Seguimos con los post educados. Hoy con documento gráfico, que sé que os gusta. Ya os he dicho más de una vez que soy muy educadita. A la fuerza, ahorcan.
Cuándo utilizó el consejo:
Este consejo se conjuga en presente, pasado y futuro. Es decir, cuando utilizó, utiliza y utilizará el consejo: siempre. ¿La última vez? La semana pasada. Acabamos de volver de una pequeña escapada: la drama mamá, mi hermana, mi novio (lo sé, un valiente) y yo. Nos hemos ido al mar, a ver si la animábamos un poco. No ha funcionado. Pero a cambio he tenido una intensa inspiración para el blog y algún pequeño momento de buen humor. Como éste.
La imagen es la nota que la drama mamá le dejó a la chica que limpiaba la habitación del hotel. Ajá. Vamos por partes, la drama mamá buscó el nombre de la chica, Diana. Ay, Diana, tantos años de profesión y aún te llevas sorpresas ¿eh? Y a falta de post it, pilló la nota con la pantalla de la tele con el siguiente mensaje: "¡Buenos días Diana! (ya os dije que ella es muy risueña) Por favor (aquí está la clave) deje abiertas las cortinas para que dé el sol en la habitación (ella es muy friolera también). ¡Gracias! (y muy, muy educada)".
Mi hermana se moría de vergüenza. Yo me moría de risa. Mi novio no entendía nada: “¿Pero de qué conoce tu madre a la chica que limpia?”.
- Mamá, de verdad, lo de la nota es mucho. ¿Tú qué crees que va a pensar esa mujer?
- Uy, pues qué va a pensar, que hace frío. Y que así el sol calentará la habitación. Que ya ves tú, un 4 estrellas sin calefacción. Esto pasa en todos los sitios de calor, que se creen que aquí no refresca. Pues no he pasado yo más frío en Málaga que en cualquier pueblo del norte. Que 15 grados, son 15 grados, por mucho sol que tengan en verano. Una nota de reclamación es lo que teníamos que poner. Que Diana no tendrá ninguna culpa. Seguro que la mujer tiene que trabajar abrigada, porque en esta habitación se te queda la nariz fría y eso es muy malo para las anginas.
- ¿De verdad que no te parece un poco raro?
- Tú sí que eres rara. Que no le estoy pidiendo que haga mejor el baño, que mira que también se lo podía pedir porque el pie del lavabo también se limpia, pero bastante tendrá esa mujer con tanta habitación y encima con frío. Nena, se dice por favor y ya está. El por favor es la clave.
Consecuencias del consejo:
Más vergüenza en el pasillo por parte de mi hermana, más incredulidad por parte de mi novio y yo casi me meo encima. No va mi madre y para a una mujer de la limpieza y le dice sin dejarle ni contestar:
- ¿Eres Diana no? O bueno, tú se lo dices a Diana. Nada, chica, que he dejado una nota. Que si es posible, nos dejen abiertas las cortinas, por favor, que le dé un poco el sol al cuarto, que hace un frío que pela. Y usted debería abrigarse un poco más, que se pueden coger unos catarros muy malos en esta época. Lo mejor es llevar bien abrigada la cabeza, que por ahí se escapada todo el calor. Bueno, pues muchas gracias, y que tenga un buen día.
Y allí se quedó Diana (o no) sonriendo, mientras mi hermana tiraba de la manga de mi madre y yo me encogía a punto de mearme encima. Yo creo que sonreía por amabilidad, porque Diana tenía cara de africana y también de no entender ni papa de español. Esto lo tuvimos claro cuando volvimos por la noche, y ella no solo dejó las cortinas abiertas sino también las puertas de la terraza de par en par. O no entendió a mi madre o Diana tenía mucha mala leche…
- Pues no ha funcionado el por favor mamá…- yo es que no sé cuándo callarme.
- Ni tampoco han funcionado todos los años de educación que te hemos dado, y no ando quejándome todo el rato- pero ella siempre sabe callarme, siempre.
Segunda consecuencia: pasé una infancia dubitativa, pendiente de un hilo porque delante de gente, ella me decía:
- Nena, ¿qué se dice?
No vamos a incidir mucho en el tema porque ya hemos hablado con anterioridad de que yo muy despierta no era. El caso es que yo entraba en uno de los dilemas existenciales de todo niño: ¿Qué coño se dice? Allí estaba yo, ante el vacío del universo, la eterna pregunta, pensando: “¿Por favor o gracias? Una de dos. Cincuenta por ciento. Tan difícil no puede ser. ¿Pero cuál? Ay el abismo... Dios sácame de esta y prometo comer bien el mes que viene, todo lo que me pongan. Bueno, la semana que viene… Al menos las cenas… O casi todo…”
- Nena, que qué se dice, que te quedas atontada.
- ¿Gracias?
- ¿Cómo que gracias? ¿Cómo se va a decir gracias por pedir una piruleta? Se dice por favor. ¿Pero qué habremos hecho mal nosotros?
Excepciones para utilizarlo:
Hombre, se dice por favor. Las cosas como son aunque Diana no entendiera la clave. Futuros hijos míos, éste consejo nos lo quedamos. Aunque trataré de no haceros pasar constantemente por ese dilema desolador: ¿era por favor o gracias? Que bastante vais a tener con derecha o izquierda. No os digo más que yo todavía tengo que hacer el gesto de escribir para saber cuál es cuál. Lo dicho, poco despierta, pero educada. Eso sí.
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
viernes, 20 de mayo de 2011
79. Nena, yo no corrí delante de los grises para que tú te quedes en casa.
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| http://mundoturistico.es/ |
Cuándo lo ha utilizado:
Pues hace escasos momentos, por teléfono.
- ¿Dónde estás?- ésta es ella.
- En casa mamá.- ésta soy yo, por si no me conocéis todavía.
- ¿Y qué haces ahí?
- Pues… aquí con el ordenador.
- Muy bonito nena, muy bonito. O sea, miles de personas en Sol, y tú en casa con el ordenador, que yo no sé qué haces tanta horas con el ordenador. ¿Pero yo a ti qué te he enseñado? Te vistes y te vas ahora mismo. Yo pienso ir mañana a la manifestación, bueno, que no es una manifestación, que no nos oigan (como si la Junta electoral le tuviera pinchado el teléfono a mi madre). Voy a ir a reflexionar con los jóvenes. Eso, a reflexionar. Ya ves tú, que corrimos delante de los grises para que vengan ahora a decir que la democracia no permite la manifestación porque hay elecciones. Con lo que nos costó la democracia. Nena, yo no entiendo nada. Te digo que no entiendo nada. Ahora, que este domingo se van a enterar. Voy a votar a mala leche (que yo me pregunto cómo se hará eso) ¿Te estás vistiendo ya?
- Pues no mamá, estoy hablando contigo. Además voy a ir mañana.
- No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy (cuña educativa). Bueno, tú vete pero no te metas en el cogollo ¿eh? Que no quiero un disgusto. Tú, por los bordes. No te metas en un lío, que te conozco. Porque en cualquier momento la gente se enfada y monta un follón. Con razón se enfadan ¡corcho! (Esto es que está súper disgustada, porque corcho es su versión de ¡coño!). Pues eso iremos a reflexionar todos, a reflexionar la panda de chorizos que nos gobiernan. Ay… Si tu abuelo estuviera vivo. Con lo que luchamos por esto, para que se quede en nada. Hoy salían en la tele creo que los de la Clesa, una mujer que había tenido que devolver el cargo de la hipoteca, y solo le quedan cinco años para pagar la casa. ¡Cinco nena! Y la va a perder. Como no le paguen la pierde. Que no me creo que los dueños de Clesa vayan a perder su casa, eso seguro que no. ¿Estás ahí?
- Sí mamá estoy aquí.
- Pues en Sol deberías estar. Nena, que yo ya lo tengo todo hecho pero a ti te queda mucho y a tus hijos, que ya estás en edad de ser madre (otra cuña), les queda más. Y con esta panda… Mira, si yo fuera presidenta (mi madre esto lo dice mucho y a mí me da terror) los bancos las iban a pasar canutas. Es que somos tontos. Les damos nuestro dinero y nos cobran por todo. Eso se iba a acabar. Bueno, bueno, y qué es eso de echar a la gente sin ton ni son. Te digo que yo iba a llenar las cárceles de políticos y empresarios. Y sin que me temblara el pulso. ¿Me oyes?
- Sí mamá.
- Pues escúchame bien. ¿Que un político roba? Pues no se puede dedicar nunca más a un trabajo público, pero nunca nunca, ni a barrendero. ¿Qué un banquero roba? Pues no puede ser responsable de un negocio nunca. A trabajar para otros. Pero trabajar de verdad. No eso que hacen ellos. A levantarse a las 7 y meterse a dormir a las 12 reventados, como todo hijo de vecino. Ya vas a ver como se lo pensaban antes de robar y ya vas a ver como querían jubilarse a los 65. Menos lemas y menos campañas, y menos fotos con niños y más acción. Que esto nos ha costado mucho a todos. Así que mañana vas, y grita fuerte, o bueno, reflexiona fuerte. Lo que sea, que yo no corrí delante de los grises para que tú te quedes en casa. Y llévate un gorro (cuña), que he oído en el parte que va a hacer sol, no vayas a coger una insolación, que vomitar se te da mal. Y te llevas una chaqueta (súper cuña), que luego por la noche refresca, no te vayas a enfriar y tengamos un disgusto. Y por los bordes, nena, por los bordes, que en los bordes también se reflexiona.
Ella es pro revolución, pero sin catarros ni riesgos.
Consecuencias del consejo:
Pues chico, yo andaba como desganada, que ya no me creo nada y me ha puesto cuerpo de revolución.
Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, que yo no estuve reflexionando en el movimiento 15 M para que vosotros os quedéis en casa. Ale, a la calle, y llevaros una chaqueta, que nunca se sabe.
domingo, 27 de marzo de 2011
70. Las marcas son un invento para cobrar el doble por la misma leche.
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| elotrolado.net |
- Es igual, igual nena, que te quejas por todo. Pero si es gris también, además trae montones de juegos, y la original solo uno, y cada cartucho es carísimo. Ahora, tú ya los tienes todos, y trae pistola para los patos, que me lo ha dicho el vendedor, que es igual, igual, pero más barata.
Y así con todo. Tuve unas Jota Jaiber, tal cual, unas Nike, que no eran Nike, unos Levis que parecían Levis, pero no, no eran Leviss. Todo era un “casi” pero no.
Cuando utilizaba el consejo:
Siempre que le pedías algo bajo el concepto “marca”. Que no os vayáis a pensar que pedíamos un Louis Vuitton, no, a mi madre la leche Kaiku le parecía una marca y era suficiente motivo para no comprarla. Ella pensaba que si nos habituábamos a algún producto en concreto, íbamos a ser unas niñas caprichosas el resto de nuestras vidas. Y tuvo una técnica en concreto que desmontó todas las peticiones.
- Mami, a mí no me gusta esta leche, sabe muy fuerte. Prefiero la Kaiku.
- Todas las leches son leches, y lo del nombre es tontería. Las marcas son un invento para cobrar el doble por la misma leche. Y yo no voy a ser la que pague más, así te lo digo, nena, que no estamos para derrochar.
- Pero, mami, que yo le noto otro sabor y además esta hace una nata que me da arcadas.
- Nena, a ti el aire te da arcadas. La Kaiku es más cara, solo por el nombre así que te tomas esa y punto.
Y yo vomitaba. Soy así, si me concentro puedo vomitar. Ese es mi don. No sirve para mucho, la verdad, pero tampoco lo elegí yo. Así que comenzó su técnica: “Si no me crees, me vas a creer, vamos que si me vas a creer”. Compró una botella de Kaiku y la estuvo rellenando con la leche de oferta cada día. Sí, mi madre tiene mucha paciencia y mucha mala idea, de eso también tiene. Y pasado el mes, ahí me estaba esperando, con toda su mala idea:
- Que bien te tomas esa leche, ¿eh?, nena- ella tranquila, relajada, fregando los platos.
- Sí, es que está me gusta mucho- imbécil, imbécil, imbécil.
- Y no te da ni un poco de arcadas, ¿eh?- ella fregando un vaso, feliz, triunfal.
- Ni una mami, porque no tiene nata- imbécil, imbécil, imbécil.
- Claro, claro, es que tienes un paladar muy sensible…- ya está a punto. Yo notaba algo, tanta felicidad no le pegaba.
- No sé, mami, es que esta leche está más buena.- muy imbécil, muy imbécil, muy imbécil.
- ¡Más buena! ¡Más buena te voy a dar yo a ti! Mira nena, esa leche es la de oferta, que te llevo un mes rellenando la botella de Kaiku. ¿Me oyes? Y como tus has dicho, ni una arcada. Sí, sí, como lo oyes. Mucha tontería es lo que tú tienes, que llevas un mes tomándotela tan tranquila. Así que ya lo sabes, a partir de ahora, leche de oferta y no quiero oír una arcada porque te enteras.
Y yo del susto vomitaba. Ya lo he dicho, es un don.
Consecuencias del consejo:
Desconfianza total de lo que comía. Además del episodio de la leche, hizo lo mismo con el Colacao, el chocolate Milka, el pan Bimbo… Compraba uno de la marca, lo rellenaba con el de oferta, nos lo hacía comer un tiempo, y luego, tachán: nos llamaba imbéciles y volvíamos al de oferta a cara descubierta. Y sí, mi hermana y yo muy despiertas no éramos.
Segunda consecuencia: mi recuerdo de algunos productos, probablemente sea equivocado porque una vez comí Nocilla pero el resto, a saber.
Tercera consecuencia: no le tengo fe a mi paladar. No sé si las cosas me gustan realmente. Si pruebo un vino que me gusta pienso: lo mismo si me lo dan en otra botella, me gustaría más. Así que vivo desnortada, me da lo mismo Nocilla que Nutella, Rioja que Ribera…, no tengo criterio.
Cuarta consecuencia: si alguien me pregunta “¿Te ha gustado el solomillo?”. Pues no sé qué decir, porque creo que es una pregunta trampa. “Y si no era solomillo, igual no era solomillo, igual estaba malo, o bueno, o igual es el mejor solomillo del mundo”. ¡Por dios! Y me dan ganas de vomitar.
Quinta consecuencia: una tía mía me regaló una vez unos pantalones Bonaventure de verdad, con su piedra azul en el botón y sus chapitas en el culo. Los llevé puestos hasta que se desintegraron, porque aquellos vaqueros no se desgastaron, no, llegó un día que volatilizaron del uso y aquel día yo fui la niña más infeliz del mundo sabiendo que volvía a los Levis que no eran Levis, porque la leche será leche, pero tú sabes que no llevas unos Levis de verdad, y tus amigas también.
Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos: la leche es leche. Lo siento pero este consejo me lo quedo. No tendré mucho criterio para elegir vinos pero me he ahorrado un dineral a lo largo de mi vida comprando de oferta y con la total tranquilidad de que no me perdía nada, sobre todo eso. Y como os pongáis tontos, prometo tener la misma paciencia que mi madre, y también, la mala idea. Dicho está.
jueves, 25 de noviembre de 2010
48. Nena, búscate un hombre que no te dé mala vida.
Este es un consejo exprés que me dió ayer por la noche por teléfono a propósito del día contra la violencia de género:
- Te voy a dar un buen consejo, nena, el mejor que te pueda dar: búscate un hombre que no te dé mala vida. Me da igual que sea guapo o feo, que tenga dinero o estudios, que sea listo, o incluso que tenga un pendiente (esto lo dice por decir) Pero que te dé buena vida. ¿Me oyes nena? Tú has tenido suerte: eres alta (ser alto para mi madre es una virtud, por eso le encanta el Principe, por alto), eres muy lista, no estás enferma, eres guapa, (es mi madre, qué va a decir) tus padres te quieren y te han dado abrigo y comida, y cultura nena, porque nosotros dinero no te vamos a poder dejar, toda tu herencia va a ser tu educación. A lo que iba, tú has tenido suerte, has caído en el lado de los afortunados siempre, pero hay una cosa que no te puedo dar: eres mujer, y eso, te va colocar miles de veces en el lugar más débil. No te dejes nena, no te dejes, en serio. Así que te andas con ojo y te buscas un buen hombre, un hombre de ley, y como te levante la mano, tú me llamas, que tu padre y yo te sacamos de donde sea. ¿Me estás oyendo? No aguantes ni una, porque esa una ya te sobra. ¿A ti no te ha pegado nunca nadie un sopapo no? Dime la verdad, nena, por dios, dime la verdad.
- Claro que no mamá....
- No lo digas así que muchas mujeres que pensaron "a mí nunca", han tenido que soportar muy mala vida. Más de 60 mujeres muertas han dicho en el parte, y las que lo sufren en silencio. ¿Te lo puedes creer? Así que te andas con ojo, que tu padre y yo nos hemos esforzado mucho para que tu seas feliz, y no va a venir ningún desgraciado a ponerte la mano encima, porque vales mucho, que no se te olvide. ¿Te queda claro?
Clarísimo mamá.
Excepciones para utilizar el consejo:
Todas. Futuras hijas mías: buscaros un hombre que no os de mala vida, en serio.
- Te voy a dar un buen consejo, nena, el mejor que te pueda dar: búscate un hombre que no te dé mala vida. Me da igual que sea guapo o feo, que tenga dinero o estudios, que sea listo, o incluso que tenga un pendiente (esto lo dice por decir) Pero que te dé buena vida. ¿Me oyes nena? Tú has tenido suerte: eres alta (ser alto para mi madre es una virtud, por eso le encanta el Principe, por alto), eres muy lista, no estás enferma, eres guapa, (es mi madre, qué va a decir) tus padres te quieren y te han dado abrigo y comida, y cultura nena, porque nosotros dinero no te vamos a poder dejar, toda tu herencia va a ser tu educación. A lo que iba, tú has tenido suerte, has caído en el lado de los afortunados siempre, pero hay una cosa que no te puedo dar: eres mujer, y eso, te va colocar miles de veces en el lugar más débil. No te dejes nena, no te dejes, en serio. Así que te andas con ojo y te buscas un buen hombre, un hombre de ley, y como te levante la mano, tú me llamas, que tu padre y yo te sacamos de donde sea. ¿Me estás oyendo? No aguantes ni una, porque esa una ya te sobra. ¿A ti no te ha pegado nunca nadie un sopapo no? Dime la verdad, nena, por dios, dime la verdad.
- Claro que no mamá....
- No lo digas así que muchas mujeres que pensaron "a mí nunca", han tenido que soportar muy mala vida. Más de 60 mujeres muertas han dicho en el parte, y las que lo sufren en silencio. ¿Te lo puedes creer? Así que te andas con ojo, que tu padre y yo nos hemos esforzado mucho para que tu seas feliz, y no va a venir ningún desgraciado a ponerte la mano encima, porque vales mucho, que no se te olvide. ¿Te queda claro?
Clarísimo mamá.
Excepciones para utilizar el consejo:
Todas. Futuras hijas mías: buscaros un hombre que no os de mala vida, en serio.
lunes, 26 de julio de 2010
24. Que no te pillen
"Nena, sobre todo que no te pillen". Lo he pensado durante años, y este es un buen consejo. Es más, es un consejo poco propio para una madre, y menos para la mía. Pero me gusta.
Cuándo utilizaba el consejo:
Aquí está el truco. Siempre detrás de una interminable lista de terroríficos consejos:
- No copies en los exámenes, Dios te castigará con su furia. Y si copias, que no te pillen nena.
- No mientas, y si mientes que no te pillen. Aunque ya te digo que antes se pilla a un metiroso que a un cojo.
- No robes, se te caerás las manos, pero si robas, que no te pillen.
- No bebas alcohol, y si bebes, que no te pille yo, nena, porque como te pille, te vas a enterar. ¿Has oído, nena?
Sí. Con mi madre, hay que saber leer entre líneas: la furia de Dios, se te caerán las manos... Pero, oye, ahí está el buen consejo: que no te pillen.
Consecuencias del consejo:
Soy capaz de aguantar la mirada mientras meto la bola más grande del mundo. Después de que me pillara en varias ocasiones (y de que me enterara más que de sobra), puedo asegurar que yo paso el polígrafo diciendo que un día vi una vaca volar y que los cerdos hacen mu. Y tan pancha. Adaptación al medio, me parece que lo llaman. Aunque yo lo definiría como supervencia pura y dura.
Excepciones para utilizar el consejo:
Pues oye, este me lo quedo. Futuros hijos míos, en muchas ocasiones, la clave va a estar en que no os pille. Así son las cosas. Podría ir de madre enrollada pero no me va a salir, yo he tenido un madre que me obligaba a merendar lentejas, me hacía limpiar los interruptores de la luz, y me asustaba diciendo que se me iban a pegar las tripas si me tragaba un chicle. Y todo eso, imprime carácter. Así que vamos a dejarlo en que seré feliz si no os pillo. No os quejéis, por lo menos no mando la furia de Dios sobre vosotros.
Cuándo utilizaba el consejo:
Aquí está el truco. Siempre detrás de una interminable lista de terroríficos consejos:
- No copies en los exámenes, Dios te castigará con su furia. Y si copias, que no te pillen nena.
- No mientas, y si mientes que no te pillen. Aunque ya te digo que antes se pilla a un metiroso que a un cojo.
- No robes, se te caerás las manos, pero si robas, que no te pillen.
- No bebas alcohol, y si bebes, que no te pille yo, nena, porque como te pille, te vas a enterar. ¿Has oído, nena?
Sí. Con mi madre, hay que saber leer entre líneas: la furia de Dios, se te caerán las manos... Pero, oye, ahí está el buen consejo: que no te pillen.
Consecuencias del consejo:
Soy capaz de aguantar la mirada mientras meto la bola más grande del mundo. Después de que me pillara en varias ocasiones (y de que me enterara más que de sobra), puedo asegurar que yo paso el polígrafo diciendo que un día vi una vaca volar y que los cerdos hacen mu. Y tan pancha. Adaptación al medio, me parece que lo llaman. Aunque yo lo definiría como supervencia pura y dura.
Excepciones para utilizar el consejo:
Pues oye, este me lo quedo. Futuros hijos míos, en muchas ocasiones, la clave va a estar en que no os pille. Así son las cosas. Podría ir de madre enrollada pero no me va a salir, yo he tenido un madre que me obligaba a merendar lentejas, me hacía limpiar los interruptores de la luz, y me asustaba diciendo que se me iban a pegar las tripas si me tragaba un chicle. Y todo eso, imprime carácter. Así que vamos a dejarlo en que seré feliz si no os pillo. No os quejéis, por lo menos no mando la furia de Dios sobre vosotros.
lunes, 21 de junio de 2010
16. Si no te lo comes para cenar, pues para desayunar
Debo ser la persona que más veces ha desayunado pescado en este país. ¿Y tostadas? Pues creó que un par de veces sí desayuné tostadas, el resto besugo, merluza, gallo, salchichas los días buenos... Sí, mi madre no tenía misericordia. Yo era mala comedora. Mala, mala. Me gustaba la leche y los yogures, y ya. En serio, no me gustaba nada más. De calcio iba sobrada pero del resto mejor ni hablar. Así que mi madre, con una infinita paciencia al principio y sin paciencia ninguna después, lo probó todo:
- Primer intento: obligarme. Pero me adapto fácil al medio. Aprendí a lanzar la comida por la ventana, detrás de los radiadores, vaciaba una muñeca y le metía la comida dentro hasta que se pudrió, y sobre todo, aprendí que mi hermana pequeña se lo comía todo. Le daba igual: alubias, carne, acelgas, espinacas. La tía no tenía fondo. Hasta que la endoncrina preocupada por su aumento de peso encontró la causa y el fondo: una hermana raquítica que la cebaba cada vez que mi madre se daba la vuelta.
- Siguiente intento: un pediatra "moderno" (como cuenta mi madre) le dijo que me dejara comer cuando quisiera, que de hambre no iba a morir. Pero el señor pediatra no me conocía. Acabé ingresada de urgencia con una anemia de impresión. "Mira nena, si llego a coger en aquel momento al pediatra ese... No veas cómo me miraban en el hospital los médicos, como si fuera una mala madre, ¡yo! ¡una mala madre! Mira, que me fui a su consulta y se lo dije: Menos moderneces señor, que casi se me muere la niña de desnutrición. Y me aguanté las ganas de meterle un sopapo. Porque era mayor, si llega a ser más joven le meto un sopapo. Así te lo digo nena". Me lo creo, mamá.
- Tercer intento: por mis muertos que tú comes. Esta fue la peor etapa. Primero el embudo. En serio. Me daban de comer con un embudo. Hacían todo un puré y allá que iba, libre por mi garganta. Y ahí se ve que empecé a transigir (vamos, no me quedaba otra opción) y llegó el "Si no te lo comes para cenar, pues para desayunar". Y oye, otra cosa no pero cumplidora mi madre es un rato. He desayunado pescado, he comido cereales y zumo de naranja, merendado bocata de lentejas, y cenado sandwich de nocilla. Así, en bucle durante años.
Consecuencias:
- Nunca sé qué toca comer a qué hora. No tengo criterio. Un cordero me parece poco para cenar y un par de aceitunas y un café, suficiente para comer. Soy capaz de cenar sólo chocolate y de merendar un plato de pasta. Pues eso, sin criterio.
- Odio a Baltasar. Un 5 de enero, harta mi madre de que no comiera las lentejas, y con toda la familia en el portal esperándome para ir a la cabalgata, me las puso entre pan y pan. Estábamos allí, esperando a los Reyes, yo chupando aquel asqueroso bocata de lentejas frías, y mi madre metiéndome codazos para que me lo comiera, cuando el simpático y super mágico y super poderoso Baltasar (hasta aquel momento) se acerca y me dice:
- Huy esta niña que agusto se está comiedo el bocadillo. Se ve que está muy rico. Así seguro que le traemos buenos regalos.
Pues sí, los Reyes lo saben todo, todo. Menuda mierda de mago de pensé. Y desde entonces le tengo tirria.
Excepciones para utilizarlo:
Como a mis futuros hijos sólo les gusten la leche y los yogures, están jodidos, porque van a desayunar pescado seguro. Quitando mi desorden horario como de todo. Bueno casi, casi.
lunes, 7 de junio de 2010
10. Como tenga que ir yo...
Ay, este consejo de mi madre me produce nostalgia. Básicamente, era un consejo muy, muy práctico porque si ella venía... Os podéis imaginar.
Cuando lo utilizaba:
Constantemente:
Si oía que mi hermana y yo peleábamos.
Si oía bullicio.
Si no nos oía.
Si nos había mandado a por algo y no volvíamos.
Y sobre todo, si nos llamaba a comer. Después de 10 gritos de se oía eso de: "Como tenga que ir yo..." Mira, era oirlo y era como si un resorte nos pusiera de pie, en guardia, todos los sentidos al tanto, y a obedecer. Vamos, lo que viene siendo puro miedo.
Consecuencias del consejo:
Nada graves. Cierta nostalgia de que ya no viene con tanta frecuencia. Aunque a veces viene incluso con 31 años.
Excepciones para utilizarlo:
Cuando me de la gana. Me gusta este consejo. Es más, estoy deseando tener hijos para decirlo porque como yo vaya...
Variante del consejo:
No era una frase, era la zapatilla con efecto. Estabas tan tranquila, peleando con tu hermana, un par de tortas, un pellizco, un porquito de preshing cacth, lo típico,... Y sin saber cómo ni de dónde, aparecía la zapatilla voladora, con esa suela de goma que picaba cosa mala. Afortunados aquellos que su madre era alta y no utilizaba cuña en las zapatillas de andar por casa, porque aquello era terrible. Incluso si conseguías escapar por el pasillo, y te creías a salvo (infeliz), la zapatilla giraba contigo. Sólo las madres saben lanzar zapatillas con efecto.
Cuando lo utilizaba:
Constantemente:
Si oía que mi hermana y yo peleábamos.
Si oía bullicio.
Si no nos oía.
Si nos había mandado a por algo y no volvíamos.
Y sobre todo, si nos llamaba a comer. Después de 10 gritos de se oía eso de: "Como tenga que ir yo..." Mira, era oirlo y era como si un resorte nos pusiera de pie, en guardia, todos los sentidos al tanto, y a obedecer. Vamos, lo que viene siendo puro miedo.
Consecuencias del consejo:
Nada graves. Cierta nostalgia de que ya no viene con tanta frecuencia. Aunque a veces viene incluso con 31 años.
Excepciones para utilizarlo:
Cuando me de la gana. Me gusta este consejo. Es más, estoy deseando tener hijos para decirlo porque como yo vaya...
Variante del consejo:
No era una frase, era la zapatilla con efecto. Estabas tan tranquila, peleando con tu hermana, un par de tortas, un pellizco, un porquito de preshing cacth, lo típico,... Y sin saber cómo ni de dónde, aparecía la zapatilla voladora, con esa suela de goma que picaba cosa mala. Afortunados aquellos que su madre era alta y no utilizaba cuña en las zapatillas de andar por casa, porque aquello era terrible. Incluso si conseguías escapar por el pasillo, y te creías a salvo (infeliz), la zapatilla giraba contigo. Sólo las madres saben lanzar zapatillas con efecto.
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