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domingo, 27 de marzo de 2011

70. Las marcas son un invento para cobrar el doble por la misma leche.

elotrolado.net
Cuando éramos pequeñas, en mi casa nunca entró nada de marca, bueno, al menos de una de verdad. Tuvimos una Nintendo que no era Nintendo con todos los juegos piratas. Así que mi recuerdo del Mario Bross difiere un poco de la realidad, en nuestro juego no eran setas, sino una especie de paraguas rosas con lunares:
- Es igual, igual nena, que te quejas por todo. Pero si es gris también, además trae montones de juegos, y la original solo uno, y cada cartucho es carísimo. Ahora, tú ya los tienes todos, y trae pistola para los patos, que me lo ha dicho el vendedor, que es igual, igual, pero más barata.
Y así con todo. Tuve unas Jota Jaiber, tal cual, unas Nike, que no eran Nike, unos Levis que parecían Levis, pero no, no eran Leviss. Todo era un “casi” pero no.

Cuando utilizaba el consejo:
Siempre que le pedías algo bajo el concepto “marca”. Que no os vayáis a pensar que pedíamos un Louis Vuitton, no, a mi madre la leche Kaiku le parecía una marca y era suficiente motivo para no comprarla. Ella pensaba que si nos habituábamos a algún producto en concreto, íbamos a ser unas niñas caprichosas el resto de nuestras vidas. Y tuvo una técnica en concreto que desmontó todas las peticiones.
- Mami, a mí no me gusta esta leche, sabe muy fuerte. Prefiero la Kaiku.
- Todas las leches son leches, y lo del nombre es tontería. Las marcas son un invento para cobrar el doble por la misma leche. Y yo no voy a ser la que pague más, así te lo digo, nena, que no estamos para derrochar.
- Pero, mami, que yo le noto otro sabor y además esta hace una nata que me da arcadas.
- Nena, a ti el aire te da arcadas. La Kaiku es más cara, solo por el nombre así que te tomas esa y punto.
Y yo vomitaba. Soy así, si me concentro puedo vomitar. Ese es mi don. No sirve para mucho, la verdad, pero tampoco lo elegí yo. Así que comenzó su técnica: “Si no me crees, me vas a creer, vamos que si me vas a creer”. Compró una botella de Kaiku y la estuvo rellenando con la leche de oferta cada día. Sí, mi madre tiene mucha paciencia y mucha mala idea, de eso también tiene. Y pasado el mes, ahí me estaba esperando, con toda su mala idea:
- Que bien te tomas esa leche, ¿eh?, nena- ella tranquila, relajada, fregando los platos.
- Sí, es que está me gusta mucho- imbécil, imbécil, imbécil.
- Y no te da ni un poco de arcadas, ¿eh?- ella fregando un vaso, feliz, triunfal.
- Ni una mami, porque no tiene nata- imbécil, imbécil, imbécil.
- Claro, claro, es que tienes un paladar muy sensible…- ya está a punto. Yo notaba algo, tanta felicidad no le pegaba.
- No sé, mami, es que esta leche está más buena.- muy imbécil, muy imbécil, muy imbécil.
- ¡Más buena! ¡Más buena te voy a dar yo a ti! Mira nena, esa leche es la de oferta, que te llevo un mes rellenando la botella de Kaiku. ¿Me oyes? Y como tus has dicho, ni una arcada. Sí, sí, como lo oyes. Mucha tontería es lo que tú tienes, que llevas un mes tomándotela tan tranquila. Así que ya lo sabes, a partir de ahora, leche de oferta y no quiero oír una arcada porque te enteras.
Y yo del susto vomitaba. Ya lo he dicho, es un don.

Consecuencias del consejo:
Desconfianza total de lo que comía. Además del episodio de la leche, hizo lo mismo con el Colacao, el chocolate Milka, el pan Bimbo… Compraba uno de la marca, lo rellenaba con el de oferta, nos lo hacía comer un tiempo, y luego, tachán: nos llamaba imbéciles y volvíamos al de oferta a cara descubierta. Y sí, mi hermana y yo muy despiertas no éramos.
Segunda consecuencia: mi recuerdo de algunos productos, probablemente sea equivocado porque una vez comí Nocilla pero el resto, a saber.
Tercera consecuencia: no le tengo fe a mi paladar. No sé si las cosas me gustan realmente. Si pruebo un vino que me gusta pienso: lo mismo si me lo dan en otra botella, me gustaría más. Así que vivo desnortada, me da lo mismo Nocilla que Nutella, Rioja que Ribera…, no tengo criterio.
Cuarta consecuencia: si alguien me pregunta “¿Te ha gustado el solomillo?”. Pues no sé qué decir, porque creo que es una pregunta trampa. “Y si no era solomillo, igual no era solomillo, igual estaba malo, o bueno, o igual es el mejor solomillo del mundo”. ¡Por dios! Y me dan ganas de vomitar.
Quinta consecuencia: una tía mía me regaló una vez unos pantalones Bonaventure de verdad, con su piedra azul en el botón y sus chapitas en el culo. Los llevé puestos hasta que se desintegraron, porque aquellos vaqueros no se desgastaron, no, llegó un día que volatilizaron del uso y aquel día yo fui la niña más infeliz del mundo sabiendo que volvía a los Levis que no eran Levis, porque la leche será leche, pero tú sabes que no llevas unos Levis de verdad, y tus amigas también.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos: la leche es leche. Lo siento pero este consejo me lo quedo. No tendré mucho criterio para elegir vinos pero me he ahorrado un dineral a lo largo de mi vida comprando de oferta y con la total tranquilidad de que no me perdía nada, sobre todo eso. Y como os pongáis tontos, prometo tener la misma paciencia que mi madre, y también, la mala idea. Dicho está.

sábado, 26 de febrero de 2011

63. Hasta que no se rompa, no se compra otro.

Mi madre se ríe de la obsolescencia programada. ¿Que hacen las medias mal para que se hagan carreras? Pues ella aprende a remendarlas. ¿Que quedan fatal porque se ve como un pellizco en mitad de las rodillas? Pues a ella le importa un pimiento. Listo. Si fuera por mi madre el sistema capitalista se hubiera ido al traste hace años. Viviríamos en el Estado del Drama donde todo el mundo lleva coderas y rodilleras y todos los días se comen vainas. Vamos, el jodido paraíso.

Cuándo utilizaba el consejo:
Siempre que pedías algo, insisto, siempre.
- Mamá quiero un walkman nuevo.
- Y yo un tren eléctrico.-ahí, con esa lógica que te descompone porque empiezas a pensar: ¿un tren eléctrico? ¿para qué narices quiere ella un tren eléctrico? Te vuelves a centrar.
- eh... Bueno pues yo un walkman nuevo que este ya no rebobina.
- A ver nena, para un rato que me siento en el día y tienes que venir a incordiar. Vete a jugar con tu hermana que no la oigo, y seguro que está haciendo algo malo.
- Que no te incordio más, pero necesito un walkman nuevo.
- Mira nena, uno necesita respirar, comer, dormir y que le quieran, todo lo demás no es necesario, es un plus. Y tú ya tienes pluses de sobra, si hasta tienes unos patines, mira si andas sobrada de pluses.
- Pero mamííí...
- Ay qué pesada eres. A ver, trae ese ualman (ajá, mi madre habla inglés).  ¿Cómo se enciende?
- Con el play mami.
- A mí háblame clarito que estamos en España y somos españoles.
- Con el botón grande.
- Uy si se oye de maravilla, ¿qué andas diciendo que no funciona?
- Es que no puedo echar las canciones para atrás.
- Pues te las eschuchas todas, que eres muy fina tú.
- Pero es que la cara B está vacía.
- ¿Y por qué andas desaprovechando una cara entera? ¿Qué te crees que las cintas me las regalan? Ya estás grabando en el otro lado. Y hasta que no se rompa, no se compra otro. Habráse visto.
- Pero no puedo rebobinar...- muy pesada, lo sé, y poco intuitiva de dónde estaba el límite de su paciencia.
- Mira nena que me estás hartando, a ver si al final te tiro el ualman por la ventana y la única música que vas a oír van a ser mis gritos por soleares de par de mañana. Te coges un boli de bic y le das para atrás.
- Pero mamá...., además está como desteñido ya no se lee ni lo que pone en las teclas.
- Chsitttt, a callar ya. ¿Desgastado? Tú si que me estás desgastando. ¿Se oye no? Pues ya está bien. ¿O quieres que lo tire por la ventana? ¿y a ti detrás?
Aquí ya no hacía falta intuición y me iba a buscar un boli de bic.

Consecuencias del consejo:
He roto miles de cosas a propósito. Y ella ha conseguido reparar el 80% de ellas: ropa remendada, juguetes pegados, estuches atados con gomas, incluso una vez me arregló los frenos de una bici BH azul de tercera mano (mi prima, su hermana, y yo era la tercera mano).
Segunda consecuencia: en  mi casa la compra de esparadrapo, cinta aislante y pegamento alcanzaba cotas de mayorista.
Tercera consecuencia: éxtasis total ante las cosas nuevas. Con éxtasis me refiero: saltos, grititos, abrazos a la coso nueva que fuera (un bici, unos patines, unas botas, una tele, unca caja de galletas...).
Cuarta consecuencia: mala valoración actual de si algo está roto o no. Ejemplo: tengo una caja de música que no hace música y no cierra, tuve un coche en el que no funcionaban la radio, las ventanas, la bocina, el aire acondicionado y llevaba pegada con cinta aislante la guantera...
Quinta consecuencia: mi vida está llena de trucos. He tenido tantos objetos medio rotos que me he acostumbrado a que haya que ponerle una piedra al cable de la tele para que se pueda oír bien, pero si lo quiero ver es el dvd, tengo que quitar la piedra de la tele y poner un páquete de tabaco debajo del euroconector. Agotador.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, este consejo me lo quedo. ¡Hombre ya con tanta tontería de comprar y comprar! Más os vale que las coderas se pongan de moda. Dicho está y os voy avisando que si quéreis cambiar de canal, hay que meterle un pañuelo de papel al mando donde las pilas porque se han aflojado los muelles.

lunes, 18 de octubre de 2010

41. Nena, abrígate que viene un frente.

adn.es
A mi madre el frío no es que le asuste, le aterroriza. Olvídate de zombis, demonios, o plagas mundiales, tú a mi madre como mejor le puedes asustar es diciéndole:
-Mamá, he oído en el parte que viene una ola de frío.
Y se le eriza la piel como si hubiera visto al mismo diablo. A mi madre, el cambio climático no le parece tan malo porque va a hacer más calor. Y los nórdicos le dan un pena que no puede:
- Esa pobre gente, todo el año con frío a punto de coger un resfriado. Qué horror. Nena, si alguna vez hay una tercera guerra mundial tú te vas para el sur, que bastante jodida es una guerra como para que encima pases frío.
- Mamá... Has dicho "jodida"...
- ¡Nena, por Dios! Que te estoy hablando de una cosa muy seria, déjate de tonterías. Tú te vas para el sur, que con calor, el hambre es menos mala.
Sí, esa es la peor pesadilla de mi madre: su hija malcomiendo y muerta de frío. Su propia versión del apocalipsis.
Ella vive la meteorología como si fuera una telenovela. Está completamente enganchada. Tiene termómetros dentro y fuera de casa, una pequeña estación meteorología y una figura de una pastora con una oveja que cambia de color en función del tiempo. Le tiene una fe absoluta. Incluso le pone velas cuando quiere que pare de llover. Así que ayer me llamó, y me dice:
- Nena, ¿has sacado los abrigos de invierno? Que la oveja esta azul, azul. Y eso es que mañana viene un frente.
- Pues chica, aquí hace 20 grados. He estado tomándome un café en una terraza en la calle y se estaba tan agusto.
- Tú siempre estás en la calle, ¿en casa no tienes café? Ya son ganas de gastar, luego vienen los lloros de que no tienes dinero. Pero bueno, tú sabrás, ya eres mayor para perder el tiempo y el dinero en lo que quieras. Ahora, si te da por seguir siendo una derrochona mañana, te coges un abrigo, que la pastora está azul, y he visto la estación y da descenso de hasta 7 grados, y ya me estoy notando yo en esta rodilla que viene lluvia.
Coño, yo no sé para que España se gasta dinero en el Meteosat, si con una llamada a mi madre les bastaba. Ella cree en los meteorólogos cómo la gente en los astrólogos:
- Yo es que he sido muy de José Antonio Maldonado de la 1, que me acertaba mucho. Y se toma esto en serio, no como el muchacho de La Sexta que hace bromas. El tiempo es una cosa muy seria como para andar con jueguecitos Muy modernos eso es lo que son. Y también me gusta una chica nueva que hay en la 1 que tiene pinta de limpia, y cuenta muy bien todo: de dónde va dar el viento en cada provincia y bien clarito. Que en algunos canales sólo hablan de Madrid, y en provincias también nos enfríamos, y pillamos la gripe. Y más aquí, que un día te pilla el viento norte y te da un aire que te paraliza la cara. El de la Ser, ese que tiene nombre de mujer mayor, Florenci, ese, pues me hace gracia. Es demasiado optimista pero, chica, cuando se acerca el fin de semana sólo tengo ganas de oír buenas noticias, y llámame loca, pero le hago caso, y me acierta bastante, aunque ya te digo es muy optimista, y yo por si acaso siempre echo una chaqueta de más. Y bueno, mi pastora, que no me falla nunca, y hoy está azul. Así que mañana, no te olvides el abrigo.
Creo que si mi madre descubriera que en internet puede ver el tiempo que hace en todo el mundo, y todas las aplicaciones que hay sobre el clima, entraría en colapso.

Consecuencias del consejo:
No me sé abrigar sola. Llevo toda la vida escuchando qué debía ponerme la noche anterior. Incluso ahora que vivo lejos de mi madre, me llama y me informa. Así que, si un día no hablo con ella, o en Madrid el clima es distinto, me pilla por sorpresa, desabrigada. Yo a ella no se lo digo, porque si le digo que he pasado frío se echa a llorar y se lleva un disgusto enorme.
Otra consecuencia es que yo sufro mis resfriados en silencio. No le puedo decir que estoy mala porque me echa la bronca por no haberme abrigado, así que me inflo a Couldina y Lizipaina para que no me lo note en la voz cuando le llamo. Eso sí, luego tengo que aguantar cosas como:
- ¿Ves nena? Llevas 10 años sin cogerte un catarro, y todo por abrigarte bien. Ay... si me hicieras caso en todo, algo mejor te iría en la vida...

Excepciones para utilizar el consejo:
Futuros hijos míos, si algún día tomo alguna decisión en función del cambio de color de una oveja, podéis estamparla contra el suelo. Eso sí, si viene frío, os abrigáis, no os vaya a dar un aire.

jueves, 14 de octubre de 2010

40. Le quitas lo negro al plátano y está buenísimo.

Mamá, si le quito lo negro al plátano suelen quedar dos opciones:
1- Me quedo sin plátano, porque el negro está por todos los lados.
2- Me como una especie de puré de plátano dulzón que me da un para atrás que no puedo sorportar, y lo único que se puede morder de ese plátano son los asqueros hilos.
Y se me hace bolo. Sí, con 31 años, hay cosas que se me hacen bolo. No entiendo cómo pasa y mi madre tampoco pero ¡eh! ahí está el bolo de plátano pasado para demostrarlo.
-Nena, ese plátano no está pasado. Está maduro. Le quitas lo negro y está buenísimo.
- Pues a mí no me gusta tan blando.
- Pero si es cómo más rico está. Anda come un poco.
- Mamá, pero si parece puré. Me da asco.
- Nena, nunca puedes decir de la comida que da asco. ¿Qué pasa? ¿Soy yo una asquerosa porque a mí me gusta maduro?
- Pues comételo tú.
- Te voy a estampar el plátano en la cara, a ver si está lo suficientemente blando o no.
Oye, mira, las palabras mágicas: plátano y estampar. No hay mejor sistema para tragar un bolo.

Cuando utilizaba el consejo:
Lo negro del plátano es un ejemplo de la economía de madre. Sirve con los melócotones, peras, cerezas, manzanas:
- Mamíiiiíii está manzana tiene gusanos.
- Que no me llames mami, por dios, que no me llames mami, que a mí las niñas cursis me dan jaqueca.
- Mamá, están golpeadas y parece que tienen gusanos, están llenas de agujeros...
- A ver, dame- cogía una, la partía por la mitad- lo que les pasa es que son de huerto, y son manzanas de verdad, no como las que salen en la tele, que son de plástico. Que os engañan con cualquier cosa. Serán bonitas y brillantes pero no saben a manzana. Estás están buenísimas aunque sean feuchas. Y cómetela ya.
- Pero mamá, que por aquí veo un hueco como de gusano.
- Pues le quitas esa esquina y listo. Y déjame tranquila que tengo mucho que hacer.

La esquina se le quitaba a todo: al queso mohoso, a la mayonesa amarillenta, al jamón de york un poco seco, a los tomates golpeados. Bajo una  premisa por la que todos los niños de mi generación podremos sobrevivir ante terribles hambrunas: "Lo que no mata engorda". Y, oye, seguimos vivos.

Consecuencias el consejo:
Como con miedo, en tensión: ¿esto me engordará o me matará? Un poco rollo ruleta rusa: ¿esta empanadilla será la última? Y sobre todo, no creo para nada en las fechas de "Consumir preferentemente antes de". ¡Vamos hombre! Tu pones a mi madre a poner esos sellos y terminamos con el hambre en el mundo.

Excepciones para utilizarlo:
Todas. Lo siento futuros hijos míos. No os metiré diciendo que está buenísimo. A mí los platanos muy maduros no me gustan, pero no es suficiente motivo para tirarlos, como diría mi madre: "Por Dios, con la de niños que hay muriéndose de hambre en África".

domingo, 10 de octubre de 2010

39. No tires eso que se puede aprovechar.



Kill The Heel
  Según mi madre todo se puede aprovechar, especialmente la ropa. Este era básicamente el ciclo de la vestimenta en mi casa.
Primero, te vestías con ropa heredada:
- Las camisetas que mis primas no querían porque: A eran de propaganda de la carnicería del barrio, B eran de algún color espantoso por ejemplo verde lima a aguas, C tenían un estampado completamente equivocado. Por ejemplo, tuve un chandal con un print de leopardo en rosa y morado en un tejido que a mi madre le parecía lo más de lo más: el táctel. "Nena, no se plancha, no se ensucia y es casi impermeable", me decía ufana. "Ya mamá, pero brillo demasiado, reflejo la luz como el faro de la bici, y me resbalo de la silla", decía yo menos ufana. "Pues te agarras mejor, que te quejas por cualquier cosa".
- Cuando ya estaban completamente pasadas de moda y habían perdido su color, las ropas heredadas pasaban al cajón de los disfraces. "Guarda eso para el disfraz de fin de curso ¿de qué querías ir? Ah sí de Madonna, ya vas a ver qué éxito". "Mamá, Madonna no lleva chandals de táctel. Esa ropa es super cutre incluso para un disfraz". "Y tu eres demasiado super listilla, que con la pinta de fantoche que lleva, cualquier cosa te sirve".
- Cuando ya me había disfrazado de Madonna unas 4 veces y 3 de zíngara, ella lo llamaba zíngara pero las mendigas del barrio quedaban glamurosas a mi lado, la ropa se trasformaba en paños de cocina.
- Cuando los paños de cocina usados habían perdido la dignidad, les llegaba el turno de ser mopas para el suelo. "Nena, ponte esos paños en las zapatillas y arrástrate por la casa, que hay que sacarle un poco de brillo al parqué que lo tengo muy tristón. ¡Nenaaaaa! (Esta es mi madre gritando desde la cocina) Y no derrapes, que la última vez que derrapaste, ¿te acuerdas lo que pasó? Te lo voy a recordar, por si acaso: que conseguiste ponerte el dedo pequeño del pie mirando para el talón. ¿Te acuerdas ahora? Sí, nos acordamos todos ¿verdad nena? Hasta el médico aquel que te sacó fotos porque nunca había visto una fractura así, que ya le dije yo, que la niña nos ha salido especial hasta para partirse un dedo. Pues eso, nada de derrapar".
- Y ya por fin, aquella ropa inmunda conseguía su merecido descanso.

Segundo ciclo económico de la ropa.  Esta era la parte en la que mi madre me compraba ropa, sólo para mí. Pero ¡ah! no hay que emocionarse antes de tiempo. La premisa era: comprar todo dos tallas más para cuando creciera:
- Te está un poco grande nena, pero así te lo podrás poner dentro de un par de años- me decía mientras trataba de colocarme un falda que a Monserrat Caballé le hubiera quedado holgada.
- Pero mamá, si me la piso al andar que parece que tengo cola y aquí dentro cabe otra niña gorda.
- Tonterías. Que creces muy rápido nena, y no hay que tirar el dinero,que como tú no lo ganas pues no sabes lo que cuesta conseguirlo. En un par de meses te quedará estupenda, que te quejas por todo.
- Pero mamíííí, si las mangas de la chaqueta me llegan a las rodillas.
- Bah, bah, eso la remangamos un poco...- y me subía todo el exceso de tejido por los brazos.
- ¡Mamá! Ahora no puedo doblar los codos.
- Pues mejor nena, así, no te arrugas la ropa.
Pasados los dos años:
- Mamá, esta falda me está muy corta.
- Anda, anda, si no enseñas las piernas ahora ¿cuándo lo vas a hacer?
- Pero que me da frío, que justo me tapa el culo.
- Pues te pones unos leotardos, que eres muy quejica.
- Y tiene un agujero.
- Huy nena, te he comprado unas pegatinas de esas que se planchan a la ropa de Snoppy que lo tapan del todo, y encima le dan otro aire, que parece nuevo.
- Pero mamá, Snoppy es para niños y la chaqueta a juego me queda como si fuera de manga corta.
- Ay nena, que cansada eres. Ahora se llevan así, se llama manga francesa. Es lo último y Snoppy también.

Pues eso, el reciclaje lo inventó mi madre, e imaginación no le faltaba para colarte cualquier cosa. Y cuando ya no había manera de meterse en aquellas faldas, cuando le había sacado las pinzas al uniforme porque las tetas ya no entraban allí dentro, cuando las chaquetas se convertían en manga a la sisa, entonces, sí:
- Pues se lo das a tu hermana, que seguro que le queda monísimo.

Consecuencias del consejo:
Mi hermana me odia un poco. Y le encanta estrenar ropa y llamarme para decímerlo. No se lo tengo en cuenta, después de que ella tuviera que llevar aquel espantoso chándal de táctel, al que ya le habían puesto rodilleras después de mi segundo derrape, oye, le perdono lo que sea.

Segunda consecuencia: yo todavía me pongo la ropa de los 17 años. Ahora, a mi madre no le hace ninguna gracia, claro:
- Nena, tienes 31 años ¿no crees que ya puedes tirar esa chupa de cuero que te compré en segundo de BUP? Que yo recuerde era azul marino, y ahora es gris.
- ¿Pero no hay que aprovecharlo todo?
- Sí pero también hay que encontrarte un novio (golpe bajo), y con esa pinta de indigente no te van a querer ni los de Caritas.
Pequeña depresión tipo: voy a morir sola.

Excepciones para utilizar el consejo:
Futuros hijos míos, tenéis suerte. En mi época no había Primark ni H&M, eso sí, no quiero saber nada de derrapes y vosotros no tendréis que sabes nada de coderas. ¿Queda claro?

lunes, 21 de junio de 2010

16. Si no te lo comes para cenar, pues para desayunar


Debo ser la persona que más veces ha desayunado pescado en este país. ¿Y tostadas? Pues creó que un par de veces sí desayuné tostadas, el resto besugo, merluza, gallo, salchichas los días buenos... Sí, mi madre no tenía misericordia. Yo era  mala comedora. Mala, mala. Me gustaba la leche y los yogures, y ya. En serio, no me gustaba nada más. De calcio iba sobrada pero del resto mejor ni hablar. Así que mi madre, con una infinita paciencia al principio y sin paciencia ninguna después, lo probó todo:
- Primer intento: obligarme. Pero me adapto fácil al medio. Aprendí a lanzar la comida por la ventana, detrás de los radiadores, vaciaba una muñeca y le metía la comida dentro hasta que se pudrió, y sobre todo, aprendí que mi hermana pequeña se lo comía todo. Le daba igual: alubias, carne, acelgas, espinacas. La tía no tenía fondo. Hasta que la endoncrina preocupada por su aumento de peso encontró la causa y el fondo: una hermana raquítica que la cebaba cada vez que mi madre se daba la vuelta.
- Siguiente intento: un pediatra "moderno" (como cuenta mi madre) le dijo que me dejara comer cuando quisiera, que de hambre no iba a morir. Pero el señor pediatra no me conocía. Acabé ingresada de urgencia con una anemia de impresión. "Mira nena, si llego a coger en aquel momento al pediatra ese... No veas cómo me miraban en el hospital los médicos, como si fuera una mala madre, ¡yo! ¡una mala madre!  Mira, que me fui a su consulta y se lo dije: Menos moderneces señor, que casi se me muere la niña de desnutrición. Y me aguanté las ganas de meterle un sopapo. Porque era mayor, si llega a ser más joven le meto un sopapo. Así te lo digo nena". Me lo creo, mamá.
- Tercer intento: por mis muertos que tú comes. Esta fue la peor etapa. Primero el embudo. En serio. Me daban de comer con un embudo. Hacían todo un puré y allá que iba, libre por mi garganta. Y ahí se ve que empecé a transigir (vamos, no me quedaba otra opción) y llegó el "Si no te lo comes para cenar, pues para desayunar". Y oye, otra cosa no pero cumplidora mi madre es un rato. He desayunado pescado, he comido cereales y zumo de naranja, merendado bocata de lentejas, y cenado sandwich de nocilla. Así, en bucle durante años.

Consecuencias:
- Nunca sé qué toca comer a qué hora. No tengo criterio. Un cordero me parece poco para cenar y un par de aceitunas y un café, suficiente para comer. Soy capaz de cenar sólo chocolate y de merendar un plato de pasta. Pues eso, sin criterio.
- Odio a Baltasar. Un 5 de enero, harta mi madre de que no comiera las lentejas, y con toda la familia en el portal esperándome para ir a la cabalgata, me las puso entre pan y pan. Estábamos allí, esperando a los Reyes, yo chupando aquel asqueroso bocata de lentejas frías, y mi madre metiéndome codazos para que me lo comiera, cuando el simpático y super mágico y super poderoso Baltasar (hasta aquel momento) se acerca y me dice:
         - Huy esta niña que agusto se está comiedo el bocadillo. Se ve que está muy rico. Así seguro que le traemos buenos regalos.
Pues sí, los Reyes lo saben todo, todo. Menuda mierda de mago de pensé. Y desde entonces le tengo tirria.

Excepciones para utilizarlo:
Como a mis futuros hijos sólo les gusten la leche y los yogures, están jodidos, porque van a desayunar pescado seguro. Quitando mi desorden horario como de todo. Bueno casi, casi.