lunes, 23 de agosto de 2010

31. Tenías que haber caído en otra casa.

Esto nunca se le debería decir a un niño, porque un niño puede pensar:
Primero: los niños caen lo que produce confusiones en cuanto a la reproducción humana.
Segundo: a mi madre le hubiera gustado que le hubiera caído otra niña distinta, más... más... No es que no se me ocurran cosas, es que son tantas que me cuesta ordenarlas: más limpia, ordenada, buena comedora, recta, educada, tranquila, obediente, conformista, disciplinada, y sobre todo, más normal. Voy a parar de enumerar para no deprimirme.
Tercero: ¿Y si hubiera caído en casa de Martita? Tendría Barbie y piscina. ¡Oh mundo cruel! Y yo con la muñeca Pepa que sólo sabe tirarse pedos y la piscina municipal con el profesor psicópata de natación:
- No llores niña. Tampoco es tan grave que te caiga alguien encima desde el trampolín. Que eres muy blanda.
- Pero es que Manolito pesa 70 kilos.
- ¡Ah! o sea que tenemos una niña que discrimina a los demás por su peso. Bueno, pues se me ocurre que piense en ello nadando otros... pongamos... 30 largos, y suelta la burbuja, que te estoy viendo. Así no te vas a hacer fuerte niña.

Cuándo utilizaba el consejo:
Siempre que me quejaba.
- Joo mami las alubias verdes están malas.
- Tenías que haber caído en otra casa en la que te dieran de comer siempre alubias, para que aprendieras.
- Mami nosotros nunca tenemos Nocilla.
- Tenías que haber caído en otra casa en la que siempre te dieran de comer siempre alubias, para que aprendieras.
- Mami yo lo que quiero cenar de verdad son tranchetes, sólo tranchetes.
- Tenías que haber caído en otra casa en la que siempre te dieran de comer siempre alubias, para que aprendieras. (Luego se pregunta porqué coño le tengo tanta manía a las alubias).
- También podía haber caído en una casa en la que sólo dieran Nocilla y tranchetes- decía yo por lo bajini. Pero el super oído de madre ahí está, para amargarle el día a una.
- ¡Ah sí! Pues ala, venga, vete a buscar esa casa. Sí, sí, ya me estás oyendo. Anda coge tus cosas, ah no, que tu cosas son nuestras ¿o es que tú has pagado alguna? Venga, que sí nena, que tienes mi permiso. Vete a ver si te quieren en otra casa, no sé, igual los gitanos del circo buscan niñas.
Y me comía las jodidas alubias.

Excepciones para utilizar este consejo:
Ninguna. Futuros hijos míos: habéis caído en mi casa. La vida es así. Espero tener piscina para cuando lleguéis, Nocilla ya tengo, algo es algo, pero algún día habrá que comer alubias verdes. Lo dicho, la vida es así.

viernes, 20 de agosto de 2010

30. Nena, como te caigas, vas a cobrar.

- ¿Voy a cobrar 100 pesetas mamá? (ajá soy de la generación de las pesetas y de los chistes malos).
- Mira nena, como te sigas haciendo la graciosa no te va a hacer falta caerte para cobrar. Y bájate de esa barandilla que te vas a abrir la crisma y luego vendrán los lloros.

Oye, dicho y hecho. Es que mi madre te dice algo tipo: ten cuidado con ese vaso que se te va a caer. Y al jodido vaso parece que le faltan segundos para estamparse contra el suelo. Y, por supuesto, que a mi madre le faltan menos segundos para decir: "Te lo dije, nena".
Yo creo que es un super poder de madres. En realidad, si ella no dijera nada, el vaso jamás se caería pero se cae, y vienen los lloros, y las crismas abiertas.
Crisma es una de esas palabras que no tengo ni idea de qué significa, supongo que cabeza, pero que sólo se la he oído a mi madre en dos variantes: romper la crisma y abrir la crisma (Segunda entrega del vocabulario de madre).
Y también está esa gran frase de madre: "luego vendrán los lloros". Tengo que confesar que durante años, para mí, los lloros eran unos seres tipo el coco, malvados, que iban a venir a castigarme por portarme mal. Descubrí lo que eran la primera vez que me abrí la crisma. La escena: yo llorando con una herida en la cabeza y mi madre:
- Te lo dije nena. A no, no, a mí con lloros no me vengas. Que te lo he dicho nena: bájate de ese patinete que tú tienes el mismo equilibrio que un calabacín, mejor tumbada. Pero noooo, tú ni caso: que mira cómo me deslizo, que mira que velocidad... Pues ala, ya lo has aprendido: la velocidad en la vida no trae nada bueno, nunca, y tú sobre ruedas, pues tampoco puedes traer nada bueno. ¡Pero si tenías 8 meses y todavía no te sujetabas la cabeza! Que las vecinas me decían que te pusiera collarín para que se fijara un poco el cuello, que no era normal. Y sí que quedabas un poco rara, así te has quedado, rara. Que ya es desgracia. Habiendo podido ser normal, normal, pues mira, nos ha tocado que seas rara.
Insisto: yo lloraba con una herida en la cabeza.

Consecuencias:
Puro y rotundo pánico cada vez que mi madre dice cosas tipo:
- Tú sigue así, que te van a echar a la calle en dos días- Oye, pues justo, fueron dos días y a la calle.
Le hago caso, al menos con las cosas básicas, le hago caso.
- Nena, si no sabes cocinar vas a morir sola.
A ver quién tiene narices de no hacerle caso. ¿Eh? ¿A ver? Vamos, que hago una paella para chuparse los dedos y estoy aprendiendo a desconstruir la tortilla de patatas. Bueno, para qué mentir, mis tortillas siempre son deconstruídas, jamás me cuajan. Joder, voy a morir sola.

Excepciones para utilizar el consejo:
Futuros hijos míos, lo siento pero el consejo me importa un pimiento, lo que quiero son esos super poderes premonitorios ya mismo y decirme por las noches:
- Nena, como mañana eches a la primitiva, te van a tocar 20 kilos.
¡Y a vivir! que es lo mío.

miércoles, 18 de agosto de 2010

29. Quien tiende bien, plancha la mitad.

Lo tengo que reconocer: mi madre tiene razón. Un gran consejo. Estupendo. Pura sabiduría de madre.  Una verdad como un templo. Si no te gusta planchar... Bueno, ¿a qué clase de persona le puede gustar planchar? Mi madre, que tiene su casa limpia, pero limpia tipo: en esta casa no hay atmósfera por eso no hay ni una motita de polvo, odia planchar. Y tiene ese truco. Un buen truco. Vale, dejo de insistir pero es que los buenos consejos de mi madre los paladeo con placer.

Matizaciones malas a un buen consejo:
Mi madre lo plancha todo.
- Por supuesto, que lás sábanas se planchan, y ¿ si te pones mala y tiene que venir el médico a casa? Imagínate la vergüenza si están arrugadas. Nena, las sábanas se planchan.
- Las toallas también se planchan, nena, ¿cómo no se van a planchar? Es que tienes unas cosas. ¿Y si viene algún invitado a casa y las ve todas arrugadas en el baño, qué a pensar de ti? Pues que eres una sucia y eso no, ¿me has oído? De una hija mía nadie va a decir que es sucia, antes me borro como madre.
- Ay nena, y ya que estás, no te cuesta nada darles un planchado a los calcetines, que quedan mejor tú hazme caso, y si alguien abre el cajón de los calcetines pues pensará: Pero qué chica más limpia.
- Pero mamá, quién narices va a abrir mi cajón de los calcetines.
-Nunca se sabe, nena, tú por si acaso dales una planchada. Y, por favor, no digas narices, que queda  vulgar.

Para mi madre, la limpieza es LA virtud, sin lugar a dudas lo mejor que se puede decir de alguien. Puedes saber si una persona le ha impresionado porque dice: "He conocido a la hija de Pili, ay muy mona, muy estilosa, es médico, trabaja en una ONG, pero sobre todo es que tiene una pinta de limpia". Mi madre vio a Obama y dijo: "Me gusta ese chico, tiene pinta de muy limpio". Tú estudia años, una dura carrera política, sé el primer presidente negro de Estados Unidos y nada de eso valdrá tanto como que lleves los calcetines planchados.

Excepciones para utilizar el consejo (en realidad, variación del consejo):
Futuros hijos míos: quien tiende bien, plancha la mitad. Una buena sacudida y bien colgada, y no habrá que planchar.
Segundo consejo: existen tejidos que no hace falta planchar, compraros toda la ropa de ellos. A excepción de la licra, hijos, la licra sólo se admite en un bañador y con mucho, mucho, cuidado.
No perdáis tiempo planchando: sábanas, toallas, bragas, calcetines, paños de cocina, y la mayoría de las camisetas y pantalones. Si alguien dice que sois unos sucios por no planchar los calcetines no pasa nada, el problema es suyo. Conoceréis más gente. Si es vuestra suegra, estáis jodidos.

lunes, 9 de agosto de 2010

28. Y si Martita se tira por la ventana...

Pues yo detrás mamá, porque soy un ser sin personalidad que cree que tirarse por la ventana es una opción como cualquier otra: ¿Seré abogada o arquitecta? Bah... No. Mejor me tiro por una ventana como Martita.
Mira, esta frase me ponía, y me pone, de los nervios. Digo "me pone" porque la frase sigue ahí para mí:
- Mamá, me voy a ir de viaje a México.
- ¡Huy nena a México! Pero si todos los días dan en la tele que matan gente. Decapitados, me parece. Ese no puede ser un país normal. ¿Qué haces tú en México? Que necesidad tienes con la de España que hay por ver. (Mi madre es muy de España).
- Pero que la zona a la que voy es para turistas y es muy segura. Hay mucha policía.
- Huy nena, donde hay policía es que se necesita, que tienes unas cosas... ¿A qué cuando tú vas paseando por Gandía no ves mucha? Porque es un sitio seguro, por eso no hay. Además ¿esos no son los de la gripe porcina?
- La gripe A, mamá.
- Pues eso, que lo mismo da.
- Pues no es lo mismo mamá, una la padecen los cerdos y otra las personas.
- Pues más a mi favor, ¿entonces dices que la gripe mortal de personas es mejicana?
- Mamá, eso fue hace un año y fue en todo el mundo y han demostrado que no era peligrosa.
- No claro, no, no era nada peligrosa. ¿Y quién lo ha demostrado? ¿No habrán sido los mejicanos? Nena, por favor, que tú eres de creerte cualquier cosa que ya lo hemos hablado.
- Ay Mamá, de verdad que es muy seguro y hay unas playas  preciosas.
- Huy playas preciosas, dice. En Valencia hay más de 100 playas con bandera azul, que han dado en la tele que es el mejor diploma que le pueden dar a una playa ¿las de México tienen bandera azul?
- No la necesitan, tienen el mar Caribe.
- Y Gandía el Mediterráneo, y una arena buénisima que no se pega, y no andan decapitando gente por la calle sin ton ni son. Que además en esos viajes a saber qué te dan de comer y luego te entran unas diarreas malísimas, y te quedas más delgada aún, que te lo he dicho, nena: tú más que flaca estás espiritual. Con la paella tan buena que dan en Gandía, y el fideuá, que me dijo tu tía Mari de un sitio estupendo para  tomarlo, un sitio limpio, limpio que te ponen manteles de tela, y si vas le dices que eres sobrina de la Mari, la del Teodoro, y ya vas a ver que te atienden de primera y te echan un montón de gambas en la ración.
Y justo en este punto, demostrado que la logica, la información y la racionalidad no funcionan es cuando yo digo:
- Mamá, Marta fue en junio a México y volvió encantada y no tuvieron ningún problema.
- Y si Martita se tira por una ventana, tú detrás.
Esto fue antes de ayer, 31 años que tengo, y Martita 1 hija y un trabajo como pediatra, y un marido serio que haría las delicias como nuero para mi madre. Pero ella sigue siendo Martita y yo un ser sin personalidad, y mi madre agotadora.

Consecuencias del consejo:
Le he mentido durante años, pero mentido con avaricia. En realidad, sólo 1 de las 30 veces que cree que he estado en Gandía era verdad. Fui una vez y me hice miles de fotos de recurso. Todos vivimos más tranquilos.

Excepciones para utilizar la frasecita:
Cuando Martita se tire por la jodida ventana.

jueves, 5 de agosto de 2010

27. Esto me duele más a mí que a ti, nena.

Pues mira mamá, lo dudo. Pero mucho, mucho.
Al principio te creía:
- Castigada sin cenar por no haber merendado. Y no llores que esto me duele más a mí que ti, nena.
Vale. Puede que en ese caso le doliera más a ella si tengo en cuenta que siempre me ha tratado de alimentar como si en mi interior vivieran 4 niñas más, y una de ellas con la tenia. Cuando mi madre me dice: "Te he dejado la comida preparada", ya sé que podemos comer yo y el colegio entero de las Ursulinas, y puede que sobre algo. Así que vale, dejarme sin cenar podía dolerle más a ella.

Puede que también fuera verdad cuando me llevaba a natación y aquel simpático profesor me tiraba al agua mientras le decía a ella: "Tranquila mujer, los buenos sobreviven".
Teniendo en cuenta que todo, repito todo, en esta vida le parece una amenaza... Pongamos ejemplos para dejar las cosas claras: "Las moscas son unos seres horrorosos que trasmiten infecciones mortales, en el mar te puede atacar un banco de medusas, en la arena de la playa hay jeringuillas escondidas para infectar a niñas como tú, en los vasos te echan droga, todos los hombres menos tu padre quieren aprovecharse de ti, por la noche hay delincuentes, por el día no puedes reconocer a los delincuentes porque disimulan, el cloro de la piscina te puede dejar ciega, si andas descalza cogerás hongos, las mariquitas son moscas disfrazadas". ¿Se entiende no? Bueno, por si acaso: "Te puedes pillar cualquier cosa si vas de camping, si te muerdes las uñas se te clavarán en la barriga, si te haces un pendiente se pudrirá y se te va a caer la nariz, las mariposas también son moscas disfrazadas". Ahora sí.
Bueno, también puede que le doliera más a ella verme tragar agua e intentar sobrevivir en aquella piscina del infierno, porque si tenía que confiar que sólo los buenos sobrevivían... No lo vería claro.

Pero el resto de las veces. Castigada sin salir, sin postre, sin tele, sin jugar, sin bajar a la plaza, castigada a comer doble ración de alubias verdes, castigada a fregar toda la casa, a limpiar las ventanas, a sacar la basura, a ordenar los armarios... "Esto me duele más a mí que ti, nena". ¡JA! Vamos, mamá, un poco de seriedad: no te dolía nada de nada, ni siquiera un poquito.

Excepciones para utilizar el consejo:
No pienso hacerles creer que yo sufro más por los castigos que ellos. Tampoco es que vaya a disfrutar aunque tengo serias dudas... Mi madre estoy segura de que se lo pasaba pipa viéndome comer doble ración de alubias verdes: "Ale, ya la he alimentado por hoy y por mañana. Anda que no soy buena madre ni nada. ¡Una medalla me tenían que dar!".
Pues eso, queda prohibida la frase. Suficiente es el castigo como para encima regozijarse.

sábado, 31 de julio de 2010

26. ¡Ni chocolate, ni chocolata!

Esto más que un consejo es la primera entrega del vocabulario de madres.
La mía nunca jamás nos daba un capricho. No. Ella creía que con una única vez que nos comprara un huevo kinder íbamos a quedar marcadas de por vida por ese capricho, y ya nunca jamás íbamos a tener fuerza de voluntad, nos íbamos a dedicar a la vida fácil y ociosa, y a todos los vicios posibles. "Que son muchos nena, y ahí están para que tú caigas y tú eres mucho de caer".
Así que tú le decías:
- Mamá, quiero un huevo de chocolate.
- No.
- Por fa mami, cómprame un huevo- con cara de niña buenísima.
- No.
- Mamiiiii que me voy portar super bien si me compras chocolate (Aquí revasaba su paciencia).
- ¡Ni chocolate, ni chocolata!, y como no te portes bien tú solica, te vas a enterar. Mi obligación es tenerte abrigada y bien comida y la tuya portarte bien. Así que, si tu no cumples, esta noche duermes en la terraza y vas a cenar huevos de chocolate imaginarios, que parece que te gustan mucho.
Sí, tampoco es que mi madre fuera el Santo Job.

Cuando ella le cambiaba el género a cualquier cosa, tú ya sabías que no había esperanza.
- Mami cómprame una barbie que Martita tiene una super chula.
- Pues anda que no es chula tu muñeca Pepa.
- Mami, pero si le falta un ojo.
- Será culpa mía, no habérselo arrancando.
- Jooo mami, que la Barbie es super guapa y tiene muchos vestidos.
- Y la Pepa se tira pedos.
- Mami no es lo mismo. La Barbie tiene estilo y está delgada.
- Mira nena, a mi la Pepa me parece mucho más simpática que la escuálida esa, que no puede ser bueno que las niñas juguéis a princesas con muñecas que parecen pilinguis (eh! otra palabra de madre, al menos de la mía: pilingui).
Y aquí era el punto de no retorno:
- Ay mami si me quisieras me comprarías una barbie.
- ¡Qué barbie ni qué barbo! Yo a tu edad jugaba con una caja de cartón durante horas. Y como vuelvas a decir una tontería de esas como que no te quiero, te regalo a los gitanos del circo que ya me estás hartando.

Consecuencias:
- En mi mente, los huevos kinder son un lujo tipo caviar.Vamos, sólo me los permito cuando cobro la extra y con miedo a convertirme en una drogadicta.
- Sonreía constantemente a los gitanos del circo preprarando el terreno, por si un día me mandaba con ellos.
- Hubo una época en la que de mayor quería ser pilingui. Hasta que se lo dije a una vecina de mi madre.
Situación: me pregunta la amable señora "Y de mayor que vás a ser". "Yo pilingui como la Barbie". Pellizco de la muerte, codazo, pisotón. Breve explicación a la vecina ojiplática. "Esta niña repite todo lo que oye en la tele. Desde luego, la televisión va a destrozar a esta generación de niños". Otro pellizco de la muerte en el ascensor. Un par de invitaciones cordiales a irme a vivir con los gitanos. Otro par menos cordiales. Pellizco de la muerte. Reflexión por mi parte. "Mami, que pensándolo mejor seré profesora, porque lo de pilingui nos va a costar un disgusto". "Nena, a veces no sé si es que eres muy lista o tremendamente tonta. De verdad que no lo sé", ahí, reforzando mi autoestima.

Excepciones para utilizar el cambio de genéro:
Pues en el fondo es gracioso. Ya me estoy viendo:  "Ni pokemon, ni pokeman", "Ni tele, ni tela" "Ni ipod, ni ipad", ¡coño! la madre de Steve Jobs es de las mías.

miércoles, 28 de julio de 2010

25. Nena, si es gratis, tú lo coges, luego ya veremos qué hacemos con eso


Este consejo es toda una filosofía de vida. Existen personas que si algo es gratis directamente no les gusta, existen personas que si algo es gratis les parece mejor, y luego está mi madre, a la que no disfrutar de algo que es gratis le parece pecado mortal.
A mi madre las promociones le vuelven loca. Esta frase es poco concisa, demasiado usada. Cuando digo le vuelven loca, es real. Se transforma. Las manos se vuelven más prensiles que nunca. Pareciera que los monos sólo hubieran evolucionado para que el pulgar y el índice de mi madre se pinzaran para coger aquel balón de playa de Nivea. Porque cuando algo es gratis, ella lo coge con tanta intensidad que parece que va a reventarlo. Bueno, los monos evolucionaron para eso y para cuando la nena decía algo fuera de lugar delante de extraños y ella me metía "un pellizco de la muerte" (Sí, mi hermana y yo les pusimos nombre). ¿Qué tendrán esas manos de madre para meter semejantes pellizcos? Retorciditos, pequeños, precisos... Olvídate de los métodos de la inquisición. Tú le pones a mi madre al lado de un ateo a meterle pequillizcos, y vaya si cree en Dios. Y si lanzas a mi madre con tres amigas más, te evangelizan el nuevo mundo en un par de semanas.

Cuándo utilizaba el consejo:
En el super, en la playa, en el centro comercial...
Alguna vez incluso en una basura:
- Mamá que eso lo ha tirado la gente porque no sirve.
- Nena, no les sirve a ellos, pero igual a nosotros sí.
- Pero mamá ¿nosotros para que queremos un cortacesped? Si no tenemos jardín.
- Mira nena, si es es gratis, tú lo coges, luego ya veremos qué hacemos con eso.
- Pues tirarlo a otra basura- decía entre dientes.
- Te he oído, nena, a mi no me repliques que te pongo a pasar el cortacesped en mi jardín imaginario todo el día y te enteras para qué sirve ¿eh? Has oído ¿no? Pues ahora lo coges y lo empujas hasta casa.

Consecuencias del consejo:
Yo ya he cogido todas las cosas gratis que una persona se merece a lo largo de su vida. Es decir, ya me he humillado lo suficiente:
-He ido a por pelotas de Nivea con la frase preparada "Deme dos, que mi hermanito está cojo y no puede venir a por la suya".
- A por degustaciones de queso en el super "Niña, ¿tu madre te da de comer? Es el quinto trozo que te doy.
- A por batidos a la salida del cole ¿Niña no te he dado antes una caja? Huy sería a mi gemela.
- A por yogures en el centro comercial "Deme dos, que soy hija de padres separados". Eso le enternecía a todo el mundo. "Pobrecita, dale otro, que tiene que sufrir mucho".
Eso sí, excepto los albúmes que regalaban a la puerta del cole, esos no, que llevaban droga. y que era lo único gratis que he querido yo en mi vida.

Excepciones para utilizarlo:
Si regalan oro, dinero, diamantes, ferraris y casas de lujo, futuros hijos míos, más os vale llegar los primeros. O puede que acabéis conociendo el temido pellizco de la muerte.

lunes, 26 de julio de 2010

24. Que no te pillen

"Nena, sobre todo que no te pillen". Lo he pensado durante años, y este es un buen consejo. Es más, es un consejo poco propio para una madre, y menos para la mía. Pero me gusta.

Cuándo utilizaba el consejo:
Aquí está el truco. Siempre detrás de una interminable lista de terroríficos consejos:
- No copies en los exámenes, Dios te castigará con su furia. Y si copias, que no te pillen nena.
- No mientas, y si mientes que no te pillen. Aunque ya te digo que antes se pilla a un metiroso que a un cojo.
- No robes, se te caerás las manos, pero si robas, que no te pillen.
- No bebas alcohol, y si bebes, que no te pille yo, nena, porque como te pille, te vas a enterar. ¿Has oído, nena?
Sí. Con mi madre, hay que saber leer entre líneas: la furia de Dios, se te caerán las manos... Pero, oye, ahí está el buen consejo: que no te pillen.

Consecuencias del consejo:
Soy capaz de aguantar la mirada mientras meto la bola más grande del mundo. Después de que me pillara en varias ocasiones (y de que me enterara más que de sobra), puedo asegurar que yo paso el polígrafo diciendo que un día vi una vaca volar y que los cerdos hacen mu. Y tan pancha. Adaptación al medio, me parece que lo llaman. Aunque yo lo definiría como supervencia pura y dura.

Excepciones para utilizar el consejo:
Pues oye, este me lo quedo. Futuros hijos míos, en muchas ocasiones, la clave va a estar en que no os pille. Así son las cosas. Podría ir de madre enrollada pero no me va a salir, yo he tenido un madre que me obligaba a merendar lentejas, me hacía limpiar los interruptores de la luz, y me asustaba diciendo que se me iban a pegar las tripas si me tragaba un chicle. Y todo eso, imprime carácter. Así que vamos a dejarlo en que seré feliz si no os pillo. No os quejéis, por lo menos no mando la furia de Dios sobre vosotros.

lunes, 19 de julio de 2010

23. Si no comes, no vas a crecer


Este es típico consejo QUE ES MENTIRA  mamá. Mentira, mentira. Ahora desde mi metro 73 lo sé. Pero con 10 años no lo sabía, no. Y pasé mucho tiempo haciéndome a la idea de que iba a ser bajita, pero muy bajita. Mi madre no te dice los consejos sueltos, ella los refuerza con algo lo suficientemente castrófico, para que si no le haces caso, al menos sufras.
- Tú sigue así, con tus manías. No vas a crecer ni un poquito. Ah y luego vendrán los lloros. No te vas a poder montar sola en los ascensores, no llegarás a los armarios, no te atenderán en las tiendas porque no te verán... Una pena nena. Pero te empeñas en no comer y eso es lo que te espera. Una vida pequeñita.
¡Mentira! Con lo malísima comedora que yo he sido y sigo siendo, soy la más alta de mi familia. Ahora que no le paso una. Cuando voy a su casa a comer y me dice:
- Anda nena cógeme eso que yo no llego...
Es que no me puedo aguantar
- Huy mamá igual de pequeña no comías lo suficiente ¿por eso eres bajita? ¿por comer mal?
- Mira nena menos ironías y más garbo con esas lentejas, que de ahí no te levantas hasta que se le vea el dibujo al plato.
Sí, exactamente a los 31 años estoy obligada a verle el dibujo al plato. Lo sé, ligeramente deprimente.

Consecuencias del consejo:
Miedo y terrores infantiles.
Sorpresa y drescreimento cuando crecí tanto.
En mi interior me siento bajita.

Excepciones para utilizarlo:
Hombre, sin dramatismos. Algo un poco más científico y menos sentimental: futuros hijos míos, vuestro desarrollo depende de lo que comáis así que vamos a intentar que las cosas salgan bien.
Ahora, la frase de " de ahí no te levantas hasta que se le vea el dibujo al plato", pienso utilizarla. Sin criterio, pero me encanta.

jueves, 15 de julio de 2010

22.Si eres mayor para trasnochar, también para madrugar

Esta frase creo que es una de esas que han forjado a una generación. La mía. Y no puedo evitar que me entre una horrible nostalgia al repetirla. Mi madre abriendo la puerta de mi cuarto con mi si fuera a empotrarla en la pared, y esa voz aterradora y concreta:
- Ale, que ya es hora de levantarse nena. Si eres mayor para trasnochar, también para madrugar. Que tenemos muchas cosas que hacer. Hay que limpiar los cristales, pasar el aspirador, poner una colada, bajar a hacer la compra...

No me lo creo mamá. Nunca hay que hacer tantas cosas un sábado por la mañana. ¡Coño! Si cada vez que yo salía, había que hacer la limpieza anual de la casa.  Yo creo que acumulaba esas tareas para las terribles mañanas de resaca. Cada vez que paseaba por la casa y veía los radiadores sucios ella pensaba: esto me lo apunto para el día que salga la nena, huy que hace tiempo que no ordenamos los armarios, los filtros del aire acondicionado los tengo llenitos de mierda, bien bien, otra cosita más.
Es que la estoy viendo.

Consecuencias del consejo:
Tenía truco. Si no te pillaba en la cama no te encargaba tareas y sobre todo no gritaba, que el grito para la resaca va mal. Así que mi hermana y yo dormimos con disimulo y en cualquier sitio.
Según la oíamos que se levantaba, cada una se buscaba la vida. Yo que soy de tendencia vaga, pues intentaba esconderme detrás de la puerta. Así cuando ella entraba, veía la cama hecha y se iba. Me volvía a meter en la cama. Mi hermana iba al baño, abría la ducha y se dormía encima de la taza. Media horita de sueño. Siguiente asalto. Yo a la ducha, mi hermana dentro del armario. Otra media horita. A desayunar, mi hermana dormida sobre la mesa, yo en el armario. Media hora más. Luego a estudiar. Las dos sobadas sobre los libros. Eso sí, con el oído atento. Porque cómo te pillara, olvídate, las tareas de desinfección de un hospital, una tontería al lado de lo que iba a encargarte. Porque las madres no limpian normal, al menos, la mía no:
- Nena, te coges el paño azul, el suave. Lo pasas por los fuegos. Luego con una servilleta de papel, pero de las que no tienen pelusilla, lo pasas otra vez. Sin pelusilla ¿eh? que sino quedan feos los fuegos. Así ya puedes empezar a limpiarlos. Coges el limpiador rojo, echas un poco. Poco, nena, que si no cuesta sacarlo. Lo retiras con el paño amarillo humecido en agua, que no esté empapado que se quedan feos. He dicho humedecido. Luego, el paño rosa para terminar y un poco del spray amarillo.
Y yo pensando: ¿De qué hablas mamá? ¿De limpiar los fuegos o de conseguir erradicar las bacterias del mundo? ¿Qué más dará que los fuegos queden feos? Son fuegos, ¿Con qué paño había que empezar? Joder, ¿cuál era el paño? Porque de una manera increíble, ella con sólo mirarlo sabía si habías cambiado el proceso. Las madres pueden adivinar cosas imposibles con sólo mirarte a los ojos.

Excepciones para utilizarlo:
Uf. Algo de razón tenía pero intentaré no martirizar a mis futuros hijos. Yo nunca madrugo pero desde las 8 de la mañana estoy en la cama sufriendo y, aunque esté sola, si alguien me llama por teléfono disimulo:
- ¿Estabas dormida? ¿Te he despertado?
- ¡Que va! Llevo limpiando los fuegos desde las 8.

martes, 13 de julio de 2010

21. Nena, ponte recta, si andas encogida te va a salir chepa

(Pequeña escapada de verano, ya estoy de vuelta).
Allá vamos con uno de mis consejos preferidos, terrorífico y que te puede acomplejar para el resto de tu vida. "Nena, ponte recta, si andas encogida te va a salir chepa".
La nena (yo misma) estaba hacia los 13 años tan tranquila, dentro de su uniforme del cole, delgada, pequeña, discreta... Pero el cuerpo de la nena estalló dentro de aquel uniforme. A los 14 años crecí hasta el metro 73 actual, la talla 100 y un 40 de pie. Fue un martes por la noche. Me metí en la cama y me desperté así: intensa, contundente y aterrada. Y me encongí. En parte por el susto y en parte porque las tetas pesan. Es así mamá, no lo decidí yo, lo llaman ley de la gravedad. Pero a ella las leyes que no sean suyas le dan igual.
- Gravedad, gravedad. Te voy a dar yo a ti gravedad... Lo que te pasa es que te avergüenzas de tu cuerpo. Eso te pasa. Pero tú verás nena. Haz lo que quieras. Eso sí, no vengas luego a quejarte de que tienes chepa.  Noooo. Yo te lo he advertido. Gravedad... Lo que tiene una que oír.

Normalmente, cuando alguien dice un discurso así, pues se supone que dicho está. Pero mi madre es muy de por si acaso, y por si acaso no me había quedado claro, durante ese año tuve que escuchar:
- Bueno, no pasa nada. Ya sabes que las chepas traen suerte nena.
- Una chepa tampoco es algo tan serio, con camisetas con capucha lo disimulamos y ya está. Hombre, el traje de novia te va a quedar raro, pero a ti las cosas raras te gustan.
- Oye nena, he decidido que no te voy a comprar para tu cumple ese vestido que tanto te gusta, total, dentro de nada no lo vas a poder usar cuando te salga chepa.
- He estado pensando que igual es genético: la abuela tenía chepa. No pasa nada, te ha tocado y te ha tocado, lo superaremos.
Esto es lo que mi madre entiende por ironía.

Consecuencias del consejo:
Compresión absoluta de la gente que tiene chepa.
Terror cada vez que me encogía.
Ligero complejo de espalda fea a base de imaginármela con chepa. Contribuyó a ello un novio imbécil al que le pregunté: ¿cuál es la parte de mi cuerpo que menos te gusta? Tu espalda, dijo justo en el momento en el que dejó de ser mi novio para siempre.
Éxito total entre el sector masculino adolescente: una talla 100, y encima recta. Con orgullo.
Agradecimiento infinito a dios cuando el resto de mis amigas echaron tetas, crecieron y dejaron de ser discretas.
Agradecimiento infinito a todos los dioses cuando mis propias hormonas ajustaron a mi cuerpo flaco el volumen de mi pecho y se replegaron a una más proporcionada  talla 95.

Excepciones para utilizarlo:
Nunca. Si veo que mis futuros hijos no van rectos les apuntaré a ballet, natación o les llevaré al médico. Bueno, si son varones y se les salen tetas pasaremos del ballet e iremos directamente al médico.

domingo, 4 de julio de 2010

20. No hables bajito, la gente que habla bajito tiene miedo al qué dirán.

Mi madre le tiene una inquina absoluta a todas las personas que hablan bajito. Yo no lo entiendo pero hablar alto, que para ella también significa claro, es una virtud. "Nena, tú fíate de la Mari, que es muy limpia y habla alto". Uno de esos misterios de mi madre. Cómo justifica tanta inquina:
- Unos no pronuncian. "Eso es por mal aprendizaje de pequeños nena, no saben y no saben y para qué hablar con alguien que no sabe...".
- Otros no vocalizan. "Es porque son unos vagos, nena, y andan arrastrando las sílabas, y yo vagos cerca no quiero".
- Otros son tímidos. "Pobrecicos, es por miedo, andan acobardados pero de los cobardes uno no se puede fiar".
- Y a los que les tiene más tiña es a los que hablan bajito porque sí. "Eso es de pueblo nena, por el miedo al qué dirán. Cuando te importa tres pepinos lo que piensen los demás, pues hablas como yo: bien clarito y vocalizando. Además quien habla así es porque tiene la razón de su mano. Y tú ya sabes, nena, que yo siempre tengo la razón". Amén.

Consecuencias del consejo:
Si voy a mentir, grito. Bien alto: “¡QUE YO NO HE ROBADO NADA SEÑOR AGENTE. YO SOLO PASABA POR AQUÍ!”. O sea no puedo mentir.
Nunca me juego pasta a las cartas. Soy nefasta al póquer y al mus: “¡ENVIDO A GRANDES QUE VOY CARGADA!”. Así no hay manera.

Excepciones para utilizar el consejo:

Nunca. Hijos hay gente que habla bajito porque le sale así, por respeto, por discreción, por falta de capacidad en la garganta... Ahora, como consejo, a la abuela le habláis vocalizando, si queréis que os de la paga.

miércoles, 30 de junio de 2010

19. Nunca compres sólo dos patatas, eso es de gente triste nena, muy triste

Creo que este consejo es de la categoría "Sólo de la madre de la nena". Nadie puede ejecutar su pensamiento hasta llegar a "Nunca compres sólo dos patatas en la frutería, eso es gente triste nena, muy triste. Y todos los demás lo sabrán".  Aunque viendo los comentarios, puede que el resto de madres de España me sorprendan.

Breve explicación del consejo:
Mi madre vive traumada y muerta de pena por una vecina que un día entró en la frutería abarrotada y dijo: dos patatas por favor. "Y ya, nena, no pidió nada más. Se hizo un silencio. Huy horrible, ya te digo. ¡Dos patatas! Eso es muy triste. Pobrecica, eso es porque vive sola, y no tiene para quién concinar. Ay que tristeza me dio, con lo educada que es, y limpia, porque será triste pero tiene pinta de ser muy limpia, que eso se nota. Nena, tú disimulas. Si sólo necesitas dos patatas pues pides cuatro aunque las vayas a tirar. Y pide un pimiento y peregil, que la gente se piense que vas a hacer un guiso. Y un tomate nena, tú pides un tomate, que los tomates siempre vienen bien". Ajá, esta es la ejecución del pensamiento de mi madre.

Segunda breve explicación del consejo:
No se vayan a pensar que mi vecina pasa apuros económicos. Sólo que vive sola, y se ve que es de poco comer. Y llamadme intuitiva, pero la buena mujer a lo mejor sólo necesitaba dos patatas.

Consecuencias:
Antes sufría en la frutería porque mi lista tipo es: 2 pimientos, dos cebollas, dos cogollos, y 6 tomates (los tomates siempre vienen bien). Pensaba: esta gente va a creer que soy una triste, me van a llamar "la de los dos pimientos".  Lo he superado. Eso sí, me ha costado tirar ingentes cantidades de comida podrida sobre todo patatas.

Excepciones para utilizarlo:
Nunca. Futuros hijos: la frutería es un sitio en el que podéis comprar las patatas desde 1 hasta todas las que tengan. El sistema funciona de la siguiente manera: ¿Cuántas patatas necesitas? Pues compras esas.

domingo, 27 de junio de 2010

18. Los cromos que regalan en la puerta del cole llevan droga

Ay que nostalgia... El cole, las batas de colores, los bocatas de chorizo, ese señor que nos regalaba álbumes a través de las verjas y mi madre a la salida gritando: "¡Nena! Tira ese álbum a la basura ya mismo. ¿Me has oído? Ya mismo nena, que esos cromos llevan droga. Lo han dado en la tele. ¡Nena! He dicho ya, y cuando yo digo "ya", no es dentro de un rato, es ya".
Y yo arrastrándome a la papelera más cercana, con aquel álbum que se pegaba a mis pequeños dedos ávidos de convertirse en dedos coleccionistas. Purita nostalgia.
Y con todo mi disgusto me montaba en el coche de camino a casa. "Nena, que no te fíes de los extraños, que te lo vengo diciendo y tú ni caso. Lo dieron en la tele. Esos cromos llevan droga pegada. Si los metes en agua se ve la droga. Es que eres muy ingénua. Porque tu eres muy de creerte cualquier cosa ¿lo sabes no? Con eso vamos a tener que vivir, nena. ¿Cómo te van a dar cromos así por así? Sólo de pensarlo me da la risa. Que te queda mucho por aprender, nena, mucho. Eso es una técnica para hacerte adicta a la droga esa que llevan, y luego, ala, a vivir con una hija drogadicta. Y yo por ahí no paso ¿Me oyes nena? Yo drogadictos en casa no quiero."

Consecuencias del consejo:
- Nostalgia de los álbumes que nunca terminé.
- Cierta vergüenza al recordar cómo sumergí un cromo en agua para ver cómo era la droga esa.
- Temor: la droga esa era invisible, apenas teñía un poco el agua. Tenía que estar alerta: cualquier cosa podía llevar droga y, como yo era muy de creerme todo, me podían engañar.
- Más temor: si consumo cualquier droga, que podía pasarme porque yo era muy ingénua y la droga muy trasparente, mi madre me echaba de casa.
- Más nostalgia: de esa bendita ingenuidad que ojalá siguiera teniendo para creerme mejor el mundo.

Excepciones para utilizar el consejo con mis futuros hijos:
Nunca. ¡Mamá! Era marketing, coño marketing. Pero no para hacerme drogadicta, si no para tú tuvieras que comprarme todos los cromos que me faltaban... Ahora que lo pienso... ¡Ella lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Qué narices de droga! Lo que no quería era comprarme los malditos cromos. Esta te la guardo, mamá, palabra que te la guardo.

Consecuencias en este preciso momento:
Lo admito era una ingénua. Del todo, mierda, del todo. La reina del marketing, esa es mi madre y yo, como decía ella, yo siempre he sido de creerme mucho las cosas, sobre todo a ella.

jueves, 24 de junio de 2010

17. Como sigas llorando, te voy a dar una razón para que llores de verdad


Se entiende fácil. Es el típico consejo que no te deja lugar a dudas: "Nena, mejor te callas que vas a cobrar". Todo hay que decirlo. Es una frase cumplidora: realmente si no dejaba de llorar, ella me daba una razón extra para seguir llorando.

Cuándo lo utilizaba:
También es fácil: siempre que lloraba, con o sin motivos. El problema es que a ella mis motivos, nunca le parecen motivos sino caprichos aleatorios de una niña mimada. Digo le parecen, en presente, porque es exactamente lo que ella piensa: que soy una niña mimada con caprichos aleatorios a los 31 años. 
Para mi madre sólo hay tres motivos para llorar: una muerte cercana, una enfermedad grave y una desgracia. Voy a concretar: no una desgracia tipo "me ha dejado mi novio en el altar", en ese caso diría "Algo habrás hecho tú"; si no algo tipo "Me ha caído un rayo encima"... eh... tampoco sirve. En ese caso diría "Eso te pasa por andar siempre en la calle". No sé... algo tipo: "Ha habido un terremoto y mi casa se ha derrumbado"... eh... Tampoco sirve, mi madre diría: "Eso te pasa por vivir en ese barrio de mierda con construcciones de mierda, si me hubieras hecho caso... " En fin, para mi madre sólo hay dos motivos para llorar: una muerte y una enfermedad.

Consecuencias del consejo:
No lloro. Casi nada. Y cuando lloro, lo hago con rabia. No sólo me siento mal por lo que sea que me provoque tristeza, encima me jode llorar y mucho más que me vean.
Segunda consecuencia: normalmente lloro en los baños, para que nadie me vea. He llorado en el baño de mi trabajo, en los bares, en los restaurantes, y una vez en Hacienda. Y os prometo que es muy difícil parar de llorar en sitios así, los baños deprimen.

Excepciones para utilizarlo:
Primero tengo que aprender a llorar como la gente normal, sin remordimientos. Y quiero que mis futuros hijos lloren libres. Ya veré como soluciono las rabietas absurdas. Ignorarlos puede ser una opción. Ay si mi madre me ignorara alguna vez...

lunes, 21 de junio de 2010

16. Si no te lo comes para cenar, pues para desayunar


Debo ser la persona que más veces ha desayunado pescado en este país. ¿Y tostadas? Pues creó que un par de veces sí desayuné tostadas, el resto besugo, merluza, gallo, salchichas los días buenos... Sí, mi madre no tenía misericordia. Yo era  mala comedora. Mala, mala. Me gustaba la leche y los yogures, y ya. En serio, no me gustaba nada más. De calcio iba sobrada pero del resto mejor ni hablar. Así que mi madre, con una infinita paciencia al principio y sin paciencia ninguna después, lo probó todo:
- Primer intento: obligarme. Pero me adapto fácil al medio. Aprendí a lanzar la comida por la ventana, detrás de los radiadores, vaciaba una muñeca y le metía la comida dentro hasta que se pudrió, y sobre todo, aprendí que mi hermana pequeña se lo comía todo. Le daba igual: alubias, carne, acelgas, espinacas. La tía no tenía fondo. Hasta que la endoncrina preocupada por su aumento de peso encontró la causa y el fondo: una hermana raquítica que la cebaba cada vez que mi madre se daba la vuelta.
- Siguiente intento: un pediatra "moderno" (como cuenta mi madre) le dijo que me dejara comer cuando quisiera, que de hambre no iba a morir. Pero el señor pediatra no me conocía. Acabé ingresada de urgencia con una anemia de impresión. "Mira nena, si llego a coger en aquel momento al pediatra ese... No veas cómo me miraban en el hospital los médicos, como si fuera una mala madre, ¡yo! ¡una mala madre!  Mira, que me fui a su consulta y se lo dije: Menos moderneces señor, que casi se me muere la niña de desnutrición. Y me aguanté las ganas de meterle un sopapo. Porque era mayor, si llega a ser más joven le meto un sopapo. Así te lo digo nena". Me lo creo, mamá.
- Tercer intento: por mis muertos que tú comes. Esta fue la peor etapa. Primero el embudo. En serio. Me daban de comer con un embudo. Hacían todo un puré y allá que iba, libre por mi garganta. Y ahí se ve que empecé a transigir (vamos, no me quedaba otra opción) y llegó el "Si no te lo comes para cenar, pues para desayunar". Y oye, otra cosa no pero cumplidora mi madre es un rato. He desayunado pescado, he comido cereales y zumo de naranja, merendado bocata de lentejas, y cenado sandwich de nocilla. Así, en bucle durante años.

Consecuencias:
- Nunca sé qué toca comer a qué hora. No tengo criterio. Un cordero me parece poco para cenar y un par de aceitunas y un café, suficiente para comer. Soy capaz de cenar sólo chocolate y de merendar un plato de pasta. Pues eso, sin criterio.
- Odio a Baltasar. Un 5 de enero, harta mi madre de que no comiera las lentejas, y con toda la familia en el portal esperándome para ir a la cabalgata, me las puso entre pan y pan. Estábamos allí, esperando a los Reyes, yo chupando aquel asqueroso bocata de lentejas frías, y mi madre metiéndome codazos para que me lo comiera, cuando el simpático y super mágico y super poderoso Baltasar (hasta aquel momento) se acerca y me dice:
         - Huy esta niña que agusto se está comiedo el bocadillo. Se ve que está muy rico. Así seguro que le traemos buenos regalos.
Pues sí, los Reyes lo saben todo, todo. Menuda mierda de mago de pensé. Y desde entonces le tengo tirria.

Excepciones para utilizarlo:
Como a mis futuros hijos sólo les gusten la leche y los yogures, están jodidos, porque van a desayunar pescado seguro. Quitando mi desorden horario como de todo. Bueno casi, casi.

jueves, 17 de junio de 2010

15. Algo habrás hecho tú

Yo cuando veo una noticia de "padre va a al cole y le pega al profesor de su hijo", a mí eso me parece ciencia ficción. Nunca. Y digo nunca sabiendo exactamente qué signfica (En ningún tiempo, ninguna vez, never, never). No vayáis a pensar que lo digo porque queda bien, porque es contundente, o retórico. No, no. Cuando digo nunca, es que mi madre nunca me dio la razón frente a ningún profesor, compañero, amigo, primo, monja, cura, monitor de gimnasia o incluso extraño que pasaba al lado mía en la calle con el que tuve algún encontronazo. Nunca.

Infancia:
- Mamá, me han castigado en el colegio porque dicen que he copiado y yo no era.
- Algo habrás hecho tú.
- Mamá, un señor me ha robado la pelota en la calle.
- Algo habrás hecho tú.
- Mamá que el primo Pablo me ha roto de un balonazo las palas.
- Algo habrás hecho tú.
- Mamá que dice la señorita Charo que estoy castigada por escaparme del grupo en la excursión del martes.
- Algo habrás hecho tú.
-Mamá, ¡pero si yo no fui a la excursión!
- A mí no me rechistes nena. Me vas a matar de un disgusto. Un día me matas de un disgusto.

Consecuencias en la infancia:
Me pasé la infancia sintiendo que era yo contra todo el mundo.

Adolescencia:
- Mamá Pablo ha roto conmigo.
- Algo habrás hecho tú.
- Mamá pero si se ha líado con Martita.
- Algo habrás hecho tú.
- Pues le he partido las palas.
- Me vas a matar de un disgusto. Un día me matas de un disgusto.

Consecuencias en la adolescencia:
Después de una infancia de "sola contra el mundo", había aprendido a defenderme.

A los 30 años:
- Mamá que han hecho un ERE en mi empresa, y nos echan a la calle a 90.
- Algo habrás hecho tú.

Consecuencias en la juventud (y creo que para siempre):
Cada vez que pasa algo en 20 kilómetros a la redonda: una inundación, un terremoto, una riada, un accidente, una crisis económica mundial... Me pregunto: "¿Habré sido yo?".

Excepciones para utilizar esta frase con mis futuros hijos:
Es fácil. Cuando hayan hecho algo. No cuando me lo imagine, lo crea, lo intuya, me lo invente, lo necesite o esté casi segura. No, no. Si no cuando realmente hayan hecho algo mal.

martes, 15 de junio de 2010

14. Tómate el zumo rápido que se le van las vitaminas

Si te pasas por cualquier cafetería de España por la mañana, lo notas. Más de la mitad de la gente que está en la barra ha recibido este consejo de su madre. Se nota en la tensión, los reflejos... Ahí estamos, según se acerca el camarero con el zumo de naranja en la mano, nos lanzamos como locos a bebérnoslo, que se le van las vitaminas. De un trago. No pienses en nada: es cuestión de vida o muerte. De la fuente de la eterna juventud a un líquido naranja.

Cuándo utilizaba el consejo:
Por las mañanas te asaltaba con el zumo en mitad del pasillo:
-Corre nena, de un trago, que si no, no sirve para nada. Corre nena, que se le van las vitaminas. Deja lo de respirar para luego, el zumo nena, el zumo es lo importante.

Consecuencias del consejo:
A mí tomarme un zumo de naranja, me afixia. me provoca estrés. Siempre tengo la sensación de que me estoy perdiendo lo mejor. ¿Y si el camarero ha tardado en dármelo? Ya no tendrá ni un miserable vitamina, ni una. ¿Para qué entonces? La vida no tiene sentido.
Además, en ayunas y de un sólo trago me provoca acidez. Consecuencia principal: no disfruto del zumo, no. Ni un poquito. Al contrario me frustra y también tiende a indigestarme. Y encima estoy esclavizada. En el bar donde desayuno todos los días, el zumo es gratis. Te lo dan con el café y las tostadas. Y entonces, me asalta otro consejo de mi madre "Nena, si es gratis, tú lo coges, luego ya veremos que hacemos con eso". Pues eso hacemos mamá, indigestarnos.

Excepciones para utizarlo:
Nunca. Futuros hijos míos: disfrutad del zumo de naranja despacito. De ese color que parece de juguete y del dulzor que sabe a un azúcar auténtico, como si todos los demás le anduvieran imitando. Saboreadlo y empezad el día sin estrés, que bastante os espera por delante. Ya conseguiremos las vitaminas de otro lado, algunas vitaminas más relajadas.
Imagen de: Darwin Bell

domingo, 13 de junio de 2010

13. Échate un novio pudiente, creyente y sin pendiente

Así tal cual.
Pequeña explicación del consejo:
Pudiente: que tenga pasta, no hace falta que sea millonario, pero que no pase miserias.  Su explicación: "Nena, eso de "contigo pan y cebolla" es mentira. Si es "contigo pata negra y buen vino", mucho mejor. Más fácil. No quiere decir que vaya a funcionar pero será más fácil. ¿Tú dónde crees que las parejas discuten más? ¿De camping o en un hotel de cinco estrellas? Pues eso, nena, si puedes, que sea pundiente. Todos vamos a vivir más tranquilos. Yo también".
Cuando me dice estas cosas me deja sin palabras. Cuando tenía 16 años, todo mi espíritu romántico le decía: "mamá el amor no se elige, el amor sobrevive a todas las penurias, no importa el dinero en el amor". Ahora me callo, primero por cansancio, y porque verdaderamente discutes menos en un cinco estrellas. Así es la vida.

Creyente: en fin. Esta parte del consejo es la que ha perdido más fuerza con los años. Con que crea en algo: la bondad, las caras de Belmez, o en los yogures bio, de momento, le vale. También le sirven los kiwis. Mi madre cree en los kiwis con una fé ciega.

Sin pendiente: Mejor que hable ella: "Uy uy uy uy... Los modernos esos... Se creerán modernos por llevar pendiente. Uy uy uy uy... Nena, uno de esos no traigas, no, no, no. ¿Me has oído nena? Que a veces creo que no me oyes, y luego pasa lo que pasa. Esos no pueden estar bien de la cabeza ¡Un pendiente! ¡En un hombre! Lo que me quedará por ver... Quieren ser taaannn originales, taaaaan diferentes. Nena, tú uno normal, normal, normal. ¿Me oyes?". La nena ha oído, por eso se queda ojiplática.

Consecuencias del consejo:
Agotadoras discusiones en la adolescia tipo:
- Yo saldré con quién me dé la gana. El amor está por encima de todo, ¿si el papá se hicera un pendiente le dejarías de querer?- ésta soy yo con 16 años, ligeramente deprimida, sensible y explosiva a partes iguales.
-¿Tu padre? Anda nena, ¡tu padre, un pendiente! Es que tienes unas cosas. Tu padre no es de esos, es de los de verdad.- esta es mi madre, simplemente explosiva a cualquier edad.
Segunda consecuencia: novios aterrorizados cada vez que les presentaba a mis padres.
Tercera consecuencia en mi madre: frustración. Sólo un novio mío no ha tenido pendiente.

Excepción para utilizar el consejo:
Nunca. Futuros hijos míos: que os quieran y que os quieran bien, que os hagan reír a carcajadas, que se os erice la piel cuándo andáis cerca, que os dejen espacio, que os sigan de cerca, que crean en vosotros por encima de todas las cosas (incluso de los kiwis), y sobre todo, que sepan que en la vida hay pocas cosas de las que uno no pueda reirse. Muy pocas.

jueves, 10 de junio de 2010

12. Si te tragas un chicle, se te van a pegar las tripas

AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!
De verdad que me daba terror. Cuando mi madre me decía esto, mis mandíbulas se tensaban. "Por Dios, que no se te escurra, por Dios, no te lo trages. ¿Qué vas a hacer tú con las tripas pegadas? ¿Qué futuro te espera?". Pero era inevitable, me despistaba, me reía, y me lo tragaba. Y entonces me pasaba la noche entera sin dormir, pensando: "Ya se están pegando, no voy a poder comer nada más nunca en mi vida". Notaba cómo se retorcían mis tripas, cómo el chicle las iba soldando. Y oía la voz de mi madre diciéndole al médico de urgencias:
- Mira que se lo dije. ¿Te lo dije o no te lo dije, nena? Se lo dije. Y nada, ella a sus cosas, cómo siempre. ¡Ah! pero nadie me podrá decir que no se lo advertí. Ahora apechuga con las tripas pegadas, la vida tiene conscuencias, nena, eso también te lo digo.

Cuándo formulaba este consejo:
Siempre, siempre, siempre que comía chicle. Hubo una vez que casi no me lo dijo, pero al final, se acordó.

Consecuencias del consejo:Dudas existenciales en la infacia: ¿por qué dejan al alcance de los niños un objeto tan dañino? ¿Qué quieren qué aprendamos? ¿Cuántos niños han conseguido seguir una vida normal con las tripas pegadas? ¿Quién fabrica los chicles? ¿El demonio? ¿Pilatos? ¿Por qué no pegan los ladrillos de los edicifios con el super pega todo y temido chicle?
Otra consecuencia: tensión mandibular cada vez que como chicle.
También tuve que retirarme de los chupachups Kojak porque no sé que tenía ese chicle dentro que me lo tragaba siempre.

Excepciones para utilizarlo:
Yo que sé, pongamos que tengo un hijo que se los traga de manera compulsiva. Tantos se traga que, al mear, el baño huele a clorofila. Si después de pasar por un campamento para niños compulsivos, un psicólogo, un psiquiatra y la catequesis, sigue insistiendo en tragárselos, bueno, entonces puede que le diga eso de que se te pegan las tripas.

miércoles, 9 de junio de 2010

11. Si te bebes la leche de alguien, qué menos que tener un detalle

Mi madre formula los consejos de manera que no te queda escapatoria. Una madre normal diría: Si te alojas en casa de alguien, deberías tener un detalle. Ya está, es un buen consejo, te queda claro y, si quieres, pues les compras una caja de pastas. Pero mi madre, ante el miedo de que no le hagas caso, le da una vuelta. Te hace sentirte culpable, porque no es que duermas gratis en casa de otra persona, es que encima te bebes su leche. Y tú ya te sientes como una invasora que acaba con las existencias de tu anfitrión y ¿cómo no le vas a comprar algo? Pero si le debes la vida, coño, la vida.

Cuándo lo formula:
Podría parecer que sólo cuando alguien te aloja en su casa, pero no, es una gran metáfora. Si alguien te presta algo, si te hacen un favor, si te ayudan con algo...

Consecuencias del consejo:
Yo no puedo beberme la leche de nadie. Si me quedo a dormir en casa ajena, siento que la leche es su bien más preciado, así que siempre desayuno en la calle. Y yo en mi casa siempre tengo leche para las visitas, pero de manera industrial, por si andan pensando en bebérsela toda.
Además, si me alojo en una casa que no es la mía, me siento obligada a hacerle un buen regalo, vamos, que me suele salir más barato irme a un hotel.

Excepción para utilizar el consejo:
No sé, así formulado, creo que nunca. Pero me gustaría que mis hijos fueran conscientes de lo importantes que son los detalles y lo que definen a quién los hace. Tendré que buscar mi propio consejo que no les cueste un remordimiento más, que ya trae la vida demasiados.

lunes, 7 de junio de 2010

10. Como tenga que ir yo...

Ay, este consejo de mi madre me produce nostalgia. Básicamente, era un consejo muy, muy práctico porque si ella venía... Os podéis imaginar.

Cuando lo utilizaba:
Constantemente:
Si oía que mi hermana y yo peleábamos.
Si oía bullicio.
Si no nos oía.
Si nos había mandado a por algo y no volvíamos.
Y sobre todo, si nos llamaba a comer. Después de 10 gritos de se oía eso de: "Como tenga que ir yo..." Mira, era oirlo y era como si un resorte nos pusiera de pie, en guardia, todos los sentidos al tanto, y a obedecer. Vamos, lo que viene siendo puro miedo.

Consecuencias del consejo:
Nada graves. Cierta nostalgia de que ya no viene con tanta frecuencia. Aunque a veces viene incluso con 31 años.

Excepciones para utilizarlo:
Cuando me de la gana. Me gusta este consejo. Es más, estoy deseando tener hijos para decirlo porque como yo vaya...

Variante del consejo:
No era una frase, era la zapatilla con efecto. Estabas tan tranquila, peleando con tu hermana, un par de tortas, un pellizco, un porquito de preshing cacth, lo típico,... Y sin saber cómo ni de dónde, aparecía la zapatilla voladora, con esa suela de goma que picaba cosa mala. Afortunados aquellos que su madre era alta y no utilizaba cuña en las zapatillas de andar por casa, porque aquello era terrible. Incluso si conseguías escapar por el pasillo, y te creías a salvo (infeliz), la zapatilla giraba contigo. Sólo las madres saben lanzar zapatillas con efecto.

viernes, 4 de junio de 2010

9. Si te toca lo puesto, te guardas algo para un café. Así no serás ludopata.


En fin, ¿por dónde empezar? Lo primero es un consejo raro, muy raro. En toda su pedagogía, que os aseguro que es mucha, ella no intenta que aprenda a ahorrar. Lo que le da miedo es que sea ludópata. Así es ella, llenita de miedos. Lo segundo, me lo dijo antes de ayer, y antes de ayer yo tenía 31 años. La típica edad en la que necesitas un consejo pedagógico sobre ludopatía.
Tercero, y que quede claro, jamás he tenido ningún problema con el juego, las apuestas ni el bingo.

Cómo lo utilizó:
Reproduzco la conversación telefónica literalmente. En serio, es literal:
-¿Qué tal en el trabajo?- dice ella.
- Mal pero como me va a tocar la primitiva  mañana, estoy tranquila- ésta soy yo.
- Uy sí, tú siempre con tu cosas.
- No en serio, que me va a tocar mamá, que llevó 1 mes que me toca lo puesto y vuelvo a jugarlo...- aquí me corta. Allá vamos:
- Nena, si te toca lo puesto, te guardas algo para un café, así no serás ludópata. Si te lo gastas todo... malo, malo.
-....- yo bloqueada, asimilando.
-nena, nena? me oyes? se ha cortado Jesús, nena?
- Estoy aquí mamá- asimilando.
- ¿Me has oído? Que no lo gastes todo.
- Pero si me han tocado 4 euros!
- Pues te guardas dos. Así son las cosas.
- Mamá, te tengo que dejar, me llaman al teléfonillo.
- Mucho te llaman a tí, bueno reina, cuídate y no salgas mucho.
- Vale mamá, hasta mañana.

Consecuencias del consejo:
Me ha quitado la fé. Ya no creo que me vaya a tocar la primitiva.

Excepciones para utilizarlo con mis hijos:
Por dios: nunca.

jueves, 3 de junio de 2010

8. Por si acaso, nena, por si acaso

Tengo mi vida llena de por si acasos. En mi bolso, suelo llevar unos 5 o 6. En mi casa, tengo cientos. El maletero de mi coche podría salvar la vida a una familia en caso de desastre natural. Gracias al consejo de mi madre, siempre tengo un plan B, viajo con herramientas, y bragas extra. Ni siquiera fumo como la gente normal: yo tengo tabaco de "por si acaso" (negro o de liar: por si acaso se me acaba el mío), mecheros escondidos, incluso cerillas, por si acaso no encuentro los mecheros... Una vez tuve un novio por si acaso. No me juzguéis. Es algo educacional.

Cuando utiliza el consejo:
Siempre. Constantemente, y varias veces en cada llamada por teléfono.
Están los típicos:
-Coge una chaqueta por si acaso refresca.
-Coge el paraguas por si acaso llueve.
Luego los de segundo grado, ligeramente aterradores:
-Estaté siempre depilada, por si acaso tienes un accidente.
-Lleva el dinero pegado al cuerpo, por si acaso de atracan.
Y luego están los que sólo mi madre te puede dar:
-No invites a dormir a nadie a casa, por si acaso están metidos en drogas.
El mundo es un lugar terriblemente amenazador para mi madre y con ciertas conexiones que jamás llegaré a entender.

Consecuencias en mí:
Lo dicho, tengo una vida llena de por si acasos y un plan B. También tuvo consecuencias en aquel pobre novio.

Excepciones para utilizarlo:
Ay, va a ser difícil no usarlo. Pero realmente me gustaría no cargar a mi hijos con todos esos miedos y esas bragas de más.

miércoles, 2 de junio de 2010

7. Llega una edad, nena, en la que tienes que elegir entre culo o cara

Este consejo me horroriza especialmente. Mi madre, que me quiere mucho eso es verdad, me traumatizó con este consejo. Me hizo sentirme vieja con 17 años. Además, a mí elegir siempre me ha frustrado, porque inevitablemente pienso que he cogido la peor opción.

Qué quiere decir:
Que llega un momento en el que o tienes buena cara (sin arrugas) o un culo pequeño. Las dos cosas no se puede.

Cuando lo utiliza:
En cuanto me ve adelgazar me dice que ya tengo edad de elegir cara. Ella es así: optimista, positiva... Te levanta el ánimo enseguida, tiene un don.

Consecuencias del consejo:
Inevitabiblemente el culo pequeño me hace sentirme vieja. Y frustrada.

Excepción para utilizarlo con mis hijos:
Espero que nunca. Intentaré explicarles eso de que la belleza está en el interior. Sí, lo sé, lo tengo difícil.

lunes, 31 de mayo de 2010

6. Los interruptores de la luz también se limpian.

Pues sí, yo no lo sabía, y hasta el momento  en que mi madre me dio ese consejo, jamás había necesitado limpiarlos. O puede que alguna vez, de manera insconsciente, les hubiera pasado un paño. Pero no me levantaba un día y pensaba: Hoy me toca limpiar los interruptores. Ni paseaba por mi casa y pensaba: por dios, tengo que limpiar ese interruptor, que está asqueroso. Vivía más feliz.

Cuando lo utilizó:
La primera vez que conoció mi casa. Yo llevaba 4 días limpiando cada rincón, y luego volviéndolo a limpiar por si acaso, para superar la prueba de Don Limpio de mi madre. Echó un ojo por encima de los muebles, el salón, pasó el dedo por las estanterías... Yo estaba pletórica. Lo había conseguido, no había ni un poquito de polvo. Entonces, de soslayo dijo: los interruptores de la luz también se limpian. Y me vine abajo.

Consecuencias del consejo:
Sufro. Sufro cuando va a venir a mi casa por si hay algún objeto en el que yo jamás he reparado. Sufro limpiando como una loca, y sobre todo, sufro cuando veo un interruptor sucio. Antes no sufría y de eso se trata. No es cuestión de limpiar todo, sino de que no te molesten esas pequeñas suciedades.

Excepciones para usar este consejo:
No lo sé. Si los interruptores de casa de mis hijos están negros y se te pegan los dedos... Creo que no podré contenerme. Es culpa de mi madre, si no me hubiera dicho que hay que limpiarlos...

Variante del consejo:La segunda vez que vino a mi casa, los interruptores estaban impolutos. Así que, de soslayo, dijo: Dentro de las ranuras del radiador también se limpia. Sí mamá, también.

domingo, 30 de mayo de 2010

5. Cierra la puerta al salir de casa.

Cuándo lo utiliza:
Ayer. Hablando por teléfono le dije que había quedado con unas amigas y del tirón me dijo: Pues cierra la puerta cuando te vayas.
Pequeñas aclaraciones: no vivo con ella. Ni siquiera vivimos en la misma ciudad. Nunca me he dejado la puerta abierta de casa, ni las llaves por dentro.

Consecuencias:
Nunca se me ha olvidado cerrar la puerta. No sé si por su consejo o porque TODO EL MUNDO CIERRA LA JODIDA PUERTA CUANDO SALE DE CASA. No es que yo vea la puerta y piense: voy a cerrarla que me lo ha dicho mi madre. No, no es eso. Tiene que ver con las puertas de las casas sólo se abren para entrar y para salir, el resto del tiempo están cerradas. Yo creo que sólo por observación hasta un mono la cerraría.


Excepciones para utilizarlo:
Hasta que mis hijos tengan 10 años si su coeficiente de inteligencia es normal. Puede que antes si son listos.

4. Retírate el pelo de la cara.

Tengo 31 años y, a día de hoy, me retiro el pelo de la cara cuando quedo con mi madre para no tener que oirla. Sí, no tengo dignidad.

Cuándo lo utiliza:

Siempre. Siempre, quiere decir siempre.
-Cuando llevo el pelo suelto que me dice: "Con lo guapa que estás con la cara despejada.¿Es que te quieres ver fea? No sé que tienes que esconder. Te creerás moderna. Además, tienes pinta de sucia".
-Cuando llevo el pelo recogido: "Con lo guapa que estás así. Si me hicieras caso... Algo mejor te iría. Con la pinta de sucia que tienes cuando lo llevas suelto".

Consecuencias:
No puedo llevar el pelo suelto si la voy a ver. No tengo fuerza para soportarlo. Mi hermana, que está en plan rebelde, se ha puesto flequillo. Después de unos meses, lleva una horquilla en el bolsillo. Tiene 27 años.

Cuándo utilizarlo con mis hijos:
Si estamos andando por una precipicio estrecho y el pelo les impide ver el camino. Punto.
Hijos, ¡llevad el pelo como querías! Corto, largo, rizado, azul... No importa. Hay miles de cosas en la vida más importantes. No pienso perder mis fuerzas en eso.

3. Cuando seas madre comerás huevos.

Este consejo muchas veces venía combinado con el siempre socorrido: Porque lo digo yo, que él solito se merece un blog completo.

Cúando lo utilizaba:
Básicamente cuándo le decía: ¿por qué tu puedes salir un martes por la noche y yo no? ¿por qué tu puedes fumar y yo no? ¿por qué tu puedes maquillarte y yo no?


Consecuencias del consejo:
A mí no me gustaban los huevos, así que las consecuencias de este consejo han sido mínimas, dejando a un lado la pataleta por no poder hacer lo que me daba la gana.

Excepción para utilizarlo:
No se me ocurre. Fumé, salí los martes y me maquillé, eso sí, a escondidas.

2. Si duermes con el pelo mojado, te puede dar un aire.

¿Qué es un aire? Todavía vivo aterrada de que me dé un aire. De pequeña imaginaba que era una especie de ataque que me iba a paralizar la cara. Miles de veces, me he dormido con el pelo mojado y los dedos cruzados.

Me he metido en google a intentar saber si es cierto. Normalmente, busques lo que busques, siempre encuentran un millón de resultados. Lo único que he encontrado son las preguntas en los foros de miles de niñas traumadas que han recibido el mismo consejo.

Una amable doctora dice:
"Lo que hace que los niños se enfermen son los virus y las bacterias, no el hecho de que se acuesten con el cabello mojado". Gracias, doctora.

En cuanto a lo del aire, no he sido capaz de encontrar nada. ¿Alguien sabe qué es un aire?

Cuándo lo utilizaba mi madre:
Preferiblemente en época estival. Siempre que me iba de vacaciones, excursión o a pasar la noche en casa de una amiga.

Consecuencias en la mente de un niño:
Terror a los aires, aunque sin certeza de qué narices son, es decir, miedo a que te pase algo terrible que ni siquiera sabes qué es.

No hay excepción para utilizar este consejo. Lo ha dicho la amable doctora.

1. No te asomes a las ventanas

Este consejo se hereda en mi familia. Mi abuela se lo decía a mi madre, mi madre me lo decía a mí. Yo no quiero decírselo nunca a mis hijos.

En qué situación lo utilizaban:
cualquiera.
Si te mudabas a una nueva casa, fuera un primero o un décimo.
Si ibas a visitar a un amigo,  aunque viviera en un chalet.
Si ibas de viaje, aunque fueras de camping.
Cuando te despedías al teléfono, por si acaso.

Cuáles eran los motivos:
"La cabeza pesa mucho más de lo que piensas. Si te asomas a una ventana, te puede vencer el peso".
"Una vecina de tu tía Mari, se mató limpiando los cristales. Pobrecita, con dos hijos que tenía. Y lo limpia que era. Por eso se mató, por limpia".
"Se ve lo mismo a 10 centímetros del cristal, que sacando la cabeza por él".

Consecuencias en mi hermana y en mí:
Cuando nos vamos a despedir durante un tiempo o nos vamos de viaje, en vez de decir, cuídate o pásalo bien decimos: "Y no te asomes a las ventanas".

Excepciones únicas en que poder formularlo:
En caso de tornado, huracán, tsunatmi, plaga de langostas y juicio final.