede aprovechar, especialmente la ropa. Este era básicamente el ciclo de la vestimenta en mi casa.
Primero, te vestías con ropa heredada:
- Las camisetas que mis primas no querían porque: A eran de propaganda de la carnicería del barrio, B eran de algún color espantoso por ejemplo verde lima a aguas, C tenían un estampado completamente equivocado. Por ejemplo, tuve un chandal con un print de leopardo en rosa y morado en un tejido que a mi madre le parecía lo más de lo más: el táctel. "Nena, no se plancha, no se ensucia y es casi impermeable", me decía ufana. "Ya mamá, pero brillo demasiado, reflejo la luz como el faro de la bici, y me resbalo de la silla", decía yo menos ufana. "Pues te agarras mejor, que te quejas por cualquier cosa".
- Cuando ya estaban completamente pasadas de moda y habían perdido su color, las ropas heredadas pasaban al cajón de los disfraces. "Guarda eso para el disfraz de fin de curso ¿de qué querías ir? Ah sí de Madonna, ya vas a ver qué éxito". "Mamá, Madonna no lleva chandals de táctel. Esa ropa es super cutre incluso para un disfraz". "Y tu eres demasiado super listilla, que con la pinta de fantoche que lleva, cualquier cosa te sirve".
- Cuando ya me había disfrazado de Madonna unas 4 veces y 3 de zíngara, ella lo llamaba zíngara pero las mendigas del barrio quedaban glamurosas a mi lado, la ropa se trasformaba en paños de cocina.
- Cuando los paños de cocina usados habían perdido la dignidad, les llegaba el turno de ser mopas para el suelo. "Nena, ponte esos paños en las zapatillas y arrástrate por la casa, que hay que sacarle un poco de brillo al parqué que lo tengo muy tristón. ¡Nenaaaaa! (Esta es mi madre gritando desde la cocina) Y no derrapes, que la última vez que derrapaste, ¿te acuerdas lo que pasó? Te lo voy a recordar, por si acaso: que conseguiste ponerte el dedo pequeño del pie mirando para el talón. ¿Te acuerdas ahora? Sí, nos acordamos todos ¿verdad nena? Hasta el médico aquel que te sacó fotos porque nunca había visto una fractura así, que ya le dije yo, que la niña nos ha salido especial hasta para partirse un dedo. Pues eso, nada de derrapar".
- Y ya por fin, aquella ropa inmunda conseguía su merecido descanso.

Segundo ciclo económico de la ropa.  Esta era la parte en la que mi madre me compraba ropa, sólo para mí. Pero ¡ah! no hay que emocionarse antes de tiempo. La premisa era: comprar todo dos tallas más para cuando creciera:
- Te está un poco grande nena, pero así te lo podrás poner dentro de un par de años- me decía mientras trataba de colocarme un falda que a Monserrat Caballé le hubiera quedado holgada.
- Pero mamá, si me la piso al andar que parece que tengo cola y aquí dentro cabe otra niña gorda.
- Tonterías. Que creces muy rápido nena, y no hay que tirar el dinero,que como tú no lo ganas pues no sabes lo que cuesta conseguirlo. En un par de meses te quedará estupenda, que te quejas por todo.
- Pero mamíííí, si las mangas de la chaqueta me llegan a las rodillas.
- Bah, bah, eso la remangamos un poco...- y me subía todo el exceso de tejido por los brazos.
- ¡Mamá! Ahora no puedo doblar los codos.
- Pues mejor nena, así, no te arrugas la ropa.
Pasados los dos años:
- Mamá, esta falda me está muy corta.
- Anda, anda, si no enseñas las piernas ahora ¿cuándo lo vas a hacer?
- Pero que me da frío, que justo me tapa el culo.
- Pues te pones unos leotardos, que eres muy quejica.
- Y tiene un agujero.
- Huy nena, te he comprado unas pegatinas de esas que se planchan a la ropa de Snoppy que lo tapan del todo, y encima le dan otro aire, que parece nuevo.
- Pero mamá, Snoppy es para niños y la chaqueta a juego me queda como si fuera de manga corta.
- Ay nena, que cansada eres. Ahora se llevan así, se llama manga francesa. Es lo último y Snoppy también.

Pues eso, el reciclaje lo inventó mi madre, e imaginación no le faltaba para colarte cualquier cosa. Y cuando ya no había manera de meterse en aquellas faldas, cuando le había sacado las pinzas al uniforme porque las tetas ya no entraban allí dentro, cuando las chaquetas se convertían en manga a la sisa, entonces, sí:
- Pues se lo das a tu hermana, que seguro que le queda monísimo.

Consecuencias del consejo:
Mi hermana me odia un poco. Y le encanta estrenar ropa y llamarme para decímerlo. No se lo tengo en cuenta, después de que ella tuviera que llevar aquel espantoso chándal de táctel, al que ya le habían puesto rodilleras después de mi segundo derrape, oye, le perdono lo que sea.

Segunda consecuencia: yo todavía me pongo la ropa de los 17 años. Ahora, a mi madre no le hace ninguna gracia, claro:
- Nena, tienes 31 años ¿no crees que ya puedes tirar esa chupa de cuero que te compré en segundo de BUP? Que yo recuerde era azul marino, y ahora es gris.
- ¿Pero no hay que aprovecharlo todo?
- Sí pero también hay que encontrarte un novio (golpe bajo), y con esa pinta de indigente no te van a querer ni los de Caritas.
Pequeña depresión tipo: voy a morir sola.

Excepciones para utilizar el consejo:
Futuros hijos míos, tenéis suerte. En mi época no había Primark ni H&M, eso sí, no quiero saber nada de derrapes y vosotros no tendréis que sabes nada de coderas. ¿Queda claro?

martes, 21 de septiembre de 2010

37. No te separes del grupo, nena.

Cuándo utilizaba en el consejo:
Dentro de la lista de 534 recomendaciones ordenadas por importancia cuando me iba de excursión, de viaje o a dar una vuelta a la manzana, una de las última era: "No te separes del grupo".

En la lista estaban: "Pórtate bien como si yo te estuviera viendo, y sé educada, como yo te he enseñado. No hables mucho, que tú eres de hablar mucho, y eso cansa. No te metas en lo oscuro. Lleva siempre las bragas limpias por si acaso tienes un accidente, que los médicos vean que eres una niña aseada. Nunca sabes qué te puede pasar. Da siempre las gracias, acuérdate, nena, que eres mucho de olvidarte. No andes tarde por las calles, ni muy pronto, que a esas horas sólo hay maleantes. No te asomes por las ventanas, no aceptes nada de desconocidos, y sobre todo, nena no te separes del grupo".
Yo todavía no entiendo qué tipo de escudo protector le parecían a mi madre los grupos.
- Mamá, ¿y si el grupo se pierde?
- Pues tú te pierdes con el grupo.
- ¿Y si le roban a todo el grupo?  Pues tú los salvas porque te he cosido un bolsillo interno en la falda y te metes ahí el dinero. Los billetes nena, a ver si te vas a meter las monedas, y del peso se te cae la falda y andas con las bragas al aire. Y lleva la mochila para adelante, que así no te robarán. Que hay ladrones muy listos que ni te enteras. Que tu tía Mari cuando fue a Madrid, iba en el metro, que ya le dije yo que qué hacía ella en el metro, que para dos días que va, podían cogerse un taxi. Total, tu tío Ángel que es un poco agarrado, pues ale, en metro. Y la Mari, que mira que es cuidadosa y llevaba el bolso cruzado delante, y con cremallera y todo, un bolso que le regalamos por Navidad, muy bonito, que parece casi de piel, de esos plásticos que lo aguantan todo. Bueno pues se lo abrieron y ella tan tranquila. Que no notó nada dice. Y la Mari, que es veinte veces más cuidadosa que tú, porque sabe lo que vale un peine y el esfuerzo que cuesta ganar dinero, no como tú, que te crees que los pájaros maman, se llevó un disgusto horrible. Con hipo me llamó la pobre, y sobre todo le daba pena que llevaba en la cartera una foto de cuando éramos pequeñas en la que estábamos vestidas de flamencas, ¡más saladas! Y no tenemos copia. Que ya podía el ladrón haber devuelto la cartera, echarla a un buzón, que tu tía todavía va ilusionada cuando llega el cartero y eso que hace tres años desde lo de Madrid. ¿Me estás oyendo nena?
- Que sí mamá, que no me separe del grupo.
- Pues eso.

Consecuencias del consejo:
Ligero aborregamiento. Allá donde hay un grupo, estoy yo.
Confusión cuando le decía a mi madre años después:
- Mamá, que a todo el grupo le dejan salir hasta las 12.
- A mí lo que hagan los hijos de los demás me importa un rábano. Tú, a las 10 en casa y puntual.
- Pero mamá, ¿qué me va a pasar si voy en grupo?
- Te va a pasar que te vas a tirar castigada dos meses sin salir, que no son horas para que una niña ande por la calle. ¡Las 12! Yo hasta que no estuve casada con tu padre no salí por ahí a esas horas. A las 10 y no se hable más.
- Los tiempos cambian mamá- esta soy yo tentando a mi suerte.
- A ver, que igual no me he explicado bien. ¿Qué entiedes tú por "no se hable más"?
Y me callaba, porque yo suicida no era.

Excepciones para utilizar el consejo:
Si sois el quinto Beatle. Si acabo siendo la madre del jodido quinto Beatle, no os queda país para correr.

martes, 14 de septiembre de 2010

35. Un drogata suicida no es decorativo, nena, una planta sí.

Mi madre utiliza la palabra drogata como adjetivo: pantalones de drogata, pelo de drogata, zapatos de drogata. La otra palabra perfecta para definir mis gustos es pilingui. Y si algo es de "drogata piligui sucia", olvídate. Ya puedes ir tirando a la basura lo que sea que cuadre en esa clasificación porque no podrás soportar oirla cada vez que te lo pongas. Te derrumba. Bueno, tiene que ver con un agotamiento tipo al que debe sentir alguien que sube al Himalaya. O eso imagino la 304 vez que le oigo decirme: "Nena esa falda es horrorosa, te sienta fatal, es que no entiendo cómo pagas por algo así ¡Pero si eso es de pilingui drogata sucia! Y no me digas que es moderno. Que me tienes de las moderneces hasta las narices. Lo que es bonito, es bonito, ahora y con los romanos!". Y yo no puedo respirar, siento el mal de altura y me dan ganas de buscar un buen precipicio por donde tirarme.
Bueno, pues con 16 años, en plena rebelión hormonal, intenté resistir. El caso es que puse en mi cuarto un poster de Kurt Cobain. Me gustaba mucho y fue el único poster que he tenido de un cantante, actor, etc. Lo puse medio escondido porque veía la que se me venía encima, y se me vino. No quedaba muy normal, esa es la verdad. Digamos que no encajaba con las enormes hortensias moradas de mis cortinas (quien dice mis cortinas, dice las cortinas que mi madre eligió mientras yo pataleaba como una loca gritando:  mamá son de vieja, y de vieja cursi), ni con los cuadros de marinas, ni con las muñecas de porcelona, sobre todo no pegaba con las muñecas de porcelana, que por cierto me daban un miedo de muerte de pequeña.
Pero la nena pensó que tenía que defender su identidad y en aquel momento toda mi identidad residía en aquel poster. Ahora, que mi madre pensó que la guerra de los cien años iba a ser una tontá comparado con el asedio al que iba a someter a la nena.
Comenzó sin miramientos: "Un drogata suicida no es decorativo, nena, una planta sí. ¿Entiendes la diferencia? Voy a intentar explicártelo: Las plantas son bonitas, quedan bien con todo y están vivas, no como ese drogata de la pared. Te voy  poner otro ejemplo: un hortensia en una cortina es algo bonito. Por eso durante siglos, las hortensias han decorado los jardines reales. ¿Alguna vez has visto jardines con drogatas suicidas plantados? Nooooo, porque son feos. ¿Entiendes ahora la diferencia entre decorativo y feo? Te lo digo nena porque me parece que se te resiste el concepto".
Intentó seguir por otros caminos cuando yo no lo quité de la pared:
- Nena pues si quieres un poster, ponte el de un chico guapo, como ese de Los problemas crecen.
- A mi no me gusta y se llama Kirk Cameron.
- Ay qué gracia ¿en serio que eso es un nombre de persona? ¿Y por qué no te gusta? Si es muy guapo y tiene un pelo precioso, que se le ve que va a envejecer bien.
- Pues a mí me gusta Kurt Cobain y su pelo.
- Pelo escoba, eso es lo que tenía ese. Muerto y feo.
- Se ha suicidado porque sufría mucho... Tú no lo entiendes mamá.
- Yo sí que sufro mucho y no veo que pongas ningún poster mío en la pared.
- Y me encanta su música.
- Ah no, vale que te permita tener al drogata muerto en la pared pero que llames música a eso que pones, por ahí no paso. Serrat hace música, con sus letras bonitas y sus melodías, y no ese drogata que sólo hace griteríos y ruidos. Por no hablar de que Serrat está vivo.
- Mamá, déjame, es que no me entiendes. Nadie me entiende.

Vale, yo misma me caigo mal oyéndome y ni siquiera me parece guapo Kurt Cobain, creo que en realidad fue mi primera gran guerra. Perdí. Como le parecía muy triste el poster, le puso delante un jarrón con flores de plástico "Ay nena, para darle otro aire, de... no sé... ¿más vivo?".

Consecuencias del consejo:
Pocas. Grandes batallas durante toda mi vida ejemplificadas con : "Como cuando te dio por poner al drogata aquel  en la pared, que tú solica te diste cuenta que quedaba mal. Pues esto es lo mismo, me darás la razón. Al tiempo, nena, al tiempo".

Excepciones para utilizarlo con mis futuros hijos:
Por favor, por favor, que no os dé por el reggaeton. Lo que sea hijos, pero el reggaeton no.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

34. Nena, tú nunca me escuchas. Ahora, que un día me vas a escuchar.

Vale, trato de no escucharle mucho, esa es la verdad. Pero es que mi madre habla raro y largo, sobre todo largo.
Me explico:
- Nena bájate al trastero y me traes la carpeta roja de las facturas- Parece una orden simple. Ah... pero la simpleza no existe en la comunicación maternal, y ella sigue:
- La roja ¿eh nena? Ni la azul, ni la amarilla.
- Que si mamá, que te oído.
- Sí, sí, tu oyes mucho pero te enteras de poquico que ya lo llevo viendo un tiempo. La carpeta está en el armario del medio, en el del medio, no en el pequeño azul, ni en el grande marrón.  En el del medio, que es como de color caqui, pero está muy viejo. Mira que nos costó dinero ese armario y salió malo, malo. Se lo dije a tu padre, que los de Muebles El Gran Pino son unos liantes. Pero como tienen nombre en el barrio pues te cuelan cualquier cosa a un precio de rico, que podíamos haber comprado otro que había que era de color beige, pero chica, elegí ese porque el beige es tan sucio, es muy poco sufrido. Como la falda esa que te compraste el año pasado, que no te pones nunca. Ya te lo dije: que el beige no aguanta nada y tú eres muy de arrastrarte. ¿Quién te habrá enseñado a ti esa manía de sentarte en el suelo como si fueras una apache? Porque yo no habré sido. Esos son los de la catequesis, que van de místicos modernos y os sientan en corro, ¡habiendo sillas!  Que bien que piden dinero para la Iglesia y luego los niños al suelo, y yo a gastarme dinero en detergente para sacarte todos esos ronchones. Bueno, pues la carpeta está en el tercer cajón. Ni en el primero, ni el segundo. Y no vayas a abrir con fuerza el segundo porque está flojo y mal sujeto, que ya te digo yo, que último mueble que les compro a los de El Gran Pino. ¡Tres años aguantó el cajón! ¿Tú has visto las mesillas que hay en mi cuarto? Pues llevan ahí desde que me casé con tu padre. Las compramos por cuatro duros porque antes nos casábamos con nada, que ahora necisitáis tener un jacuzzi para casaros, que si no, no funciona el matrimonio.  Mucha tontería es lo que tenéis. ¿Cuántas veces habré abierto yo esas mesillas? ¿Miles? Qué digo miles, millones, porque yo por las noches me despierto mucho, que tengo insomnio. Cuando era joven no tenía pero como tú dormías tan mal de pequeña pues me cambiaste el sueño y ahora me despierto muchas veces. Y los cajones siguen como el primer día. Además son de estilo castellano que te va con cualquier cosa y son muy sufridas y ni un arañazo que tienen. ¿Me has oído? Pues no te quedes con esa cara de pasmada que me corre prisa. Le tengo que llamar a tu tía Mari para decirle cuánto me costo la olla exprés, porque ha visto una parecida pero le parece muy cara y yo no me acuerdo de memoria del precio. Chica, se me olvida todo. Han dado en la tele que las almendras son muy buenas y mira que me tomo todas las mañanas tres pero no noto nada, ando fatal de memoria...

¡Dios mamá!, ¡porque la tienes llena de palabras!, hasta arriba, ahí no te entra ni un recuerdo nuevo, todo tiene que resbalar (esto sólo lo pienso mientras pongo cara de concentrada, si lo digo en alto, puedo llegar a ver el mismo centro del infierno en un momentito).

Consecuencias:
Estoy en el tratero y mi memoria rastrea. Recuerdo las palabras carpeta, facturas, amarilla, azul, roja, armario beige. No hay armario beige. Creo que también ha dicho marrón. No, el marrón no era. Está lleno de ropa. ¡Caqui!, era el caqui que es más sufrido. Recuerdo las palabras: segundo cajón. Irremediablemente abro el segundo cajón y todo el contenido cae al suelo, lo recoloco. Nerviosa. Se va a dar cuenta. La he cagado. Abro los otros, hay montones de carpetas. Tengo que abrir las carpetas. ¿Cuál era?  ¡Facturas! ¡Ha dicho facturas! Hay dos carpetas llenas y una especie de archivador con acordeón. Joder. 

- Ya era hora, pues menos mal que te he dicho que tenía prisa.  Llevas ahí abajo más de media hora ¿Pero qué narices haces con todas esas carpetas? Si te lo he dicho, nena, pero tú nunca me escuchas. Ahora que un día me vas a escuchar. Bien clarito te lo he dicho: la carpeta roja del armario caqui en el tercer cajón. Si es que todo lo tengo que hacer yo.

Excepciones para utilizarlo:
Tranquilos futuros hijos míos, no tengo ese don de palabra. He necesitado re-escribir cuatro veces este post hasta que he conseguido que la carpeta fuera del color, estuviera en el armario y en el cajón en que inicialmente había pensado. Será porque no me gustan las almendras.

lunes, 9 de agosto de 2010

28. Y si Martita se tira por la ventana...

Pues yo detrás mamá, porque soy un ser sin personalidad que cree que tirarse por la ventana es una opción como cualquier otra: ¿Seré abogada o arquitecta? Bah... No. Mejor me tiro por una ventana como Martita.
Mira, esta frase me ponía, y me pone, de los nervios. Digo "me pone" porque la frase sigue ahí para mí:
- Mamá, me voy a ir de viaje a México.
- ¡Huy nena a México! Pero si todos los días dan en la tele que matan gente. Decapitados, me parece. Ese no puede ser un país normal. ¿Qué haces tú en México? Que necesidad tienes con la de España que hay por ver. (Mi madre es muy de España).
- Pero que la zona a la que voy es para turistas y es muy segura. Hay mucha policía.
- Huy nena, donde hay policía es que se necesita, que tienes unas cosas... ¿A qué cuando tú vas paseando por Gandía no ves mucha? Porque es un sitio seguro, por eso no hay. Además ¿esos no son los de la gripe porcina?
- La gripe A, mamá.
- Pues eso, que lo mismo da.
- Pues no es lo mismo mamá, una la padecen los cerdos y otra las personas.
- Pues más a mi favor, ¿entonces dices que la gripe mortal de personas es mejicana?
- Mamá, eso fue hace un año y fue en todo el mundo y han demostrado que no era peligrosa.
- No claro, no, no era nada peligrosa. ¿Y quién lo ha demostrado? ¿No habrán sido los mejicanos? Nena, por favor, que tú eres de creerte cualquier cosa que ya lo hemos hablado.
- Ay Mamá, de verdad que es muy seguro y hay unas playas  preciosas.
- Huy playas preciosas, dice. En Valencia hay más de 100 playas con bandera azul, que han dado en la tele que es el mejor diploma que le pueden dar a una playa ¿las de México tienen bandera azul?
- No la necesitan, tienen el mar Caribe.
- Y Gandía el Mediterráneo, y una arena buénisima que no se pega, y no andan decapitando gente por la calle sin ton ni son. Que además en esos viajes a saber qué te dan de comer y luego te entran unas diarreas malísimas, y te quedas más delgada aún, que te lo he dicho, nena: tú más que flaca estás espiritual. Con la paella tan buena que dan en Gandía, y el fideuá, que me dijo tu tía Mari de un sitio estupendo para  tomarlo, un sitio limpio, limpio que te ponen manteles de tela, y si vas le dices que eres sobrina de la Mari, la del Teodoro, y ya vas a ver que te atienden de primera y te echan un montón de gambas en la ración.
Y justo en este punto, demostrado que la logica, la información y la racionalidad no funcionan es cuando yo digo:
- Mamá, Marta fue en junio a México y volvió encantada y no tuvieron ningún problema.
- Y si Martita se tira por una ventana, tú detrás.
Esto fue antes de ayer, 31 años que tengo, y Martita 1 hija y un trabajo como pediatra, y un marido serio que haría las delicias como nuero para mi madre. Pero ella sigue siendo Martita y yo un ser sin personalidad, y mi madre agotadora.

Consecuencias del consejo:
Le he mentido durante años, pero mentido con avaricia. En realidad, sólo 1 de las 30 veces que cree que he estado en Gandía era verdad. Fui una vez y me hice miles de fotos de recurso. Todos vivimos más tranquilos.

Excepciones para utilizar la frasecita:
Cuando Martita se tire por la jodida ventana.

jueves, 15 de julio de 2010

22.Si eres mayor para trasnochar, también para madrugar

Esta frase creo que es una de esas que han forjado a una generación. La mía. Y no puedo evitar que me entre una horrible nostalgia al repetirla. Mi madre abriendo la puerta de mi cuarto con mi si fuera a empotrarla en la pared, y esa voz aterradora y concreta:
- Ale, que ya es hora de levantarse nena. Si eres mayor para trasnochar, también para madrugar. Que tenemos muchas cosas que hacer. Hay que limpiar los cristales, pasar el aspirador, poner una colada, bajar a hacer la compra...

No me lo creo mamá. Nunca hay que hacer tantas cosas un sábado por la mañana. ¡Coño! Si cada vez que yo salía, había que hacer la limpieza anual de la casa.  Yo creo que acumulaba esas tareas para las terribles mañanas de resaca. Cada vez que paseaba por la casa y veía los radiadores sucios ella pensaba: esto me lo apunto para el día que salga la nena, huy que hace tiempo que no ordenamos los armarios, los filtros del aire acondicionado los tengo llenitos de mierda, bien bien, otra cosita más.
Es que la estoy viendo.

Consecuencias del consejo:
Tenía truco. Si no te pillaba en la cama no te encargaba tareas y sobre todo no gritaba, que el grito para la resaca va mal. Así que mi hermana y yo dormimos con disimulo y en cualquier sitio.
Según la oíamos que se levantaba, cada una se buscaba la vida. Yo que soy de tendencia vaga, pues intentaba esconderme detrás de la puerta. Así cuando ella entraba, veía la cama hecha y se iba. Me volvía a meter en la cama. Mi hermana iba al baño, abría la ducha y se dormía encima de la taza. Media horita de sueño. Siguiente asalto. Yo a la ducha, mi hermana dentro del armario. Otra media horita. A desayunar, mi hermana dormida sobre la mesa, yo en el armario. Media hora más. Luego a estudiar. Las dos sobadas sobre los libros. Eso sí, con el oído atento. Porque cómo te pillara, olvídate, las tareas de desinfección de un hospital, una tontería al lado de lo que iba a encargarte. Porque las madres no limpian normal, al menos, la mía no:
- Nena, te coges el paño azul, el suave. Lo pasas por los fuegos. Luego con una servilleta de papel, pero de las que no tienen pelusilla, lo pasas otra vez. Sin pelusilla ¿eh? que sino quedan feos los fuegos. Así ya puedes empezar a limpiarlos. Coges el limpiador rojo, echas un poco. Poco, nena, que si no cuesta sacarlo. Lo retiras con el paño amarillo humecido en agua, que no esté empapado que se quedan feos. He dicho humedecido. Luego, el paño rosa para terminar y un poco del spray amarillo.
Y yo pensando: ¿De qué hablas mamá? ¿De limpiar los fuegos o de conseguir erradicar las bacterias del mundo? ¿Qué más dará que los fuegos queden feos? Son fuegos, ¿Con qué paño había que empezar? Joder, ¿cuál era el paño? Porque de una manera increíble, ella con sólo mirarlo sabía si habías cambiado el proceso. Las madres pueden adivinar cosas imposibles con sólo mirarte a los ojos.

Excepciones para utilizarlo:
Uf. Algo de razón tenía pero intentaré no martirizar a mis futuros hijos. Yo nunca madrugo pero desde las 8 de la mañana estoy en la cama sufriendo y, aunque esté sola, si alguien me llama por teléfono disimulo:
- ¿Estabas dormida? ¿Te he despertado?
- ¡Que va! Llevo limpiando los fuegos desde las 8.

jueves, 24 de junio de 2010

17. Como sigas llorando, te voy a dar una razón para que llores de verdad


Se entiende fácil. Es el típico consejo que no te deja lugar a dudas: "Nena, mejor te callas que vas a cobrar". Todo hay que decirlo. Es una frase cumplidora: realmente si no dejaba de llorar, ella me daba una razón extra para seguir llorando.

Cuándo lo utilizaba:
También es fácil: siempre que lloraba, con o sin motivos. El problema es que a ella mis motivos, nunca le parecen motivos sino caprichos aleatorios de una niña mimada. Digo le parecen, en presente, porque es exactamente lo que ella piensa: que soy una niña mimada con caprichos aleatorios a los 31 años. 
Para mi madre sólo hay tres motivos para llorar: una muerte cercana, una enfermedad grave y una desgracia. Voy a concretar: no una desgracia tipo "me ha dejado mi novio en el altar", en ese caso diría "Algo habrás hecho tú"; si no algo tipo "Me ha caído un rayo encima"... eh... tampoco sirve. En ese caso diría "Eso te pasa por andar siempre en la calle". No sé... algo tipo: "Ha habido un terremoto y mi casa se ha derrumbado"... eh... Tampoco sirve, mi madre diría: "Eso te pasa por vivir en ese barrio de mierda con construcciones de mierda, si me hubieras hecho caso... " En fin, para mi madre sólo hay dos motivos para llorar: una muerte y una enfermedad.

Consecuencias del consejo:
No lloro. Casi nada. Y cuando lloro, lo hago con rabia. No sólo me siento mal por lo que sea que me provoque tristeza, encima me jode llorar y mucho más que me vean.
Segunda consecuencia: normalmente lloro en los baños, para que nadie me vea. He llorado en el baño de mi trabajo, en los bares, en los restaurantes, y una vez en Hacienda. Y os prometo que es muy difícil parar de llorar en sitios así, los baños deprimen.

Excepciones para utilizarlo:
Primero tengo que aprender a llorar como la gente normal, sin remordimientos. Y quiero que mis futuros hijos lloren libres. Ya veré como soluciono las rabietas absurdas. Ignorarlos puede ser una opción. Ay si mi madre me ignorara alguna vez...

jueves, 3 de junio de 2010

8. Por si acaso, nena, por si acaso

Tengo mi vida llena de por si acasos. En mi bolso, suelo llevar unos 5 o 6. En mi casa, tengo cientos. El maletero de mi coche podría salvar la vida a una familia en caso de desastre natural. Gracias al consejo de mi madre, siempre tengo un plan B, viajo con herramientas, y bragas extra. Ni siquiera fumo como la gente normal: yo tengo tabaco de "por si acaso" (negro o de liar: por si acaso se me acaba el mío), mecheros escondidos, incluso cerillas, por si acaso no encuentro los mecheros... Una vez tuve un novio por si acaso. No me juzguéis. Es algo educacional.

Cuando utiliza el consejo:
Siempre. Constantemente, y varias veces en cada llamada por teléfono.
Están los típicos:
-Coge una chaqueta por si acaso refresca.
-Coge el paraguas por si acaso llueve.
Luego los de segundo grado, ligeramente aterradores:
-Estaté siempre depilada, por si acaso tienes un accidente.
-Lleva el dinero pegado al cuerpo, por si acaso de atracan.
Y luego están los que sólo mi madre te puede dar:
-No invites a dormir a nadie a casa, por si acaso están metidos en drogas.
El mundo es un lugar terriblemente amenazador para mi madre y con ciertas conexiones que jamás llegaré a entender.

Consecuencias en mí:
Lo dicho, tengo una vida llena de por si acasos y un plan B. También tuvo consecuencias en aquel pobre novio.

Excepciones para utilizarlo:
Ay, va a ser difícil no usarlo. Pero realmente me gustaría no cargar a mi hijos con todos esos miedos y esas bragas de más.