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viernes, 3 de febrero de 2012

97. No es más ordenada la que más ordena, sino la que menos desordena.


Saving mommy money
Esto es complicado. Yo soy desordenada. No vocacionalmente desordenada. No es que yo vea un cuarto y piense: voy a reventarlo. No, me sale solo. Como vomitar. Es algo que no puedo evitar. Voy a apoyando las cosas por ahí para recogerlas luego, pero luego, nunca las recojo. Soy como una pequeña agricultora del caos. Me encantaría no ser así. Mi vida sería mucho más sencilla y barata. Tengo que tener tres pares de gafas que nunca encuentro. Copias de las llaves en todos los bolsos y soy capaz de perder unas botas durante años en mi propia casa. Yo las meto en una bolsa y digo: “Aquí guardadicas, para el año que viene, que seguro que me acuerdo”. Pero nunca me acuerdo. Mierda, es que por lo menos me podía haber tocado una memoria portentosa.

Pero bueno, tiene sus ventajas, vivo constantemente sorprendida de los tesoros que encuentro entre mis pertenencias y me siento de estreno, con ropa que tiene años. Hace poco me encontré 300 euros en un libro. En un libro sobre microeconomía, que luego lo piensas y era bastante lógico, pero en su momento me tiré desesperada buscando en carteras, bolsos y bolsillos los 300 pavos, hasta que llamé a mis padres para pedirles dinero. Ahora, cuando no llego a final de mes, me tiro una semana revolviendo toda la biblioteca a ver si otra vez tuve la genial idea de guardar pasta dentro. Por el momento nada. Solo un caos de biblioteca. Ya os contaré.

Pero tiene inconvenientes:
- Una pérdida enorme de tiempo buscando cosas.
- Un gasto extra para comprar dos veces el mismo objeto, incluso tres.
- Cajones llenos de servilletas atadas en honor del pobre San Cucufato al que tengo explotado: San Cucufato, San Cucufato los cojones te ato y hasta que no encuentre las llaves (las gafas, los pendientes, el gato) no te los desato. Luego no me acuerdo por qué había atado la servilleta, y ahí lo tengo al pobre hombre, encogido hace años.
- Último inconveniente: mi madre. Uno puede ser el caos en persona pero combinarlo con una madre como la mía, no se puede.

Cuándo utiliza el consejo:
Sobre todo cuando me pilla atándole los cojones a San Cucufato porque dice que le parece una falta de respeto. Bueno y dice algunas cosas más que si no pierdo la cabeza porque la llevo pegada, que si un día me voy a perder para no encontrarme, que eso solo puede ser una manifestación del desorden mental que tengo, que si me parece normal que mi vida sea un caos, que si no es más ordenada la que más ordena, sino la que menos desordena, que si voy a arrastrar a todo mi entorno a una vorágine de autodestrucción. ¡Bah! Lo típico.

El día crítico fue el que perdí a mi hermana y me perdí yo también. Bueno, que lo dices así y parece una barbaridad, pero que yo no lo hice a propósito, que fue sin querer. Estábamos en el Aqualand. Por primera vez. Yo soy de una ciudad de pequeña, en la que no había Corte Inglés, vamos, que no por no haber, no había ni unas escaleras mecánicas. Por no hablar de que las barracas venían una semana al año. Y en aquel parque acuático había: ríos con corriente, cascadas, precipicios, trampolines, toboganes, tirolinas, piscinas con olas y todo legal. ¿He dicho piscinas con olas? Allí estaba todo y también estaba la Cruz Roja cerca que, con mi corta experiencia, sabía que era una ventaja. Pues eso, que yo no entiendo como mis padres se les ocurrió decirme:

- Quédate aquí un poquito, que vamos a por unos botellines de agua. Agarra a tu hermana y no te muevas.

¡No te muevas! Es que, vamos, pedían un milagro. Si a mí me cuesta estar quieta, atada. Yo no recuerdo muy bien donde nos separamos. Solo que vi que ponía: “Kamikaze, el tobogán de la muerte”. Y se me nubló la vista. Aunque todo no fue fácil. El socorrista me dijo que era muy bajita para tirarme. Pobre. Me agazapé debajo de un seto, sigilosa como un ratón. Esperé a que se despistara y me colé. El caso es que el hombre tenía razón. Al tirarme, como pesaba tan poco, en el primer salto me quedé en el aire, y ya no toqué el tobogán hasta el último momento, de manera que, salí rebotada a la piscina de al lado, donde justo caía el señor más gordo que he visto en mi vida. Y lo vi clarísimamente, como un inmenso alud de chichas que se desparramaba sobre mí. Yo de mi hermana ni me acordaba. Ya me vi el papelón. A toda pastilla a la Cruz Roja y venga decirme que cómo me llamaba, y yo como si fuera autista pensando: “Para rato te lo digo, que les llamas a mis padres por megafonía y ya vas a ver. Hasta que no pare de sangrar, no suelto prenda”. Pero entonces, apareció mi hermana. Llorando con un amable policía, por decir algo, que la habían encontrado en una esquina de la piscina de bolas preguntando por sus padres. Se me abrazó y entonces sí que tuve que cantar. Cuándo oí mi nombre por megafonía lo tuve claro. Se acabó el verano. Y no veas sí se acabó, cuando llegó mi madre hasta se fue el sol.

Consecuencias:
Frustración constante. Yo le veo todas las ventajas del mundo a ser ordenada, incluida la de no tener que oír a mi madre, que eso es la súper ventaja. Pero no me sale.
En mi hermana, cierto grado de autonomía. La perdí un par de veces más.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, confiaremos en los poderes de San Cucufato el día que os pierda. Porque va a pasar. Lo tengo claro, y mi madre, también.

jueves, 21 de julio de 2011

87. Hay que guardar 2 horas de digestión para meterse al agua.

Bueno, siento cierta presión con este consejo porque éste, sí que sí, lo han recibido todos los niños de España e imagino que lo siguen sufriendo generaciones posteriores. Vamos por partes.

Cuándo lo utilizaba
Pues el corte de digestión en mi casa era bastante peor que el coco, lo del coco o el hombre del saco a su lado era cosa de niños. Vamos, que en mi cabeza un corte de digestión consistía en que la barriga se partía en dos y luego te morías. Así de nihilista andaba de niña.
Ahí estabas tú, en la arena, si con suerte pillabas un trozo de sombrilla, mirando el mar, lleno de gente, a 40 grados y embadurnada de crema. Vamos, el jodido paraíso infantil.
- Mamá y por qué hay tantos niños en el agua.
- Porque ya han esperado sus dos horas de digestión.
- ¿Y qué me puede pasar si me meto ahora?
- Pues que te dará un corte de digestión y empezarás a vomitar y te puedes ahogar en el agua y morirte.- de ahí, mi nihilismo.
- Pero ya ha pasado una hora y media. Ya igual sí se puede…
- De eso nada, nena, son dos horas, anda hazte un castillo o algo.
- Es que ya he hecho cuatro, dos fosos y he enterrado a mi hermana.
- Pero ¿qué dices? Sácala de ahí ahora mismo que le va a dar un insolación. Que menudas ideas tienes.
- Ya voy..., si a ella le gusta.
- ¿Qué le va a gustar? Que la saques ya.
- Igual nos tenemos que bañar entonces porque vamos a estar llenas de arena…
- Pues os aguantáis, que todavía queda un rato.
- Mami y qué pasaría si no comiéramos nada, solo cenamos, y así me podría pasar el día agua.
- ¿Que qué pasaría? ¿Que qué pasaría? (Cuando una drama mamá repite dos veces una pregunta retórica en tu cabeza debería sonar algo parecido a una alerta por tsunami) Que te morirías de inanición y vendría la policía para llevarnos a la cárcel a tu padre y a mí por ser malos padres y a tu hermana la mandarían a un orfanato- que luego mi madre anda extrañada de que yo sea una exagerada- ¿Tú quieres eso? ¿Quieres que nos manden a la cárcel?
- No…, yo solo quería bañarme.
- Pues calla ya que como te pongas pesada nos subimos al apartamento a hacer vacaciones Santillana y se van a acabar las discusiones. Y por dios, saca a tu hermana de ahí, que no te lo tenga que repetir.
Así que te callabas, porque las vacaciones Santillana son al verano lo mismo que la piña a la pizza. ¿Quién quiere fruta en la pizza? En serio. No lo entiendo. Pues lo mismo.

Consecuencias del consejo:
Pues no te creas, que desarrollas una capacidad a la frustración que no te digo nada. Gracias a eso ahora soy capaz de ver “Españoles por el mundo” o “¿Quién vive ahí?” sin tirarme por la ventana. Aunque tengo que reconocer que los dos programas me producen ardor de estómago.
Segunda consecuencia, yo pienso que vivir mirando al mar es la mejor vida. Es mi propio utopos. Yo creo que de mirarlo con tantas ganas.
Tercera consecuencia, a mis 32 años, oye, seré imbécil, pero me cuesta un dolor meterme al agua sin guardar dos horas de digestión. Me mojo las muñecas, la nuca, meto los pies con miedo y ando dando saltitos si el agua me llega a la barriga, mientras pienso: “Venga bonita, que no pasa nada, no te vayas a partir en dos”. Con 32 años tampoco es grave, es ridículo pero la vergüenza me queda lejos, eso sí, con 17 era terrible. “Venga corre que nos tiramos de bomba”. “No que se me saltan las lentillas”. Será de las pocas veces que he agradecido ser miope. Pensaréis: será imbécil ¡Con 32 años! Pues lo de imbécil podemos discutirlo pero es que yo sí he sufrido un corte de digestión en el agua. Un variante un poco más salvaje en realidad. Va de la siguiente manera: yo tenía 11 años, dos primas de 15 años con bastante mala leche, y un trampolín olímpico, pero olímpico de verdad, de cinco alturas. Y lo que también tenía yo era bastante inconsciencia. El caso es que nos subimos a la tercera altura y mis dos primas saladísimas prometieron tirarse de cabeza si primero me tiraba yo. Yo y mi inconsciencia ni nos lo pensamos, que era mucho nuestro estilo. Saltito y de cabeza. Ahora, que el aire tiene sus cosas y prefirió girarme ligeramente de manera que me metí una de las tripadas que pasaran a la historia de las leches familiares durante generaciones. Y el agua también tiene sus cosas, si tú te tiras de un tercero en plancha no solo te quedas roja como una cigala por el lado que caes, sino que empiezas a vomitar como si dentro de ti viviera la niña del exorcista. Y mi bueno, mi madre también tiene sus cosas, y después de que el socorrista la tranquilizara tuve que oír para los restos eso de “Te esperas las dos horas de digestión que acuérdate cómo te pusiste cuando te dio un corte de digestión. Tres días vomitando”. Y por cierto, las saladísimas de mis primas bajaron por la escalera. Cobardes.
Cuarta consecuencia. No me tiro de cabeza. Lo intento, pero el saltito ya no me sale, me da un vértigo…, desde el borde de la piscina, sin trampolín ni nada. Con lo que yo he sido…

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, de verdad voy a intentar saltarme este consejo. He buscado en internet y una pediatra (que esa gente tiene carrera y sabe) dice que no es necesario. Que el corte de digestión no mata, y que no se produce solo por comer, si no por el contraste de temperaturas. Aquí lo explica súper clarito. Vamos, que ya sabéis: muñecas, nuca, saltitos y al agua patos. Eso sí, no quiero oír hablar de trampolines olímpicos y lo de enseñaros a saltar de cabeza lo veo difícil. Confiaremos en vuestro futuro padre.

martes, 5 de julio de 2011

85. Con la comida no se juega.

Decorablog
¿Sabes cuándo te presentas a un examen y realmente te ponen una pregunta que no te han explicado? Vale, estáis hablando conmigo, vuestra madre jamás os creería pero yo sí. En alguna escasa ocasión sucede. Tú vas a selectividad y te preguntan por el sistema bismarckiano, y recuerdas perfectamente la frase de la listilla de tu profe de historia: “Esto no lo damos que no es importante”. Pues esa sensación tenía yo siempre que me sentaba a comer en mi casa. Intentaba saberme la lección pero mi madre siempre me sorprendía con algo fuera de temario. El efecto sorpresa de una drama mamá es insondable.

Cuándo lo utilizaba:
Esto va de la siguiente manera:
La edad no importa: tú tienes 8 años, bueno quien dice 8 dice 18, y quien dice 18 dice 32. “Te haces la mayor para lo que tú quieres. Además para ser mayor no solo bastan los años, no, nena, no,  si no el sentido común, y tú de eso no gastas. Y si yo te tengo que decir con 65 años que te sientes recta en la mesa, pues te lo digo, que para eso soy tu madre”.
El lugar no importa: ¿Qué estás en mitad de una comida familiar en un restaurante? “Siéntate recta, nena”. ¿Que la comida no es tan familiar y llevas a tu nuevo novio? “No apoyes los codos nena”. ¿Que tu madre se cruza contigo mientras tú estás en una comida de empresa, pues allá que va ella: “Nena, come con la boca cerrada”. Y tú lo único que piensas: “Por dios, que se vaya, que no diga nada más, prometo peregrinar a Roma, andando, comiendo vainas todo el rato, descalza, pero que se vaya”. Pero tú muy lista no eres, ni lista ni empírica, porque las otras 11.503 veces deberían haberte servido como experiencia para saber que una drama mamá siempre va a apostillar: “Y termínate todo el plato, nena”. Ahí está ella, y tu jefe atragantado, y pasas a ser la nena también en la oficina, lo que te colma de ilusión. La madre que me parió…
Pero, sobre todo, tú no importas: ya has comido. Vienes de viaje, tienes 32 años, y llegas a casa. Pensabas que al café, pero algo se ha torcido y llegas en mitad de esa comida familiar con los futuros suegros de tu hermana. Pues más te vale ser de digestión rápida porque, en mi casa, se vuelve a comer y punto. Y como mi madre te vea entretenerte con los cubiertos… Ni futuros suegros, ni el Rey por el medio, la colleja está asegurada y como mínimo te llevas un “Con la comida no se juega, nena, y de ahí no te levantas hasta que te lo termines todo. ¿Qué van a pensar estos señores”. Pues que estamos tarados mamá, eso van a pensar.

Consecuencias del consejo:

Sudoración y sensación pre-examen constante a la hora de la comida.
Si estoy sola, como de pie, para no jugármela. En plan tentempié, que así no cuenta. Creo.
Discurso mental algo psicótico cada vez que tengo una comida con mucha gente. Algo parecido a cuando te vas a sacar el carnet de conducir: cinturón, asiento, espejos. Pero más del tipo: codos, cubiertos, espalda, boca.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, nos vemos en nuestra primera comida familiar con la drama abuela: sentaos rectos que no estamos en un bar, no apoyéis los codos, comed con la boca cerrada, no chupéis el cuchillo, la comida se acerca a la boca no vosotros a la comida, se bebe con la derecha, no metáis la mano en el plato, no os limpiéis con las mangas, la salsa no se unta, con la comida no se juega… Y por dios, si os acordáis de alguna otra, chivadme, prometo barra libre de nocilla a cambio.

PD. Vamos con el primer post dedicado: para Monika, que puede comer en la cama y jugar con la comida todo lo que quiera. Y nos vamos concentrando todos los hijos de drama mamás, que somos multitud, para que su trasplante vaya bien, y dentro de nada esté en casita, con barra libre de Nesquick, que es más lo suyo. ¡A por todas, nena!

sábado, 26 de febrero de 2011

63. Hasta que no se rompa, no se compra otro.

Mi madre se ríe de la obsolescencia programada. ¿Que hacen las medias mal para que se hagan carreras? Pues ella aprende a remendarlas. ¿Que quedan fatal porque se ve como un pellizco en mitad de las rodillas? Pues a ella le importa un pimiento. Listo. Si fuera por mi madre el sistema capitalista se hubiera ido al traste hace años. Viviríamos en el Estado del Drama donde todo el mundo lleva coderas y rodilleras y todos los días se comen vainas. Vamos, el jodido paraíso.

Cuándo utilizaba el consejo:
Siempre que pedías algo, insisto, siempre.
- Mamá quiero un walkman nuevo.
- Y yo un tren eléctrico.-ahí, con esa lógica que te descompone porque empiezas a pensar: ¿un tren eléctrico? ¿para qué narices quiere ella un tren eléctrico? Te vuelves a centrar.
- eh... Bueno pues yo un walkman nuevo que este ya no rebobina.
- A ver nena, para un rato que me siento en el día y tienes que venir a incordiar. Vete a jugar con tu hermana que no la oigo, y seguro que está haciendo algo malo.
- Que no te incordio más, pero necesito un walkman nuevo.
- Mira nena, uno necesita respirar, comer, dormir y que le quieran, todo lo demás no es necesario, es un plus. Y tú ya tienes pluses de sobra, si hasta tienes unos patines, mira si andas sobrada de pluses.
- Pero mamííí...
- Ay qué pesada eres. A ver, trae ese ualman (ajá, mi madre habla inglés).  ¿Cómo se enciende?
- Con el play mami.
- A mí háblame clarito que estamos en España y somos españoles.
- Con el botón grande.
- Uy si se oye de maravilla, ¿qué andas diciendo que no funciona?
- Es que no puedo echar las canciones para atrás.
- Pues te las eschuchas todas, que eres muy fina tú.
- Pero es que la cara B está vacía.
- ¿Y por qué andas desaprovechando una cara entera? ¿Qué te crees que las cintas me las regalan? Ya estás grabando en el otro lado. Y hasta que no se rompa, no se compra otro. Habráse visto.
- Pero no puedo rebobinar...- muy pesada, lo sé, y poco intuitiva de dónde estaba el límite de su paciencia.
- Mira nena que me estás hartando, a ver si al final te tiro el ualman por la ventana y la única música que vas a oír van a ser mis gritos por soleares de par de mañana. Te coges un boli de bic y le das para atrás.
- Pero mamá...., además está como desteñido ya no se lee ni lo que pone en las teclas.
- Chsitttt, a callar ya. ¿Desgastado? Tú si que me estás desgastando. ¿Se oye no? Pues ya está bien. ¿O quieres que lo tire por la ventana? ¿y a ti detrás?
Aquí ya no hacía falta intuición y me iba a buscar un boli de bic.

Consecuencias del consejo:
He roto miles de cosas a propósito. Y ella ha conseguido reparar el 80% de ellas: ropa remendada, juguetes pegados, estuches atados con gomas, incluso una vez me arregló los frenos de una bici BH azul de tercera mano (mi prima, su hermana, y yo era la tercera mano).
Segunda consecuencia: en  mi casa la compra de esparadrapo, cinta aislante y pegamento alcanzaba cotas de mayorista.
Tercera consecuencia: éxtasis total ante las cosas nuevas. Con éxtasis me refiero: saltos, grititos, abrazos a la coso nueva que fuera (un bici, unos patines, unas botas, una tele, unca caja de galletas...).
Cuarta consecuencia: mala valoración actual de si algo está roto o no. Ejemplo: tengo una caja de música que no hace música y no cierra, tuve un coche en el que no funcionaban la radio, las ventanas, la bocina, el aire acondicionado y llevaba pegada con cinta aislante la guantera...
Quinta consecuencia: mi vida está llena de trucos. He tenido tantos objetos medio rotos que me he acostumbrado a que haya que ponerle una piedra al cable de la tele para que se pueda oír bien, pero si lo quiero ver es el dvd, tengo que quitar la piedra de la tele y poner un páquete de tabaco debajo del euroconector. Agotador.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, este consejo me lo quedo. ¡Hombre ya con tanta tontería de comprar y comprar! Más os vale que las coderas se pongan de moda. Dicho está y os voy avisando que si quéreis cambiar de canal, hay que meterle un pañuelo de papel al mando donde las pilas porque se han aflojado los muelles.

domingo, 19 de septiembre de 2010

36. Bah, esos pelos se ponen rubios con el sol y ni se ven.

http://beardrevue.com/

Calculo que tenía 13 años. Igual 12.
- Mamá, quiero depilarme.
- Eres muy pequeña.
- Seré pequeña pero tengo pelos en las piernas.
- ¡Bah tonterías! Esos pelos se ponen rubios con el sol y ni se ven. Nena, que eres muy exagerada. Que tu ves una paloma y ya andas diciendo que es un flamenco. Cuatro pelos tienes, y finitos. Mucho cuento es lo que tienes. Una vez que empiezas a depilarte, tienes que hacerlo todos los meses. Eso es muy esclavo, y caro. Ale, te aguantas un poquito que no te va a pasar nada.
- Pero mamíííí, si los pelos me traspasan los leotardos.
- Pues más calentita que irás y te he dicho cien veces que no me llames me mami que me pone nerviosa, que pareces una niña de cuatro años con ese tonillo. ¡Un poco de carácter, por dios!
- Pero mamá, ¿tú a qué edad empezaste a depilarte?
- Mira, nena, en mi época no nos depilábamos porque no había dinero ni para playas, ni para piscinas. Cuando seas mayor me lo agradecerás. Te habré quitado unos años de estar esclavizada de la cera, porque tú no lo sabes pero la cera es un horror. Según te depilas, ale, ya te vuelven a salir los pelos otra vez. Además que te nacen con más fuerza, y recuerda, nunca nunca te pases la cuchilla, que te salen más. ¿Me has oído nena?
- ¿Entonces puedo hacerme la cera que salen menos?
- Pero a ver, nena, de verdad que crees que me vas a engañar así. A veces de tan ingénua no sé si eres un poco tonta, tal cual te lo digo. Que más sabe el diablo por viejo, que por diablo. Y no me hagas perder más tiempo que tengo muchas cosas que hacer. He dicho que no, y es que no.
Esta era una frase de no retorno. La nena tenía claro que no había discusión.

Consecuencias del consejo:
Mamá se veían. Los jodidos pelos se veían perfectamente a distancia. Y eso de que se ponen rubios... es a la semana de estar en la playa. Coño, a la semana. Que me pasaba el rato en el agua para que nadie me viera. Que por ahorrarme dos años de depilación me tiré dos veranos a remojo. ¿Y eso de hacerme después sólo medias piernas? ¡Qué narices van a ser más finos los pelos de los muslos! Otros dos veranos con falda a la rodilla.

Excepciones para utilizarlo con mis futuros hijos:
No hay.
Si son niñas: se depilarán cuando tengan pelos. Por supuesto que si traspasan los leotardos, empezaremos a pensar en la depilación láser rápidito. Así, sí que os ahorraré años de depilación.
Si son niños: en el caso de los niños no era la depilación. Era esa absurda pelusilla que llevaban como bigote durante años. Imagino que ante el consejo de las drama mamás: "Si te afeitas una vez, lo tendrás que hacer todos los días". Pues hijos, os afeitaréis todos los días y punto. Eso es mejor que la pinta tan rara que tenían los niños de mi clase. Que se veía perfectamente el bigote, por dios.

domingo, 5 de septiembre de 2010

33. Nena, el mundo es un lugar terriblemente injusto.

¿Y cómo lo iba a aprender la nena? Pues sintiendo la injusticia en sus carnes. No era plan de contármelo, ponerme un vídeo y no concederme nunca un capricho en pro de todos aquellos niños más desgraciados que yo. Eso hubiera sido simple, sencillo, poco pertubardor y mi madre es perturbadora por encima de todas las cosas. Mi madre quería que yo fuera consciente de la marginación, el sexismo, el racismo, la pobreza y sobre todo, el clasismo, una cosa que a mi madre le parece el peor invento del demonio.

Así que el plan era el siguiente:
- Tratamiento de choque contra el racismo: Consistía en no comprarme ninguna muñeca blanca. Nada ni remotamente cercano a la raza a la que pertenezco. Nunca comprarme una Barbie, ni siquiera una Nancy rubia.  En la cabeza de mi madre, si yo jugaba con muñecas de otras razas, no sería racista. Así que mis muñecas fueron: una barriguita africana con el pelo ensortijado y una Nancy marroquí (en serio) cuyo mejor complemento era el shari indio que traía para cambiarle la ropa. Tuve un bebe chino de color amarillo chillón, porque tampoco es que comprara los juguetes caros, así que más que oriental el bebé parecía un extraterrestre (tratamiento de choque contra la pobreza). Tuve matriuskas, una geisha, una familia andina al completo y una especie de Barbie regorderta de todo a 100 pelirroja, porque "nena, los pelirrojos también sufren mucho".
Segunda parte del plan, la que era la parte realmente perturbadora. El día de la vuelta al colegio después de Navidad, todos teníamos que llevar un juguete, el preferido, el más grande, el más caro. Finalidad: dar el máximo posible de envidia al resto de niños. Y ahí entraba mi madre.
- Nena, tú juguete lo elijo yo. En tu clase hay algunos niños que no habrán tenido regalos tan estupendos como los tuyos, así que vas a aprender a solidarizarte con ellos. Te llevas la barriguita negra y no se hable más (tratamiento de choque contra las desigualdades sociales, aunque personalmente creo que era un tratamiento de choque contra mis relaciones sociales normales).
- Pero mamááááá´.... Martita va a llevar la autocaravana de la Barbie y Ana lleva el carricoche del Nenuco. Nadie va a querer jugar conmigo, déjame llevarme al menos las marionetas rusas que son más.
- No, cuando seas mayor me lo agradecerás.
Puede mamá, pero con 7 años aquello era un jodido castigo. Me pasaba esos días sentada el pupitre intentando jugar con Laurita y un tangram que llevaba ella, voluntariamente. "Nena, tú hazte amiga de Laurita que es un niña lista, que sabe lo que importa en la vida". Sí mamá, la capacidad de abstración a veces es lo más importante en la vida. Sobre todo cuando te mandan a chulear al cole con un ábaco, para que aprendas la importancia de las matemáticas, otra vez con una plantilla para aprender a atarme los cordones, otra vez con un tampon que imprimaba mini Quijotes, en fin, lo que viene siendo una vida social de mierda.

Consecuencias del consejo:
Lo dicho, escasa vida social y cierta marginación.
Estado total de éxtasis cada vez que iba a casa de Martita: me disfrazaba de princesa, me pintaba la cara, llevaba unas 5 barbies en la mano mientras acunaba a un Nenuco dentro de la autocaravana, y merendaba nocilla, untada sobre Smacks de Kellogs (prohibidos en mi casa: "Nena, eso no es comida, son chucherías inventadas por los americanos para hacer de los niños seres pusilánimes, en nuestra casa se desayunan tostadas, como Dios manda, con su pan y su mermelada. ¡Arroz inflado! El arroz, para la paella, nena. A ver si aprendes a distinguir las cosas importantes de las tonterías, que parece que te cuesta un poco".

Excepciones para utilizar el consejo:
Todas.
Gracias mamá por enseñarme la cantidad de mierda que hay el mundo, y gracias por hacerme creer que es posible educar a los niños de otra manera para que los adultos acaben siendo también de otra manera, gracias por hacerme valorar cada juguete que tuve, y porque gracias a ti hubo muchas Lauritas en mi vida con sus tangram y sus metrónomos, que me siguen acompañando 20 años después y que jamás me dieron de lado por no tener una Barbie.
Eso sí, te pierden las formas mamá, de verdad, que te pierden. Qué te costaba haberme mandado al cole con un muñeco algo más normal, que me daba igual que fuera aquél bebé indígena con taparrabos, pero ¿el ábaco? Eso no es un juguete mamá, eso es hundirle la vida social a un niño. Palabra.

lunes, 30 de agosto de 2010

32. Nena, ¿Crees que soy la dueña del Banco de España?

Bueno, en realidad, la formulación era BancoEspaña, del tirón. Y a mí me daban unas ganas horribles de decirle:
- Pues sí mamá, porque si yo de paga tengo 2 duros y en tu cartera hay más de 600 veces esa cantidad... Pues sí, mamá, algo tienes que tener tú con el Bancoespaña para tener tantííiísimo dinero con el que me podría comprar todos los huevos kinder del mundo. Ahora, que no lo haces porque no te da la gana.
Pero sólo me daban ganas de decírselo, porque si yo le contestaba así a mi madre, me regalaba a los gitanos del circo, que ya me lo tenía advertido.

Variaciones del consejo:
Pero tú te crees que soy la dueña de Iberdrola.
Pero tú te crees que el dinero lo regalan.
Pero tú te crees que el dinero crece en los árboles.

Cuándo utilizaba el consejo:
Pues siempre que le pedía algo, fuera un capricho una necesidad. A mi madre todo le parece un gasto.
- Mami me compras un estuche nuevo.
- Pero si tienes el que te compré el año pasado. Nena, ¿tu te crees que soy la dueña del BancoEspaña?
- Es de hace dos años mami.
- Está como nuevo nena, y no me llames mami que me pone nerviosa.
- Mamá pero si no cierra, la cremallera está rota.
- Ah ¿y se la he roto yo? He sido yo ¿no?
- No mamá, se ha roto de usarlo mucho.
- Pues nena, no te pienso comprar otro para que lo rompas otra vez. (¿Os habéis dado cuenta? Ya no estamos discutiendo sobre comprarme o no el estuche, estamos hablando de que la nena rompe cosas constantemente. Otro poder de madre: manipulación).
- Pero mamá es que Martita tiene uno super chulo con un organillo en la tapa y puedes tocar canciones mientras haces la tarea.
- ¿Un organillo? Mira nena, tú haz las tareas centradita y en silencio, sin musiquitas, que yo artistas no quiero en la familia. ¡Un estuche con música!, qué inventarán. Un estuche lo que tiene que hacer es guardar bolis y punto. A parte que tú desafinas cantando Campana sobre campana, que mira qué es difícil, así que no vamos a tirar el dinero.
- Pero mami y ¿cómo llevo los bolis dentro de este estuche roto?
- Ni mami, ni zarandajas.  Le pones una goma y haber si cuidas un poco las cosas que el dinero no me lo regalan, ¿eh? nena.

Consecuencias del consejo:
Odio al Bancoespaña, ¡cabrones de mierda! Qué os costaba haberle dado a mi madre 500 pesetas para un estuche con órgano, ¿eh? Que sólo dos niñas de mi clase no tuvimos ese estuche y Laurita era la niña que creía que no había cosa más divertida que mirar un metrónomo durante horas. Pues eso, cabrones, a ver cómo queríais que tuviera una vida social normal con un estuche cerrado con una goma. Es que es pasar por la calle Alcalá y me tengo que cambiar de acera, porque me entran unas ganas de prenderle fuego al edificio, que miedo me doy.

Excepciones para utilizarlo:
No pienso utilizarlo. Mi frase tipo será algo más:
- Mami que quiero un estuche que vuela. (porque en mi mente de los 80, todo en el futuro debe volar).
- No tengo dinero porque me lo gasto en terapia para superar un exceso de educación maternal.
- Pero mami...
- Ni mami, ni zarandajas.
Me gusta cómo suena zarandajas aunque ni idea de qué significa.

martes, 15 de junio de 2010

14. Tómate el zumo rápido que se le van las vitaminas

Si te pasas por cualquier cafetería de España por la mañana, lo notas. Más de la mitad de la gente que está en la barra ha recibido este consejo de su madre. Se nota en la tensión, los reflejos... Ahí estamos, según se acerca el camarero con el zumo de naranja en la mano, nos lanzamos como locos a bebérnoslo, que se le van las vitaminas. De un trago. No pienses en nada: es cuestión de vida o muerte. De la fuente de la eterna juventud a un líquido naranja.

Cuándo utilizaba el consejo:
Por las mañanas te asaltaba con el zumo en mitad del pasillo:
-Corre nena, de un trago, que si no, no sirve para nada. Corre nena, que se le van las vitaminas. Deja lo de respirar para luego, el zumo nena, el zumo es lo importante.

Consecuencias del consejo:
A mí tomarme un zumo de naranja, me afixia. me provoca estrés. Siempre tengo la sensación de que me estoy perdiendo lo mejor. ¿Y si el camarero ha tardado en dármelo? Ya no tendrá ni un miserable vitamina, ni una. ¿Para qué entonces? La vida no tiene sentido.
Además, en ayunas y de un sólo trago me provoca acidez. Consecuencia principal: no disfruto del zumo, no. Ni un poquito. Al contrario me frustra y también tiende a indigestarme. Y encima estoy esclavizada. En el bar donde desayuno todos los días, el zumo es gratis. Te lo dan con el café y las tostadas. Y entonces, me asalta otro consejo de mi madre "Nena, si es gratis, tú lo coges, luego ya veremos que hacemos con eso". Pues eso hacemos mamá, indigestarnos.

Excepciones para utizarlo:
Nunca. Futuros hijos míos: disfrutad del zumo de naranja despacito. De ese color que parece de juguete y del dulzor que sabe a un azúcar auténtico, como si todos los demás le anduvieran imitando. Saboreadlo y empezad el día sin estrés, que bastante os espera por delante. Ya conseguiremos las vitaminas de otro lado, algunas vitaminas más relajadas.
Imagen de: Darwin Bell