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martes, 14 de febrero de 2012

99. No andes descalza nena.

Running and Rambling
En torno a esta frase giraban un sinfín de amenazas: enfriarte, enfriarte mucho, coger anginas, ensuciarte, romperte un dedo contra cualquier cosa, enfriarte más, pillar una pulmonía y, en mi caso, una más: «No andes descalza que te vas a quedar inútil». Y vosotros pensareis: qué tendrán que ver los pies descalzos con la inutilidad. Pero mi ¿madre os ha defraudado alguna vez? Pues eso, no penséis tanto.
Cuándo lo utilizaba:

Mi hermana y yo teníamos los pies planos y varos, que viene siendo sin arco y ligeramente inclinados hacia el interior. Esta ligera deformación, en mi casa se vivió como una terrible cruz, en plan: las niñas tienen tres brazos. Como si de mayores no fuéramos a tener una vida normal por unos pies pochos.

La culpa de todo la tuvo un podólogo al que se le ocurrió decir en la primera revisión: «Esto, si no se corrige, en la vejez produce deformaciones de la columna vertebral». Y agregó: «Qué pena que no sean chicos porque, por lo menos, les habrían dado por inútiles en la mili».

Y la palabra «inútiles» cayó sobre mi madre como una losa. Bueno, la losa también cayó sobre mi hermana y sobre mí. Siempre hemos sido de compartir losas en mi familia. Así que lo primero fue cambiar de podólogo por uno algo más innovador y que no adjetivara tanto. Eso también lo vimos importante. Y pasamos a la época de nuestros ejercicios de recoger bolis con los pies. Sí, ése fue un ejercicio habitual tres veces por semana. Lo sé, suuúper normal.

El podólogo innovador que no adjetivaba propuso una terapia que combinaba llevar los jodidos zapatos de Frankenstein (con refuerzo de hierro en los laterales), sumado a unas plantillas con unos bolos que te hacían cagarte en el cuento de la princesa y el guisante y, por último, la prohibición de no andar descalzas nunca, excepto en la arena de la playa. Y como complemento terapéutico, teníamos que ejercitar la flexibilidad de los dedos de los pies. Una cosa muy práctica para el futuro. Eso, junto con la trigonometría, lo que más he tenido que utilizar yo en mi vida.

El caso es que nos sentaban en el sofá del salón, mientras mi madre nos tiraba bolis y lápices a la alfombra y nos pegábamos así una hora, recogiéndolos. Todo sin tele. ¿Qué se os ocurre que pueden hacer dos niñas en esa amena situación? Pues fácil: poner de los nervios a cualquiera; eso sí, cada una cazábamos un boli al vuelo con los pies. Insisto, súper, súper normal.

Consecuencias del consejo:

Odio atroz al podólogo, al que adjetiva y al otro, y un ligero complejo de Forrest Gump en el cole.

Segunda consecuencia: locura total ante unos zapatos merceditas, sin hierros, finitos, con su tacón y su pinta de no ser los zuecos de Hulk, que mirábamos en la zapatería de debajo de mi casa como la más ansiada de las pertenencias.

Cierta amistad con la zapatera. Nos miraba, miraba nuestros pies, nos sonreía con lástima.

Cuarta consecuencia: lo dicho, una portentosa habilidad para recoger cosas con los pies que se mostró en todo su esplendor un día en la piscina, cuando cogí una pelota de ping–pong con el pie. Total y absoluta admiración de la cuadrilla de la pisci. Y preferencia para tirarme del trampolín desde aquel momento. Yo con los pies recojo lo que me pidas. Un alfiler, un alfiler. El sueño de todo ser humano.

Consecuencias en mi hermana: vacío existencial. Todavía tiene los pies planos.

Y por último: me encanta andar descalza. Pero no un encantarme de «qué placentero es no llevar zapatos», sino más bien de «abajo la dictadura de las zapatillas de andar por casa. ¡Revolución!».

Consecuencias en mi madre: estrambóticas broncas que ningún vecino entendía. Si me pillaba descalza, me lanzaba el doble de bolis y me amenazaba:

—Nena, como te vuelva a pillar descalza, te tiro un fosforito. De los gordos, ¿eh? ¿Me has oído?


Excepciones para utilizarlo:

Futuros hijos míos, me da lo mismo lo que digan. Quitaros los calcetines y apoyad los pies en la hierba, en la tierra, en la arena, en la madera, en las baldosas… ¿Lo notáis? Eso se llama libertad y a veces, pocas, a uno le vale andar descalzo para sentirla. No os lo vayáis a perder por una tontería de calcetines.

lunes, 14 de marzo de 2011

67. ¿Ahora sales? Pero si es hora de volver.

Reloj Trovato
¡Ay! ¡Qué nostalgia! Bueno nostalgia, quien dice nostalgia, creo que hace un par de meses me lo dijo, pero es que llevo tantos años acompañada de este consejo.

Cuándo lo utilizaba:
Vamos, por partes. Si alguien escucha este consejo pensará que yo no he tenido hora de vuelta a casa. Bueno, realmente si alguien piensa esto es que esta es la primera vez que se enfrenta al concepto drama mamá y no ha leído nada antes. Bueno, y también que tuvo una adolescencia afortunada en la que podía quedarse por ahí cuando empezaba lo mejor, es decir, cuando yo me iba a casa.
Yo tuve hora de vuelta siempre, y no solo eso, mi madre iba a buscarme:
-Nena, que hay mucha gente muy mala, y por lo oscuro te puede pasar cualquier cosa. ¿Qué has oído lo del violador del ascensor? –en todas las épocas de mi vida había uno, que ya es casualidad- Mira que si te pasa algo. A mí no me cuesta nada, y estoy más tranquila. Además así te veo cómo llegas, que cualquiera se fía. Que ahora tenéis mucha libertad, y que si me tomo una Cocacola y que si la Cocacola llevaba vinito y no, no quiero una hija borracha. Como te vea piripi, ay como yo te vea piripi una vez en tu vida. Ni en tu boda. ¿Me oyes nena? Ni en tu boda te dejo ponerte piripi. Nada, que te espero a las 10 en la plaza. Y puntual.
- Pero mamá…, que ha todo el mundo le dejan hasta las 12.
- A mí me da lo mismo lo que hagan los padres de los demás. Tú a las 10, y así mañana aprovechas el día. ¿Qué ya me dirás tú qué haces a esas horas que no puedas hacer la las cinco de la tarde?
- Es que a las cinco no hay nadie, están a las 12.
- Pues quedar antes, chica, quedar antes, que mira que es fácil la solución. ¡Las 12! Esas no son horas para que una niña ande por las calles. Te espero a las 10, y ven rectica, que como te vea dar un traspiés no vuelves a pisar la calle. ¿Me oyes? Y como te huela a tabaco, te enteras.

Cuando ya no me iba a buscar, es decir con 20 años o así, yo seguía teniendo hora. No lo hablábamos claramente, para evitar en el enfrentamiento, pero si tú a mi casa llegas después del periódico del que mis padres son suscriptores, estás jodida. Más te vale que parezca que has salido a correr, porque si no, correrás de verdad.

Consecuencias del consejo:
Soy absolutamente nocturna, toda la vida pensando que lo mejor pasaba cuando yo me iba, así que nunca veo el momento de ir a la cama. Me lío. “Me voy a ir ya a dormir, total, no dan nada en la tele. Bueno, igual me meto a Facebook. Y ¿twitter? Espera, igual ha pasado algo increíble en el mundo. Debería ordenar esas fotos de vacaciones. Este programa lo he visto. Un zapping. Me voy a depilar las cejas mientras. A ver qué dicen en twitter”. Las dos de la madrugada.
Segunda consecuencia, arrastro un sueño perenne: “Y ¿si ahora pasa lo mejor qué? Aguanta un poco nena, aguanta un poco”.
Tercera consecuencia: broncas infinitas e interminables cada vez que iba a salir.
- ¿Pero a dónde vas a estas horas nena? Las 10 de la noche, es hora de volver no de salir.
- Ay mamá, pues a dar una vuelta.
- ¿Con quién?
- Con éstas.- ya sabes, típica edad comunicativa.
- Uy sí, me dejas mucho más tranquila. ¿Pero qué hacéis por ahí? No lo entiendo, de verdad que no lo entiendo. Con lo bonito que es el día, con su luz y su sol. Pero no, vosotros solo sabéis estar por la noche. Que qué haréis…
- Pues bailar y hablar…
- Con lo mal que tú bailas, no lo entiendo- ahí, reforzándote- No bebas nada. Y no vuelvas por lo oscuro, que el otro día dieron la noticia de que hay un nuevo violador del ascensor, a ver si vamos a tener un disgusto, nena, que un día tú a mí me matas de un disgusto. Total, por andar mal bailando, ¿Por qué tú sabes que bailarina no puedes ser no? Chica, ya te podías quedar en casa haciendo algo de provecho…
Poder del click. Click y ya no la oigo porque puede llenar el mundo de palabras y dar una vuelta, y otra, y otra.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, tranquilos, sé que lo mejor pasa a última hora. Llegaremos a un acuerdo. Eso sí, me quedo con el consejo de mi no drama papá:
- Nena, imagínate que yo me despierto una noche porque haces ruido al llegar de madrugada. Esa es la última noche que tú duermes en esta casa. Y si llegas más tarde que el periódico, compra churros, coño, que me lo tomaré mejor.

lunes, 28 de febrero de 2011

64. Tápate la barriga que te vas a enfriar.

Todd Baxter
Yo de pequeña pensaba que las barrigas eran hipersensibles, y que si se te enfriaban era una auténtica catástrofe. A mí no hacía falta que me dijeran que iba a venir el coco, menuda tontada, a mí lo que me asustaba de verdad era un corte de digestión. Claro que yo me imaginaba que se me iba a partir en dos la tripa, tipo hachazo. Si, una niña un pelí gore.

Cuando utilizaba el consejo:
Tú piensas que lo lógico es que lo dijera cuando hacía frío...ay infeliz, esperando lógica de una drama mamá. Mi madre me lo decía cada vez que me veía la barriga. Voy a concretar un poco. Eso ni siquiera significa que la tuvieras al aire, noooo, eso significa que si se acordaba que eras su hija y no tenía otro consejo pendiente, te decía:
- Nena, tápate mejor la barriga que te vas a enfriar.
Que yo me recuerdo mirando mi barriga pensando: "¡Por dios! ¿De qué está hecha? Si llevo una camiseta interior, unas bragas de puntillas hasta debajo del pecho, una camiseta con felpilla por dentro, un jersey de lana que haría las delicias de cualquier esquimal, un pantalón de pana, un anorak de paño, bufanda, guantes y pasamontañas". Porque sí, yo fui niña de pasamontañas, pero de los que solo se te ven los ojos:
- Que por la boca se coge de todo nena, y las anginas son muy malas.
- Ya mamá pero no puedo hablar.
- ¿Pero tú qué vas a querer decir con lo pequeña que eres? De aquí al cole vas en silencio, repasando la lección, que seguro que te viene bien.
- Ya mamá, pero es que no oigo bien. Pues te agarras a la mano del abuelo y que él te lleve. Ya te lo he dicho, repasando la lección, la tabla del 7 que siempre te la inventas.
- Ya mamá, pero es que no puedo ver bien.
- Ya mamá, ya mamá... qué pesada eres. Que ves perfectamente, ¿o quieres que te tengan que operar las anginas? -yo negaba, por cansacio, problamente, porque ni idea de qué eran las anginas- pues eso, te vas con el gorro bien puestico.
- Pero es que tengo pinta un poco rara... Martita tiene un gorro super guay con una bola roja y orejas de conejo y el mío es como de ladrón.
- Ay por dios nena, que tienes cada cosa... El tuyo es mejor que lo hizo tu abuela. ¿O le vas a decir a tu abuela que su gorro no te gusta?
Chanteje, leches, eso era chantaje emocional en toda regla, y allá que iba yo, que solo se me veían los ojos, como un alma en pena, como una pequeña terrorista en pena, porque de eso era de lo que tenia pinta. Y aún gritaba:
- Y tápate bien la barriga que te va puede dar un corte de digestión.
Lo segundo más terrible que te podía pasar en la vida era que se te enfriaran los riñones. De ahí que fuera super necesario meterte la camiseta por las bragas, qué digo la camiseta, yo he llevado jerseys de lana gorda (sí de esos que picaban) remetidos por las bragas. Esto movilidad no te daba, te convertía un poco en una niña palo, ahora, que con tanto refajo y tan bien colocado eras una niña que rebotaba. Incómodo pero práctico.

Consecuencias del consejo:
Me siento salvaje si no me remeto la camiseta dentro de las bragas. Puro riesgo.
En agosto, duermo con la sábana por la barriga. Puedo estar desnuda pero necesito aunque sea un pañuelo en la tripa, si no, no cojo el sueño.
Consecuencias en mi hermana mucho más dramáticas: necesita pilas de ropa para dormir, también a 40 grados, no le sirven los edredones, necesita mantas que pesen, varias. Y varias veces hemos estado a punto de perderla por un golpe de calor durmiendo.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, prometo decirlo solo si hace frío y si tenéis la barriga destapada. Y si alguna vez os meto un jersey de lana por dentro de la ropa interior tenéis mi permiso para gritarme. Y para haceros un blog metiéndoos con vuestra madre, también.

miércoles, 9 de febrero de 2011

60. Eso es que estás creciendo nena.

Boldandnoble
Tú te levantabas un día de la cama y se te doblaban las rodillas:
- Mami me encuentro fatal, yo creo que esta noche durmiendo me he partido las piernas.
- No digas tonterías nena, que no dices más que tonterías. Eso es que estás creciendo.
- ¿Crecer duele?
- En la vida todo duele, pero si me haces caso y eres una niña obediente, la vida te dolerá menos.
- ¿Por qué duele?
- Ya estamos con los porqués, ¿eh nena? No habíamos hablado ya que, a veces, las cosas son más bonitas si no sabemos porqué. Acuérdate del disgusto que te llevaste cuando tu padre te explicó que el frigo no era una caja mágica que hace frío. Acuérdarte que no te hizo ninguna gracia. Pues eso, a veces es mejor pensar que las cosas son mágicas, y punto.
- Mamíiiiíii, pero es que me duele.
- Mira nena, te he dicho una y mil veces que no me llames mami, que no eres un bebe y yo me pongo muy nerviosa. Te duele porque sí, porque te tiene que doler.
- Porque sí no es una respuesta- ahí, en plan kamikaze.
- Porque sí es una respuesta si lo digo yo. ¿Te queda claro?
- Jo, sólo preguntaba...
- Ay que pesada eres, de verdad, nena  Pues la vida duele porque la hicieron así y tus piernas, porque los huesos se están extirando y empujan a tus piernas y te duele.
- Pues yo no quiero crecer más.
- ¡Ah claro! Que te quieres quedar enana, muy práctico. Así no tendré que comprarte ropa nunca más, ni zapatos, ni cambiarás de clase, porque como no habrás crecido...
- Bueno no sé... Si no tengo que crecer más..., ¿tendría que seguir comiendo vainas que son buenas para crecer?- estaba  loca, estaba mirando a directamente a los ojos del abismo, y tan tranquila, como si no fuera conmigo.
- Mira nena, tú te comes las vainas aunque midas la mitad de pulgarcito, ¿me oyes? Y como te hagas la lista, dos platos cada vez. Y vete a hacer los deberes, que me tienes harta.

Consecuencias del consejo:
Miedo paralizante por las noches. "Y si mis huesos crecen mucho y me revientan la piel, ¿qué? ¿Cómo se vive una vida con la piel reventada?"
Segunda consecuencia: crecer me parece una mierda. No sólo te dolían las rodillas, cualquier catarro, angina, dolor de muelas, de cabeza e incluso moratón era "porque estás creciendo".
Tercera consecuencia: terror a ser un gigante. Yo crecí de golpe. Un martes. Pasé al metro setenta y tres de golpe, y mucho antes que mis amigas. Así que todos los dolores que padecí después de "El estirón" me aterrorizaban. "¡Por dios, no quiero crecer más! Ni un centímetro. Esto me pasa por comer tantas vainas".
Cuarta consecuencia: incredulidad en la sabiduría materna. Vamos, hombre, con 31 años que tengo y me siguen doliendo las rodillas, no me jodas que todavía me queda por dar un estirón.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, la vida duele, es así. Me gustaría daros buenas noticias, pero duele. Ahora, que si sois obedientes...

sábado, 22 de enero de 2011

56. Cuando seas responsable, tendrás una mascota.

Conejosenanos.info
Creo que hacia los ocho años descubrí que los pollos no vuelvan, y por lo tanto, si lo lanzas desde la ventana, pues el pollo no vuela. Cae a plomo. Y me quedé con cara de "¿Pero qué ha pasado? Venga pollito, levántate, ven aquí y volvemos a probar".
Entonces tu madre te explica lo del cielo de los pollos y lo de "nunca más vas a tener una mascota porque no eres responsable y yo he tenido que estar pendiente del pollo, y limpiarlo, y mira que huele un pollo y caga el pollo, que ya me dirás tú para qué queremos nosotros que la casa huela a corral. ¡Que estamos en un país desarrollado por dios!".

Pero algún año después, algún tío pensó que unas mini tortugas eran un increíble regalo de cumpleaños. Y lo eran: Perejil y Sarampión. Mi hermana y yo en estado de éxtasis durante una semana. Que si carreras de tortugas, que si mi Barriguita tiene una hija tortuga, que si los clicks piratas llegan a una isla de tortugas gigantes que se los comen, que si a las tortugas las vainas les encantan, que si a las tortugas la acelga les sienta muy bien... Lo típico.  Y de repente, Perejil y Sarampión no se movían. Entonces tu madre te explica que también hay un cielo para tortugas y que no quiere un bicho más en esa casa. "Que les cojo cariño y, como sois dos bestias, aquí no sobrevive ni un león, y me llevo un disgusto horrible. ¿Qué culpa tendrían esas dos pobres tortugas que tu seas una mala comedora? Y demasiado imaginativa nena, demasiado, que ya veremos qué te acarrea eso en la vida, porque yo creo que nada bueno".

Pero siendo ya adolescente, mi amiga Laurita pensó que regalarme una coneja enana por el amigo invisible era increíble y, sí, llegué con aquel animalito a casa y mi madre no se lo podía creer. "¡Pero qué te he dicho mil veces! Que no quiero bichos en esta casa. Ni verlo quiero, que le cojo cariño. Te lo metes en tu habitación y mañana le buscas un sitio o lo sueltas en el monte. Lo mismo me da. Para tener una mascota hay que ser responsable y tú no sabes cuidar ni de ti misma. Que luego me toca a mí cuidar del bicho y bastante tengo con vosotras dos".
Así que el conejillo y yo dormimos juntos aquella noche, yo con una tristeza infinita. Me fui al colegio por la mañana y cuando llegué a casa,  me lo encontré suelto en la cocina hablando con mi madre. Bueno en realidad, mi madre hablaba con él:
- Ay Filomena, has visto que lechuguita más rica que te he preparado y mira qué cajita para que duermas. Dime ¿quién es la mejor madre de personas y de conejos del mundo?- tal cual. Ya sé que esto puede parecer ficción, a veces mi madre parece de ficción, pero ella dijo exactamente esa frase. También en los meses siguientes dijo frases como "¿Pero cómo puede oler así esta coneja si solo come lechuga? Por la ventana la voy a tirar cualquier día, y a ti con ella. Harta me tienes de limpiarle la caja. Que no le haces ni caso a la Filo y ella lo nota, que se le ponen las orejas como caídas. Y la manía que le ha dado con cagar debajo del sofá... Harta me tenéis. Y cómo te vuelva a ver darle vainas, te voy a hacer un perolo de tres kilos para ti sola ¿Me oyes nena? Por las orejas, te van a salir"
El estado de histeria duró hasta que mi "no drama papá", meses después, se la llevó sin avisar a una huerta de mi tío. Y mi madre, mi hermana y yo dejamos de hablarle durante semanas, por insensible. Sobre todo mi madre: "Ni despedirme me has dejado, qué disgusto tengo, con lo que nos queríamos las dos. Si es que ella era la única que me entendía en esta casa. Y la más agradecida con la comida. Todo se lo acaba y sin protestar".

Consecuencias:
No como conejo y mi madre dejó de cocinarlo desde que Filomena pasó por nuestras vidas.
Para que de pequeña comiera pollo, mis padres me decían que había "Pechugas" o "Muslos", en abstracto, si decían "pechugas de pollo", no podía parar con las arcadas de imaginarme el pollo. Así que me pasé la infancia pensando que: el lomo era un tipo de alimento que no salía de ningún animal concreto, como las pechugas o los filetes.

Excepciones para utilizarlo:
Yo qué sé futuros hijos, igual todavía no soy responsable para tener mascotas. Lo que me preocupa es si lo soy para tener hijos. ¡Cruzad los dedos!

lunes, 17 de enero de 2011

55. A mí no me levantes la voz que te enteras.

Y te enterabas. Vamos que si te enterabas. Si tu le levantabas la voz, ella era capaz de gritarte hasta reventarte un tímpano.

Cuándo utilizaba el consejo:
Siempre que se te ocurría levantar la voz. Incluso cuando le gritabas desde otro cuarto para decirle dónde estaban las tijeras, ella venía a pasitos, abría la puerta y te decía con las manos en jarras:
- A mí no me levantes la voz que soy tu madre y esto no es una casa de locos. Si quieres saber dónde está algo, me lo dices como las personas civilizadas, que para eso te he educado yo, no para que andes como una verdulera..., ¿o tú eres una verdulera y no nos has dicho nada? Porque si lo que pasa es que tú tienes una frutería, pues igual hay que quitarte la paga, porque imagino que ganarás tu propio dinero ¿no? (Yo en este punto me perdía, ¿de qué narices hablaba? ¿Y cómo habíamos llegado a que yo tenía una frutería? y ¡¿qué paga?! ) ¿Me estás oyendo nena? A mi no levantes la voz que te enteras. Y las tijeras están en su sitio, donde deben estar.

A mi madre también le importaba un pimiento dónde estuviéramos. Lo de la vergüenza ajena y la propia a ella le parece debilidad humana. Un día fuimos de compras. Yo con 16 años y toda la vergüenza que puede caber dentro de un cuerpo. Mi madre 47 años y toda la desvergüenza que puede caber en un cuerpo... en el cuerpo de ocho.... En un cuerpo solar y no sé si llego.
- Nena, venga, sal ya del probador que no tengo todo el día.
- Ahora voy...- pero eso a mi madre le daba igual, y le faltaba tiempo para abrirte la cortina y que media tienda te viera en pelotas.
- Chica mamá, que ya voy- yo alcanzaba cotas de color escarlata que Pantone desconoce.
- Ni chica, ni chico. Ven para afuera que ahí no se ve nada, que hacen los probadores para enanas, porque no lo entiendo si no.- Yo salía con timidez y ella sentada en un sofá me miraba con desaprobación.
- No, no, no. No me gusta nada. No es nada fino, con ese escote... Mejor pruébate ese pichi que te he cogido yo, que es mucho más mono.
- Pero a mí este me gusta...
- Pero tú no tienes ni idea de vestirte bien. Además, si pago yo, elijo yo.
- Pero a mí me gusta este- lo dije un poco más alto, un poco, cómo quien se sube una rayita al volumen de la tele, pero ella debió oirlo por la megafonía de la tienda o algo. Y allí en medio, con otras 10 madres y otras 10 hijas adolescentes, se puso en jarras y yo me esperé lo peor. Y como casi siempre que espero lo peor con mi madre, acerté:
- ¡A mí no me levantes la voz que soy tu madre! ¿Me oyes?- lo dijo a grito pelado- Y ya te estás quitando ese vestido que pareces una fulana cualquiera- esto lo dijo como si pones la tele a un 5.1 y le subes el volumen a tope en mitad de la noche, a las tres de la madrugada, en un pueblo de Soria. De manera que todos esos ojos se giraron. Las madres la miraban con orgullo rollo: "Ahí va: una buena madre"  y las hijas me miraban con pena rollo: "Entendería que te suicidarás porque además sé a qué colegio vas". Me pareció ver a una que incluso se le nublaban los ojos- ¡Habrase visto! "A mí me gusta" dice la nena. Mira, llenito tienes el armario de cosas que te gustaban. No, qué digo gustar, que te encantaban y que te has puesto una vez. ¡Una vez! Se acabó, cuando tengas 18 años irás con la pinta de fulana que te dé la gana, pero mientras pague yo, te vistes como Dios manda, la niña esta...

Consecuencias del consejo:
Yo soy capaz de discutir a susurros y, claro, pierdo credibilidad. La gente no te tiene en cuenta. Insultar en voz bajita tampoco funciona, la gente no me toma en serio.
Consecuencias en mi hermana: a ella no le puedes gritar. Nada. Le ha cogido terror a los gritos y aunque le llamen guapa, ella llora.

Excepciones para utilizarlo:
No creo que vayamos a tener este problema. Futuros hijos míos, esta frase me pone muy nerviosa así que intentaré no utilizarla. Eso sí, a ver cómo aprendo a mandaros a la cama con autoridad a base de susurros. No lo veo, lo intento, pero de verdad que no lo veo.

martes, 11 de enero de 2011

54. Te voy a lavar la boca con jabón.

The Body Shop
Y a punto hemos estado más de una vez porque, para mi madre, cualquier cosa puede ser un taco.
Para saber qué considera ella un insulto asumible, sólo hay que verla conduciendo. Ella insulta, sí, aunque a su manera. Allí va ella, en su mini coche. Ufana, tranquila.
- Mira ese, mira ese. Van como locos. Yo no entiendo cómo les dan el carnet. Si yo fuera presidente del gobierno, ponía un límite a los coches y todo el mundo a 50. Ya vas a ver, nena, cómo no había tantos accidentes. Pero mira ese, casi nos da... ¡Ca.... (está casi a apunto, tú crees que va a decirlo, tú crees que por fin vas a oir a tu madre decir cabrón pero...) Caaaa...nelo, más que canelo.
Ahí está, su gran insulto, y pone cara de victoria.
- ¿Y ese? Ese se cree que esto es el París Dakar. Si yo fuera policía, me iba a poner fina a multas, que yo no entiendo qué hacen, porque en esta calle te pones todo el rato y conseguimos bajarle los impuestos a todos los españolesde de bien a base de multas a los locos estos. Pero míralo nena, aún me da, aún me da... Ma.... ( y tú casi estás rezando, que diga Mamón, venga mamá, tu puedes, dilo) Ma...meluco.
Te desinflas.
- Esto me pasa por ser mujer y conducir un coche pequeño. Cuando voy con tu padre, nada. Le respetan, pero a mí... Las que me lían nena. Como el otro día, que iba a aparcar, al lado de esa frutería que me gusta tanto, que lo tienen todo a buen precio y siempre me acaban regalando algo, que si unas patatas, o un racimo de uvas... Es que la frutera es tan detallista, así da gusto. No como el estirado del Mateo, toda la vida comprándole la verdura y ni un perejil nena, ni uno. Y en cuanto puede, te mete un melocotón pocho, que lo tengo que vigilar para que no me cuele una... Bueno, pues que veo que va a salir un coche y yo doy mi intermitente, porque yo señalizo lo que voy a hacer, como Dios manda. Empiezo a dar marcha atrás para dejarle salir al coche, porque yo soy educada como Dios manda, y coge otro, un jovenzuelo con un coche macarra y se mete. Ahora, que ya te digo, me bajé, le pegué en la ventanilla y le dije de todo. No le di un sopapo porque me estaban pitando los coches, que si voy tranquila, te digo que le doy un sopapo. ¡Hábrase visto! Ya le dije: "Ay si te viera tu madre". Pues eso a tu padre no le pasa, no. Y ese ¿a qué espera ahora?, ¿no ve que le estoy cediendo? Venga mi chico que te estoy cediendo...
- Mamá es que él tiene un ceda el paso...- esto le pasa siempre. Mi madre siempre hace Stop porque, mitad por educación mitad porque no se fía, ella siempre cede, por si acaso.
- Mira nena, tengo 30 años de carnet de conducir y nunca, repito nunca, he tenido un accidente. Así que no me des lecciones. Bueno, pues si él no se decide, voy a pasar yo.
Y esto también le pasa siempre, arranca justo en el momento que el otro coche, harto de esperar, arranca. Así que frenazo y me pone su brazo a modo de barrera, porque mi madre se debe creer que ella con su brazo es capaz de protegerme del embiste de un todo terreno, bueno, y de una manada de rinocerontes. Ella y su brazo poderoso... Y entonces, crees que sí. Ha llegado el momento en que tu madre por fin dice un taco. Se lo ves en la cara.
- Me ca...
- ¡Me cago en tu madre! Dilo mamá, díselo.- porque ya no te aguantas y te sale solo.
- Pero ¡qué dices nena!, ¿quién te ha enseñado a hablar así? Me cachis la mar, eso iba a decir. ¡Pero qué boca más sucia tienes! Como te vuelva a oir decir algo así, te lavo la boca con jabón. ¿Me has oído? A quién se le ocurre, nena. ¿Pero qué culpa tendrá la madre de ese desgraciado? Bastante tendrá ya la pobre mujer.

Consecuencias del consejo:
Disfruto de los tacos. Es que siento verdadera relajación cuando los pronuncio. Tanto tiempo sentada a su lado imaginando el improperio que iba a soltar y, nada, siempre cosas como: mameluco, canelo, ostriviri, mecachis la mar, gilipichis, en los días más salvajes.
Alguna escasa vez le he oído decir mierda y es una palabra de no retorno. Si mi madre me dice ¿pero qué mierda has hecho? Más me vale salir corriendo.
Una vez dije copón en mitad de una comida familiar y ahí sí que conocí su brazo poderoso, que casi me saca un pulmón del codazo. "Ya hablaremos en casa, nena, ya hablaremos tú y yo".

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, hay que ser educado. No es necesario ir cagándose en la madre de nadie, pero algunas veces con un "ostriviri" no se consigue nada. Se dice "hostia" y os quitáis un peso de encima porque ojalá todo lo que os encontréis en la vida sean gilipichis, pero para vuestra desgracia, lo que hay es mucho gilipollas.
Uf... que a gusto me he quedado.

domingo, 26 de diciembre de 2010

52. Tengamos la fiesta en paz.

Interesting and Funny World
A nosotros, llegar al cariño, nos cuesta. Nuestra particular nochebuena comienza con mi madre cocinando. Justo enciende el fuego, se pone a llorar, y así llegamos hasta sentarnos en la mesa. Ella llora por nostalgia de los que no están, y también de los que están, y se va bebiendo un vino dulce malagueño que a ratos le calma, a ratos le da rienda suelta para gritarnos.

Primera bronca: vestimenta.
- Pero ¿qué es eso que has decidido ponerte hoy? Justo hoy. Lo haces para fastidar porque sino no lo entiendo, con lo mona que estás con el vestido que te regalé y no con ese pingo de mercadillo. Y haz el favor de retirarte el pelo de la cara que estás más guapa. Y a mí no me tuerzas el morro. Tengamos la fiesta en paz, nena. Ay si tu abuelo estuviera aquí para ver lo guapa que estás. (Y se pone a llorar mientras le da un traguito al vino).
Segunda bronca: el pino.
Desde siempre, todas la navidades en mi casa hay un enfrentamiento a muerte. Mi hermana y yo somos partidarias de las bolas de colores, es decir, de todos los colores. Y mi madre es muy de flor de pascua, bolas rojas, y cabello de ángel plateado, punto.
-¿Pero que narices le habéis hecho al pobre pino? Anda, anda. Ya estáis quitando esas bolas que eso más que un pino parece un matojo hawaiano. Los pinos de colores son horteras, nena. ¿No has visto el que sacan los Reyes? Pues yo quiero uno como ese, elegante y discreto.
- Jo mamá, por un año nos podías dejar poner uno un poco más alegre.
- A ver, nena, no confundas alegría con desorden, ¿eh? Eso que habéis colocado es un fantoche, y ya me lo estás quitando, que luego tenemos la copita con los vecinos y van a pensar que en esta casa viven cuatro monos daltónicos. Tengamos la fiesta en paz. Ay si tu abuela viera lo bonito que le tengo el Belén con su niño Jesús bien cuidadito... (Y se pone a llorar otro poco).
Tercera bronca: el discurso del Rey.
- Ni se te ocurra apagar la tele, que quiero que los reyes sepan que les vemos, que así se demuestra el apoyo del pueblo.
- Pero qué van a saber ellos, si nosotros no tenemos un audímetro.
- Pues de alguna manera contará. Tú me dejas la tele puesta aunque estemos cocinando.
- Pero mamá, ¿no te das cuenta que la monarquía es un sistema obsoleto? (Le mete un trago al vino que tengo claro que no significa nada bueno)
- Por Dios nena no digas blasfemias, que tú tendrás muchos estudios, pero nuestros reyes son los mejores del mundo. Tú no habías nacido, por eso no te enteras. Si te oyera tu tía Pilar... ¡Obsoleto! Te voy a dar obsoleto a ti. Pero mira que majo es. Ay si los políticos le hicieran un poco más de caso... Algo mejor nos iría, y eso que está muy mayor, y ahí sigue, porque el nuestro es un rey con el que se puede contar, y muy cercano, que se le nota. Y yo también soy muy de la reina, que siempre va tan bien, tan correcta. Esa sí que es una mujer elegante y no las pelandruscas que dan en la tele. ¡Y mira el pino! Nenaaaa, deja todo eso y ven al salón. ¡Mira el pino! Es como el nuestro, nena, igual, igual. Bueno, el suyo es más grande, pero el mismo estilo. Si me hicieras más caso... Ya vas a ver las vecinas cuando se den cuenta que tenemos el mismo pino que los reyes.
- Mamá, tampoco es tan igual...
- ¡He dicho que el mismo! Tengamos la fiesta en paz, nena, tengamos la fiesta el paz.
Cuarta bronca: la compota de manzana.
- Mamá, ¿por qué hay que hacer compota? No le gusta a nadie.
- Pero qué manía le tenéis. La compota es digestiva, y una tradición que llevamos haciendo toda la vida.
- Pero si sólo os la coméis la tía y tú.
- Porque somos las que sabemos de la vida.
- Mamá, eso era un postre cuando no había dinero para comer dulces buenos, ahora no tiene sentido y te tiras 24 horas de trabajo para hacerla.
- Porque se necesitan 24 horas exactamente, hirviendo despacito, para que salga igual que la de tu abuela, que una vez le hice rápido y menudo desastre. Me llevé un disgusto... Y tu tía igual (Ligero lloriqueo). Y no está de más que aprendáis que nosotros no hemos tenido tanto dulce, que sois todos unos señoritingos. A mí de pequeña, una naranja me parecía un lujo, nena, y no como tú, que dices que te da dentera morder los gajos. Así que a callar y me sigues removiendo esa compota, tengamos la fiesta en paz.
Quinta bronca: los regalos.
En mi casa, el día de Navidad, tenemos un detalle porque, por supuesto, que mi madre es más de Reyes, odia Papa Noel, y el Olentzero (un carbonero que es el que trae los regalos en mi tierra) le parece "un poco sucio, sin gracia y con pinta de comerse a los niños". Así que los regalos no los trae ningún ser mágico, si no nosotros mismos. Bueno, pues este año se me olvidaron los regalos en Madrid, y yo era la encargada de dos personas. Así que me fui a una librería y compré libros. Durante la entrega, mi madre sonreía, ahora, que cuando fuí a la cocina:
- ¿Libros? Que yo no tengo nada contra los libros, que son muy útiles, pero y los zapatos que habías comprado para tu hermana, ¿dónde están?
- Es que se me han olvidado lo regalos en casa y he comprado en la librería de abajo lo que me ha dado tiempo.
- Claro, eso te pasa por dejarlo siempre para última hora. Que ya te veo haciendo la maleta esta mañana, que tu más que maletas haces hatillos de mendigo, que ya he visto como traes la ropa, toda hecha un bolo. Porque no te has dado cuenta pero ya le he metido una planchada. Eres un desastre. Que los libros están bien, pero un día vas dejarte olvidada la cabeza. Y tu hermana ha sonreído, porque es de sonreir, porque tú sabes que no lee nada. Y no será porque yo no lo he intentando, y obligado también, porque le hemos obligado, pero chica, no es de leer. ¡Y tú le traes un libro! Si es que todo lo tengo que hacer yo... Bueno, lleva la compota para la cocina y tengamos la fiesta en paz.

Consecuencias:
A mí las fiestas en paz, como que no me van. Si no hay bronca, pues para mí no hay fiesta.
Segunda consecuencia: en mi casa hay que beber antes de la cena, si no, no lo soportas. Así que mi "no drama papá" saca una botellita de vermut, y allí que vamos, con alegría.

Excepciones para utilizarlo:
La frase me hace gracia. Y futuros hijos míos, espero que seáis de bolas de colores, de espumillón del gordo y luces intermitentes, porque nuestro pino va a ser reventón, reventón. Y si no os gusta, a callar, y tengamos la fiesta en paz.

lunes, 22 de noviembre de 2010

47. Tu cuarto está manga por hombro.

Me encantaba lo de manga por hombro. De pequeña me parecía una frase mágica, aunque mi madre sabía quitarle la magia rapidito:
- Nena, tu habitación está manga por hombro, tienes media hora para ordenarla. Aquí no hay quien encuentre nada.
- Pero yo sé dónde están las cosas mami.
- Porque tienes el cerebro tan desordenado como el cuarto. No quiero repetirlo ¿eh? Tienes media hora
- ¿Cuánto es media hora?
- Pero qué pesada eres, en serio, nena. ¿Ves la aguja grande? Pues cuando llegue a las 6... Estoy pensando que te voy a regalar un juego educativo para aprender las horas para tu cumple.
- Mamá yo no quiero más juegos educativos nunca más, son super aburridos y yo ya estoy super educada.
- Super pesada, eso es lo que eres nena, media hora, te lo he dicho, luego no vengas con que no te lo he advertido.
Yo me arrastraba hasta mi cuarto con la enorme tristeza de saber que me esperaba un juego educativo por mi cumple, y me daba mucha pena, y para consolarme me ponía a jugar con el tangram, y como aún me daba más pena, construía una casita para las barriguitas con el tamgram, y aún la pena era mayor porque la casa era amorfa, y entonces me asustaba y salía corriendo al pasillo y gritaba:
- ¡Mamáááááá! ¿Ha llegado la aguja grande a las 6?
- No pero le falta un periquete y espero que no haya nada fuera de su sitio.
Y yo volvía a mi cuarto y a patadas metía cosas debajo de la cama, y los juguetes los guardaba en el armario al montón, y los clicks caían dentro de los zapatos, y la ropa a mogollón encima de todo aquello, porque yo pensaba que mi madre nunca jamás iba a abrir nada de aquello. En mi mente de niña los armarios debían ser como invisibles porque en serio que no lo entiendo. La aguja grande llegaba a las 6. Mi madre entraba en el cuarto y con ese poder que sólo tienen las madres, descubría todos los sitios, sin que se le escapara ninguno. Y cada vez que encontraba algo lo tiraba al centro de la habitación hasta que se hizo un montón del doble de altura que la nena y entonces sí que sí:
- Tienes media hora. Todo lo que no esté en su sitio lo tiro a la basura. ¿Me entiendes ahora? Yo creo que sí, y si hace falta, mañana te vas al cole sin calcetines. ¿Está todo claro?
Clarísimo. Dejé desordenado el tangram, un libro sobre las fábulas de Esopo (pero qué mierda de libro infantil era ese) y una nuñeca de porcelana que me daba miedo. No coló. Y por la chulería, me tuvo secuestradas durante una mes a las marionetas de Los tres cerditos que tantas tardes de asueto me habían dado.

Consecuencias de la frase:
Pues el desorden no se me ha corregido. Al contrario, he desarrollado un sofisticado método de desorden que parece que no se ve, pero ahí está. Y me tengo que guiar por rutas tipo: ¿Dónde estarán las tijeras? Lo primero: en el cajón de las tijeras sé que no. En el bote para los bolis sé que nunca las pondría, demasiado obvio. ¿En el cajón de la cocina de los cubiertos? Podría ser, si no hubiera encontrado las tijeras de la cocina y hubiera recurrido a ellas. Miro pero no están ninguna de las dos. ¿Qué es lo último que he cortado? Rebusco por mi casa y encuentro etiquetas de la ropa (seis montones en distintos lugares) pero no..., todas están cortadas con los dientes. Ya sólo me queda ¿dónde puede que me hiciera gracia guardarlas? Pues sí, clavadas en una planta, después de pensar: "Nunca se me va a olvidar que las tengo aquí".
Psé, lo sé, esto sí que es magia, y no la tontería esa de manga por hombro.

Excepciones para utilizarlo:
Mirad, uno de mis mayores temores como futura madre es perder un niño. Ya he perdido varios: dos primos, un vecino y una hermana. Lo sé tengo un don. Así que paso del orden. Futuros hijos míos: me da igual que todo esté manga por hombro pero, por dios, vosotros donde pueda veros.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

46. Deja ya de enredar o te llevas un sopapo.

Oye mira, el típico consejo que no necesita un post para explicarse porque dudo que haya un sólo niño, por muy tonto que sea, que no lo entienda. Luego, eso sí, estaba la opción kamikaze: seguir enredando. Y yo era muy de eso.

Cuando utilizaba el consejo:
Cuando éramos niñas, yo creía que mi hermana podía volar. En serio: estaba convencida de que podía volar. Sí, yo era imaginativa y poco despierta. ¿Mi teoría? Mi hermana es cuatro años más pequeña que yo, por lo tanto, más bajita, por lo tanto, si saltábamos desde una mesa, ella llegaba más tarde al suelo, por lo tanto, si le ponía unos cojines debajo de los brazos y le hacía agitarlos, mi hermana volaría, por lo tanto, queda confirmado que yo muy despierta no era y mi hermana no volaba.
Lejos de pensar que mi teoría sobre la hermana bajita voladora no era cierta, la subía encima la mesa, la empujaba con fuerza, y luego le pegaba por no mover los cojines con suficiente esfuerzo:
- ¡Pero agita más los brazos! ¡Que pareces tonta! Anda que si yo pudiera volar, iba a desaprovechar la oportunidad, pero no puedo porque soy más alta que tú y llego antes al suelo. ¿Lo entiendes? Así que te subes otra vez, y le das bien fuerte, o te voy a dar yo más fuerte.
Lo dije justo a tiempo para que lo oyera mi madre que entró en estampida al cuarto.
- Nena, lo tuyo no tiene nombre. Pero qué volar, ni qué volar. Yo sí que te voy a hacer volar a ti, pero de un sopapo. Y deja a tu hermana en paz, que no haces más que enredar. Trae aquí tu mano.
Quien dice trae, dice que mi madre la cogió por si misma, es decir me enganchó de la muñeca de un tirón y puso su mano al lado de la mía.
- ¿Qué mano es más grande nena?
- La tuya- yo sabía que estaba al borde del precipicio.
- ¿Estás segura? Compruébalo bien, asegúrate.- yo le miraba con cara de alucinada pensando "Esto tiene trampa, tiene trampa seguro".
- La tuya es más grande- dije con miedo.
- Y si mi mano es más grande, ¿cuál crees que dará sopapos más grandes? ¿La tuya o la mía?- "Aquí va a haber sopapo seguro", pensé "esa es la trampa".
- La tuya...- dije apartándome un poco.
- Pues como te vea pegarle una torta más a tu hermana, te voy a demostrar que mis leyes físicas sí que son de verdad, y no las tonterías que te andas imaginando. ¿Estamos? Así que deja ya de enredar, nena, o te llevas un sopapo.

Consecuencias del consejo:
La física me parece una mierda.
Mi hermana casi me saca los ojos cuando le explicaron en clase la ley de la gravedad.
Mi madre vivía con miedo constante y me decía cosas como: "Nena, ¿tú sabes que todas las personas se queman con el fuego por igual no?, o "Las personas no rebotan", o el mítico "Todos, nena, y cuando digo todos es todos, necesitamos oxígeno tooodddooo el rato ¿lo entiendes". Esto provocó cierta sensación en mí de que me tomaba por bastante imbécil, con razón eso sí, pero imbécil.
Terror. ¿Sabéis lo qué es peor que un sopapo? La amenaza del sopapo que nunca llega.

Excepciones para utilizarlo:
Bueno... Tengo que admitir y, lo siento futuros hijos míos, que la palabra sopapo.... ¡ME VUELVE LOCA!  ¿Pero habéis oído como suena? Prometo utilizarla con contención, pero así, como consejo, más os vale no enredar.

jueves, 11 de noviembre de 2010

45. Es por tu bien, nena.

En mi casa no había tele cuando era pequeña. Bueno, miento, había una en blanco y negro pequeña, pequeña, que según mi madre sólo funcionaba de vez en cuando. El cuando era justo a las 3 y a las 9: a la hora del parte. El caso es que crecí sin tele. A mi madre la tele le parecía una absoluta y rotunda pérdida de tiempo para los niños:
-Ni te abriga, ni te alimenta, ni hace que estudies. ¿Para qué perder el tiempo con ella? No sirve para nada, nena. Abre un libro, corre. Que en los libros siempre dan aventuras buenas y además te las imaginas como tú quieras, que es mucho mejor. En la tele todo es muy aburrido y en dos colores. Además hace tontos a los niños y yo para mí, quiero una niña listísima.
- Pero mamá, todo el mundo tiene tele. Y la tele de Martita lo da todo a colores.
- A mí lo que haga todo el mundo me da igual. Yo no pienso dejar que mis hijas vean los sinsentidos que dan por la tele, que cada vez esta peor, y tú eres muy influenciable, que digo "Jesús" y tú estornudas. Y si quieres colores, miras por la ventana, que hay muchos. Hazme caso que es por tu bien, nena.

Consecuencias del consejo:
Te conviertes en una niña fuera de tu tiempo.

Yo no echaba de menos la tele porque es imposible echar de menos algo a lo que no estás acostumbrada. Tú vives pensando que todas las familias son como la tuya, y que las mejores aventuras las dan en los libros. Pero creces, te relacionas y en el patio juegan a un juego que se llama V y todas las niñas quieren ser Elisabeth la niña de las estrellas, y todos los niños quieren ser Donovan, y como tu aislamiento te hace débil acabas siendo Diana (pronunciado Daiana). Que realmente no te importa, porque no tienes ni jodida idea de quién es la tal Daiana porque estás terriblemente concentrada en adivinar porqué ahora todos los niños juegan a comerse ratones. El caso es que te mueves por el patio con cara de "¿Nos hemos vuelto locos niños? ¿Qué ha pasado con el apasionante Escondite o el siempre sorprendente Bote-bote? ¿O ese relajado y contructivo juego llamado El burro?".
- Los niños se van a la cama con Casimiro. Tú piensas que por qué Casimiro no tiene nunca tiempo de pasar por tu casa para llevarte a dormir, que seguro que es más agradable el señor Casimiro que tu madre a grito pelado gritando que apagues ya la luz si no quieres enterarte de lo qué significa estar cerca de la muerte en un plis plas.
- Los niños gritan "el de Tulipán" cada vez que ven un helicóptero. Tu sonríes y haces como saludas al señor ese de Tulipán al que tampoco tienes el placer de conocer.
- La gente pide, para reyes, Botibotas, tú por si acaso también. Total, te van a traer un puzzle...
- Pero lo que más me sorprendió fue el fenómeno del fútbol. Estaba pasando la tarde en casa de Martita cuando su hermano Juan empezó a llorar porque su equipo de fútbol había perdido. Oye, se abrió el mundo ante mis ojos: ¿El fútbol no era sólo un juego del recreo? ¿Qué nivel tenía el futbol frente a mi amado Escondite para que Juan llorara por perder? ¿Daban también El Escondite por la tele?

Llegué a casa y formulé exactamente esas preguntas a mis padres. Conmocionados, me regalaron una tele en color. Bueno, quien dice me regalaron, dice compraron una para el salón. Bueno en realidad, utilizaron todas las pagas que yo había recogido en la primera comunión y que se supone que eran para estudiar una carrera y compraron la tele.
- Nena, es por tu bien. Dudo mucho que llegues a la universidad si seguimos por este camino.

Excepciones para utilizarlo:
La frase es una mierda y no tener tele de pequeña más. ¿Sabes la típica conversación en el curro en la que alguien dice "Os acordáis de aquella canción de Barrio Sésamo..."? Pues yo no me acuerdo, nunca. Así que futuros hijos míos, ésta nos la vamos a saltar. Y damos por hecho que todo lo que yo haga por vosotros será por vuestro bien. Para eso habéis salido de mis entrañas o de un larguísimo y carísimo proceso de adopción, que es aún peor.

domingo, 10 de octubre de 2010

39. No tires eso que se puede aprovechar.



Kill The Heel
  Según mi madre todo se puede aprovechar, especialmente la ropa. Este era básicamente el ciclo de la vestimenta en mi casa.
Primero, te vestías con ropa heredada:
- Las camisetas que mis primas no querían porque: A eran de propaganda de la carnicería del barrio, B eran de algún color espantoso por ejemplo verde lima a aguas, C tenían un estampado completamente equivocado. Por ejemplo, tuve un chandal con un print de leopardo en rosa y morado en un tejido que a mi madre le parecía lo más de lo más: el táctel. "Nena, no se plancha, no se ensucia y es casi impermeable", me decía ufana. "Ya mamá, pero brillo demasiado, reflejo la luz como el faro de la bici, y me resbalo de la silla", decía yo menos ufana. "Pues te agarras mejor, que te quejas por cualquier cosa".
- Cuando ya estaban completamente pasadas de moda y habían perdido su color, las ropas heredadas pasaban al cajón de los disfraces. "Guarda eso para el disfraz de fin de curso ¿de qué querías ir? Ah sí de Madonna, ya vas a ver qué éxito". "Mamá, Madonna no lleva chandals de táctel. Esa ropa es super cutre incluso para un disfraz". "Y tu eres demasiado super listilla, que con la pinta de fantoche que lleva, cualquier cosa te sirve".
- Cuando ya me había disfrazado de Madonna unas 4 veces y 3 de zíngara, ella lo llamaba zíngara pero las mendigas del barrio quedaban glamurosas a mi lado, la ropa se trasformaba en paños de cocina.
- Cuando los paños de cocina usados habían perdido la dignidad, les llegaba el turno de ser mopas para el suelo. "Nena, ponte esos paños en las zapatillas y arrástrate por la casa, que hay que sacarle un poco de brillo al parqué que lo tengo muy tristón. ¡Nenaaaaa! (Esta es mi madre gritando desde la cocina) Y no derrapes, que la última vez que derrapaste, ¿te acuerdas lo que pasó? Te lo voy a recordar, por si acaso: que conseguiste ponerte el dedo pequeño del pie mirando para el talón. ¿Te acuerdas ahora? Sí, nos acordamos todos ¿verdad nena? Hasta el médico aquel que te sacó fotos porque nunca había visto una fractura así, que ya le dije yo, que la niña nos ha salido especial hasta para partirse un dedo. Pues eso, nada de derrapar".
- Y ya por fin, aquella ropa inmunda conseguía su merecido descanso.

Segundo ciclo económico de la ropa.  Esta era la parte en la que mi madre me compraba ropa, sólo para mí. Pero ¡ah! no hay que emocionarse antes de tiempo. La premisa era: comprar todo dos tallas más para cuando creciera:
- Te está un poco grande nena, pero así te lo podrás poner dentro de un par de años- me decía mientras trataba de colocarme un falda que a Monserrat Caballé le hubiera quedado holgada.
- Pero mamá, si me la piso al andar que parece que tengo cola y aquí dentro cabe otra niña gorda.
- Tonterías. Que creces muy rápido nena, y no hay que tirar el dinero,que como tú no lo ganas pues no sabes lo que cuesta conseguirlo. En un par de meses te quedará estupenda, que te quejas por todo.
- Pero mamíííí, si las mangas de la chaqueta me llegan a las rodillas.
- Bah, bah, eso la remangamos un poco...- y me subía todo el exceso de tejido por los brazos.
- ¡Mamá! Ahora no puedo doblar los codos.
- Pues mejor nena, así, no te arrugas la ropa.
Pasados los dos años:
- Mamá, esta falda me está muy corta.
- Anda, anda, si no enseñas las piernas ahora ¿cuándo lo vas a hacer?
- Pero que me da frío, que justo me tapa el culo.
- Pues te pones unos leotardos, que eres muy quejica.
- Y tiene un agujero.
- Huy nena, te he comprado unas pegatinas de esas que se planchan a la ropa de Snoppy que lo tapan del todo, y encima le dan otro aire, que parece nuevo.
- Pero mamá, Snoppy es para niños y la chaqueta a juego me queda como si fuera de manga corta.
- Ay nena, que cansada eres. Ahora se llevan así, se llama manga francesa. Es lo último y Snoppy también.

Pues eso, el reciclaje lo inventó mi madre, e imaginación no le faltaba para colarte cualquier cosa. Y cuando ya no había manera de meterse en aquellas faldas, cuando le había sacado las pinzas al uniforme porque las tetas ya no entraban allí dentro, cuando las chaquetas se convertían en manga a la sisa, entonces, sí:
- Pues se lo das a tu hermana, que seguro que le queda monísimo.

Consecuencias del consejo:
Mi hermana me odia un poco. Y le encanta estrenar ropa y llamarme para decímerlo. No se lo tengo en cuenta, después de que ella tuviera que llevar aquel espantoso chándal de táctel, al que ya le habían puesto rodilleras después de mi segundo derrape, oye, le perdono lo que sea.

Segunda consecuencia: yo todavía me pongo la ropa de los 17 años. Ahora, a mi madre no le hace ninguna gracia, claro:
- Nena, tienes 31 años ¿no crees que ya puedes tirar esa chupa de cuero que te compré en segundo de BUP? Que yo recuerde era azul marino, y ahora es gris.
- ¿Pero no hay que aprovecharlo todo?
- Sí pero también hay que encontrarte un novio (golpe bajo), y con esa pinta de indigente no te van a querer ni los de Caritas.
Pequeña depresión tipo: voy a morir sola.

Excepciones para utilizar el consejo:
Futuros hijos míos, tenéis suerte. En mi época no había Primark ni H&M, eso sí, no quiero saber nada de derrapes y vosotros no tendréis que sabes nada de coderas. ¿Queda claro?

martes, 21 de septiembre de 2010

37. No te separes del grupo, nena.

Cuándo utilizaba en el consejo:
Dentro de la lista de 534 recomendaciones ordenadas por importancia cuando me iba de excursión, de viaje o a dar una vuelta a la manzana, una de las última era: "No te separes del grupo".

En la lista estaban: "Pórtate bien como si yo te estuviera viendo, y sé educada, como yo te he enseñado. No hables mucho, que tú eres de hablar mucho, y eso cansa. No te metas en lo oscuro. Lleva siempre las bragas limpias por si acaso tienes un accidente, que los médicos vean que eres una niña aseada. Nunca sabes qué te puede pasar. Da siempre las gracias, acuérdate, nena, que eres mucho de olvidarte. No andes tarde por las calles, ni muy pronto, que a esas horas sólo hay maleantes. No te asomes por las ventanas, no aceptes nada de desconocidos, y sobre todo, nena no te separes del grupo".
Yo todavía no entiendo qué tipo de escudo protector le parecían a mi madre los grupos.
- Mamá, ¿y si el grupo se pierde?
- Pues tú te pierdes con el grupo.
- ¿Y si le roban a todo el grupo?  Pues tú los salvas porque te he cosido un bolsillo interno en la falda y te metes ahí el dinero. Los billetes nena, a ver si te vas a meter las monedas, y del peso se te cae la falda y andas con las bragas al aire. Y lleva la mochila para adelante, que así no te robarán. Que hay ladrones muy listos que ni te enteras. Que tu tía Mari cuando fue a Madrid, iba en el metro, que ya le dije yo que qué hacía ella en el metro, que para dos días que va, podían cogerse un taxi. Total, tu tío Ángel que es un poco agarrado, pues ale, en metro. Y la Mari, que mira que es cuidadosa y llevaba el bolso cruzado delante, y con cremallera y todo, un bolso que le regalamos por Navidad, muy bonito, que parece casi de piel, de esos plásticos que lo aguantan todo. Bueno pues se lo abrieron y ella tan tranquila. Que no notó nada dice. Y la Mari, que es veinte veces más cuidadosa que tú, porque sabe lo que vale un peine y el esfuerzo que cuesta ganar dinero, no como tú, que te crees que los pájaros maman, se llevó un disgusto horrible. Con hipo me llamó la pobre, y sobre todo le daba pena que llevaba en la cartera una foto de cuando éramos pequeñas en la que estábamos vestidas de flamencas, ¡más saladas! Y no tenemos copia. Que ya podía el ladrón haber devuelto la cartera, echarla a un buzón, que tu tía todavía va ilusionada cuando llega el cartero y eso que hace tres años desde lo de Madrid. ¿Me estás oyendo nena?
- Que sí mamá, que no me separe del grupo.
- Pues eso.

Consecuencias del consejo:
Ligero aborregamiento. Allá donde hay un grupo, estoy yo.
Confusión cuando le decía a mi madre años después:
- Mamá, que a todo el grupo le dejan salir hasta las 12.
- A mí lo que hagan los hijos de los demás me importa un rábano. Tú, a las 10 en casa y puntual.
- Pero mamá, ¿qué me va a pasar si voy en grupo?
- Te va a pasar que te vas a tirar castigada dos meses sin salir, que no son horas para que una niña ande por la calle. ¡Las 12! Yo hasta que no estuve casada con tu padre no salí por ahí a esas horas. A las 10 y no se hable más.
- Los tiempos cambian mamá- esta soy yo tentando a mi suerte.
- A ver, que igual no me he explicado bien. ¿Qué entiedes tú por "no se hable más"?
Y me callaba, porque yo suicida no era.

Excepciones para utilizar el consejo:
Si sois el quinto Beatle. Si acabo siendo la madre del jodido quinto Beatle, no os queda país para correr.

lunes, 30 de agosto de 2010

32. Nena, ¿Crees que soy la dueña del Banco de España?

Bueno, en realidad, la formulación era BancoEspaña, del tirón. Y a mí me daban unas ganas horribles de decirle:
- Pues sí mamá, porque si yo de paga tengo 2 duros y en tu cartera hay más de 600 veces esa cantidad... Pues sí, mamá, algo tienes que tener tú con el Bancoespaña para tener tantííiísimo dinero con el que me podría comprar todos los huevos kinder del mundo. Ahora, que no lo haces porque no te da la gana.
Pero sólo me daban ganas de decírselo, porque si yo le contestaba así a mi madre, me regalaba a los gitanos del circo, que ya me lo tenía advertido.

Variaciones del consejo:
Pero tú te crees que soy la dueña de Iberdrola.
Pero tú te crees que el dinero lo regalan.
Pero tú te crees que el dinero crece en los árboles.

Cuándo utilizaba el consejo:
Pues siempre que le pedía algo, fuera un capricho una necesidad. A mi madre todo le parece un gasto.
- Mami me compras un estuche nuevo.
- Pero si tienes el que te compré el año pasado. Nena, ¿tu te crees que soy la dueña del BancoEspaña?
- Es de hace dos años mami.
- Está como nuevo nena, y no me llames mami que me pone nerviosa.
- Mamá pero si no cierra, la cremallera está rota.
- Ah ¿y se la he roto yo? He sido yo ¿no?
- No mamá, se ha roto de usarlo mucho.
- Pues nena, no te pienso comprar otro para que lo rompas otra vez. (¿Os habéis dado cuenta? Ya no estamos discutiendo sobre comprarme o no el estuche, estamos hablando de que la nena rompe cosas constantemente. Otro poder de madre: manipulación).
- Pero mamá es que Martita tiene uno super chulo con un organillo en la tapa y puedes tocar canciones mientras haces la tarea.
- ¿Un organillo? Mira nena, tú haz las tareas centradita y en silencio, sin musiquitas, que yo artistas no quiero en la familia. ¡Un estuche con música!, qué inventarán. Un estuche lo que tiene que hacer es guardar bolis y punto. A parte que tú desafinas cantando Campana sobre campana, que mira qué es difícil, así que no vamos a tirar el dinero.
- Pero mami y ¿cómo llevo los bolis dentro de este estuche roto?
- Ni mami, ni zarandajas.  Le pones una goma y haber si cuidas un poco las cosas que el dinero no me lo regalan, ¿eh? nena.

Consecuencias del consejo:
Odio al Bancoespaña, ¡cabrones de mierda! Qué os costaba haberle dado a mi madre 500 pesetas para un estuche con órgano, ¿eh? Que sólo dos niñas de mi clase no tuvimos ese estuche y Laurita era la niña que creía que no había cosa más divertida que mirar un metrónomo durante horas. Pues eso, cabrones, a ver cómo queríais que tuviera una vida social normal con un estuche cerrado con una goma. Es que es pasar por la calle Alcalá y me tengo que cambiar de acera, porque me entran unas ganas de prenderle fuego al edificio, que miedo me doy.

Excepciones para utilizarlo:
No pienso utilizarlo. Mi frase tipo será algo más:
- Mami que quiero un estuche que vuela. (porque en mi mente de los 80, todo en el futuro debe volar).
- No tengo dinero porque me lo gasto en terapia para superar un exceso de educación maternal.
- Pero mami...
- Ni mami, ni zarandajas.
Me gusta cómo suena zarandajas aunque ni idea de qué significa.

lunes, 23 de agosto de 2010

31. Tenías que haber caído en otra casa.

Esto nunca se le debería decir a un niño, porque un niño puede pensar:
Primero: los niños caen lo que produce confusiones en cuanto a la reproducción humana.
Segundo: a mi madre le hubiera gustado que le hubiera caído otra niña distinta, más... más... No es que no se me ocurran cosas, es que son tantas que me cuesta ordenarlas: más limpia, ordenada, buena comedora, recta, educada, tranquila, obediente, conformista, disciplinada, y sobre todo, más normal. Voy a parar de enumerar para no deprimirme.
Tercero: ¿Y si hubiera caído en casa de Martita? Tendría Barbie y piscina. ¡Oh mundo cruel! Y yo con la muñeca Pepa que sólo sabe tirarse pedos y la piscina municipal con el profesor psicópata de natación:
- No llores niña. Tampoco es tan grave que te caiga alguien encima desde el trampolín. Que eres muy blanda.
- Pero es que Manolito pesa 70 kilos.
- ¡Ah! o sea que tenemos una niña que discrimina a los demás por su peso. Bueno, pues se me ocurre que piense en ello nadando otros... pongamos... 30 largos, y suelta la burbuja, que te estoy viendo. Así no te vas a hacer fuerte niña.

Cuándo utilizaba el consejo:
Siempre que me quejaba.
- Joo mami las alubias verdes están malas.
- Tenías que haber caído en otra casa en la que te dieran de comer siempre alubias, para que aprendieras.
- Mami nosotros nunca tenemos Nocilla.
- Tenías que haber caído en otra casa en la que siempre te dieran de comer siempre alubias, para que aprendieras.
- Mami yo lo que quiero cenar de verdad son tranchetes, sólo tranchetes.
- Tenías que haber caído en otra casa en la que siempre te dieran de comer siempre alubias, para que aprendieras. (Luego se pregunta porqué coño le tengo tanta manía a las alubias).
- También podía haber caído en una casa en la que sólo dieran Nocilla y tranchetes- decía yo por lo bajini. Pero el super oído de madre ahí está, para amargarle el día a una.
- ¡Ah sí! Pues ala, venga, vete a buscar esa casa. Sí, sí, ya me estás oyendo. Anda coge tus cosas, ah no, que tu cosas son nuestras ¿o es que tú has pagado alguna? Venga, que sí nena, que tienes mi permiso. Vete a ver si te quieren en otra casa, no sé, igual los gitanos del circo buscan niñas.
Y me comía las jodidas alubias.

Excepciones para utilizar este consejo:
Ninguna. Futuros hijos míos: habéis caído en mi casa. La vida es así. Espero tener piscina para cuando lleguéis, Nocilla ya tengo, algo es algo, pero algún día habrá que comer alubias verdes. Lo dicho, la vida es así.

viernes, 20 de agosto de 2010

30. Nena, como te caigas, vas a cobrar.

- ¿Voy a cobrar 100 pesetas mamá? (ajá soy de la generación de las pesetas y de los chistes malos).
- Mira nena, como te sigas haciendo la graciosa no te va a hacer falta caerte para cobrar. Y bájate de esa barandilla que te vas a abrir la crisma y luego vendrán los lloros.

Oye, dicho y hecho. Es que mi madre te dice algo tipo: ten cuidado con ese vaso que se te va a caer. Y al jodido vaso parece que le faltan segundos para estamparse contra el suelo. Y, por supuesto, que a mi madre le faltan menos segundos para decir: "Te lo dije, nena".
Yo creo que es un super poder de madres. En realidad, si ella no dijera nada, el vaso jamás se caería pero se cae, y vienen los lloros, y las crismas abiertas.
Crisma es una de esas palabras que no tengo ni idea de qué significa, supongo que cabeza, pero que sólo se la he oído a mi madre en dos variantes: romper la crisma y abrir la crisma (Segunda entrega del vocabulario de madre).
Y también está esa gran frase de madre: "luego vendrán los lloros". Tengo que confesar que durante años, para mí, los lloros eran unos seres tipo el coco, malvados, que iban a venir a castigarme por portarme mal. Descubrí lo que eran la primera vez que me abrí la crisma. La escena: yo llorando con una herida en la cabeza y mi madre:
- Te lo dije nena. A no, no, a mí con lloros no me vengas. Que te lo he dicho nena: bájate de ese patinete que tú tienes el mismo equilibrio que un calabacín, mejor tumbada. Pero noooo, tú ni caso: que mira cómo me deslizo, que mira que velocidad... Pues ala, ya lo has aprendido: la velocidad en la vida no trae nada bueno, nunca, y tú sobre ruedas, pues tampoco puedes traer nada bueno. ¡Pero si tenías 8 meses y todavía no te sujetabas la cabeza! Que las vecinas me decían que te pusiera collarín para que se fijara un poco el cuello, que no era normal. Y sí que quedabas un poco rara, así te has quedado, rara. Que ya es desgracia. Habiendo podido ser normal, normal, pues mira, nos ha tocado que seas rara.
Insisto: yo lloraba con una herida en la cabeza.

Consecuencias:
Puro y rotundo pánico cada vez que mi madre dice cosas tipo:
- Tú sigue así, que te van a echar a la calle en dos días- Oye, pues justo, fueron dos días y a la calle.
Le hago caso, al menos con las cosas básicas, le hago caso.
- Nena, si no sabes cocinar vas a morir sola.
A ver quién tiene narices de no hacerle caso. ¿Eh? ¿A ver? Vamos, que hago una paella para chuparse los dedos y estoy aprendiendo a desconstruir la tortilla de patatas. Bueno, para qué mentir, mis tortillas siempre son deconstruídas, jamás me cuajan. Joder, voy a morir sola.

Excepciones para utilizar el consejo:
Futuros hijos míos, lo siento pero el consejo me importa un pimiento, lo que quiero son esos super poderes premonitorios ya mismo y decirme por las noches:
- Nena, como mañana eches a la primitiva, te van a tocar 20 kilos.
¡Y a vivir! que es lo mío.

miércoles, 28 de julio de 2010

25. Nena, si es gratis, tú lo coges, luego ya veremos qué hacemos con eso


Este consejo es toda una filosofía de vida. Existen personas que si algo es gratis directamente no les gusta, existen personas que si algo es gratis les parece mejor, y luego está mi madre, a la que no disfrutar de algo que es gratis le parece pecado mortal.
A mi madre las promociones le vuelven loca. Esta frase es poco concisa, demasiado usada. Cuando digo le vuelven loca, es real. Se transforma. Las manos se vuelven más prensiles que nunca. Pareciera que los monos sólo hubieran evolucionado para que el pulgar y el índice de mi madre se pinzaran para coger aquel balón de playa de Nivea. Porque cuando algo es gratis, ella lo coge con tanta intensidad que parece que va a reventarlo. Bueno, los monos evolucionaron para eso y para cuando la nena decía algo fuera de lugar delante de extraños y ella me metía "un pellizco de la muerte" (Sí, mi hermana y yo les pusimos nombre). ¿Qué tendrán esas manos de madre para meter semejantes pellizcos? Retorciditos, pequeños, precisos... Olvídate de los métodos de la inquisición. Tú le pones a mi madre al lado de un ateo a meterle pequillizcos, y vaya si cree en Dios. Y si lanzas a mi madre con tres amigas más, te evangelizan el nuevo mundo en un par de semanas.

Cuándo utilizaba el consejo:
En el super, en la playa, en el centro comercial...
Alguna vez incluso en una basura:
- Mamá que eso lo ha tirado la gente porque no sirve.
- Nena, no les sirve a ellos, pero igual a nosotros sí.
- Pero mamá ¿nosotros para que queremos un cortacesped? Si no tenemos jardín.
- Mira nena, si es es gratis, tú lo coges, luego ya veremos qué hacemos con eso.
- Pues tirarlo a otra basura- decía entre dientes.
- Te he oído, nena, a mi no me repliques que te pongo a pasar el cortacesped en mi jardín imaginario todo el día y te enteras para qué sirve ¿eh? Has oído ¿no? Pues ahora lo coges y lo empujas hasta casa.

Consecuencias del consejo:
Yo ya he cogido todas las cosas gratis que una persona se merece a lo largo de su vida. Es decir, ya me he humillado lo suficiente:
-He ido a por pelotas de Nivea con la frase preparada "Deme dos, que mi hermanito está cojo y no puede venir a por la suya".
- A por degustaciones de queso en el super "Niña, ¿tu madre te da de comer? Es el quinto trozo que te doy.
- A por batidos a la salida del cole ¿Niña no te he dado antes una caja? Huy sería a mi gemela.
- A por yogures en el centro comercial "Deme dos, que soy hija de padres separados". Eso le enternecía a todo el mundo. "Pobrecita, dale otro, que tiene que sufrir mucho".
Eso sí, excepto los albúmes que regalaban a la puerta del cole, esos no, que llevaban droga. y que era lo único gratis que he querido yo en mi vida.

Excepciones para utilizarlo:
Si regalan oro, dinero, diamantes, ferraris y casas de lujo, futuros hijos míos, más os vale llegar los primeros. O puede que acabéis conociendo el temido pellizco de la muerte.

jueves, 15 de julio de 2010

22.Si eres mayor para trasnochar, también para madrugar

Esta frase creo que es una de esas que han forjado a una generación. La mía. Y no puedo evitar que me entre una horrible nostalgia al repetirla. Mi madre abriendo la puerta de mi cuarto con mi si fuera a empotrarla en la pared, y esa voz aterradora y concreta:
- Ale, que ya es hora de levantarse nena. Si eres mayor para trasnochar, también para madrugar. Que tenemos muchas cosas que hacer. Hay que limpiar los cristales, pasar el aspirador, poner una colada, bajar a hacer la compra...

No me lo creo mamá. Nunca hay que hacer tantas cosas un sábado por la mañana. ¡Coño! Si cada vez que yo salía, había que hacer la limpieza anual de la casa.  Yo creo que acumulaba esas tareas para las terribles mañanas de resaca. Cada vez que paseaba por la casa y veía los radiadores sucios ella pensaba: esto me lo apunto para el día que salga la nena, huy que hace tiempo que no ordenamos los armarios, los filtros del aire acondicionado los tengo llenitos de mierda, bien bien, otra cosita más.
Es que la estoy viendo.

Consecuencias del consejo:
Tenía truco. Si no te pillaba en la cama no te encargaba tareas y sobre todo no gritaba, que el grito para la resaca va mal. Así que mi hermana y yo dormimos con disimulo y en cualquier sitio.
Según la oíamos que se levantaba, cada una se buscaba la vida. Yo que soy de tendencia vaga, pues intentaba esconderme detrás de la puerta. Así cuando ella entraba, veía la cama hecha y se iba. Me volvía a meter en la cama. Mi hermana iba al baño, abría la ducha y se dormía encima de la taza. Media horita de sueño. Siguiente asalto. Yo a la ducha, mi hermana dentro del armario. Otra media horita. A desayunar, mi hermana dormida sobre la mesa, yo en el armario. Media hora más. Luego a estudiar. Las dos sobadas sobre los libros. Eso sí, con el oído atento. Porque cómo te pillara, olvídate, las tareas de desinfección de un hospital, una tontería al lado de lo que iba a encargarte. Porque las madres no limpian normal, al menos, la mía no:
- Nena, te coges el paño azul, el suave. Lo pasas por los fuegos. Luego con una servilleta de papel, pero de las que no tienen pelusilla, lo pasas otra vez. Sin pelusilla ¿eh? que sino quedan feos los fuegos. Así ya puedes empezar a limpiarlos. Coges el limpiador rojo, echas un poco. Poco, nena, que si no cuesta sacarlo. Lo retiras con el paño amarillo humecido en agua, que no esté empapado que se quedan feos. He dicho humedecido. Luego, el paño rosa para terminar y un poco del spray amarillo.
Y yo pensando: ¿De qué hablas mamá? ¿De limpiar los fuegos o de conseguir erradicar las bacterias del mundo? ¿Qué más dará que los fuegos queden feos? Son fuegos, ¿Con qué paño había que empezar? Joder, ¿cuál era el paño? Porque de una manera increíble, ella con sólo mirarlo sabía si habías cambiado el proceso. Las madres pueden adivinar cosas imposibles con sólo mirarte a los ojos.

Excepciones para utilizarlo:
Uf. Algo de razón tenía pero intentaré no martirizar a mis futuros hijos. Yo nunca madrugo pero desde las 8 de la mañana estoy en la cama sufriendo y, aunque esté sola, si alguien me llama por teléfono disimulo:
- ¿Estabas dormida? ¿Te he despertado?
- ¡Que va! Llevo limpiando los fuegos desde las 8.

jueves, 24 de junio de 2010

17. Como sigas llorando, te voy a dar una razón para que llores de verdad


Se entiende fácil. Es el típico consejo que no te deja lugar a dudas: "Nena, mejor te callas que vas a cobrar". Todo hay que decirlo. Es una frase cumplidora: realmente si no dejaba de llorar, ella me daba una razón extra para seguir llorando.

Cuándo lo utilizaba:
También es fácil: siempre que lloraba, con o sin motivos. El problema es que a ella mis motivos, nunca le parecen motivos sino caprichos aleatorios de una niña mimada. Digo le parecen, en presente, porque es exactamente lo que ella piensa: que soy una niña mimada con caprichos aleatorios a los 31 años. 
Para mi madre sólo hay tres motivos para llorar: una muerte cercana, una enfermedad grave y una desgracia. Voy a concretar: no una desgracia tipo "me ha dejado mi novio en el altar", en ese caso diría "Algo habrás hecho tú"; si no algo tipo "Me ha caído un rayo encima"... eh... tampoco sirve. En ese caso diría "Eso te pasa por andar siempre en la calle". No sé... algo tipo: "Ha habido un terremoto y mi casa se ha derrumbado"... eh... Tampoco sirve, mi madre diría: "Eso te pasa por vivir en ese barrio de mierda con construcciones de mierda, si me hubieras hecho caso... " En fin, para mi madre sólo hay dos motivos para llorar: una muerte y una enfermedad.

Consecuencias del consejo:
No lloro. Casi nada. Y cuando lloro, lo hago con rabia. No sólo me siento mal por lo que sea que me provoque tristeza, encima me jode llorar y mucho más que me vean.
Segunda consecuencia: normalmente lloro en los baños, para que nadie me vea. He llorado en el baño de mi trabajo, en los bares, en los restaurantes, y una vez en Hacienda. Y os prometo que es muy difícil parar de llorar en sitios así, los baños deprimen.

Excepciones para utilizarlo:
Primero tengo que aprender a llorar como la gente normal, sin remordimientos. Y quiero que mis futuros hijos lloren libres. Ya veré como soluciono las rabietas absurdas. Ignorarlos puede ser una opción. Ay si mi madre me ignorara alguna vez...