Mostrando entradas con la etiqueta buenos consejos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta buenos consejos. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de febrero de 2012

97. No es más ordenada la que más ordena, sino la que menos desordena.


Saving mommy money
Esto es complicado. Yo soy desordenada. No vocacionalmente desordenada. No es que yo vea un cuarto y piense: voy a reventarlo. No, me sale solo. Como vomitar. Es algo que no puedo evitar. Voy a apoyando las cosas por ahí para recogerlas luego, pero luego, nunca las recojo. Soy como una pequeña agricultora del caos. Me encantaría no ser así. Mi vida sería mucho más sencilla y barata. Tengo que tener tres pares de gafas que nunca encuentro. Copias de las llaves en todos los bolsos y soy capaz de perder unas botas durante años en mi propia casa. Yo las meto en una bolsa y digo: “Aquí guardadicas, para el año que viene, que seguro que me acuerdo”. Pero nunca me acuerdo. Mierda, es que por lo menos me podía haber tocado una memoria portentosa.

Pero bueno, tiene sus ventajas, vivo constantemente sorprendida de los tesoros que encuentro entre mis pertenencias y me siento de estreno, con ropa que tiene años. Hace poco me encontré 300 euros en un libro. En un libro sobre microeconomía, que luego lo piensas y era bastante lógico, pero en su momento me tiré desesperada buscando en carteras, bolsos y bolsillos los 300 pavos, hasta que llamé a mis padres para pedirles dinero. Ahora, cuando no llego a final de mes, me tiro una semana revolviendo toda la biblioteca a ver si otra vez tuve la genial idea de guardar pasta dentro. Por el momento nada. Solo un caos de biblioteca. Ya os contaré.

Pero tiene inconvenientes:
- Una pérdida enorme de tiempo buscando cosas.
- Un gasto extra para comprar dos veces el mismo objeto, incluso tres.
- Cajones llenos de servilletas atadas en honor del pobre San Cucufato al que tengo explotado: San Cucufato, San Cucufato los cojones te ato y hasta que no encuentre las llaves (las gafas, los pendientes, el gato) no te los desato. Luego no me acuerdo por qué había atado la servilleta, y ahí lo tengo al pobre hombre, encogido hace años.
- Último inconveniente: mi madre. Uno puede ser el caos en persona pero combinarlo con una madre como la mía, no se puede.

Cuándo utiliza el consejo:
Sobre todo cuando me pilla atándole los cojones a San Cucufato porque dice que le parece una falta de respeto. Bueno y dice algunas cosas más que si no pierdo la cabeza porque la llevo pegada, que si un día me voy a perder para no encontrarme, que eso solo puede ser una manifestación del desorden mental que tengo, que si me parece normal que mi vida sea un caos, que si no es más ordenada la que más ordena, sino la que menos desordena, que si voy a arrastrar a todo mi entorno a una vorágine de autodestrucción. ¡Bah! Lo típico.

El día crítico fue el que perdí a mi hermana y me perdí yo también. Bueno, que lo dices así y parece una barbaridad, pero que yo no lo hice a propósito, que fue sin querer. Estábamos en el Aqualand. Por primera vez. Yo soy de una ciudad de pequeña, en la que no había Corte Inglés, vamos, que no por no haber, no había ni unas escaleras mecánicas. Por no hablar de que las barracas venían una semana al año. Y en aquel parque acuático había: ríos con corriente, cascadas, precipicios, trampolines, toboganes, tirolinas, piscinas con olas y todo legal. ¿He dicho piscinas con olas? Allí estaba todo y también estaba la Cruz Roja cerca que, con mi corta experiencia, sabía que era una ventaja. Pues eso, que yo no entiendo como mis padres se les ocurrió decirme:

- Quédate aquí un poquito, que vamos a por unos botellines de agua. Agarra a tu hermana y no te muevas.

¡No te muevas! Es que, vamos, pedían un milagro. Si a mí me cuesta estar quieta, atada. Yo no recuerdo muy bien donde nos separamos. Solo que vi que ponía: “Kamikaze, el tobogán de la muerte”. Y se me nubló la vista. Aunque todo no fue fácil. El socorrista me dijo que era muy bajita para tirarme. Pobre. Me agazapé debajo de un seto, sigilosa como un ratón. Esperé a que se despistara y me colé. El caso es que el hombre tenía razón. Al tirarme, como pesaba tan poco, en el primer salto me quedé en el aire, y ya no toqué el tobogán hasta el último momento, de manera que, salí rebotada a la piscina de al lado, donde justo caía el señor más gordo que he visto en mi vida. Y lo vi clarísimamente, como un inmenso alud de chichas que se desparramaba sobre mí. Yo de mi hermana ni me acordaba. Ya me vi el papelón. A toda pastilla a la Cruz Roja y venga decirme que cómo me llamaba, y yo como si fuera autista pensando: “Para rato te lo digo, que les llamas a mis padres por megafonía y ya vas a ver. Hasta que no pare de sangrar, no suelto prenda”. Pero entonces, apareció mi hermana. Llorando con un amable policía, por decir algo, que la habían encontrado en una esquina de la piscina de bolas preguntando por sus padres. Se me abrazó y entonces sí que tuve que cantar. Cuándo oí mi nombre por megafonía lo tuve claro. Se acabó el verano. Y no veas sí se acabó, cuando llegó mi madre hasta se fue el sol.

Consecuencias:
Frustración constante. Yo le veo todas las ventajas del mundo a ser ordenada, incluida la de no tener que oír a mi madre, que eso es la súper ventaja. Pero no me sale.
En mi hermana, cierto grado de autonomía. La perdí un par de veces más.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, confiaremos en los poderes de San Cucufato el día que os pierda. Porque va a pasar. Lo tengo claro, y mi madre, también.

jueves, 13 de octubre de 2011

91. De bien nacido es ser agradecido

Aquí está. Otro consejo mítico. Mi madre es muy de agradecer y a mí se me ha pegado. Pero como siempre he sido una persona sin mucho criterio pues he llegado a dar las gracias por prestar yo algo, por fregar yo los platos, por recibir un golpe en el coche… Así me va. Que luego ando indignada conmigo misma, eso sí, tengo fama de agradecida.

Cuándo utiliza el consejo:
Siempre. Esto es siempre. No confundirse con “a menudo”, “con mucha frecuencia”, o “la mayoría de las veces”. No. Es siempre.
- Vas a comprar el pan. Le pagas. Te lo venden. “Nena, da las gracias”. Vale, esto es educación.
- Vas a comprar el pan durante toda tu vida a la misma panadería, en la que además haces un gasto grande en galletas, periódico, leche y huevos. Y la mujer, después de 20 años, una Navidad, te regala unas palmeras que se van a caducar al día siguiente. Pues según se entera mi madre no le basta con tú le hayas dado las gracias, no, te hace bajar con un bizcocho casero, o una botella de vino, o unas vainas de la huerta de tu tío. “Ve y le das las gracias”. Esto es exagerado.
- Vas al garaje, el tío te arregla el coche, te cobra 400 euros. A los dos meses tienes que pasar la ITV. Vas, el tío te revisa el coche y le pagas 150 euros. A los tres meses pinchas, el tipo de cambia una rueda y pagas 100 euros. Como eres una kamikaze pues vuelves a pinchar en el mismo mes. Vas y pagas otros 100 euros. A los 4 meses se te jode la sonda lambda (que ojalá no se os rompa nunca jamás, andad a rezarle a quien sea) y el tipo te dice que son 600 euros. O sea, ese tipo que se va a pagar unas vacaciones en el Caribe a tu costa, ¡qué digo unas vacaciones!, que en mi casa hay 4 coches, y para kamikaze mi madre. Pues a ese tío, que nada más verte se le alegra el día y el mes, a ese, mi madre le regala vino para agradecerle su trabajo.
- Pero mamá, que es su trabajo, y me cobra. Vamos mamá, que ni siquiera me limpia el coche. Que lo máximo que nos da es un calendario de cachorritos por Navidades.
- Eso no importa. Será su trabajo pero lo hace bien. Eso es de agradecer.
- ¡Solo faltaba! Mamá si yo no hago bien mi trabajo me despiden.
- Nena, que cojas las dos botellas y le das las gracias, que de bien nacido es ser agradecido.
Esto es la locura del gracias. Es el gracias por el gracias. Ahí lo llevas. En mi casa se agradece su trabajo al portero, al carnicero, a la frutera, al del garaje, a la chica que limpia en casa, a la de la panadería, al zapatero, y a las de la Farmacia. Por no hablar del continuo intercambio de gracias con mis vecinos: tú me traes unos puerros, yo te consigo un queso, tú me regalas vainas, yo te regalo melocotones. Que a mí alguien me regala vainas y, como mucho, lo mando a tomar saco.

Consecuencias del consejo:
Gran fama de agradecida. Lo que ha aumentado mi armario con prendas imposibles. “¿Qué no te gusta para nada ese vestido?” Tú dáselo a la nena que es muy agradecida. Y yo, por no tirar…
Por agradecer cualquier cosa, pues pierdo los papeles. Por ejemplo imaginad que salgo de mi oficina un viernes. Estoy yendo al baño aunque llevo el bolso y todo para irme a casa, y entonces me cruzo con una compañera en la puerta de la ofi que también va a la baño, y se despide de mí amablemente y me dice que me lo pase bien, y que le gusta mi vestido y me dice adiós. Y yo, para que no sienta mal al ver que también voy al baño y se tenga que volver a despedir, pues le digo “gracias” y me voy a mi casa. Eso sí, yo soy agradecida pero meo igual que cualquiera, así que me tiro 40 minutos en la M30 acordándome de mi madre ¿Veis? Esos son el tipo de gracias que te complican la vida.

Así que imaginaros cómo me siento ahora, si por una tontería como un saludo me veo comprometida a mearme encima, imaginad cómo me siento con más de 400 personas dándome ánimos en el blog, en Facebook, por Twitter, por mail… Gente que no me conoce de nada y que me regala vino para que brinde por mi padre o galletas caseras para calmarme, personas que me quieren hacer una bufanda para que no pase frío, o me envían canciones y vídeos para entretenerme. Gente que me cuenta sus dolores, para que entienda mejor los míos… Yo es que no sé hacer… Y no tengo presupuesto suficiente para vino para todos, así que solo puedo decir: GRACIAS.
Si mi madre hubiera leído un tercio de estos comentarios, de verdad que a mí no me quedaba vida para agradeceros a todos. Así que aunque me he visto tentada de enseñárselos, me he aguantado las ganas. Soy kamikaze, tengo poco criterio, pero me aguanto bien las ganas, las de mear y las otras.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, es verdad, de bien nacido es ser agradecido. Ojalá podáis sentir un día un exceso de gratitud parecido al que siento yo. Ahora, al tipo del garaje se le paga y se le da las gracias, punto. El vino para los buenos amigos, y las vainas para los enemigos.

jueves, 22 de septiembre de 2011

90. No había otro como tu padre, nena.

En este consejo no creo que consiga haceros reír. Estáis avisados. Las cosas no fueron bien, nada bien. A pesar de toda vuestra energía, que fue mucha, mi no drama papá no pudo superar la enfermedad. Llevábamos un año y medio peleando, digo llevábamos porque hay enfermedades en las que todos deben luchar porque, si no, no sirve. Y a pesar de la lucha, perdimos. Y perdimos mucho. Seguimos desorientadas, cansadas e incrédulas, sobre todo eso.
Andamos como si el mundo no fuera con nosotras, como si tuviéramos que ir al hospital en un rato… Pero no. Mi padre ha muerto y mi drama mamá no para de llorar. Aguanta el tipo a ratos y otros no puede más. 42 años juntos son muchos años.
Mi padre era un señor, que no es tan fácil serlo. Sabía que los buenos chistes no son a carcajadas y que uno puede reírse hasta de su madre y que eso no resta amor. Bebía buen vino, porque para el malo siempre habría tiempo. Sabía charlar durante horas pero sabía mejor escuchar durante días. A mi padre le gustaba comer y llevaba la alineación del Osasuna en la cartera a pesar de que el fútbol no le gustaba para tener más que de qué hablar con los amigos. Cantaba mal pero bailaba los mejores pasodobles del mundo en las bodas. Mi padre sabía callar y no andaba haciendo juicios. Sabía cuánto vale un amigo y que en los libros uno se hace más grande. Mi padre sabía querer en silencio, acompañarte en la distancia y silbar sin dedos. No apretaba, pero nunca andaba lejos. Mi padre escribía los post it más absurdos del mundo, y nunca supo para qué sirve un destornillador pero nos ordenó el mundo para que supiéramos ubicarnos. Mi padre casi nunca me dijo que “no” y casi siempre me hizo entender porque no. Mi padre archivaba tickets de compra durante años y nunca perdió unas gafas. No era un hombre de paraguas pero siempre llevaba pañuelos y sabía pelar una naranja en una sola monda. Odiaba el ruido y se iba pronto a la cama. Tenía las manos grandes y 19 dedos. Mi padre subía al monte pero se mojaba los pies en la playa. Mi padre ayudaba sin que nos diéramos cuenta de que era ayuda. Solo se puso vaqueros una vez en su vida y viajaba con corbata. Mi padre lloró pocas veces: por amigos, por su padre y por un Vega Sicilia estrellado. O, quizás, mi padre sabía llorar a escondidas. Apenas daba consejos aunque nos prohibía chupar el cartón de los helados. Le gustaba el gazpacho y coleccionaba bolígrafos.  Mi padre escribía en mayúsculas y con portaminas. Mi padre subió al Tourmalet en bici solo para que nosotras pudiéramos contárselo a los demás y nos obligó a aprender a comer marisco con cubiertos, por si acaso. Mi padre nunca creyó que estaba enfermo y anduvo sin quejarse, para que nosotras no sufriéramos.

Cuándo utilizó el consejo:
Ayer por la noche mi madre no paraba de llorar:
- Es que era muy bueno, nena, y ayudaba a todo el mundo (y ella lloraba). Nunca se quejaba (y ella lloraba). Ayudaba en casa (más lloros). Y todo el mundo le quería (hipo). Anda que no cuidó a tu abuela, y lo que le gustaba jugar con los niños…- yo por intentar frenar el dolor le dije:
- Mamá, intenta acordarte de cuándo te enfadaba, de cuando regañabais, porque así no vas a poder vivir.
- Pero es que era muy bueno con todos (doble hipo), y era muy ordenado, era generoso y respetuoso. Como tu padre no había otro nena, y muy simpático y detallista, pero bueno, no reciclaba- Lo dijo llorando- y mira que yo le puse post it con dónde iba el papel y el plástico, pero nunca acertaba. Siempre a la papelera equivocada. Y yo tenía que levantarme por las mañanas a separar la basura, las latas del papel. Porque era muy bueno, muy bueno, pero no reciclaba nada de nada.
Y por fin, nos volvió la risa. Así que estos días, cuando siento que a mi madre se le doblan las piernas, o que mi hermana está a punto de llorar, nos decimos al oído: “Pero no reciclaba ni un poquito”. Y seguimos para adelante.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, no había otro como vuestro abuelo. Voy a empezar a aprender a pelar la naranja en una sola monda y a silbar sin dedos, a ver si, poco a poco, os puedo explicar lo grande que era vuestro abuelo.

martes, 6 de septiembre de 2011

89. Si hay que creer en el Reiki, pues se cree y punto.

Terapias naturales
Esta es un frase que nunca creí que iba a oír a mi madre. Ella cree en los kiwis, en una pastora que avisa cuando se avecina tormenta, en Maldonado, el del tiempo, y a veces un poco en Santa Rita, patrona de los imposibles. Esto es por mí, que siempre he sido su imposible. Poco más. Pero una drama mamá siempre puede sorprenderte.

Cuándo utilizó el consejo:
Ayer. Mi no drama papá está malito. Muy malito. En realidad, no he estado de vacaciones. Han sido unas vacaciones del blog porque ando escasa de sentido del humor. Pues ayer por la noche estábamos en el hospital, en un día muy intenso en que parece que todo va mal, y andábamos concentrados en esa pequeña supervivencia de los hospitales. Ese trajín de turnos, viajes, noches mal dormidas, noticias, malas noticias, análisis y un sinfín de términos que nunca pensamos que tuviéramos que aprender. Y entonces llegó el señor del Reiki.
El señor del reiki es un hombre grande, con manos de pelotari y un abrazo contundente. Llegó se presentó y dijo que quería hablar con mi padre. Mi hermana que no entendía nada entró en la habitación y le preguntó a mi padre si le debía pasta a alguien, y yo fuera trataba de comprender qué hacía aquel señor allí.
Dentro de la habitación estaba mi no drama papá y uno de sus grandes amigos. Los dos comparten nombre, una afición por el buen vino y la certeza de que el reiki es un invento. Bueno, en realidad, ninguno sabía lo que era el reiki hasta ayer pero ellos son más de la energía de un buen Rioja que de conectarse a una red mundial de energía positiva. El caso es que el señor del reiki entró y nos dio una pequeña explicación. Mi no drama papá, no sé si por educación, por curiosidad o porque ese señor era muy agradable le dejó hacer. Y de repente empezamos a reírnos, todos, el amigo de padre y su mujer, porque habían oído mal y creían que estábamos haciendo reggae, mi hermana que le veía a mi padre con una piedra mágica en la mano con cara de “cómo he acabado así”, yo porque el amigo de mi padre me decía que no les dejara solos que ese hombre tenía un poder y había que tener cuidado, el novio de mi hermana que el pobre llegó tarde y no entendía que narices podía hacer el reggae y Bob Marley por mi padre. Entre broma y broma y algo de reiki, le dije al señor que todo estaba muy bien, pero que él le explicaba a mi madre qué estábamos haciendo allí cuando llegara, porque yo ya me veía tragándome la piedra mágica. Pero, no, una drama mamá siempre te sorprende.

Consecuencias:
Ya habíamos casi terminado cuando ella llegó con su termo, unos melocotones de la huerta de no sé quién, un bocata por si acaso, unos pañuelos de papel “más suaves que los que dan en el hospital que los de aquí son de lija”, un poco de flan por si mi padre estaba caprichoso, y seguro que algo más de comida que no nos cuenta, pero que podría mantener a toda la planta alimentada en caso de apocalipsis porque la habitación de mi padre huele igual que una tienda de ultramarinos. Así llegó y el señor del Reiki no tuvo que explicarle nada:
- Mire no me cuente nada, cuando yo me ido hace unas horas, lo he dejado tumbado, medio dormido y triste. Y llegó y después de tantos días, por fin nos reímos, y mire lo tranquilo que está. Así que me hago del reiki ese ya. ¿Quiere unas trufas? Tenemos unas trufas riquísimas. Coja una, y otra para el camino. ¿Y tiene hijos? Ande lléveles algunas, que el chocolate siempre viene bien.
El señor del reiki nos dio un abrazo enorme y allí nos quedamos, riéndonos como hace tiempo que no lo hacíamos, incluso mi padre:
- Hoy ha venido un cura, un psicólogo y el señor del reiki… Este hospital parece una terapia ocupacional.- Ese es mi padre.
- Ya me estáis oyendo. Ese hombre ha venido aquí y ha cobrado tres trufas por estar una hora de su tiempo con nosotros, y encima mira que bien estás. Así que no quiero yo que nadie se ría del reiki ¿Me estáis oyendo? Y si hay que creer en el Reiki, pues se cree y punto.- Esa es mi madre.

Excepciones para utilizarlo:
Todas. Futuros hijos míos, en la vida, pasan cosas así y uno acaba creyendo en el reiki sin ni siquiera saber lo que es, en el reiki o en el señor del reiki y su sentido del humor, que creo que, en realidad, fue la clave.

miércoles, 8 de junio de 2011

82. Nena, lo poco agrada, lo mucho cansa.

Janod
Y tú eres muy cansada, era la continuación del consejo.

Cuándo lo utilizaba:
Pues chica, yo llevo oyéndolo toda la vida. Soy intensita. Las cosas como son. Yo me emocionaba con una amiga nueva, y no hablaba de otra cosa.
- Nena ven a desayunar ya.
- Pues mi amiga Cristina dice que es mejor desayunar más tarde.
- Pues tú desayunas ahora porque lo digo yo.
- Pues Cristina dice que las madres no lo sabéis todo.
- Eso será la madre de Cristina. Yo sí lo sé todo. A desayunar.
- Cristina siempre desayuna cereales. Yo también quiero cereales.
- Nena, en casa desayunamos tostadas, como toda la vida, porque es lo más sano.
- Pues los cereales de Cristina tienen fibras y más cosas que las tostadas.
- Mira nena, como digas una vez más la palabra Cristina te pongo las tostadas de sombrero. ¡Qué cansada eres!

Cuando me daba por algo, pongamos los bailes regionales, era capaz de tirarme bailando la purrusalda un mes: al levantarme de la cama, en la ducha, desayunaba bailando, iba por la calle bailando.
- Nena, lo poco agrada lo mucho cansa, para ya. Que ni siquiera te sale bien.
- Por eso tengo que practicar mamá- mirad que niña más maja, más llena de ilusión.
- Pues, sí, practica, pero en clase. ¿Te parece normal estar en el autobús agarrada al palo con esa pinta de mono convulso?
- Es que con una hora no es suficiente… -una niña completamente entregada, lo dicho.
- Ni con 30 horas, nena, que tú bailarina no vas a ser, que tu más que seguir el ritmo, lo persigues- ale, a tomar por saco la ilusión-. Y para ya, que le has pisado dos veces a esa señora. Y que no te vuelva a ver bailando en la bañera, que como te abras la crisma, encima te enteras.

Siempre he sido intensa, pero a corto plazo. Luego se me pasaba rápido, y de la purrusalda me lanzaba a tocar la batería, a hacer macramé, o carpintería. Lo que fuera, pero como si no hubiera mañana. Vamos, que yo solita podría hacer el temario de cursos del CCC. He estudiado un poco de francés, poco, pero lo suficiente para andar todo el día: Je suis studiant. Mon amour. Lulu ce moi. También me dio por el italiano, lo que me tuvo un mes gesticulando con las manos y gritando por el pasillo: Mama mía, cuando arrivo a casa. Guitarra: aprendí una canción, era mi época grunge, y elegí Come as you are de Nirvana, hasta que erosioné las cuerdas y a mi madre:
- Nenaaaaa, por dios, elige otra canción, Enrique Granados, o algo de Paco de Lucía y no esa pesadez. Que son tres notas lo que tocas, que se te ve. Y todo el santo día igual.
- Pero es que no me sale la cejilla.
- Si es que te lo dije, que más que manos tienes muñones. Pero no. Tú con tus cosas. Ahora, que terminas el curso, eso te lo digo, que para algo hemos comprado la guitarra.
Hice ballet: clásico, me aburrí, funky me hice daño, flamenco algo que una niña intensa nunca debería probar, jazz lo que mejor se me daba: no hay melodía, no hay ritmo. A mi aire, vamos. Aprendí: ganchillo, punto de cruz, macramé y estuve muy pesada con el encaje de bolillos. También natación, baloncesto y sky. Y realmente, nunca pase de los tres meses en ninguna de las actividades.
Pero nada fue tan terrible como cuando me dio la pasión por el bricolaje, lo que ahora llaman el Do it your self, que en mi caso era my self y el self de mi padre. Y juntos descubrimos algo importante: compartimos el gen de la inutilidad total para las manualidades. Oye, hay gente que se tira toda la vida sin saberlo, al menos, yo lo descubrí pronto. Debo ser la única niña de España que suspendía con los trabajos que le hacía su padre. Como os lo cuento. Que yo llegaba al cole pensando: “Me van a pillar, se van a dar cuenta que esta caja para guardar cartas la ha hecho mi padre”. Pues no, suspendía, bueno, suspendíamos. Y yo llegaba a casa con mi cero y los dos nos sentábamos en el sofá a reflexionar en qué habíamos fallado:
- Habrá sido que no se puede utilizar pegamento- decía él- o igual esa esquina que no quedaba muy bien…
- Pues a mí me parece súper chula, papa, igual nos ha quedado un poco irregular, que yo he visto las de los otros niños y las cartas no se caían de dentro… Igual podemos intentarlo otra vez. ¿Voy a comprar más chapacumen?.
- De eso nada, se acabó la sierra en esta casa- esta es mi madre, por si no lo habéis notado en su entrada abrupta- llevamos un gasto en tiritas y mercromina que me han regalado un cupón en la farmacia, por no hablar de que la mesa del cuarto de la nena está serrada hasta casi la mitad. Que de verdad no lo puedo entender, si esos pelos se parten con nada y vosotros habéis conseguido entrar unos 40 centímetros en una mesa de madera maciza. Con lo que nos costó. Se acabó el bricolaje y no se hable más.
Y no se habló más.
También suspendimos dibujo técnico y pretecnología. Menudo disgusto nos llevamos. Al final, tuve que pedir ayuda a una amiga porque ya vi que el self de mi padre y el mío, me llevaban directa al fracaso escolar.

Consecuencias:
Pues sé un poco de miles de cosas, así que me hice periodista. ¿Sabéis eso de un océano de sabiduría de un centímetro de profundidad? Pues lo inventaron para mí. Puedo hablar cinco minutos de cualquier cosa. Solo cinco. Bueno, menos de manualidades, que puedo hablar dos. Pero, oye, en varios idiomas.
Segunda consecuencia: soy buenísima en el Trivial.
Tercera consecuencia: cierta falta de concentración en cualquier cosa por mucho tiempo, ahora, eso sí, yo le dedico los cinco minutos más intensos a todo. ¿Descubro el cilantro? Y pienso: "cómo he podido vivir yo sin esto". Y se lo echo a todo: ensaladas, salsas, a las tostadas del desayuno... Luego se me pasa, lo que es agradecido porque imagínate todas esas intensidades juntas y prolongadas...

Excepciones para utilizarlo:
Pues sí, futuros hijos míos, lo poco agrada y lo mucho cansa. Imaginaros que me hubiera centrado solo en una cosa, yo que sé, el punto, pues haría unos jerseys que ni Dolce & Gabanna pero a mí me parece más divertido una madre que medio sabe bailar la purrusalda, y que grita por los pasillos mama mía, y que toca Come as you are como nadie, y que conoce miles de tonterías como que los esquimales no digieren el azúcar, aunque a vuestro jersey el falte una manga, que tampoco pasa nada. Se llama jersey deconstruído y va a ser la última moda, que lo digo yo, que soy vuestra madre.

sábado, 26 de febrero de 2011

63. Hasta que no se rompa, no se compra otro.

Mi madre se ríe de la obsolescencia programada. ¿Que hacen las medias mal para que se hagan carreras? Pues ella aprende a remendarlas. ¿Que quedan fatal porque se ve como un pellizco en mitad de las rodillas? Pues a ella le importa un pimiento. Listo. Si fuera por mi madre el sistema capitalista se hubiera ido al traste hace años. Viviríamos en el Estado del Drama donde todo el mundo lleva coderas y rodilleras y todos los días se comen vainas. Vamos, el jodido paraíso.

Cuándo utilizaba el consejo:
Siempre que pedías algo, insisto, siempre.
- Mamá quiero un walkman nuevo.
- Y yo un tren eléctrico.-ahí, con esa lógica que te descompone porque empiezas a pensar: ¿un tren eléctrico? ¿para qué narices quiere ella un tren eléctrico? Te vuelves a centrar.
- eh... Bueno pues yo un walkman nuevo que este ya no rebobina.
- A ver nena, para un rato que me siento en el día y tienes que venir a incordiar. Vete a jugar con tu hermana que no la oigo, y seguro que está haciendo algo malo.
- Que no te incordio más, pero necesito un walkman nuevo.
- Mira nena, uno necesita respirar, comer, dormir y que le quieran, todo lo demás no es necesario, es un plus. Y tú ya tienes pluses de sobra, si hasta tienes unos patines, mira si andas sobrada de pluses.
- Pero mamííí...
- Ay qué pesada eres. A ver, trae ese ualman (ajá, mi madre habla inglés).  ¿Cómo se enciende?
- Con el play mami.
- A mí háblame clarito que estamos en España y somos españoles.
- Con el botón grande.
- Uy si se oye de maravilla, ¿qué andas diciendo que no funciona?
- Es que no puedo echar las canciones para atrás.
- Pues te las eschuchas todas, que eres muy fina tú.
- Pero es que la cara B está vacía.
- ¿Y por qué andas desaprovechando una cara entera? ¿Qué te crees que las cintas me las regalan? Ya estás grabando en el otro lado. Y hasta que no se rompa, no se compra otro. Habráse visto.
- Pero no puedo rebobinar...- muy pesada, lo sé, y poco intuitiva de dónde estaba el límite de su paciencia.
- Mira nena que me estás hartando, a ver si al final te tiro el ualman por la ventana y la única música que vas a oír van a ser mis gritos por soleares de par de mañana. Te coges un boli de bic y le das para atrás.
- Pero mamá...., además está como desteñido ya no se lee ni lo que pone en las teclas.
- Chsitttt, a callar ya. ¿Desgastado? Tú si que me estás desgastando. ¿Se oye no? Pues ya está bien. ¿O quieres que lo tire por la ventana? ¿y a ti detrás?
Aquí ya no hacía falta intuición y me iba a buscar un boli de bic.

Consecuencias del consejo:
He roto miles de cosas a propósito. Y ella ha conseguido reparar el 80% de ellas: ropa remendada, juguetes pegados, estuches atados con gomas, incluso una vez me arregló los frenos de una bici BH azul de tercera mano (mi prima, su hermana, y yo era la tercera mano).
Segunda consecuencia: en  mi casa la compra de esparadrapo, cinta aislante y pegamento alcanzaba cotas de mayorista.
Tercera consecuencia: éxtasis total ante las cosas nuevas. Con éxtasis me refiero: saltos, grititos, abrazos a la coso nueva que fuera (un bici, unos patines, unas botas, una tele, unca caja de galletas...).
Cuarta consecuencia: mala valoración actual de si algo está roto o no. Ejemplo: tengo una caja de música que no hace música y no cierra, tuve un coche en el que no funcionaban la radio, las ventanas, la bocina, el aire acondicionado y llevaba pegada con cinta aislante la guantera...
Quinta consecuencia: mi vida está llena de trucos. He tenido tantos objetos medio rotos que me he acostumbrado a que haya que ponerle una piedra al cable de la tele para que se pueda oír bien, pero si lo quiero ver es el dvd, tengo que quitar la piedra de la tele y poner un páquete de tabaco debajo del euroconector. Agotador.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, este consejo me lo quedo. ¡Hombre ya con tanta tontería de comprar y comprar! Más os vale que las coderas se pongan de moda. Dicho está y os voy avisando que si quéreis cambiar de canal, hay que meterle un pañuelo de papel al mando donde las pilas porque se han aflojado los muelles.

jueves, 25 de noviembre de 2010

48. Nena, búscate un hombre que no te dé mala vida.

Este es un consejo exprés que me dió ayer por la noche por teléfono a propósito del día contra la violencia de género:
- Te voy a dar un buen consejo, nena, el mejor que te pueda dar: búscate un hombre que no te dé mala vida. Me da igual que sea guapo o feo, que tenga dinero o estudios, que sea listo, o incluso que tenga un pendiente (esto lo dice por decir) Pero que te dé buena vida. ¿Me oyes nena? Tú has tenido suerte: eres alta (ser alto para mi madre es una virtud, por eso le encanta el Principe, por alto), eres muy lista, no estás enferma, eres guapa, (es mi madre, qué va a decir) tus padres te quieren y te han dado abrigo y comida, y cultura nena, porque nosotros dinero no te vamos a poder dejar, toda tu herencia va a ser tu educación. A lo que iba, tú has tenido suerte, has caído en el lado de los afortunados siempre, pero hay una cosa que no te puedo dar: eres mujer, y eso, te va colocar miles de veces en el lugar más débil. No te dejes nena, no te dejes, en serio. Así que te andas con ojo y te buscas un buen hombre, un hombre de ley, y como te levante la mano, tú me llamas, que tu padre y yo te sacamos de donde sea. ¿Me estás oyendo? No aguantes ni una, porque esa una ya te sobra. ¿A ti no te ha pegado nunca nadie un sopapo no? Dime la verdad, nena, por dios, dime la verdad.
- Claro que no mamá....
- No lo digas así que muchas mujeres que pensaron "a mí nunca", han tenido que soportar muy mala vida. Más de 60 mujeres muertas han dicho en el parte, y las que lo sufren en silencio. ¿Te lo puedes creer? Así que te andas con ojo, que tu padre y yo nos hemos esforzado mucho para que tu seas feliz, y no va a venir ningún desgraciado a ponerte la mano encima, porque vales mucho, que no se te olvide. ¿Te queda claro?

Clarísimo mamá.


Excepciones para utilizar el consejo:
Todas. Futuras hijas mías: buscaros un hombre que no os de mala vida, en serio.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

43. Las cosas hay que hacerlas en el momento.

Mi madre está mala, con jaqueca. Ella es muy de jaquecas. Y es porque se preocupa por todo. Creo que esa es la primera premisa para ser una drama mamá: que todo te angustie un poco. Y en este momento, mi madre tiene la mayor de las angustias encima: está reformando la casa. Que si se midieran las angustias como los terremotos, en mi madre una reforma es un 9 en la escala de Ritcher, el 10 es un constipado de alguna de sus hijas.
Está en plan: vamos a tirarlo todo y, eso, lo está tirando todo y también me obliga a mí. Me pasé el sábado intentando salvar cosas bajo la premisa: "Esto dentro de unos años valdrá un pastón". El típico tocadiscos que no funciona, la típica cinta original de Los Inhumanos, la típica falda de ante con agujeros... Estoy tranquila porque en 10 años voy a estar forrada ¿Os he comentado lo de la típica cinta original de Olé Olé? Lo sé, os morís de envidia.
Pero mi madre que está de vuelta de todo y que no se ha hecho rica con sus reliquias me lo dejó clarito:
- Nena, la mierda, vale lo mismo ahora que el futuro: una mierda. Así que ya me vas tirando eso.
- Pero mamá ¿tú sabes lo que va a valer dentro de unos años este teléfono móvil que pesa 6 kilos y medio?
- Nena, sí, 6 kilos y medio de mierda. Tíralo ya.
- Mamá, deja que me lo piense. Lo aparto ahí y luego decido.
- Nena, las cosas hay que hacerlas en el momento.
- Pero qué más te da después de 20 años, esperar una hora más.
- Mira nena, en mayo quise mandarle unas flores a tu tía de Málaga porque allí se celebra el Santo, no como aquí que solo tenemos el cumpleaños. En el Sur son más de festejar, eso se agradece, es por el calor. Con este frío sólo dan ganas de deprimirse. En cuanto podamos nos vamos para el Sur, te lo digo, en cuanto nos jubilemos, a tener los pies calientes todo el año ¿Te imaginas? Eso es la gran vida. Bueno, pues total que se me pasó y no le mandé flores. Me dije: pues para el cumpleaños que seguro que con 86 años le hace ilusión. Pero me dijo su hija que el día del cumpleaños no iban a estar en casa porque se la llevaban a comer pescadito. Ya ves tú, con 86 años y conservaba el apetito, eso es de personas con voluntad. Gracias a comer bien y a un vasito de vino que se tomaba en las comidas estaba tan bien, pobre mía, con lo que pasó en la guerra. Porque que sepas, que en Andalucía no hay nacionalimos porque es lo que tiene el hambre, que no te deja espacio para pensar en banderas, sólo piensas en patatas. Así que tampoco pude mandarle el ramo. ¿Qué ha pasado por no hacer las cosas en el momento? Pues ya lo sabes, que hace dos semanas se las mandé, pero para su tumba. Así que aprende nena, nunca sabes cuando todo esto se puede acabar, así que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
Mi madre me aterra a veces de tal manera, que cualquier cosa deja de tener importancia al lado de la crisis existencial en la que me sumerge: ¿Para qué guardar un movil para el futuro? El jodido el futuro no existe.

Consecuencias del consejo:
Soy vaga. Esto lo traigo puesto en los genes, que está claro que no son de mi madre. Me he pasado 31 años batallado entre mi personalidad perezosa y esa angustiante sensación de que me voy a morir en cualquier momento. Así que mi cerebro procesa con completa normalidad pensamientos como: "Tengo que estudiar,  Mejor me voy a la calle a jugar, total me voy a morir mañana". Lo que a su vez ha supuesto numerosas collejas de mi madre: "Mira nena, tú me tomas la palabra para lo que te la gana. Yo que tu me ponía a estudiar porque como no te mueras mañana y me suspendas el Inglés, vas a estar más cerca del infierno de lo que te crees".

Excepciones para utilizarlo:
En realidad tiene razón. Futuros hijos míos, las cosas hay que hacerlas en el momento. No pienso traumatizaros con una muerte inminente. Pero yo tampoco me pienso dejar engañar por el Carpe Diem.
- Nena, eso son tonterías para vagos. Lo que tu tienes que hacer es cumplir con tu obligación que es ordenar tu cuarto hoy, para que mi obligación mañana no sea castigarte. ¿Lo has entendido? Pues, ale, menos literatura y más acción".

miércoles, 18 de agosto de 2010

29. Quien tiende bien, plancha la mitad.

Lo tengo que reconocer: mi madre tiene razón. Un gran consejo. Estupendo. Pura sabiduría de madre.  Una verdad como un templo. Si no te gusta planchar... Bueno, ¿a qué clase de persona le puede gustar planchar? Mi madre, que tiene su casa limpia, pero limpia tipo: en esta casa no hay atmósfera por eso no hay ni una motita de polvo, odia planchar. Y tiene ese truco. Un buen truco. Vale, dejo de insistir pero es que los buenos consejos de mi madre los paladeo con placer.

Matizaciones malas a un buen consejo:
Mi madre lo plancha todo.
- Por supuesto, que lás sábanas se planchan, y ¿ si te pones mala y tiene que venir el médico a casa? Imagínate la vergüenza si están arrugadas. Nena, las sábanas se planchan.
- Las toallas también se planchan, nena, ¿cómo no se van a planchar? Es que tienes unas cosas. ¿Y si viene algún invitado a casa y las ve todas arrugadas en el baño, qué a pensar de ti? Pues que eres una sucia y eso no, ¿me has oído? De una hija mía nadie va a decir que es sucia, antes me borro como madre.
- Ay nena, y ya que estás, no te cuesta nada darles un planchado a los calcetines, que quedan mejor tú hazme caso, y si alguien abre el cajón de los calcetines pues pensará: Pero qué chica más limpia.
- Pero mamá, quién narices va a abrir mi cajón de los calcetines.
-Nunca se sabe, nena, tú por si acaso dales una planchada. Y, por favor, no digas narices, que queda  vulgar.

Para mi madre, la limpieza es LA virtud, sin lugar a dudas lo mejor que se puede decir de alguien. Puedes saber si una persona le ha impresionado porque dice: "He conocido a la hija de Pili, ay muy mona, muy estilosa, es médico, trabaja en una ONG, pero sobre todo es que tiene una pinta de limpia". Mi madre vio a Obama y dijo: "Me gusta ese chico, tiene pinta de muy limpio". Tú estudia años, una dura carrera política, sé el primer presidente negro de Estados Unidos y nada de eso valdrá tanto como que lleves los calcetines planchados.

Excepciones para utilizar el consejo (en realidad, variación del consejo):
Futuros hijos míos: quien tiende bien, plancha la mitad. Una buena sacudida y bien colgada, y no habrá que planchar.
Segundo consejo: existen tejidos que no hace falta planchar, compraros toda la ropa de ellos. A excepción de la licra, hijos, la licra sólo se admite en un bañador y con mucho, mucho, cuidado.
No perdáis tiempo planchando: sábanas, toallas, bragas, calcetines, paños de cocina, y la mayoría de las camisetas y pantalones. Si alguien dice que sois unos sucios por no planchar los calcetines no pasa nada, el problema es suyo. Conoceréis más gente. Si es vuestra suegra, estáis jodidos.

lunes, 26 de julio de 2010

24. Que no te pillen

"Nena, sobre todo que no te pillen". Lo he pensado durante años, y este es un buen consejo. Es más, es un consejo poco propio para una madre, y menos para la mía. Pero me gusta.

Cuándo utilizaba el consejo:
Aquí está el truco. Siempre detrás de una interminable lista de terroríficos consejos:
- No copies en los exámenes, Dios te castigará con su furia. Y si copias, que no te pillen nena.
- No mientas, y si mientes que no te pillen. Aunque ya te digo que antes se pilla a un metiroso que a un cojo.
- No robes, se te caerás las manos, pero si robas, que no te pillen.
- No bebas alcohol, y si bebes, que no te pille yo, nena, porque como te pille, te vas a enterar. ¿Has oído, nena?
Sí. Con mi madre, hay que saber leer entre líneas: la furia de Dios, se te caerán las manos... Pero, oye, ahí está el buen consejo: que no te pillen.

Consecuencias del consejo:
Soy capaz de aguantar la mirada mientras meto la bola más grande del mundo. Después de que me pillara en varias ocasiones (y de que me enterara más que de sobra), puedo asegurar que yo paso el polígrafo diciendo que un día vi una vaca volar y que los cerdos hacen mu. Y tan pancha. Adaptación al medio, me parece que lo llaman. Aunque yo lo definiría como supervencia pura y dura.

Excepciones para utilizar el consejo:
Pues oye, este me lo quedo. Futuros hijos míos, en muchas ocasiones, la clave va a estar en que no os pille. Así son las cosas. Podría ir de madre enrollada pero no me va a salir, yo he tenido un madre que me obligaba a merendar lentejas, me hacía limpiar los interruptores de la luz, y me asustaba diciendo que se me iban a pegar las tripas si me tragaba un chicle. Y todo eso, imprime carácter. Así que vamos a dejarlo en que seré feliz si no os pillo. No os quejéis, por lo menos no mando la furia de Dios sobre vosotros.