martes, 26 de abril de 2011

75. No me, no me, que te, que te…

Esa rimilla que podía ser una canción infantil y sin embargo era el terror de mi infancia. Esta frase era puro misterio. ¿Cómo sería el final? Siempre quedaba inconclusa porque había que ser un niño muy tonto para preguntarle a tu madre cómo terminaba. Pero que muy tonto. Uno se lo podía imaginar perfectamente gracias a sus sutiles pistas: sus ojos teñidos de ira, sus cejas apuntándote como si fueran a lanzar un proyectil, la vena que le surcaba la frente… Las típicas pistas de: nena cállate y, si el pánico te deja, corre.

Cuándo lo utilizaba:
Cuando le había sacado de quicio. Es decir, con bastante frecuencia. Un ejemplo práctico. El día de mi comunión. Yo con mi vestido de princesa, feliz. Por primera vez me había librado de los disfraces de doña Rogelia, judío ortodoxo, de basura… Por fin era una niña princesa, pero… En mi vida siempre ha habido un pero y éste era que mi hermana tenía que usar 4 años después el mismo vestido para su comunión:
- Nena, ¿tú sabes lo que vale ese vestido? Ni el mío de novia valía tanto. Así que lo cuidas bien, te lo pones para la ceremonia, y después de las fotos, te cambiamos por uno que me ha dejado tu tía que es muy mono, con un babero, y que está casi nuevo.
- Mami, pero es que ese es un vestido normal normal, y yo quiero ir de princesa para siempre. Ya no me voy a quitar éste nunca más en mi vida.
- De eso nada, que tiene que durar para tu hermana y para tu prima también. Y luego a guardar, que vale un dineral. Y no quiero oír una palabra más.
El caso es que el día D, mi madre estaba tan nerviosa atendiendo a todo el mundo que se dejó el plan B en casa y se llevó un gran disgusto. Aunque yo conseguí aumentarle el disgusto un poco más. Así era yo, una niña entregada. Ahora que fue un disgusto boomerang, vamos, que me vino de vuelta.
- Nena, te quedas en tu sitio sentada toda la comida, y ponte bien de servilletas, que siempre te manchas, que no sé si tienes un labio roto o qué, y no cruces los brazos que se arruga el vestido.
- Jo mami pero es un rollo, yo quiero estrenar los patines.
- ¿Rollo? ¿Qué crees que va a pensar el niño dios si el día de tu comunión me desobedeces? Ay… que paciencia. Te quedas ahí quieta y que yo te vea. Y siéntate recta que no eres un mono.
Se ve que por la adrenalina del día, es decir, porque me habían regalado una bici, un organillo, una tele (sí, la primera tele que entró en mi casa), un reloj, una muñeca y unos patines, yo pensé: “¿Qué puede pasar? Si solo voy a probarme los patines un poquito, luego me los quito y nadie se va a enterar”. Esa soy yo, una niña llena de optimismo. El caso es que en uno de los viajes al baño, me escapé, me puse los patines y pensé: “¿Qué va a pasar porque baje esa cuestita tan pequeña? Si solo la bajo, me los quito y los devuelvo y aquí nadie se entera de nada”. Esa soy yo otra vez, una niña imbécil. Lo que pasó es que me empotré contra una columna y al intentar frenar enganché el bajo del vestido con el freno del patín. Lo que pasó después es que empecé a sangrar y mi primo Miguelito (el chivato de mi primo Miguelito) fue corriendo a decirle a mi madre lo que había pasado. Lo que pasó justo después de que mi primo Miguelito y yo rompiéramos relaciones para siempre, fue que mi madre me agarró de un brazo mientras yo comenzaba a llorar y me llevó al baño a limpiarme la sangre. Y cuando traté de explicarle lo que había pasado:
- No me, no me, que te, que te.
Y oye, la niña imbécil que habitaba en mí lo entendió perfectamente.

Consecuencias del consejo:
Pues las rimas tontas me ponen alerta. También me pasa con las adivinanzas. Oigo: “Oro parece, plata no es” y yo me tenso: “¿Dónde está el truco? Ahora es cuando me llevo un sopapo. Seguro que llega. Tiene que llegar”.
Segunda consecuencia: mi hermana hizo la comunión con un vestido por encima de los tobillos. Mi madre le cortó todo el trozo roto y le hizo un dobladillo. Incluso le insistía por las noches en que no creciera mucho, que ya habría tiempo decía. Estaba más graciosa... El vestido le hacía un efecto campana para verlo. Me encantaría enseñaros la foto, pero me ha dicho que rompemos relaciones como la publique.
Mi prima, sin embargo, creció demasiado y no pudo reutilizarlo. Así que mi madre me descontó de la paga durante años parte de su vestido. Que tampoco es que yo lo notara porque como de mi paga también salía el dinero para el espejo del baño que había roto, para la colcha de ganchillo que quemé sin querer, para la muñeca de mi hermana a la que arranqué la cabeza, para el jarrón que rompí en una tienda… Vamos, que hasta los 17 años que saldé mis deudas, no recibí paga.
Cuarta consecuencia: a mí tener una hipoteca no me agobia, como que estoy acostumbrada.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, lo siento. Cuando eres madre se ve que te da por decir esa rima: "no me, no me, que te, que te…" Viene con el cargo de madre junto con otras frases mágicas que nadie entiende como: “¿Qué hay de comer? “Comida”, “¿Te crees que la policía es tonta?”, o “Mamá me aburro” “Pues cómprate un burro”. Creo que lo llaman el enigma de la maternidad… ¡Ah y también! "Manga a la sisa", que debe forma parte del esperanto de las madres, porque jamás se lo he oído decir a nadie que no tuviera hijos.

lunes, 18 de abril de 2011

74. Daos un beso y pedíos perdón.

Bueno, tengo que admitir que la mayoría de las veces esta frase mi madre la formulaba diferente: “Dale un beso y pídele perdón”. Pero hombre, alguna vez, mi hermana también tenía la culpa. Alguna, digo.

Cuándo utilizaba el consejo:
Cada vez que nos peleábamos. Y, casi siempre, por mi culpa. Mi hermana es una de esas personas que raramente se enfada. Tiene una capacidad de entrega y una tranquilidad que, a pesar de ser cuatro años más pequeña que yo, siempre ha parecido que era la mayor. Yo he sido la niña de las broncas, los chichones y los gritos. Probablemente, dios pensó en compensar a mi madre. Y ella era la niña plácida que sabía reírse como nadie. En serio, tiene una risa contagiosa que deberían dar por la tele cuando el país anduviera deprimido. Bueno, pues a pesar de su personalidad, he conseguido sacarla de quicio. Es otra de mis virtudes, esa y la de vomitar si me concentro. Lo sé, dios ha sido generoso con sus dones.
Normalmente empezábamos suave: que si un empujón porque ese tangram es mío (hay que ser friki para pelear por un trangram pero la necesidad hace milagros), que “de eso nada que me lo regaló la mamá a mí”, un empujón de vuelta, que te piso un pie disimuladamente porque “yo lo estaba usando primera como techo para mi casa de muñecas”, pues yo te piso el pie sin disimulo porque “en la caja del tangram viene mi nombre”, que si “me da igual porque soy la mayor y todo lo que me dé la gana es mío para eso llegaste después” y te meto un pellizco pequeñito (que esto entre hermanos es algo parecido a la invasión de Polonia), y yo te tiro del pelo y “el tangram es súper mío aunque sea la pequeña”, y yo te meto un mordisco que “tú lo que eres es adoptada porque no te pareces en nada a los papás”, y ahí, sí, Hirosima y Nagasaki juntos: tirones, pelliquiztos mortales, patadas, mordiscos y ella gritando: “Eso no es verdad, que todo el mundo dice que soy igual que el abuelo. Retíralo ahora mismo, retíralo o te tragas el tangram pieza a pieza, la grande también”. Bueno mientras tenía lugar esa amable y distendida charla entre hermanas, llegaba mi madre, nos pegaba cuatro gritos y decía:
- Que nos os vuelva a oír discutir. Las hermanas se quieren, no se pegan. Y ahora, daos un beso y pedíos perdón.
Y nos dábamos un beso, que si el aliento pudiera matar, yo a mi hermana la hubiera petrificado varias veces y ella decía:
- Perdóname- pero yo oía perfectamente dentro de su cabeza: “Perdóname zorra pero ya estás corriendo en cuanto salga la mamá porque te pienso pisar la cabeza bonita”.
Porque dios, imagino que también para compensar, hizo que mi hermana menor pudiera, a los pocos años, hacerme placajes y sentarse encima de mí para dejarme inmovilizada. Dios, sus dones y sus actos de justicia a veces no me han hecho ni jodida gracia.

Consecuencias del consejo:
Primera: soy realmente buena escapando a una inmovilización. Mi nombre de guerra era: la lagartija.
Segunda: si alguien me dice “perdóname”, me dan ganas de salir corriendo, por si después me quiere pisar la cabeza.
Abusé durante años del recurrente: “eres adoptada” al ver que funcionaba tan bien. Ella abusó durante años del placaje. Así que, cuarta consecuencia: algunos dedos del pie rotos contra los quicios de las puertas derrapando para huir de mi hermana. Quinta consecuencia: trato cercano con el pediatra de urgencias con el que mi madre conserva, 25 años después, una agradable amistad.
Sexta consecuencia: no entiendo eso que dice la gente de que pedir perdón es difícil. A mí me sale solo. Ahora, de ahí a que le perdone de verdad… zorra de mierda.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, tener una hermana es la leche. Ojalá tengáis la suerte de tener una como la mía: que os acompañe en todos los juegos y te crea cuando le dices que puede volar, una hermana que aguante broncas por ti, que te traiga chocolate cuando te castigan, que te apoye en los actos de rebeldía aunque no vayan con ella, que se coma tu acelgas cuando tu madre se da la vuelta y, que de adulta, siga conservando esa risa que lo llena todo. Pero incluso con una hermana como la mía, cuando invadáis Polonia, no pienso decir: “daos un beso y pedíos perdón” porque sé que es inútil. Es como cuando te mandaban al rincón de pensar. ¿A pensar en qué? ¿Realmente hay algún adulto que crea que el niño está pensando en que ha hecho mal en romper un jarrón por jugar al balón dentro de casa? El niño está pensando: “Esto me pasa por imbécil, la próxima vez le echo la culpa a mi hermana”. Aunque luego, jamás lo haga porque todos sabemos que una cosa es un pellizco mortal y otra muy distinta chivarse de una hermana. Eso no hay dios que lo compense.

miércoles, 13 de abril de 2011

73. No te sientes en un baño público que te puedes coger cualquier cosa.

Yo no meo como la gente normal y menos en un servicio público, bueno, en general, trato de no pisar un servicio público ahí me reviente la vejiga.

Cuándo utilizaba el consejo:
Pues cada vez que salía de viaje, o iba a la biblioteca, o a veces incluso cuando salía de casa sin más, por si me daban ganas de mear:
- Nena, no te sientes nunca en un baño público que te puede coger el sida ese o cualquier cosa. Y quita el primer trozo de papel higiénico que a saber quién ha sido el último en tocarlo, que se quedan las bacterias y todo ahí pegado. Primero tiras el papel, luego limpia la taza, pero sin tocarla para nada, y luego no te sientes, que te digo que te pillas cualquier cosa. Un truco es ponerse de cuclillas encima de la taza, pero levanta la tapa, que no sea mi hija la que va dejando sus huellas en cualquier lado, que sean las de otros. ¡Ah! Y es de muy mal gusto que te oigan orinar (sí, mi madre dice “orinar” y “hacer de vientre”), que hay mujeres que parecen vacas. Eso no es de señoritas. Así que tira de la cadena antes, para disimular. O echa papel. Yo tenía una tía que decía que siempre había que orinar en blandito. Era una señora muy elegante, la tenías que haber conocido, con un moño bajo y un pañuelo blanco al cuello… Es que me impresionaba desde niña. Pues desde que me lo dijo, yo orino en blandito. Bueno, y hacer de vientre… (ella ya solo con mencionarlo se pone incómoda) pues en casa, que es una cosa que no se hace por ahí. ¿Me estás oyendo?
- ¿Y si me dan ganas?
- Nena, las ganas se educan, como todo en la vida.

Consecuencias del consejo
Tengo para elegir:
Primera: poseo una vejiga portentosa, capaz de aguantar horas y horas. En esto también ha colaborado mi no drama papá que, en 712 kilómetros a Benidorm, paraba una vez en el Milagro de Teruel, y teníamos 20 minutos para comer, mear, y estirar las piernas. Yo lo hacía todo a la vez. Meada multitarea.
Segunda consecuencia: no soporto que la gente me oiga mear. Tú dirás: qué tontería. Pues sí, es una tontería pero yo me he subido cinco pisos en la facultad para mear en los baños de arriba porque siempre estaban vacíos, he sufrido en todos los pisos que he compartido la humillación de tener que explicar porqué siempre tiro dos veces de la cadena (y contando por encima he tenido más de 14 compañeros de piso, lo que supone muchas humillaciones), se me han cortado las ganas si alguien entraba en el baño por sorpresa (no en el baño en el que estaba yo, que sería normal, sino por ejemplo en los baños de la biblioteca donde había 20 urinarios más) aunque estas sorpresas también han mejorado la capacidad de retención de mi vejiga. Una tontería sí, pero tengo una aplicación en el móvil que hace el ruido del grifo exactamente con el propósito de que la gente no te oiga mear. Y digo yo que si han hecho una aplicación, será que existen otro montón de taradas que no soportan que las oigan mear. Y tú dirás: mal de muchos, consuelo de tontos. Pues sí, pero es que a mí ser tonta siempre me ha dado un poco igual. Convivo con ello con naturalidad.
Más consecuencias: vivo con culpabilidad constante porque yo soy ecologista. No en plan brava, pero cada vez que abro el grifo o tiro dos veces de la cadena sufro. Ahora, que la tonta que habita en mí puede más que la ecologista. Eso también os lo digo. Así que tengo que reciclar el doble para compensar mis excesos de pudor. Esto a su vez me ha causado numerosas discusiones con mis novios y compañeros de piso: seis papeleras le parece excesivo a todo el mundo. Así es la gente de insolidaria.
El papel higiénico que no falte. El pan está sobrevalorado en la lista de la compra.
Una vez fui feliz. Fui al baño con una amiga y entré con ella porque la puerta no cerraba. Realmente fue así. No soporto que me oigan mear pero tampoco ver como otros mean. El caso es que mi amiga cogió el primer trozo de papel con mucho cuidado, como si pudiera explotar, lo tiró al wáter, arrancó más trozos, limpió la taza, levantó la tapa, se puso de cuclillas y entonces se giró y le dio a la cadena antes de mear. En serio, fui muy feliz. No hay nada como mirar a los ojos de otra tarada mientras mea para comprender que encontrarás a más gente que te quiera con todas tus miserias, y tu papel higiénico en cantidades industriales.

Excepciones para utilizarlo:
No voy a poder. De verdad que no. Yo intentaré educaros para que meéis libremente, en blandito o en plan vaca. Pero no sé si podré. Y sobre todo, si no conseguimos que este drama consejo se me despegue, no os mandaré a un campamento medio hippy con letrinas en las que tenías que recoger luego la tierra para utilizarla como abono para que entendiéramos el ciclo de la vida. Mira, eso es una cerdada, y hace que casi acabase el campamento con un enema. Futuros hijos míos, creo que se puede tener una vida normal sin conocer el ciclo de la vida. Eso sí, nos vamos a saltar lo de “orinar” y “hacer de vientre”, que bastante dura es la vida social de un niño.

lunes, 4 de abril de 2011

72. Nena, come zanahorias que es bueno para la vista.

solostocks
Mi merienda durante años, vamos, desde que aprendí a masticar hasta la adolescencia, incluía una zanahoria y un consejo:
- Anda, no te quejes y sigue mordiendo que la zanahoria va muy bien para la vista, que lo han dicho en la tele y, además, te pones morenita, que estás más guapa.
Ese atracón de zanahorias duró hasta que me pusieron gafas, con 14 años. Ahí, ya me negué.

Cuándo utilizaba el consejo:
Pues eso, siempre que me hacía comer una.
- Mami, yo no quiero más zanahorias, que están muy malas.
- Tú sí que estás muy mala. Que te la comas o no te doy bocadillo después, que es bueno para la vista nena. Si yo lo hago por ti.
- Mami pero si yo veo bien. Mira, ahí pone “Enciclopedia Larousse”. Lo leo perfectamente.
- Porque comes todos los días una, si no estarías cegata del todo y no podrías ver ni tus juguetes y te aburrirías mucho (Ahí, aterrorizando un poco). Mira los conejos que ven de maravilla porque comen muchas.
- ¿Y cómo sabe la gente que los conejos ven bien? Los conejos no hablan...
- Porque lo digo yo ven bien los conejos, pesada, que eres una pesada. Come eso ya y deja de entretenerme.
- Pero mami, Martita no come zanahorias para merendar y no lleva gafas.
- Pero las llevará, nena, tiempo al tiempo. Y acábate esa que me estás hartando.
- Es que se me hace bolo.
- Mira, nena, a nadie en el mundo se le hace bolo una zanahoria, a nadie. Que tienes mucho cuento o eres la niña más rara del mundo, no puede ser. Porque ¿tú haces saliva no? Es que no me cabe en la cabeza. Me agotas, me agotas del todo. Todo el día igual con esta niña, todo es una pelea (Cuando mi madre hablaba de mí, como si yo no estuviera delante ¡PELIGRO!). Todo el día preocupándome porque coma bien, duerma bien, estudie, y la niña siempre dando guerra. Ahora, que un día me voy a hartar, y te voy a dejar hacer todo lo que quieras, y entonces ya verás. Cuando tu vida sea un desastre y te cojas todas las enfermedades, entonces te acordarás de mí. ¡Y traga ese bolo ya! Que al final la vamos a tener.

Consecuencias del consejo:
Nunca llegó ese día en el que me dejaba hacer lo yo quisiera, ni siquiera ahora a los 32. Estuve años pensando: "Hoy es el día, hoy me deja hacer lo que quiera". Pero no, no se animaba. Así que no he podido corroborar si mi vida se iría al garete. Tengo mis dudas.
Segunda consecuencia: un tono bronceado todo el año durante mi infancia.
Tercera: odio las zanahorias con toda mi alma, y crudas, es que me dan náuseas.
Cuarta: incredulidad absoluta ante el poder curativo de los alimentos. Así que Saber vivir me parece un cuento chino. No veo de lejos. Tengo miopía, cinco dioptrías en cada ojo. Vamos, que si me quito las lentillas, no me veo las manos, eso ya es lejos para mí. Tanta jodida zanahoria para nada.
- Mira mamá, ya voy por cinco dioptrías, pues si que me han servido todas esas zanahorias que me has hecho comer-se lo dije con rintintín la última vez que fui al oculista. ¡Ay! A estas alturas y no aprendo. El rintintín con una drama mamá es como un boomerang, te vuelve y te da en toda la cara.
- Pues nena, da las gracias a esas zanahorias que, en vez de cinco, tendrías quince dioptrias si no te hubiera dado tantas. Así que hoy para comer voy a echarte unas pocas en la ensalada, por si acaso.
Ahí tienes tu rintintín. Por lista.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, pasamos de las zanahorias. He buscado en Google y unos señores (que debieron tener una madre como la mía) han hecho un experimento: han comido 30 kilos de zanahorias en 3 semanas (que ya hay que tener ganas de quitarle la razón a tu madre para comer tantas). Y han demostrado que no sirve para nada. ¿Lo oyes mamá? Para nada. Que dicen que el mito se originó durante la Segunda Guerra Mundial, "cuando el ministro británico de aviación declaró a la prensa que sus pilotos disfrutaban de una gran agudeza visual que les permitía abatir a los aviones alemanes desde muy lejos, incluso por la noche, gracias a una dieta muy rica en zanahorias. En realidad, esta falsa propaganda solo pretendía esconder una nueva tecnología de radar que habían desarrollado sus científicos, la cual permitía localizar y apuntar a los aviones alemanes antes de que cruzaran el canal de la Mancha".
O sea, que yo he comido ingentes cantidades de zanahoria por culpa de un radar. ¡Qué daño ha hecho la propaganda de guerra a generaciones de niños! No me jodas, hombre, y encima cualquiera se lo cuenta a mi madre, ya estoy viendo al rintintín explotarme en la cara.

jueves, 31 de marzo de 2011

71. Nena, ir a un selfservice es tirar el dinero.

Vistalegre
Este consejo creo que entrará dentro de la categoría de "solo la madre de la nena" aunque todavía podéis sorprenderme...
Mi madre les tiene una tirria inconcebible a los selfservice (o como diría ella: selservis) y a los restaurantes sin mantel. No puede. Es superior a ella.
- Para una vez que salimos a comer por ahí, nena, una vez al año ¿y me tengo que servir yo la comida? Vamos hombre, pero ¡qué invento es este! Todos los días del año que si pon la mesa, prepara la comida, los manteles y servilletas, los cubiertos, que todo esté rico, que todo esté bonito, y un día, ¡un día! que nos damos un capricho y nos vamos por ahí, tengo yo que levantarme y ponerme la comida, encima con esos mantelitos de papel... Que así yo también tengo un restaurante, total, lo mismo da cocinar para 5 que para 50, si ellos solos se sirven y luego la vajilla y los manteles van a la basura... Vamos hombre, y si aún fuera un buffet (ella dice bufé) que puedes comer todo lo que quieras... Aunque ya te digo yo que la comida es malucha, vamos, que esas croquetas no son ni de pollo ni de jamón, eso es croqueta de bechamel, porque no llevan nada... Pero bueno, lo del selservis me parece un horror. Vamos hombre, última vez que me ven a mí en una de estas. Nena, ir a un selfservice es tirar el dinero, con lo que cuesta ganarlo.

Cuando utilizaba el consejo:
En mi casa salir a comer fuera es un acontecimiento. Normalmente lo propone mi madre pero casi nunca lo conseguimos:
- Estoy harta de cocinar. Todo el día como una criada. Me merezco un descanso, que me tenéis explotada. ¿Por qué no comemos por ahí? Me ha dicho la Mari que han abierto un restaurante muy mono en el centro y que se come bien, y hacen un cordero para chuparse los dedos.
El resto de la familia siempre decimos que sí, pero ¡ah! una drama mamá siempre es una drama mamá, no coge fiesta nunca.
- Aunque tengo un chicharro que compré el otro día y que me sale tan rico... Y sería una pena que se perdiera.
- Bueno mamá, pues lo comemos mañana.
- Ya pero mañana no estará tan jugoso y con el precio que tiene el pescado cómo para dejarlo pasar. Que yo no sé cómo los pescan, a besos debe de ser, porque si no, no entiendo el dineral que vale.
- Seguro que mañana está igual de bueno.
- Pero tú qué vas a saber, si no soportas el chicharro, si todo te da para atrás, que más que papilas gustativas debes de tener una fregona, porque entre que no te gusta nada y los ascos que te dan... Total, que vamos a un restaurante y pides pollo, que para eso, para comer pollo nos quedamos en casa y comemos pescado, que seguro que es más sano como lo cocino yo. Que han dicho en la tele que hacen unos pollos sin patas ni nada, solo cuerpo, y los engordan y lo venden muy baratos. Que uno no se puede fiar de lo que le dan en los restaurantes, que en casa sabemos lo qué estamos comiendo, con aceite de verdad y no con esos sprays que les echan por ahí.
- Chica, vamos a salir, por un día...- yo insisto pero mi no drama papá permanece en silencio porque conoce el final.
- Nada, nos quedamos en casa, si como comemos en casa no se come en ningún lado.

Una vez se me ocurrió invitarles al típico wok en el que tu coges lo que quieres y luego un chino te hace algo a la plancha. Quién coño me mandará a mí innovar con mi madre, yo no le he visto la cara tan desencajada nunca, ni si quiera cuando le dije que me iba a vivir con un novio sin casarme, y eso que ese día mi hermana y yo casi pedimos un carro de paradas cardiacas al hospital, en previsión del infarto, digo.  Pues lo del wok, peor:
- Nena, esto no es comida. No, no. (Me miraba con los ojos como platos mientras me metía pellizquitos) Estos chinos están locos. ¿Arroz tres delicias le llaman a esto? Pero ¿qué delicias?, ¿qué entenderán los chinos por delicias? Es otra cultura, nena, otra cultura. Una delicia es una buena torrija, eso es un trozo de gamba, con suerte, porque las gambas que compro yo tienen otra pinta y otro color, no sé, más color a gamba. ¡Pero si son trasparentes! Y, ¿los guisantes? (Más pellizquitos) Mira esos guisantes (Y ponía cara de estar viendo un cerdo volar) Eso no son guisantes, te lo digo yo, eso es hierba prensada. ¿Y por qué todo sabe igual? Ayayayayy, a qué sitios nos traes. Yo no entiendo qué ganas de ser moderna tienes. Con lo bueno que está un menú del día o un plato combinado, con su san jacobo de toda la vida. Pero mira esa gelatina que lleva el cerdo (triple pellizco). Mira que habré cocinado yo el cerdo de mil maneras, qué digo mil, dos mil, que el cerdo es muy agradecido y, nunca, oye lo te que te digo, nena, nunca me ha salido esa grasa tan rara. Eso no puede ser cerdo, o los cerdos chinos en vez de piel, tienen vaselina. ¿Y por qué llaman pan a eso? Eso es un bollo aceitoso, pues que se inventen otro nombre, que no le pongan pan, porque entonces tú crees que vas a comer pan y, no, te dan eso medio dulce, y ¡caliente! Te digo nena que es otra cultura. ¿Y encima me tengo que levantar yo a servirme (Siete pellizcos y un pisotón, todo en plan disimulado)? Unos listos son estos chinos, y a ver si aprendes de una vez a comer como la gente normal, que esto son todo guarrerías, vamos, ¡pagar por esto! Con el chicharro tan rico que tenía yo en la nevera. Esto es tirar el dinero, y tú eres muy mucho de tirar el dinero, que yo no lo entiendo, porque no será que hayas visto en casa que derrochemos, eso lo has aprendido fuera.

Consecuencias del consejo:
Lo dicho, cuando por fin conseguimos comer fuera de casa vamos más arreglados que a una boda, y nos sentimos los reyes del mambo.
Segunda consecuencia: soy incapaz de disfrutar de un selfservice, porque voy tan tranquila con mi bandeja y no paro de oír a mi madre dentro de mi cabeza, y eso te quita el hambre. Os lo digo yo.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, no es que me vuelvan loca pero tampoco es que los self-service los cargue el diablo, vamos, a vuestro aire. Ya decubriréis si os gustan o no..., aunque lo de la gelatina en el cerdo, tengo que admitir que sí es un poco raro.

domingo, 27 de marzo de 2011

70. Las marcas son un invento para cobrar el doble por la misma leche.

elotrolado.net
Cuando éramos pequeñas, en mi casa nunca entró nada de marca, bueno, al menos de una de verdad. Tuvimos una Nintendo que no era Nintendo con todos los juegos piratas. Así que mi recuerdo del Mario Bross difiere un poco de la realidad, en nuestro juego no eran setas, sino una especie de paraguas rosas con lunares:
- Es igual, igual nena, que te quejas por todo. Pero si es gris también, además trae montones de juegos, y la original solo uno, y cada cartucho es carísimo. Ahora, tú ya los tienes todos, y trae pistola para los patos, que me lo ha dicho el vendedor, que es igual, igual, pero más barata.
Y así con todo. Tuve unas Jota Jaiber, tal cual, unas Nike, que no eran Nike, unos Levis que parecían Levis, pero no, no eran Leviss. Todo era un “casi” pero no.

Cuando utilizaba el consejo:
Siempre que le pedías algo bajo el concepto “marca”. Que no os vayáis a pensar que pedíamos un Louis Vuitton, no, a mi madre la leche Kaiku le parecía una marca y era suficiente motivo para no comprarla. Ella pensaba que si nos habituábamos a algún producto en concreto, íbamos a ser unas niñas caprichosas el resto de nuestras vidas. Y tuvo una técnica en concreto que desmontó todas las peticiones.
- Mami, a mí no me gusta esta leche, sabe muy fuerte. Prefiero la Kaiku.
- Todas las leches son leches, y lo del nombre es tontería. Las marcas son un invento para cobrar el doble por la misma leche. Y yo no voy a ser la que pague más, así te lo digo, nena, que no estamos para derrochar.
- Pero, mami, que yo le noto otro sabor y además esta hace una nata que me da arcadas.
- Nena, a ti el aire te da arcadas. La Kaiku es más cara, solo por el nombre así que te tomas esa y punto.
Y yo vomitaba. Soy así, si me concentro puedo vomitar. Ese es mi don. No sirve para mucho, la verdad, pero tampoco lo elegí yo. Así que comenzó su técnica: “Si no me crees, me vas a creer, vamos que si me vas a creer”. Compró una botella de Kaiku y la estuvo rellenando con la leche de oferta cada día. Sí, mi madre tiene mucha paciencia y mucha mala idea, de eso también tiene. Y pasado el mes, ahí me estaba esperando, con toda su mala idea:
- Que bien te tomas esa leche, ¿eh?, nena- ella tranquila, relajada, fregando los platos.
- Sí, es que está me gusta mucho- imbécil, imbécil, imbécil.
- Y no te da ni un poco de arcadas, ¿eh?- ella fregando un vaso, feliz, triunfal.
- Ni una mami, porque no tiene nata- imbécil, imbécil, imbécil.
- Claro, claro, es que tienes un paladar muy sensible…- ya está a punto. Yo notaba algo, tanta felicidad no le pegaba.
- No sé, mami, es que esta leche está más buena.- muy imbécil, muy imbécil, muy imbécil.
- ¡Más buena! ¡Más buena te voy a dar yo a ti! Mira nena, esa leche es la de oferta, que te llevo un mes rellenando la botella de Kaiku. ¿Me oyes? Y como tus has dicho, ni una arcada. Sí, sí, como lo oyes. Mucha tontería es lo que tú tienes, que llevas un mes tomándotela tan tranquila. Así que ya lo sabes, a partir de ahora, leche de oferta y no quiero oír una arcada porque te enteras.
Y yo del susto vomitaba. Ya lo he dicho, es un don.

Consecuencias del consejo:
Desconfianza total de lo que comía. Además del episodio de la leche, hizo lo mismo con el Colacao, el chocolate Milka, el pan Bimbo… Compraba uno de la marca, lo rellenaba con el de oferta, nos lo hacía comer un tiempo, y luego, tachán: nos llamaba imbéciles y volvíamos al de oferta a cara descubierta. Y sí, mi hermana y yo muy despiertas no éramos.
Segunda consecuencia: mi recuerdo de algunos productos, probablemente sea equivocado porque una vez comí Nocilla pero el resto, a saber.
Tercera consecuencia: no le tengo fe a mi paladar. No sé si las cosas me gustan realmente. Si pruebo un vino que me gusta pienso: lo mismo si me lo dan en otra botella, me gustaría más. Así que vivo desnortada, me da lo mismo Nocilla que Nutella, Rioja que Ribera…, no tengo criterio.
Cuarta consecuencia: si alguien me pregunta “¿Te ha gustado el solomillo?”. Pues no sé qué decir, porque creo que es una pregunta trampa. “Y si no era solomillo, igual no era solomillo, igual estaba malo, o bueno, o igual es el mejor solomillo del mundo”. ¡Por dios! Y me dan ganas de vomitar.
Quinta consecuencia: una tía mía me regaló una vez unos pantalones Bonaventure de verdad, con su piedra azul en el botón y sus chapitas en el culo. Los llevé puestos hasta que se desintegraron, porque aquellos vaqueros no se desgastaron, no, llegó un día que volatilizaron del uso y aquel día yo fui la niña más infeliz del mundo sabiendo que volvía a los Levis que no eran Levis, porque la leche será leche, pero tú sabes que no llevas unos Levis de verdad, y tus amigas también.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos: la leche es leche. Lo siento pero este consejo me lo quedo. No tendré mucho criterio para elegir vinos pero me he ahorrado un dineral a lo largo de mi vida comprando de oferta y con la total tranquilidad de que no me perdía nada, sobre todo eso. Y como os pongáis tontos, prometo tener la misma paciencia que mi madre, y también, la mala idea. Dicho está.

lunes, 21 de marzo de 2011

69. Que no te lo tenga que repetir.

Urbezaragoza.com
Un clásico reeditado año tras año durante toda mi vida, incluido ayer. Ayer mi madre me dijo:
- Haz el favor de comer más lentejas que se te ve en la cara que te falta hierro. Que no te lo tenga que repetir.
El mundo entero funcionaría mejor si alguien hiciera caso a las madres, porque qué análisis de sangre, ni qué anemia, si tu madre es capaz de mirarte a los ojos y saber qué andas justa de hierro. Tal cual. Y da igual lo que tú discutas, mejor, que no te lo tenga que repetir. Y sobre todo, que no se le ocurra a un médico discutírselo. Inconsciente:
- Pero qué sabrá usted, conoceré a mi hija o no, que la he parido yo. ¡A estas alturas! Que tiene la piel agrietada y se le pone pelo de escoba. ¡Mírela! ¡La pinta de enferma que tiene! (Yo miraba al médico con pena, por él, no por mí) Y esa pelo de escoba (ahí, insistiendo) desde hace 10 años, es anemia. Que yo vengo al médico porque hay que venir a por la receta, pero yo ya le hubiera dado las ampollas ayer, y me pone también un poco de calcio, que le he visto las uñas muy raras, como arrugadas, y mejor prevenir que curar.
Y el médico y sus 10 años de carrera, se quedaban allí, con cara de depresión y acordándose de su madre, aunque puede que de la mía, también.

Cuándo utilizaba el consejo:
En miles de situaciones, las proféticas, y las que no.
- Ponte a estudiar, que mañana te van a preguntar los ríos.
- Voy, mami que termine un segundo estos dibujos y ahora mismo.
- Nena, que te voy a preguntar luego la lección y vamos a tener un disgusto. Y ya sabes que los disgustos te sientan mal porque a mí me sientan peor.
- Pero si ya me la sé.- ahí, en plan rebelde.
- Mira, saberse, me sé yo los reyes Godos, que 40 años después, todavía me acuerdo, que si quieres te los digo del tirón. Entonces, sí que estudiábamos. Tú lo que haces es imaginar que te sabes las cosas, que luego andas diciendo que el Ebro pasa por Sevilla, como en el último control, que me lo dijo la maestra.
- Y a mí de qué me sirve saber por dónde pasa el Ebro…- tú notas que dices esto y según las palabras pasan por tu boca, se debilitan hasta casi desaparecer, que cuando llegas a decir “Ebro”, tu voz ya es un hilito y sabes que la muerte puede andar cerca. Es la típica frase que nunca, nunca, nunca hay que decirle a una drama mamá, a no ser que como niña tengas algún tipo de interés especial en conocer y vivir de cerca el apocalipsis. Es una cosa que se aprende rápido, te la juegas una vez, dos si eres muy suicida. Hubo una vez un niña que la dijo tres veces y se fue interna.
- ¡A mí no me hables así que soy tu madre! Habrase visto, la niña, que para qué necesita saber por dónde pasa el Ebro, pues para que te enteres exactamente dónde has caído cuando te lance al río con esa tele detrás de ti. Así podrás poner cara de mira: “Estoy en el Ebro y esta es la tele que nunca más voy a ver por haberle contestado mal a mi madre”, que es la cara que se te va quedar a ti, respondona. Te pones a estudiar ahora mismo y como no te lo sepas de corrido en una hora, te enteras dónde está el Ebro, pero bien. Y ¡que no te lo tenga que repetir!
Si se te ocurría levantar los ojos del suelo, no digo ya hablar, no, solo con cruzar los ojos con los suyos en ese momento, quedabas fulminada y te convertías en una niña de piedra para siempre jamás. Yo nunca miré, por eso no soy de piedra.

Consecuencias del consejo:

Si alguien, cualquiera, un profesor, un cliente, la cajera del súper me dice “¿Te lo repito?”, yo me descompongo. “Que no me lo repita, que no me lo repita. El mundo se contraerá sobre sí mismo, luego explotará y, encima, mi madre se enterará que han tenido que repetírmelo”.
Segunda consecuencia, tengo la típica cara de “me entero de todo”. Eso no significa que me entere de nada, así que llego a situaciones curiosas, por ejemplo, no me enteré durante meses para qué servía aquel vaso que nos daban el cole, y por no preguntar, jamás tomé calcio… Si en el fondo mi madre lo sabía, ya decía ella que me veía las uñas como arrugadas.
Tercera consecuencia: "El Ebro nace en Cantabria y pasa por Castilla y León, La Rioja, Navarra, Aragón y Cataluña". 20 años después.

Excepciones para utilizarlo:
No quiero decir esta frase, de verdad que me daba terror. Futuros hijos míos, sed libres y probad a decirlo. Me han contado que funciona así:
- ¿Le importaría repetírmelo?
¡Uy que mal cuerpo! De verdad, me descompongo solo con escribirlo.

jueves, 17 de marzo de 2011

68. Los mejores disfraces son los que te haces tú misma.

La nena
Ocho meses después me presento oficialmente: la niña de la foto soy yo. No creo que nadie vaya a reconocer a la adulta que soy en esa niña vestida de vieja así que, allá vamos, en plan kamikaze, esto es casi una salida del armario pero es que una imagen vale más que mil palabras, y esta debe valer, dos mil o tres mil millones.
Esa niña soy yo, y ese es el disfraz que mi madre eligió para mi primer carnaval. Otros que recuerdo con cierta, digamos, humillación son el de elefante, de judía ortodoxa, de basura, de código de barras, de su propia idea de Madonna...

Cuándo utilizaba el consejo:
Pues cada vez que me he tenido que disfrazar hemos pasado por eso:
- Mami la semana que viene tenemos que ir disfrazados al cole, y yo quiero ir de princesa.
- Bah, bah, princesas hay montones. Tú tranquila, ya vamos a pensar en alguno más divertido.
- Yo no quiero ser divertida, quiero ser una princesa. A Martita le han comprado uno súper chulo con diadema y varita. Quiero ese.
- Mira, nena, yo no me pienso gastar 3.000 pesetas en un disfraz para que, encima, todas las niñas vayáis iguales, que lo bonito de disfrazarse es que no te reconozcan y hacer como que eres otra persona. Ya vas a ver que con cuatro cosas que tenemos por ahí hacemos el disfraz más original del cole, que los mejores disfraces son los que te haces tú misma.
- Mami, que no quiero ser original, quiero ser una princesa.
- Que pesada eres, que te he dicho que no. Tú hazme caso que vas a causar sensación.
En eso tenía razón. Tendríais que ver mi álbum familiar.

Ella tiene una explicación para todos los disfraces que eligió para mí. A mí no me convence ninguna.
Vieja chocha:
- Mamá, vale que no me disfrazaras de princesa pero de ¿vieja chocha?
- Ay nena, qué risas nos echamos todos. Pero mira lo salada que estabas. Y no te reconocía nadie. Que te mandé a casa de tu tía a llamar a la puerta y no sé dio cuenta de qué eras tú. Ay, yo no podía aguantarme la risa. De verdad que casi me hago pis encima. Y anda que no estabas contenta, porque tú te pensaste que te habían confundido con una vieja chocha. Años estuviste pensando eso. ¿Por qué tú sabes que ella de lo que no se dio cuenta es de que eras su sobrina? No de que realmente fueras una vieja…
- Mamá, tengo 32 años.
Elefante:
- Ay nena, el mejor disfraz que has tenido. Si tenía hasta una polea para que tú solica te subieras y te bajaras la trompa. Pues anda que no me lo pidieron otros padres… Saladísimo era. Y anda que no costó coserlo y que aquello funcionara. Nadie iba como tú, la más original de todo el cole.
Por lo menos no se me veía la cara…
De judío ortodoxo:
- Pues no sé quién trajo ese casquete a casa pero chica, nos vino que ni pintado. Ves, esos son los buenos disfraces, con un gorrico y ya estabas saladísima, si lo de menos es la ropa.
Nadie ha confesado nunca quién regaló ese casquete a mis padres, porque como yo me entere…
De basura:
Tal cual. Cogió unas bolsas de basura, les hizo un hueco para que sacara la cabeza y me pegó mierda encima.
- Pero era reciclada, que lo dices así y parece que llevabas raspas de pescado y que olías mal o algo. Eran tetrabricks y papelicos, y cosas así. Graciosísima, bueno, ese año había una niña que iba de torera que casi te gana pero no, la más salada de todas tú. Y sin gastarnos una peseta nena, así es como tienen que ser los disfraces.

Consecuencias del consejo:
Qué os voy contar:
Ganadora absoluta a “la más salada” todos los carnavales.
Cenas familiares en las que mis primos se atragantan recordando las fotos.
El novio de mi hermana me respeta menos desde que conoció los álbumes familiares.
Cuarta consecuencia: estado de total histeria un año que los reyes me trajeron un disfraz comprado de Scarlatta O’hara, con su falda, su can-can, su vuelo, su chal, su pamela… Dormí un mes con aquel disfraz, incluída la pamela.
Quinta consecuencia, de adulta me he disfrazado de cualquier cosa, aunque a ella ya no le hacía tanta gracia:
-¿ Pero nena, de qué vas vestida con ese gorro de piscina?
- De marciana, mamá. ¿No ves las antenas?
- Nena, que tienes 25 años, ¿tú crees que los marcianos van mucho a nadar?
- ¿No estoy salada?
- No, estás más bien ridícula, no pareces un marciano. Y ya estás en edad de echarte novio, que con esa pinta lo dudo. Además ese gorro de silicona te va cortar el riego, y no andas muy sobrada.
Tenía razón, después de andar toda la noche por ahí, al quitarme el gorro me notaba el pulso en las orejas, durante dos semanas.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, mirad la imagen otra vez. Os pienso comprar el disfraz más chulo del mundo, de princesa, de súper héroe, de lo que sea. Vamos, que pido un crédito si hace falta.

lunes, 14 de marzo de 2011

67. ¿Ahora sales? Pero si es hora de volver.

Reloj Trovato
¡Ay! ¡Qué nostalgia! Bueno nostalgia, quien dice nostalgia, creo que hace un par de meses me lo dijo, pero es que llevo tantos años acompañada de este consejo.

Cuándo lo utilizaba:
Vamos, por partes. Si alguien escucha este consejo pensará que yo no he tenido hora de vuelta a casa. Bueno, realmente si alguien piensa esto es que esta es la primera vez que se enfrenta al concepto drama mamá y no ha leído nada antes. Bueno, y también que tuvo una adolescencia afortunada en la que podía quedarse por ahí cuando empezaba lo mejor, es decir, cuando yo me iba a casa.
Yo tuve hora de vuelta siempre, y no solo eso, mi madre iba a buscarme:
-Nena, que hay mucha gente muy mala, y por lo oscuro te puede pasar cualquier cosa. ¿Qué has oído lo del violador del ascensor? –en todas las épocas de mi vida había uno, que ya es casualidad- Mira que si te pasa algo. A mí no me cuesta nada, y estoy más tranquila. Además así te veo cómo llegas, que cualquiera se fía. Que ahora tenéis mucha libertad, y que si me tomo una Cocacola y que si la Cocacola llevaba vinito y no, no quiero una hija borracha. Como te vea piripi, ay como yo te vea piripi una vez en tu vida. Ni en tu boda. ¿Me oyes nena? Ni en tu boda te dejo ponerte piripi. Nada, que te espero a las 10 en la plaza. Y puntual.
- Pero mamá…, que ha todo el mundo le dejan hasta las 12.
- A mí me da lo mismo lo que hagan los padres de los demás. Tú a las 10, y así mañana aprovechas el día. ¿Qué ya me dirás tú qué haces a esas horas que no puedas hacer la las cinco de la tarde?
- Es que a las cinco no hay nadie, están a las 12.
- Pues quedar antes, chica, quedar antes, que mira que es fácil la solución. ¡Las 12! Esas no son horas para que una niña ande por las calles. Te espero a las 10, y ven rectica, que como te vea dar un traspiés no vuelves a pisar la calle. ¿Me oyes? Y como te huela a tabaco, te enteras.

Cuando ya no me iba a buscar, es decir con 20 años o así, yo seguía teniendo hora. No lo hablábamos claramente, para evitar en el enfrentamiento, pero si tú a mi casa llegas después del periódico del que mis padres son suscriptores, estás jodida. Más te vale que parezca que has salido a correr, porque si no, correrás de verdad.

Consecuencias del consejo:
Soy absolutamente nocturna, toda la vida pensando que lo mejor pasaba cuando yo me iba, así que nunca veo el momento de ir a la cama. Me lío. “Me voy a ir ya a dormir, total, no dan nada en la tele. Bueno, igual me meto a Facebook. Y ¿twitter? Espera, igual ha pasado algo increíble en el mundo. Debería ordenar esas fotos de vacaciones. Este programa lo he visto. Un zapping. Me voy a depilar las cejas mientras. A ver qué dicen en twitter”. Las dos de la madrugada.
Segunda consecuencia, arrastro un sueño perenne: “Y ¿si ahora pasa lo mejor qué? Aguanta un poco nena, aguanta un poco”.
Tercera consecuencia: broncas infinitas e interminables cada vez que iba a salir.
- ¿Pero a dónde vas a estas horas nena? Las 10 de la noche, es hora de volver no de salir.
- Ay mamá, pues a dar una vuelta.
- ¿Con quién?
- Con éstas.- ya sabes, típica edad comunicativa.
- Uy sí, me dejas mucho más tranquila. ¿Pero qué hacéis por ahí? No lo entiendo, de verdad que no lo entiendo. Con lo bonito que es el día, con su luz y su sol. Pero no, vosotros solo sabéis estar por la noche. Que qué haréis…
- Pues bailar y hablar…
- Con lo mal que tú bailas, no lo entiendo- ahí, reforzándote- No bebas nada. Y no vuelvas por lo oscuro, que el otro día dieron la noticia de que hay un nuevo violador del ascensor, a ver si vamos a tener un disgusto, nena, que un día tú a mí me matas de un disgusto. Total, por andar mal bailando, ¿Por qué tú sabes que bailarina no puedes ser no? Chica, ya te podías quedar en casa haciendo algo de provecho…
Poder del click. Click y ya no la oigo porque puede llenar el mundo de palabras y dar una vuelta, y otra, y otra.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, tranquilos, sé que lo mejor pasa a última hora. Llegaremos a un acuerdo. Eso sí, me quedo con el consejo de mi no drama papá:
- Nena, imagínate que yo me despierto una noche porque haces ruido al llegar de madrugada. Esa es la última noche que tú duermes en esta casa. Y si llegas más tarde que el periódico, compra churros, coño, que me lo tomaré mejor.

miércoles, 9 de marzo de 2011

66. Nena, ya vas a ver qué bien en el campamento al que te he apuntado.

The Treepee Company
Yo he sido una niña de campamento. Y los niños de campamento somos una raza superior sólo justo por debajo de los niños internos. Si te parece osado decir esto, es que tú no has sido niño de campamento. Un niño de campamento evoluciona rápido, se adapta al medio, sobrevive a base de pan duro y sabe cómo esquivar casi cualquier tipo de humillación. No se engañen. Los campamentos son a los niños lo que la mili a los adultos: una putada que te curte a base de bien. Y yo he sido una niña de campamento porque mi madre me mandó todos los veranos desde los 9 años a uno. Ella lo llamaba sus vacaciones, “por fin que ya era hora de tener un ratito para mí”. Yo lo llamaba “mi castigo por ser una niña tan revoltosa”. Y hacía propósito de enmienda de ser más buena para no acabar otra allí. Nunca funcionó.
- Nena, ya vas a ver qué bien en el campamento al que te he apuntado.
- Pero yo no quiero ir…
- Pero yo si quiero que vayas, además, que vas a hacer muchos amiguitos.
- Yo ya tengo amigos.
- Pues te haces más, que siempre vienen bien en la vida. Además que se vas a aprender un montón de cosas nuevas. Y nena, que no me tengan que llamar para traerte a casa, que te mando interna.

Primer campamento, 9 años:
Unas colonias con, calculo, otros 300 niños más. En un pueblo de Gipuzkoa en el que no paró de llover en 15 días, con lo que estuve conviviendo con una jauría dentro de un patio interior. Creo que perdí capacidad auditiva. Aprendí a tirar comida desde la ventana con una puntería que ya quisieran los GEOS. Adelgacé 7 kilos. Descubrí que los niños que sufrían lo que se llamaba “mamitis” (es decir, los que no paraban de llorar) reciben peor trato de los otros niños. Pasé de la mamitis. Sobreviví.
Segundo campamento, 10 años:
Colonias también. Con uniforme: pantaloneta y camiseta. Otros 300 niños. Cada uno tenía un número. El mío era el 112. Así que cuando había colada, los monitores cogían un enorme carro de ropa y comenzaban:
- Bragas del 97, calzoncillos del 15, camiseta del 23- y los niños iban a por ellas- bragas del 112… , a ver 112, bragas rosas con puntillas, ¿112…?
Aprendí que hay niñas con 10 años que descubren que es mejor lavarse las bragas por la noche y nunca salir a recoger aquel despropósito públicamente. Perdí 5 kilos y 7 bragas.
Tercer campamento, 11 años:
En tiendas de campaña. En plan salvaje. Aprendí que los niños gordos no pueden subir en tirolina, que los gamusinos son mentira (eso sí después de sufrir la humillación), que en los campings hay supermercado y que una niña puede sobrevivir a base de leche condesada 15 días. Perdí 6 kilos, el saco de dormir y un pijama. “Que no entiendo nena cómo lo haces, ¿pero dónde has dormido?”.
Cuarto campamento, 12 años:
Era un campamento de marchas en Jaca. Aprendí que el agua da flato, que en cambio existen unos simpáticos monitores que te dan un limón para chupar y que no tengas sed mientras andas 10 kilómetros. Aprendí que los limones no quitan la sed y tampoco el flato. Y que jugar a la gallinita ciega cerca de un luming gas es una idea nefasta. Pero sobre todo aprendí a suplicar que no llamaran a mi madre. Sobreviví.
Quinto campamento, 13 años:
En inglés. Aprendí de todo menos inglés: cómo cazar murciélagos, a pintar moscas, a colgarle latas a los gatos del rabo, y sobre todo, que ya era una Senior de los campamentos con un ingente cantidad de leche condesada preparada, y que los niños con 13 años no saben la diferencia entre un golpecito y partirte una pierna. Perdí 4 kilos.
Sexto y último, 14 años:
Con una familia inglesa en la costa, con otras 5 niñas. Aprendí algo de inglés, que los chupitos de tequila están más ricos que la leche condesada, que no hay nada como un amor de verano valenciano, que puedes escaparte de una casa saltando desde un segundo y no partirte nada, que la playa a las 4 de la madrugada es mucho mejor, que fuera de casa te puedes pintar como una pilingui, y que el mundo del campamento había mejorado considerablemente. Mi madre aprendió que se habían acabado los campamentos para siempre.

Consecuencias del consejo:
Todo tipo de gritos e improperios a costa de todo lo que perdí en los campamentos: zapatos, linternas, pantalones, mochilas, una uña del pie, y sobre todo, los kilos. Según me recogían íbamos directos al pediatra a hacer una revisión completa.
También aprendí que a mi madre sus vacaciones de mí no le servían para mucho.
Admiración total por las niñas internas de mi colegio, supervivientes natas.
Cierto empacho de leche condensada que me dura hasta la actualidad.

Excepciones para utilizarlo:
Ya veremos, porque como seáis los típicos blandos con mamitis, no sobreviviréis. Os lo digo yo. Prometo no mandaros con ropa interior vergonzosa y daros dinero para leche condensada, por si acaso. Pero futuros hijos míos: yo he hecho rappel, espiritismo en una tienda de campaña a las 3 de la madrugada, sé orientarme con una brújula, hacer un vivak, quitarle el aguijón a una abeja, y bueno, algo de inglés. Así que ya os puede parecer divertido porque estáis jodidos. Eso sí, a los 13 años, se acabó lo que se daba. Eso también lo he aprendido.

lunes, 7 de marzo de 2011

65. Nena, no te vayas tarde a la cama.

Todocoleccion.net
Ay por dios que fatiguita me da este consejo. Porque me lo dice siempre. Sea la hora que sea, esté haciendo lo que esté haciendo, duerma en su casa o esté al otro lado del mundo. "Nena, no te vayas tarde a la cama". Como si toda tu vida se pudiera estropear por irte tarde a la cama.

Cuándo utilizaba el consejo:
Bueno, primero tuvimos que superar la época en la que yo me iba a la cama cuando ella quería, que nos duró hasta casi la universidad, igual, sin casi. La época en la que más collejas he recibido, cuando debajo de la colcha con una linterna intentaba leer. Que mira que hay que ser tonta para pensar que no se daría cuenta. Un bulto enorme luminoso debajo de una colcha de ganchillo, de esas llenas de agujeros... Pues eso, que pillé collejas a mansalva cada vez que intentaba saltarme el toque de queda.
Luego pasamos a la época en la que podía quedarme estudiando, en la que también recibí collejas a mansalva cada vez que ella, sigilosa, me pillaba leyendo una revista en vez de estudiar. Que hay ser muy tonta para no conocer la capacidad de sigilo de una drama mamá cuado te quiere pillar en algo. Se desplazan sin tocar el suelo, como levitando, ni el aire mueven. Que tú te preguntas cómo es posible que esa mujer sea la misma persona que es capaz de reventar a gritos un cristal cuándo le da un ataque de ira en mitad del súper cuando insistes, digamos ligeramente, en que quieres que te compre nocilla.
Y luego por fin, pasamos a la época en la que podía quedarme viendo la tele cuando ella se iba a la cama. Esta época empezó hace unos tres años, y aún y todo antes de irse a dormir me dice:
- Nena, no te vayas tarde a la cama, que si no mañana tendrás mal cuerpo, y tenemos muchas cosas que hacer, total para lo que dan a estas horas...
Entonces se va a lavarse los dientes, y tú te tumbas, tu momento del día. ¡Ja! A los diez minutos vuelve sigilosa:
- ¿Pero qué haces aquí todavía? Y quita los pies de la mesa, cómo te lo tengo que decir.- Y llega la siempre sorpresiva colleja. Que hay que ser muy tonta para que a estas alturas una colleja me pille por sorpresa, pero sí, así es la vida y yo así de tonta- Las mesas son para comer, que los pies andan por el suelo y el suelo está lleno de mierda, qué manía tienes. Cada cosa tiene su función, no sé, imagínate que a mi me diera por utilizar tus vestidos de trapos, no te gustaría ¿no? Pues que no te lo tenga que repetir y tira ya para la cama.
- Mamá, que no tengo sueño...
- El sueño en la cama se cría, anda ya.

Consecuencias del consejo:
Siempre que trasnocho estoy como pendiente de que llegue la colleja. Aunque mi madre esté a 500 kilómetros de mí, aunque esté de bares, en una discoteca, en otro meridiano, yo ando vigilándome la espalda, por si acaso. Cualquiera se fía, con tanto sigilo.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, habrá una época en la que yo decida a qué hora os vais a la cama, otra en la que os quedaréis estudiando y otra en lo que haréis lo que os dé la gana. Eso sí, confío en que el poder del sigilo me sea entregado en breve... Estáis advertidos.

lunes, 28 de febrero de 2011

64. Tápate la barriga que te vas a enfriar.

Todd Baxter
Yo de pequeña pensaba que las barrigas eran hipersensibles, y que si se te enfriaban era una auténtica catástrofe. A mí no hacía falta que me dijeran que iba a venir el coco, menuda tontada, a mí lo que me asustaba de verdad era un corte de digestión. Claro que yo me imaginaba que se me iba a partir en dos la tripa, tipo hachazo. Si, una niña un pelí gore.

Cuando utilizaba el consejo:
Tú piensas que lo lógico es que lo dijera cuando hacía frío...ay infeliz, esperando lógica de una drama mamá. Mi madre me lo decía cada vez que me veía la barriga. Voy a concretar un poco. Eso ni siquiera significa que la tuvieras al aire, noooo, eso significa que si se acordaba que eras su hija y no tenía otro consejo pendiente, te decía:
- Nena, tápate mejor la barriga que te vas a enfriar.
Que yo me recuerdo mirando mi barriga pensando: "¡Por dios! ¿De qué está hecha? Si llevo una camiseta interior, unas bragas de puntillas hasta debajo del pecho, una camiseta con felpilla por dentro, un jersey de lana que haría las delicias de cualquier esquimal, un pantalón de pana, un anorak de paño, bufanda, guantes y pasamontañas". Porque sí, yo fui niña de pasamontañas, pero de los que solo se te ven los ojos:
- Que por la boca se coge de todo nena, y las anginas son muy malas.
- Ya mamá pero no puedo hablar.
- ¿Pero tú qué vas a querer decir con lo pequeña que eres? De aquí al cole vas en silencio, repasando la lección, que seguro que te viene bien.
- Ya mamá, pero es que no oigo bien. Pues te agarras a la mano del abuelo y que él te lleve. Ya te lo he dicho, repasando la lección, la tabla del 7 que siempre te la inventas.
- Ya mamá, pero es que no puedo ver bien.
- Ya mamá, ya mamá... qué pesada eres. Que ves perfectamente, ¿o quieres que te tengan que operar las anginas? -yo negaba, por cansacio, problamente, porque ni idea de qué eran las anginas- pues eso, te vas con el gorro bien puestico.
- Pero es que tengo pinta un poco rara... Martita tiene un gorro super guay con una bola roja y orejas de conejo y el mío es como de ladrón.
- Ay por dios nena, que tienes cada cosa... El tuyo es mejor que lo hizo tu abuela. ¿O le vas a decir a tu abuela que su gorro no te gusta?
Chanteje, leches, eso era chantaje emocional en toda regla, y allá que iba yo, que solo se me veían los ojos, como un alma en pena, como una pequeña terrorista en pena, porque de eso era de lo que tenia pinta. Y aún gritaba:
- Y tápate bien la barriga que te va puede dar un corte de digestión.
Lo segundo más terrible que te podía pasar en la vida era que se te enfriaran los riñones. De ahí que fuera super necesario meterte la camiseta por las bragas, qué digo la camiseta, yo he llevado jerseys de lana gorda (sí de esos que picaban) remetidos por las bragas. Esto movilidad no te daba, te convertía un poco en una niña palo, ahora, que con tanto refajo y tan bien colocado eras una niña que rebotaba. Incómodo pero práctico.

Consecuencias del consejo:
Me siento salvaje si no me remeto la camiseta dentro de las bragas. Puro riesgo.
En agosto, duermo con la sábana por la barriga. Puedo estar desnuda pero necesito aunque sea un pañuelo en la tripa, si no, no cojo el sueño.
Consecuencias en mi hermana mucho más dramáticas: necesita pilas de ropa para dormir, también a 40 grados, no le sirven los edredones, necesita mantas que pesen, varias. Y varias veces hemos estado a punto de perderla por un golpe de calor durmiendo.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, prometo decirlo solo si hace frío y si tenéis la barriga destapada. Y si alguna vez os meto un jersey de lana por dentro de la ropa interior tenéis mi permiso para gritarme. Y para haceros un blog metiéndoos con vuestra madre, también.

sábado, 26 de febrero de 2011

63. Hasta que no se rompa, no se compra otro.

Mi madre se ríe de la obsolescencia programada. ¿Que hacen las medias mal para que se hagan carreras? Pues ella aprende a remendarlas. ¿Que quedan fatal porque se ve como un pellizco en mitad de las rodillas? Pues a ella le importa un pimiento. Listo. Si fuera por mi madre el sistema capitalista se hubiera ido al traste hace años. Viviríamos en el Estado del Drama donde todo el mundo lleva coderas y rodilleras y todos los días se comen vainas. Vamos, el jodido paraíso.

Cuándo utilizaba el consejo:
Siempre que pedías algo, insisto, siempre.
- Mamá quiero un walkman nuevo.
- Y yo un tren eléctrico.-ahí, con esa lógica que te descompone porque empiezas a pensar: ¿un tren eléctrico? ¿para qué narices quiere ella un tren eléctrico? Te vuelves a centrar.
- eh... Bueno pues yo un walkman nuevo que este ya no rebobina.
- A ver nena, para un rato que me siento en el día y tienes que venir a incordiar. Vete a jugar con tu hermana que no la oigo, y seguro que está haciendo algo malo.
- Que no te incordio más, pero necesito un walkman nuevo.
- Mira nena, uno necesita respirar, comer, dormir y que le quieran, todo lo demás no es necesario, es un plus. Y tú ya tienes pluses de sobra, si hasta tienes unos patines, mira si andas sobrada de pluses.
- Pero mamííí...
- Ay qué pesada eres. A ver, trae ese ualman (ajá, mi madre habla inglés).  ¿Cómo se enciende?
- Con el play mami.
- A mí háblame clarito que estamos en España y somos españoles.
- Con el botón grande.
- Uy si se oye de maravilla, ¿qué andas diciendo que no funciona?
- Es que no puedo echar las canciones para atrás.
- Pues te las eschuchas todas, que eres muy fina tú.
- Pero es que la cara B está vacía.
- ¿Y por qué andas desaprovechando una cara entera? ¿Qué te crees que las cintas me las regalan? Ya estás grabando en el otro lado. Y hasta que no se rompa, no se compra otro. Habráse visto.
- Pero no puedo rebobinar...- muy pesada, lo sé, y poco intuitiva de dónde estaba el límite de su paciencia.
- Mira nena que me estás hartando, a ver si al final te tiro el ualman por la ventana y la única música que vas a oír van a ser mis gritos por soleares de par de mañana. Te coges un boli de bic y le das para atrás.
- Pero mamá...., además está como desteñido ya no se lee ni lo que pone en las teclas.
- Chsitttt, a callar ya. ¿Desgastado? Tú si que me estás desgastando. ¿Se oye no? Pues ya está bien. ¿O quieres que lo tire por la ventana? ¿y a ti detrás?
Aquí ya no hacía falta intuición y me iba a buscar un boli de bic.

Consecuencias del consejo:
He roto miles de cosas a propósito. Y ella ha conseguido reparar el 80% de ellas: ropa remendada, juguetes pegados, estuches atados con gomas, incluso una vez me arregló los frenos de una bici BH azul de tercera mano (mi prima, su hermana, y yo era la tercera mano).
Segunda consecuencia: en  mi casa la compra de esparadrapo, cinta aislante y pegamento alcanzaba cotas de mayorista.
Tercera consecuencia: éxtasis total ante las cosas nuevas. Con éxtasis me refiero: saltos, grititos, abrazos a la coso nueva que fuera (un bici, unos patines, unas botas, una tele, unca caja de galletas...).
Cuarta consecuencia: mala valoración actual de si algo está roto o no. Ejemplo: tengo una caja de música que no hace música y no cierra, tuve un coche en el que no funcionaban la radio, las ventanas, la bocina, el aire acondicionado y llevaba pegada con cinta aislante la guantera...
Quinta consecuencia: mi vida está llena de trucos. He tenido tantos objetos medio rotos que me he acostumbrado a que haya que ponerle una piedra al cable de la tele para que se pueda oír bien, pero si lo quiero ver es el dvd, tengo que quitar la piedra de la tele y poner un páquete de tabaco debajo del euroconector. Agotador.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, este consejo me lo quedo. ¡Hombre ya con tanta tontería de comprar y comprar! Más os vale que las coderas se pongan de moda. Dicho está y os voy avisando que si quéreis cambiar de canal, hay que meterle un pañuelo de papel al mando donde las pilas porque se han aflojado los muelles.

martes, 22 de febrero de 2011

62. Te lo dije nena, te lo dije.

Este consejo me da pereza y probablemente sea el que más veces he escuchado, escucho y escucharé. Por lo siglos de los siglos, amén. Y sin lugar a dudas, es la frase que más me jode escuchar de boca de mi madre porque, la vida es así, ella siempre me lo ha dicho antes de que algo malo suceda.

Cuando lo utiliza:
Pues para joder, porque no me cabe otra explicación, siempre que algo me ha salido mal y con una coletilla que te termina de rematar normalmente acompañado de un refrán.
- Si suspendía un examen: "Te lo dije nena, te lo dije. Sabe el diablo más por viejo que por diablo y yo sabía que con lo poco que has estudiado te quedaban las matemáticas. Ahora que las dos sabemos que eso significa que estás castigada sin salir hasta... Encima no me tuerzas el morro que la tenemos. A buen entendedor pocas palabras bastan".
- Si volvía mojada a casa: "Te lo dije nena, te lo dije, que iba a llover y que te cogiéras el paraguas. Que en abril aguas mil. Pero tú te debes creer que eres impermeable. Pues no, nena, no, el don que te ha dado dios es la ubicuidad, que no paras quieta, pero, de momento, la lluvia te moja y te acatarra como a todos los mortales así que ya te estás comiendo una naranja que más vale prevenir que curar".
- Si me dejaba un novio: "Te lo dije nena, te lo dije, que así no ibas a ningún lado, que si somos modernos y yo puedo salir con mis amigas cuando quiera, irme de viaje sin pedir permiso, no llamarle en tres días. Pues no, nena, ni tan modernos, ni nada. Gota a gota el mar se agota. Y ale, para de llorar, que me pones nerviosa con tanto hipo".
- Si me perdían las maletas en un vuelo: "Te lo dije nena, te lo dije. Que te llevaras una muda limpia y un vestido en la maleta de mano, pero noooo, tú a tu aire como siempre. Hombre prevenido vale por dos. Y luego a llorar que te has gastado todo el dinero del viaje de fin de curso en bragas. Y no digas que era poco dinero. A París la niña, con 16 años, y que no tenía ni para tomar un café. Pero qué café ni qué ocho cuartos, a París, a tu edad, se va a mirar, que es muy bonito. Y no me digas que has pasado hambre que te cruzo la cara. Eso sí que no. Te metí mortadela para siete días, lo que pasa es que eres muy fina y no puedes comer todos los días lo mismo ¿no? Ah y que querías también Cocacola. Mira nena, lo que dan los grifos es agua, y eso bebemos nosotros. Habráse visto, y quítate de mi vista que aún te pongo a comer mortadela otra semana más, para que aprendas a hacerme caso que te lo dije nena, te lo dije, que esos de Iberia no tienen cuidado y les da lo mismo París que Moscú. Que tu tía Mari cuando fue de crucero, para una vez que se estira tu tío, le perdieron la maleta en Barcelona y todo el crucero sin ropa. Ella que se había llevado un vestido de gala para la cena con el capitán... Pues en pareo tuvo que andar 15 días, porque ¡lo qué valen las cosas en esos barcos! Que ya le dije yo que no lo entendía, que una falda es falda en el mar y en la tierra, pero como no tienes otro remedio, pues ellos ponen el precio que quieren. Y cada vez que hacían una visita a un sitio a correr a ver si encontraban algún puesto más barato para comprar al menos bragas y calzonzillos y se perdieron todos los monumentos. Ahora, tú tía de los mercadillos del Mediterréno se lo sabe todo. Y total que llegaron a casa y la maleta traía la mismita ruta que ellos, pero les seguía tarde. Desde entonces yo siempre hago un petate con cuatro cosas para poder salir del paso. Y ya te digo que yo a un crucero no voy, vamos hombre, por mucho capitán que me pongan que...". En este punto he desarrallado lo que mi hermana y yo llamamos "el poder del click". Click y a pensar en mis cosas y ya no tengo ni repajolera idea de qué narices habla.

Consecuencias:
Odio los refranes, el refrañero español y la madre del que se inventó tanta frase tocapelotas, pero ¡No puedo evitar repetirlos constantemente!
Segunda consecuencia: cierto aire de niña envejecida cuando les decía a mis compañeras: "Más vale pájaro en mano que ciento volando".
Tercera consecuencia: aislamiento social no elegido, yo lo llamo así, otros prefieren llamarlo marginación. Cabrones...
Cuarta consecuencia: terror. Cada vez que dice: esa mayonesa se va a cortar, va a caer una nevada, te vas a coger anginas, tiemblo. Leche, es que siempre acierta. Aunque he empezado a dudar. Creo que la técnica es la siguiente: ella siempre piensa que pueden pasar las peores cosas, y cuando pasan, ahí está para recordarte que lo había dicho. Ahora, cuando todas esas pequeñas apocalipsis no suceden... ¿Quién se acuerda de que ella dijo que en el año 2000 se iban a estropear todos los electrodomésticos y que por eso no compraban tele nueva? ¿Quién? Pues yo, pero cualquiera se lo recuerda.

Excepciones para utilizarlo:
Me niego. Futuros hijos míos si os lo dije, estoy segura de que os acordaréis solitos cuando os tiréis una semana comiendo mortadela. De los escarmentados, nacen los avisados, ea.

lunes, 14 de febrero de 2011

61. Nena, como te caigas, encima te doy.

En defensa de mi madre aquí va el parte de accidentes de mi infancia:
Fracturas:
- Los dos brazos, juntos y por separado. Juntos: haciendo una voltereta lateral encima de una barra de un columpio. Por separado: haciendo el pino y peleando con un vecino.
- Los dos tobillos, por separado. Una vez jugando a saltarle a mi hermana por encima. Otra vez jugando al bote bote.
- Varios dedos de los pies. Siempre por correr dentro de casa...jodidos quicios de las puertas.
- La tibia y el tobillo en una misma caída. Haciendo un montón con hojas de los árboles un día de lluvia y jugando a patinar sobre ellas. Sí, patiné demasiado.
- Casi todos los dedos de las manos: baloncesto, gimnasia, fútbol, pressing catch con mi hermana...
- La rabadilla, en varias ocasiones. La primera me caí de una rueda de tractor, la segunda persiguiendo a un gato caí de culo en una mini sima y la tercera haciendo saltos cruzados en una colchoneta elástica, hasta que me choqué con mi compañera de saltos, y fui a parar con el culo en el centro, es decir, en la parte que no es para nada elástica sino un hierro duro con una colchoneta de un milímetro de grosor.
- Las dos palas de leche y una definitiva. Bici y patines las falsas, y tirándome de cabeza la definitiva, que en realidad, en mi caso fue poco definitiva, un año de definitiva, la pobre:
- ¡Pero qué narices has hecho! Un día me matas de un disgusto, y ya te estás tirando a la piscina a buscarla, que igual te la pueden pegar.
- Pero mamá que estoy sangrando...
- Pues habértelo pensado antes de tirarte como Tarzán. A ti quién te mandará. Nena, que no eres de goma, que te lo he dicho mil veces. Ahora toda la vida sin palas, por no hablar de la fortuna que me voy a tener que dejar en el dentista. Una hija mellada. Que te tires a por el trozo de pala, y tu hermana también, por dejarte hacer tonterías.
Un espectáculo en mi piscina que los niños todavía recuerdan. Y una cara atónita, la del dentista: "Pero señora exactamente qué quiere que haga con esto?".

Brechas: barbilla, frente, rodillas, dedo gordo del pie y brazo derecho.

Cuando utilizaba el consejo:
Siempre que veía peligro, bueno la verdad es que ella siempre veía peligro. Y yo nunca. Yo descubrí el miedo en la universidad. Así que he sufrido los accidentes más raros que se puede uno imaginar. Para que os hagáis una idea, una vez me clavaron un palo de esquí justo encima de las palas. Y no fue culpa mía, aunque claro, para rato mi madre me creía nada.
Si además sabía que cerca de mí iba a haber cualquier cosa con ruedas ella entraba en estado de histeria. "Nena no juegues con eso, bájate de ahí, aléjate de ese quicio, no corras, no saltes, no te muevas y suelta ese patinete que lo carga el diablo".

Consecuencias del consejo:
Múltiples heridas de guerra. Yo sigo teniendo piedras pequeñicas en las rodillas de algún derrape indebido que, por no decirle a mi madre que me había vuelto a caer, pues ahí se han quedado, de recuerdo.
Segunda consecuencia una fama inmerecida en el barrio que llegó a su esplendor un día que estábamos en los columpios de la plaza.
- ¡Nena! Siéntate en la ruleta ahora mismo.
- Pero mami que es más divertido así hacia atrás.
- Que te he dicho que te sientes que te vas a abrir la cabeza. Y esta semana no podemos ir a urgencias otra vez. Que ya me tratan de tú. Y acábate ese plátano ya, por dios, que llevas una hora para dos bocados.
- Pero mira mami cómo hago- y yo me ponía colgando de la barra central de la rutela con la cabeza mirando para atrás... Lo dicho, me creía inmortal.
- Nena, como te caigas, encima te doy.
Pero no hizo falta, un ligero desequilibrio y me hice una brecha en cabeza. Sangraba una barbaridad y mi madre, me arrastró a la farmacia de la esquina mientras repetía todo el rato el número de teléfono de mi padre como una letanía, yo callada, porque sabía que podía cobrar. Según entramos en la farmacia, dijo el número una vez más y se desmayó. Así que mi padre recibió la siguiente llamada:
- Mire, lo de la niña no es nada, un par de puntos, ahora, que lo de su mujer, ya no sabemos.
Lo dicho, a la boticaria, que era una cotilla, le faltó tiempo para irle con el cuento a todas mis vecinas.
Tercera consecuencia: mote familiar "La nena mercromina".

Excepciones para utilizarlo:
Encima de las leches que me he dado a lo largo de mi vida, lo único peor era pensar que encima me podía llevar un sopapo. Éste no pienso utilizarlo. Ahora, futuros hijos míos cruzad los dedos para que mi gen de la inmortalidad sea recesivo. Por dios, hacedme caso, tenéis que salir a vuestro padre.

miércoles, 9 de febrero de 2011

60. Eso es que estás creciendo nena.

Boldandnoble
Tú te levantabas un día de la cama y se te doblaban las rodillas:
- Mami me encuentro fatal, yo creo que esta noche durmiendo me he partido las piernas.
- No digas tonterías nena, que no dices más que tonterías. Eso es que estás creciendo.
- ¿Crecer duele?
- En la vida todo duele, pero si me haces caso y eres una niña obediente, la vida te dolerá menos.
- ¿Por qué duele?
- Ya estamos con los porqués, ¿eh nena? No habíamos hablado ya que, a veces, las cosas son más bonitas si no sabemos porqué. Acuérdate del disgusto que te llevaste cuando tu padre te explicó que el frigo no era una caja mágica que hace frío. Acuérdarte que no te hizo ninguna gracia. Pues eso, a veces es mejor pensar que las cosas son mágicas, y punto.
- Mamíiiiíii, pero es que me duele.
- Mira nena, te he dicho una y mil veces que no me llames mami, que no eres un bebe y yo me pongo muy nerviosa. Te duele porque sí, porque te tiene que doler.
- Porque sí no es una respuesta- ahí, en plan kamikaze.
- Porque sí es una respuesta si lo digo yo. ¿Te queda claro?
- Jo, sólo preguntaba...
- Ay que pesada eres, de verdad, nena  Pues la vida duele porque la hicieron así y tus piernas, porque los huesos se están extirando y empujan a tus piernas y te duele.
- Pues yo no quiero crecer más.
- ¡Ah claro! Que te quieres quedar enana, muy práctico. Así no tendré que comprarte ropa nunca más, ni zapatos, ni cambiarás de clase, porque como no habrás crecido...
- Bueno no sé... Si no tengo que crecer más..., ¿tendría que seguir comiendo vainas que son buenas para crecer?- estaba  loca, estaba mirando a directamente a los ojos del abismo, y tan tranquila, como si no fuera conmigo.
- Mira nena, tú te comes las vainas aunque midas la mitad de pulgarcito, ¿me oyes? Y como te hagas la lista, dos platos cada vez. Y vete a hacer los deberes, que me tienes harta.

Consecuencias del consejo:
Miedo paralizante por las noches. "Y si mis huesos crecen mucho y me revientan la piel, ¿qué? ¿Cómo se vive una vida con la piel reventada?"
Segunda consecuencia: crecer me parece una mierda. No sólo te dolían las rodillas, cualquier catarro, angina, dolor de muelas, de cabeza e incluso moratón era "porque estás creciendo".
Tercera consecuencia: terror a ser un gigante. Yo crecí de golpe. Un martes. Pasé al metro setenta y tres de golpe, y mucho antes que mis amigas. Así que todos los dolores que padecí después de "El estirón" me aterrorizaban. "¡Por dios, no quiero crecer más! Ni un centímetro. Esto me pasa por comer tantas vainas".
Cuarta consecuencia: incredulidad en la sabiduría materna. Vamos, hombre, con 31 años que tengo y me siguen doliendo las rodillas, no me jodas que todavía me queda por dar un estirón.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, la vida duele, es así. Me gustaría daros buenas noticias, pero duele. Ahora, que si sois obedientes...

jueves, 3 de febrero de 2011

59. Nena, tú nunca seas la primera en nada.

101Birdtales
El otro día le dije a mi madre que iba a hacerme la depilación láser y me recordó uno de los consejos más raros que me solía dar:
-Ni se te ocurra nena, que eso no está ni investigado ni nada, a ver si te queman o te pegan algo raro, que nunca se sabe. No ha pasado tiempo para qué se conozcan las consecuencias, y las compañías lo único que quieren es ganar dinero. A mi costa no, desde luego, no me verás a mí esperando a que una señorita con unas gafas de marciana me apunte con una pistola de luz azul a la piel. Nooooo. Muy tonto hay que ser para caer en eso.
- Pero si se lo hace mucha gente.
- ¿Cuántos años han pasado desde que se lo hizo la primera? ¿Dos, tres?
- Pues no sé, mamá, algo más.
- Pues cuando esa primera mujer se muera con 80 años, feliz y rodeada de nietos, podrán decir que no tiene consecuencias. Yo mientras tanto me espero, que de toda la vida de dios nos hemos depilado de manera normal y no pasaba nada, que ahora sois muy finas. Yo con mi Antonia que me hace la cera perfectamente, y además me da conversación.
- Mamá hay que avanzar, si por ti fuera en esta casa no hubiera entrado ni un microndas...
- Mira la moderna. Nena, yo he sido toda una avanzada, aquí donde me ves, que tú no tienes ni idea lo que hemos tenido que pasar las mujeres de mi generación y todo lo que hemos tenido que inventarnos. Ni idea tienes. Eso sí, de ahí a creerme que no sé porqué magia divina la comida congelada se calienta, pues no, no soy tan moderna ni falta que me hace. Que así de pocha se queda la comida, algo malo le hará. Nunca hay que ser la primera en nada, nena, en nada. Ni en probar cosas nuevas, ni en ser la primera de la clase tampoco. El segundo puesto está de maravilla en la vida. Ya lo aprenderás. La más guapa, siempre acaba mal. Es mejor ser del montón. La más lista, siempre acaba sola. Por eso siempre os lo dicho: Yo quiero hijas del montón. Que los niños listísimos se los queden otros. Vosotras normalicas, como a mí me gustan, con una vida normal, un novio normal y un trabajo normal.
- Mamá eso es un poco raro. Todos los padres quieren que su hija sea la más guapa y la más lista.
- Pues yo no. Mira, la Mari Carmen era la guapa de mi colegio. Monísima, una mujer de bandera. Pues me la encontré hace poco, gorda como un tonel, que ya sabes que yo prefiero un hija gorda que una flacucha, pero hay que cuidarse, por salud. Pero como ella era tan guapa, pues se fue dejando. El caso es que nos ponemos a charlar, 40 años después, y de repente me saca del bolso una foto firmada por todos los chicos del colegio del al lado. ¡40 años después! Nena, esa mujer llevaba en su bolso esa foto vieja como el mayor trofeo de su vida. Ay me pareció tristísimo. Y todo eso por ser guapa. Yo como era del montón en mi bolso llevo tu foto y la de tu hermana, que menuda pinta tienes tú. A ver si te sacas una foto en la que salgas bien, porque es de la época en la que te dio por ir de sucia, porque ya me dirás tú que ese pelo rizado... ¡Ni la Pantoja nena! Que las que son muy morenas y con tanto pelo se tienen que peinar bien, que te lo tengo dicho, que si fueras rubia, pues puedes ir despeinada y pareces graciosa, ¡pero tú! Tú pareces sucia. Con lo mona que podrías ir si me hicieras caso. (Más spam) ¡Ah! y en el bolso también llevo el carnet de conducir, que creo que ha sido lo mejor que he hecho en mi vida, bueno, después de vosotras, que no sabes la libertad que te da eso de ir a dónde te de la gana. A por patatas, a por patatas, al Corte Inglés, al Corte inglés, a casa de mi hermana, a casa de mi hermana, y sin pedir a nadie que te lleve, que es casi como pedir permiso. Eso sí que ha sido la liberación de la mujer.

Consecuencias del consejo:
A mí destacar en algo me hacía sentirme fracasada, ya de entrada.
Segunda consecuencia frustración:
- ¡Nena! ¡Un cinco en matemáticas!
- Pero mami, no decías que no querías que fuera la primera...
- Pero mira la listilla. La segunda nena, te dije la segunda, no la listilla que solo quiere llegar al mínimo.
- Pero es que la de mates me tiene manía.
- Yo también te la tendría si no fueras mi hija, que eres muy listilla. Y ya te estás poniendo a estudiar desde hoy mismo si quieres volver a pisar la calle.
- Pero mamá...
- Chts. He dicho ¡YA!.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, sin presiones, pero me encantaría que fuérais los primeros de vuestra clase en retirar a vuestra madre a vivir a una isla caribeña. Para el resto, pues lo mismo me da.

lunes, 31 de enero de 2011

58. Como te vea con un cigarro te lo tragas.

Y claro, después de recibir este consejo, pues nunca me vio.

Cuando utilizaba el consejo:
Sin criterio, ni contexto, vamos, como coletilla general en cualquier situación. Pongamos ejemplos:
- Nena, te he preparado la mochila para la excursión y te he metido 500 pesetas, por si acaso. Y no te alejes del grupo, que eres muy de alejarte, y haz caso a las profesoras y como te vea alguien con un cigarro en la boca te lo tragas. (ajá)
- Nena vuelve a casa las 10, ni un minuto más. Mira, para que no te entren dudas, que tú eres muy de dudar. Por cada minuto tarde que llegues, te castigo un mes. Tú verás si te compensa dudar y como te vea con un cigarro en la boca te lo tragas. (ajá)
- Nena baja a por patatas, un kilo, de las de atrás que son las mejores, y le pides un poco de perejil, y  como te vea con un cigarro en la boca te lo tragas. (ajá, ajá).
Mi madre inventó el spam. Palabrita.

Consecuencias del consejo:
Fumo a toda pastilla, con ansiedad, por si acaso anda cerca
Segunda consecuencia: falta de credibilidad en mi madre. Llegué un día casa y después de un par de gritos, la veo en la terraza pequeña de su cuarto:
- ¿Qué haces aquí mamá?- y ella me mira con cara de infarto.
- Pues mirando por la ventana, que hay mucho que mirar- seguía con cara de infarto y un brazo flexionado detrás de la espalda.
- ¿Mamá tú estás fumando?- lo dije con miedo, sabiendo que podía lanzarme por la ventana.
- ¡Pero qué voy a fumar yo! ¡Qué cosas tienes! Ayayayayay esta chica- cara de infarto e ictus.
- Pero mamá...- me estaba jugando la vida- La cortina de detrás tuya está ardiendo -ahí sí se le saltaron los ojos de las órbitas, cara de apoplejía, y un segundo después, sin mirar a la cortina que ardía- Mucho tiempo tienes tú para estar aquí de cháchara, será que ya has ordenado tu cuarto y hecho los deberes, entonces se me ocurre, que te puedes poner a limpiar borraja, por ejemplo, y luego te pasas el aspirador, y...
- Ya me voy, ya me voy...
¡Estaba fumando! ¡La vi! Bueno, en realidad vi como ardía la cortina. Se lo conté a mi hermana como si le contara un secreto en el que está en juego el fututo del planeta. Y nunca, jamás, ni siquiera en la típica cena de nochebuena en la te relajas, jamás, hemos hablando del "incidente de la cortina" . Me podeis llamar cobarde, pero yo me veo más como una superviviente. Ajá.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, este consejo no sirve para nada. Fumar es una mierda y siento una enorme envidia de la gente que no fuma y no se tiene que enfrentar a dejar un vicio de mierda como éste. Así que optaré por la técnica de mi no drama papá, mucho más realista.
- ¿Qué la nena fuma? Déjala, que se joda.

miércoles, 26 de enero de 2011

57. ¿No tienes nada que contarme?

Yo era oír esa pregunta y me moría de miedo. La había liado seguro, pero yo siempre andaba liándola y no sabía exactamente en cuál de todas me había pillado. Así que llegábamos a situaciones realmente imbéciles. Un ejemplo.
La primera vez que yo le pedí permiso a mis padres para ir a una discoteca con 14 años, ellos, por supuesto, me dijeron que no. Y yo, por supuesto, fui. Llegué a casa extasiada de ese mundo increíble que acaba de descubrir en el que te pasabas toda la noche hablando en una esquina con tus amigas del colegio viendo a los chicos, en la otra esquina, hablando también con los mismos chicos con los que estaban todo el tiempo en clase. Ajá. Increíble. El caso es que llega casa pensando que el cielo era algo parecido a una discoteca y me encontré a mis padres en la cocina, separando lentejas:
- ¿No tienes nada que contarme?- te lo decía así, como si nada.
- Pues no, creo que no, vamos.- y ya estaba vendida.
- Ah bueno. ¿De dónde vienes que vienes como si hubieras sudado?- Pregunta trampa, pregunta trampa!
- Pues es que estábamos en la plaza y han venido unos chicos con globos de agua. Entonces hemos empezado a correr, y nos hemos tenido que esconder porque eran unos chicos muy brutos, y nos han encontrado y otra vez a correr.
- ¿Y qué chicos eran esos?
- Pues no sé, unos chicos.
- ¿En abstracto o tenían nombres?
- Es que no los conocíamos pero nos han estado persiguiendo toda la tarde.- ella seguía separando lentejas como si nada.
- ¿Y hasta dónde os han perseguido?- lenteja pocha a la basura...
- Pues por el barrio.
- Ahhh, por el barrio...- lenteja buena al plato con agua.
- Eh sí, por el barrio- a esas alturas yo ya me temía lo peor. Y acertaba.
- ¿Y no has salido del barrio?- lenteja pocha a la basura.
- Pues no..., bueno, creo que no.
- ¿Y por qué tienes los ojos como tan negros? - "Me ha pillado. Se ha dado cuenta de que me he maquillado. Pero, ¿cómo? Si me limpiado en el ascensor, 6 veces".
- Pues no sé, será sucio...
- Ah... ¿ Y qué has hecho para ensuciarte así?
- Pues no sé, igual de correr o algo, del parque, eso, del parque. Es que una de las veces nos hemos escondido en el parque y el suelo estaba como negro.- Lo sé, yo era imbécil- Ha tenido que ser de eso.
- Claro, claro. De la tierra negra del parque- lenteja buena al agua.
- Sí, sí de la tierra, eso es.
- ¿Y te lo has pasado bien?- lenteja pocha a la basura.
- Sí muy bien, aunque estoy un poco cansada y yo creo que me voy a ir a la cama...
- Pues ya puedes habértelo pasado de maravilla porque- y se ponía de pie y caían lentejas por todos los lados- ¡¡¡¡No vas a volver a ver la calle en meses!!!! ¿Me estás oyendo? Que correr, ni que globos de agua. Que te han visto entrando a la discoteca. Y me han llamado para decírmelo, que menuda vergüenza he pasado yo. Y mira que te hemos dado la oportunidad para que dijeras las verdad, y nooooo, tú con tus mentiras, con tus malas mentiras por cierto. Tiempo te ha faltado para ir. Ayer te lo prohibimos, hoy vas. Y encima maquillada, porque esos ojos de mapache son de rimmel. ¡A mí me vas a engañar tú! Muy bien. Pues como no nos podemos fiar de ti, tres meses sin salir de casa. Directa del colegio, a tu cuarto.
- ¡Pero mamá! Si a todas mis amigas les dejan.
- Encima no me grites que te enteras. Un pimiento me importan todas tus amigas. Y para la cama ya, que me tienes muy enfadada. ¡14 años! Yo fui a mi primera discoteca en la luna de miel. Vamos hombre, la nena nos ha salido moderna. Pues ya te digo que por ahí no paso, antes te mando interna. Buena soy yo.

Consecuencias de la frase:
Pues creo que he estado tres veces en mi vida en un discoteca, llamadme maniática, pero les cogí manía.
Mi vida social adolescente fue como el Guadiana: ahora tienes, ahora te la quito durante tres meses, ahora tienes, ahora te castigo cuatro meses y así hasta que me fui de casa.

Excepciones para utilizarlo:
La verdad es que una técnica cojonuda. Yo creo que a veces ella no sabía nada, y  me hacía la preguntita por si acaso, y allá que iba yo directa, al patíbulo de cabeza. Tú pones a un acusado frente al juez y que le pregunte: "¿No tienes nada que contarme? Y el sistema judicial español se ahorraría mucho trabajo.
Lo siento futuros hijos míos, este, me lo quedo. Id pensando al menos en buenas historias...