domingo, 26 de diciembre de 2010

52. Tengamos la fiesta en paz.

Interesting and Funny World
A nosotros, llegar al cariño, nos cuesta. Nuestra particular nochebuena comienza con mi madre cocinando. Justo enciende el fuego, se pone a llorar, y así llegamos hasta sentarnos en la mesa. Ella llora por nostalgia de los que no están, y también de los que están, y se va bebiendo un vino dulce malagueño que a ratos le calma, a ratos le da rienda suelta para gritarnos.

Primera bronca: vestimenta.
- Pero ¿qué es eso que has decidido ponerte hoy? Justo hoy. Lo haces para fastidar porque sino no lo entiendo, con lo mona que estás con el vestido que te regalé y no con ese pingo de mercadillo. Y haz el favor de retirarte el pelo de la cara que estás más guapa. Y a mí no me tuerzas el morro. Tengamos la fiesta en paz, nena. Ay si tu abuelo estuviera aquí para ver lo guapa que estás. (Y se pone a llorar mientras le da un traguito al vino).
Segunda bronca: el pino.
Desde siempre, todas la navidades en mi casa hay un enfrentamiento a muerte. Mi hermana y yo somos partidarias de las bolas de colores, es decir, de todos los colores. Y mi madre es muy de flor de pascua, bolas rojas, y cabello de ángel plateado, punto.
-¿Pero que narices le habéis hecho al pobre pino? Anda, anda. Ya estáis quitando esas bolas que eso más que un pino parece un matojo hawaiano. Los pinos de colores son horteras, nena. ¿No has visto el que sacan los Reyes? Pues yo quiero uno como ese, elegante y discreto.
- Jo mamá, por un año nos podías dejar poner uno un poco más alegre.
- A ver, nena, no confundas alegría con desorden, ¿eh? Eso que habéis colocado es un fantoche, y ya me lo estás quitando, que luego tenemos la copita con los vecinos y van a pensar que en esta casa viven cuatro monos daltónicos. Tengamos la fiesta en paz. Ay si tu abuela viera lo bonito que le tengo el Belén con su niño Jesús bien cuidadito... (Y se pone a llorar otro poco).
Tercera bronca: el discurso del Rey.
- Ni se te ocurra apagar la tele, que quiero que los reyes sepan que les vemos, que así se demuestra el apoyo del pueblo.
- Pero qué van a saber ellos, si nosotros no tenemos un audímetro.
- Pues de alguna manera contará. Tú me dejas la tele puesta aunque estemos cocinando.
- Pero mamá, ¿no te das cuenta que la monarquía es un sistema obsoleto? (Le mete un trago al vino que tengo claro que no significa nada bueno)
- Por Dios nena no digas blasfemias, que tú tendrás muchos estudios, pero nuestros reyes son los mejores del mundo. Tú no habías nacido, por eso no te enteras. Si te oyera tu tía Pilar... ¡Obsoleto! Te voy a dar obsoleto a ti. Pero mira que majo es. Ay si los políticos le hicieran un poco más de caso... Algo mejor nos iría, y eso que está muy mayor, y ahí sigue, porque el nuestro es un rey con el que se puede contar, y muy cercano, que se le nota. Y yo también soy muy de la reina, que siempre va tan bien, tan correcta. Esa sí que es una mujer elegante y no las pelandruscas que dan en la tele. ¡Y mira el pino! Nenaaaa, deja todo eso y ven al salón. ¡Mira el pino! Es como el nuestro, nena, igual, igual. Bueno, el suyo es más grande, pero el mismo estilo. Si me hicieras más caso... Ya vas a ver las vecinas cuando se den cuenta que tenemos el mismo pino que los reyes.
- Mamá, tampoco es tan igual...
- ¡He dicho que el mismo! Tengamos la fiesta en paz, nena, tengamos la fiesta el paz.
Cuarta bronca: la compota de manzana.
- Mamá, ¿por qué hay que hacer compota? No le gusta a nadie.
- Pero qué manía le tenéis. La compota es digestiva, y una tradición que llevamos haciendo toda la vida.
- Pero si sólo os la coméis la tía y tú.
- Porque somos las que sabemos de la vida.
- Mamá, eso era un postre cuando no había dinero para comer dulces buenos, ahora no tiene sentido y te tiras 24 horas de trabajo para hacerla.
- Porque se necesitan 24 horas exactamente, hirviendo despacito, para que salga igual que la de tu abuela, que una vez le hice rápido y menudo desastre. Me llevé un disgusto... Y tu tía igual (Ligero lloriqueo). Y no está de más que aprendáis que nosotros no hemos tenido tanto dulce, que sois todos unos señoritingos. A mí de pequeña, una naranja me parecía un lujo, nena, y no como tú, que dices que te da dentera morder los gajos. Así que a callar y me sigues removiendo esa compota, tengamos la fiesta en paz.
Quinta bronca: los regalos.
En mi casa, el día de Navidad, tenemos un detalle porque, por supuesto, que mi madre es más de Reyes, odia Papa Noel, y el Olentzero (un carbonero que es el que trae los regalos en mi tierra) le parece "un poco sucio, sin gracia y con pinta de comerse a los niños". Así que los regalos no los trae ningún ser mágico, si no nosotros mismos. Bueno, pues este año se me olvidaron los regalos en Madrid, y yo era la encargada de dos personas. Así que me fui a una librería y compré libros. Durante la entrega, mi madre sonreía, ahora, que cuando fuí a la cocina:
- ¿Libros? Que yo no tengo nada contra los libros, que son muy útiles, pero y los zapatos que habías comprado para tu hermana, ¿dónde están?
- Es que se me han olvidado lo regalos en casa y he comprado en la librería de abajo lo que me ha dado tiempo.
- Claro, eso te pasa por dejarlo siempre para última hora. Que ya te veo haciendo la maleta esta mañana, que tu más que maletas haces hatillos de mendigo, que ya he visto como traes la ropa, toda hecha un bolo. Porque no te has dado cuenta pero ya le he metido una planchada. Eres un desastre. Que los libros están bien, pero un día vas dejarte olvidada la cabeza. Y tu hermana ha sonreído, porque es de sonreir, porque tú sabes que no lee nada. Y no será porque yo no lo he intentando, y obligado también, porque le hemos obligado, pero chica, no es de leer. ¡Y tú le traes un libro! Si es que todo lo tengo que hacer yo... Bueno, lleva la compota para la cocina y tengamos la fiesta en paz.

Consecuencias:
A mí las fiestas en paz, como que no me van. Si no hay bronca, pues para mí no hay fiesta.
Segunda consecuencia: en mi casa hay que beber antes de la cena, si no, no lo soportas. Así que mi "no drama papá" saca una botellita de vermut, y allí que vamos, con alegría.

Excepciones para utilizarlo:
La frase me hace gracia. Y futuros hijos míos, espero que seáis de bolas de colores, de espumillón del gordo y luces intermitentes, porque nuestro pino va a ser reventón, reventón. Y si no os gusta, a callar, y tengamos la fiesta en paz.

lunes, 20 de diciembre de 2010

51. Nena, hay que limpiar que viene la chica.


Ikea
Pues sí, en mi casa se limpia antes de que venga la chica a limpiar. Yo he intentando explicarle a mi madre que eso es un sin sentido pero, para qué mentir, jamás en mi vida he conseguido convencer a mi madre de nada.
- Pero nena, ¿qué va a pensar Maru si ve la casa sucia cuando venga? De eso nada. Sólo faltaba que fuera diciendo por ahí que tenemos la casa hecha un desastre. Nadie va a decir eso de nosotros, nunca, ¿me oyes? Nunca. Así que limpia el baño.
- Pero mamá, ¿tú para qué le pagas?
- Para que limpie nena, pero un poco por encima, que tampoco hace falta que llegue aquí y esto parezca una casa de sucios.
- Pero mamá, si yo soy capaz de chupar este suelo y tan traquila.
- Tú porque eres muy liberal, eso pasa. Qué vas a chupar tú el suelo ni nada, te suelto un sopapo como te vea. Chupar el suelo dice, pero ¿qué te crees que somos hippies? (Lo siento hippies del mundo, sois el peor colectivo para mi madre después de los drogatas)
- Ay mamá era un decir...
- Un decir, un decir... Cómo te oiga cualquiera diciendo que chupas el suelo... El suelo no se chupa nena, no se chupa, ni se dice que se chupa si se quiere ser una persona normal. ¿Qué habré echo yo para tener un hija como tú? No lo entiendo. Y te coges esa escoba que está apunto de llegar Maru y quiero que la casa esté impoluta.

Consecuencias del consejo:
Maru es super feliz. Debe de ser la casa más limpia que limpia. Además mi madre no está acostumbrada a que alguien trabaje para ella y para no ser una empresaria explotadora, según llega Maru, le pone un café, y unos bollos, porque mi madre sólo compra bollos el día que viene la chica. Se sienta con ella y se tiran desayunando un rato. Y luego, como no sabe pedirle que se ponga a trabajar, se levanta ella y le dice:
- Maru, tú quédate aquí tranquila que yo tengo muchas cosas que limpiar.
Y Maru se queda tan tranquila, leyendo el periódico mientras mi madre trabaja. A las tres horas, mi madre le paga el sueldo, con una proponilla: "Porque es muy buena persona. Menuda suerte hemos tenido con Maru. Que me puedo dejar dinero en cualquier lado y ella jamás toca nada, que se te mete en casa una aprovechada y a ver qué haces, en cambio la Maru, la dejo tan tranquila" Ajá.
Y luego Maru se queda a comer, porque "Donde comen cuantro comen cinco, y esta gente lo ha pasado muy mal en su país, que se han cruzado un mundo para venir aquí. Además, nena, a los trabajadores hay que tratarlos bien, con sus pagas y sus dietas, porque eso es de gente de ley. Y yo no quiero que vayan diciendo por ahí que me aprovecho de nadie. Pobrecica Maru, con lo sola que está, y sin saber hacer cocido, que me lo dijo el otro día. ¿Nena te puedes creer que en Bolivia no se come cocido? Ni vainas, tampoco comen vainas. Yo le he tratado de enseñar a Maru a cocinarlas, pero claro, con lo del salto cultural, dice que le salen malas. Normal. Si yo tuviera que cocinar..., bueno lo que sea que comen allí, pues me saldrían mal. Aunque vete a saber, porque a mí la cocina se me da muy bien, que con una patata, un hueso y un puerro te hago un  guiso para seis. Así que igual aprendía yo a hacer sus platos. Pero ella, la pobre, no sabe. Así que le he hecho un par de tuppers, para que se lleve a casa y congele. También para una compañera de piso que tiene que es marroquí, las pobres". Lo dicho, Maru es super feliz y, en mi casa, cada vez que viene limpiamos y cocinamos como si viniera el rey. Ya es una más de la familia. No te digo más que le ponemos zapato la noche de Reyes.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, que alguien limpie tu casa es un auténtico lujo que la mayoría de la gente no se puede permitir. Si alguna vez podéis contratar a alguien, disfrutad de ello sin tensión. Eso sí, tratádle al menos con la mitad de cariño que nosotros le tenemos a Maru. Y nada de chupar el suelo, que os estoy viendo... Y ésta no es la casa de mi madre, no os vayáis a pillar cualquier cosa.

lunes, 13 de diciembre de 2010

50. Nena, cuando te vayas, apaga los fuegos.

Bloogpress
Yo esta frase no la entiendo. En serio.
Primero: lo dice como si yo tuviera los fuegos encendidos todo el rato. Como si los fuegos, fueran las luces.
Segundo: me lo sigue diciendo. Tengo 31 años y nunca, repito, nunca he quemado una casa. Pero mi madre piensa que siempre estoy a punto de hacerlo.
Tercero: ¿qué fuegos? Si yo a penas cocino y como mucho enciendo uno para hacer pasta.
Cuarto: lo dice siempre que nos despedimos, como quien dice adiós. También por teléfono, que yo lo mismo no voy a salir de mi casa, pero ella, ante el miedo de que le prenda fuego al edificio, me lo dice: "Nena, cuando te vayas apaga los fuegos".

Consecuencias del consejo:
Pues, clarísimamente, siempre creo que me los he dejado encendidos. No hay como pensar si has apagado algo para que te entre la duda. Y si estoy en casa de mis padres, soy capaz de volver a comprobarlo compulsivamente, 300 kilómetros soy capaz de volver, aunque no haya cocinado. Porque, ¿te imaginas que un día se me olvida y prenden? ¿Te imaginas lo que tendría que aguantar? Pues yo sí, me hago a la idea perfectamente, y siento escalofríos sólo de pensarlo, en realidad me muero un poco sólo de pensarlo.
La segunda consecuencia es una inseguridad constante a producir una catástrofe, inundación o incendio. Vivo en tensión. Porque está claro que si tu madre es capaz de repetirte durante 31 años, unas 300 veces al año, que apagues los fuegos, la plancha, cierres los grifos, quites el gas y cierres la puerta, cada vez que se despide de ti, insisto CADA VEZ QUE SE DESPIDE DE TI, eso es que tu madre ve algo en ti que se te escapa, algo así como la capacidad de destruir el mundo.
Tercera consecuencia: cuando regreso a casa voy pensando "Por dios que no se haya quemado, que no se haya quemado, que mi madre me mata".
Cuarta consecuencia: yo veo un bombero y disimulo, como si hubiera hecho algo malo y estuviera a punto de pillarme.

Excepciones para utilizarlo:
Ninguna. Me niego a cargar a mis futuros hijos con el peso de producir un apocalipsis en cualquier momento. Ahora, eso sí, no sé cómo voy a hacer yo para fiarme de que los apagan porque ¿te imaginas que se les olvida? ¿Te imaginas que se los dejan encendidos y me queman la casa? Mi madre me mata.

lunes, 6 de diciembre de 2010

49. El pescado tiene mucho fósforo, nena.

- Cómete ese chicharro que esta riquísimo, y me ha costado un ojo de la cara, nena. Además el pescado tiene mucho fósforo.
- ¿Por qué se llama tan feo? ¿por eso está tan malo?
- Que feo, ni que feo. Harta me tienes. Todo el día pensando qué hacerte para comer y tú siempre con tus ascos. Eso sí, un día me voy a cansar y entonces ya veremos, os vais enterar de lo que es estar sin mí.
- Mamá es que la piel me da asco...
- Nena es lo que más fósforo tiene. Y el fósforo hace niños listos, y tu padre y yo queremos una niña lista, así que date vida.
- Mama ¿y por qué Dios no puso el fósforo en el queso que está más rico y lo tuvo que poner en la piel del pescado?
- Pero ¡qué cosas tienes! ¿Y quién eres tú para cuestionar dónde puso Dios las cosas? Pues donde le dio la real gana. Sólo faltaba que eres una milindris. ¿Me oyes? Eso es lo que pasa, que yo sí me pregunto cómo Dios me dio una hija tan milindris. Y no encuentro respuesta. Ahora, que tú te comes esa piel ahora mismo. ¿Me oyes? O vas a estar castigada hasta que vayas a la universidad.
- Bueno mami, no te pongas así que sólo era una pregunta...
- Una pregunta dice. Que comas ya eso, hombre, que me tienes harta. Y ni una palabra más.

Consecuencias del consejo:
Lo del fósforo yo lo repetía continuamente de niña. Cada vez que alguien decía algo sobre el pescado ahí estaba yo para contarle al mundo entero "que tiene mucho fósforo y que es muy bueno para el cerebro, que me lo ha dicho mi madre y sobre todo la piel". Estuve a punto de ser linchada en el comedor del colegio un par de veces. Ya sabes, típica situación, la monja le dice a la niña de al lado mía:
- Niña, cómete el pescado.
- Pero hermana es que a mí no me gusta.- Y yo que nunca he sido de medir las consecuencias:
- Pues tiene mucho fósforo y es super bueno para el cerebro. Sobre todo la piel.
- Mira ya lo has oído, a comer y cómete también la piel.
La niña con los ojos inyectados en sangre, y esa cara de: "ya nos veremos en el patio, ya".
Me costó también más de una tarde de aislamiento por parte de mis primos que me bautizaron como "la pesada del fósforo" después de que repitiera la frasecita en una comida familiar. Todos mis tíos me rieron la gracia, y todos mis primos quisieron matarme en ese momento a base de rellenarme de pescado. No es mi imaginación, es exactamente lo que me dijo mi primo "Te voy a meter todo el pescado que sobre por la boca hasta que te quedes rellenica como un pimiento".  Sí, ese es mi primo el sensible.
Por mi empeño en defender sus virtudes se podría deducir que me gustaba el pescado... Ni de broma. Insisto de pequeña sólo me gustaban el queso y los yogures. Ya. Nada más. Pero era un poco resabidilla y sobre todo era un experta desintegradora de comida. Los realmente malos comedores desarrollan todo tipo de técnicas:
1- Partir todo en trozos pequeñitos, esparcirlo por el plato, dejando caer algún trozo fuera.
2- Si a pesar de eso, el adulto insistía, en cuanto se despistaran los comensales de al lado, echarles trozos pequeños a sus platos.
3- Si los comensales se daban cuenta, los radiadores cercanos son capaces de albergar ingentes cantidades de comida. (Está técnica tiene un pero: hay que acordarse de limpiar esa comida ese mismo día. Si no, huele, y tu madre te obliga a comerte eso. Bueno, no se si tu madre, pero la mía sí).
4- Sólo para precavidos: en los bolsillos, colocar estratégicamente papel albal, vaciar el asqueroso pescado en el interior. Seguir siendo una niña feliz en ayunas.

Excepciones para utilizar el consejo:
Pues futuros hijos míos, acabo de buscar en google si lo del pescado es cierto y resulta que el queso, sí, mi amado queso, tiene la misma proporción de fósforo. ¡Mamáaaa! ¡Era mentira, leche! Tanta propaganda que le hice yo al pescado y era mentira.
En fin, eso sí, futuros hijos míos, lo tenéis realmente difícil para engañarme con la comida, me las sé todas. Sí, la de vaciar un peluche de espuma y meterle la comida dentro también.

jueves, 25 de noviembre de 2010

48. Nena, búscate un hombre que no te dé mala vida.

Este es un consejo exprés que me dió ayer por la noche por teléfono a propósito del día contra la violencia de género:
- Te voy a dar un buen consejo, nena, el mejor que te pueda dar: búscate un hombre que no te dé mala vida. Me da igual que sea guapo o feo, que tenga dinero o estudios, que sea listo, o incluso que tenga un pendiente (esto lo dice por decir) Pero que te dé buena vida. ¿Me oyes nena? Tú has tenido suerte: eres alta (ser alto para mi madre es una virtud, por eso le encanta el Principe, por alto), eres muy lista, no estás enferma, eres guapa, (es mi madre, qué va a decir) tus padres te quieren y te han dado abrigo y comida, y cultura nena, porque nosotros dinero no te vamos a poder dejar, toda tu herencia va a ser tu educación. A lo que iba, tú has tenido suerte, has caído en el lado de los afortunados siempre, pero hay una cosa que no te puedo dar: eres mujer, y eso, te va colocar miles de veces en el lugar más débil. No te dejes nena, no te dejes, en serio. Así que te andas con ojo y te buscas un buen hombre, un hombre de ley, y como te levante la mano, tú me llamas, que tu padre y yo te sacamos de donde sea. ¿Me estás oyendo? No aguantes ni una, porque esa una ya te sobra. ¿A ti no te ha pegado nunca nadie un sopapo no? Dime la verdad, nena, por dios, dime la verdad.
- Claro que no mamá....
- No lo digas así que muchas mujeres que pensaron "a mí nunca", han tenido que soportar muy mala vida. Más de 60 mujeres muertas han dicho en el parte, y las que lo sufren en silencio. ¿Te lo puedes creer? Así que te andas con ojo, que tu padre y yo nos hemos esforzado mucho para que tu seas feliz, y no va a venir ningún desgraciado a ponerte la mano encima, porque vales mucho, que no se te olvide. ¿Te queda claro?

Clarísimo mamá.


Excepciones para utilizar el consejo:
Todas. Futuras hijas mías: buscaros un hombre que no os de mala vida, en serio.

lunes, 22 de noviembre de 2010

47. Tu cuarto está manga por hombro.

Me encantaba lo de manga por hombro. De pequeña me parecía una frase mágica, aunque mi madre sabía quitarle la magia rapidito:
- Nena, tu habitación está manga por hombro, tienes media hora para ordenarla. Aquí no hay quien encuentre nada.
- Pero yo sé dónde están las cosas mami.
- Porque tienes el cerebro tan desordenado como el cuarto. No quiero repetirlo ¿eh? Tienes media hora
- ¿Cuánto es media hora?
- Pero qué pesada eres, en serio, nena. ¿Ves la aguja grande? Pues cuando llegue a las 6... Estoy pensando que te voy a regalar un juego educativo para aprender las horas para tu cumple.
- Mamá yo no quiero más juegos educativos nunca más, son super aburridos y yo ya estoy super educada.
- Super pesada, eso es lo que eres nena, media hora, te lo he dicho, luego no vengas con que no te lo he advertido.
Yo me arrastraba hasta mi cuarto con la enorme tristeza de saber que me esperaba un juego educativo por mi cumple, y me daba mucha pena, y para consolarme me ponía a jugar con el tangram, y como aún me daba más pena, construía una casita para las barriguitas con el tamgram, y aún la pena era mayor porque la casa era amorfa, y entonces me asustaba y salía corriendo al pasillo y gritaba:
- ¡Mamáááááá! ¿Ha llegado la aguja grande a las 6?
- No pero le falta un periquete y espero que no haya nada fuera de su sitio.
Y yo volvía a mi cuarto y a patadas metía cosas debajo de la cama, y los juguetes los guardaba en el armario al montón, y los clicks caían dentro de los zapatos, y la ropa a mogollón encima de todo aquello, porque yo pensaba que mi madre nunca jamás iba a abrir nada de aquello. En mi mente de niña los armarios debían ser como invisibles porque en serio que no lo entiendo. La aguja grande llegaba a las 6. Mi madre entraba en el cuarto y con ese poder que sólo tienen las madres, descubría todos los sitios, sin que se le escapara ninguno. Y cada vez que encontraba algo lo tiraba al centro de la habitación hasta que se hizo un montón del doble de altura que la nena y entonces sí que sí:
- Tienes media hora. Todo lo que no esté en su sitio lo tiro a la basura. ¿Me entiendes ahora? Yo creo que sí, y si hace falta, mañana te vas al cole sin calcetines. ¿Está todo claro?
Clarísimo. Dejé desordenado el tangram, un libro sobre las fábulas de Esopo (pero qué mierda de libro infantil era ese) y una nuñeca de porcelana que me daba miedo. No coló. Y por la chulería, me tuvo secuestradas durante una mes a las marionetas de Los tres cerditos que tantas tardes de asueto me habían dado.

Consecuencias de la frase:
Pues el desorden no se me ha corregido. Al contrario, he desarrollado un sofisticado método de desorden que parece que no se ve, pero ahí está. Y me tengo que guiar por rutas tipo: ¿Dónde estarán las tijeras? Lo primero: en el cajón de las tijeras sé que no. En el bote para los bolis sé que nunca las pondría, demasiado obvio. ¿En el cajón de la cocina de los cubiertos? Podría ser, si no hubiera encontrado las tijeras de la cocina y hubiera recurrido a ellas. Miro pero no están ninguna de las dos. ¿Qué es lo último que he cortado? Rebusco por mi casa y encuentro etiquetas de la ropa (seis montones en distintos lugares) pero no..., todas están cortadas con los dientes. Ya sólo me queda ¿dónde puede que me hiciera gracia guardarlas? Pues sí, clavadas en una planta, después de pensar: "Nunca se me va a olvidar que las tengo aquí".
Psé, lo sé, esto sí que es magia, y no la tontería esa de manga por hombro.

Excepciones para utilizarlo:
Mirad, uno de mis mayores temores como futura madre es perder un niño. Ya he perdido varios: dos primos, un vecino y una hermana. Lo sé tengo un don. Así que paso del orden. Futuros hijos míos: me da igual que todo esté manga por hombro pero, por dios, vosotros donde pueda veros.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

46. Deja ya de enredar o te llevas un sopapo.

Oye mira, el típico consejo que no necesita un post para explicarse porque dudo que haya un sólo niño, por muy tonto que sea, que no lo entienda. Luego, eso sí, estaba la opción kamikaze: seguir enredando. Y yo era muy de eso.

Cuando utilizaba el consejo:
Cuando éramos niñas, yo creía que mi hermana podía volar. En serio: estaba convencida de que podía volar. Sí, yo era imaginativa y poco despierta. ¿Mi teoría? Mi hermana es cuatro años más pequeña que yo, por lo tanto, más bajita, por lo tanto, si saltábamos desde una mesa, ella llegaba más tarde al suelo, por lo tanto, si le ponía unos cojines debajo de los brazos y le hacía agitarlos, mi hermana volaría, por lo tanto, queda confirmado que yo muy despierta no era y mi hermana no volaba.
Lejos de pensar que mi teoría sobre la hermana bajita voladora no era cierta, la subía encima la mesa, la empujaba con fuerza, y luego le pegaba por no mover los cojines con suficiente esfuerzo:
- ¡Pero agita más los brazos! ¡Que pareces tonta! Anda que si yo pudiera volar, iba a desaprovechar la oportunidad, pero no puedo porque soy más alta que tú y llego antes al suelo. ¿Lo entiendes? Así que te subes otra vez, y le das bien fuerte, o te voy a dar yo más fuerte.
Lo dije justo a tiempo para que lo oyera mi madre que entró en estampida al cuarto.
- Nena, lo tuyo no tiene nombre. Pero qué volar, ni qué volar. Yo sí que te voy a hacer volar a ti, pero de un sopapo. Y deja a tu hermana en paz, que no haces más que enredar. Trae aquí tu mano.
Quien dice trae, dice que mi madre la cogió por si misma, es decir me enganchó de la muñeca de un tirón y puso su mano al lado de la mía.
- ¿Qué mano es más grande nena?
- La tuya- yo sabía que estaba al borde del precipicio.
- ¿Estás segura? Compruébalo bien, asegúrate.- yo le miraba con cara de alucinada pensando "Esto tiene trampa, tiene trampa seguro".
- La tuya es más grande- dije con miedo.
- Y si mi mano es más grande, ¿cuál crees que dará sopapos más grandes? ¿La tuya o la mía?- "Aquí va a haber sopapo seguro", pensé "esa es la trampa".
- La tuya...- dije apartándome un poco.
- Pues como te vea pegarle una torta más a tu hermana, te voy a demostrar que mis leyes físicas sí que son de verdad, y no las tonterías que te andas imaginando. ¿Estamos? Así que deja ya de enredar, nena, o te llevas un sopapo.

Consecuencias del consejo:
La física me parece una mierda.
Mi hermana casi me saca los ojos cuando le explicaron en clase la ley de la gravedad.
Mi madre vivía con miedo constante y me decía cosas como: "Nena, ¿tú sabes que todas las personas se queman con el fuego por igual no?, o "Las personas no rebotan", o el mítico "Todos, nena, y cuando digo todos es todos, necesitamos oxígeno tooodddooo el rato ¿lo entiendes". Esto provocó cierta sensación en mí de que me tomaba por bastante imbécil, con razón eso sí, pero imbécil.
Terror. ¿Sabéis lo qué es peor que un sopapo? La amenaza del sopapo que nunca llega.

Excepciones para utilizarlo:
Bueno... Tengo que admitir y, lo siento futuros hijos míos, que la palabra sopapo.... ¡ME VUELVE LOCA!  ¿Pero habéis oído como suena? Prometo utilizarla con contención, pero así, como consejo, más os vale no enredar.

jueves, 11 de noviembre de 2010

45. Es por tu bien, nena.

En mi casa no había tele cuando era pequeña. Bueno, miento, había una en blanco y negro pequeña, pequeña, que según mi madre sólo funcionaba de vez en cuando. El cuando era justo a las 3 y a las 9: a la hora del parte. El caso es que crecí sin tele. A mi madre la tele le parecía una absoluta y rotunda pérdida de tiempo para los niños:
-Ni te abriga, ni te alimenta, ni hace que estudies. ¿Para qué perder el tiempo con ella? No sirve para nada, nena. Abre un libro, corre. Que en los libros siempre dan aventuras buenas y además te las imaginas como tú quieras, que es mucho mejor. En la tele todo es muy aburrido y en dos colores. Además hace tontos a los niños y yo para mí, quiero una niña listísima.
- Pero mamá, todo el mundo tiene tele. Y la tele de Martita lo da todo a colores.
- A mí lo que haga todo el mundo me da igual. Yo no pienso dejar que mis hijas vean los sinsentidos que dan por la tele, que cada vez esta peor, y tú eres muy influenciable, que digo "Jesús" y tú estornudas. Y si quieres colores, miras por la ventana, que hay muchos. Hazme caso que es por tu bien, nena.

Consecuencias del consejo:
Te conviertes en una niña fuera de tu tiempo.

Yo no echaba de menos la tele porque es imposible echar de menos algo a lo que no estás acostumbrada. Tú vives pensando que todas las familias son como la tuya, y que las mejores aventuras las dan en los libros. Pero creces, te relacionas y en el patio juegan a un juego que se llama V y todas las niñas quieren ser Elisabeth la niña de las estrellas, y todos los niños quieren ser Donovan, y como tu aislamiento te hace débil acabas siendo Diana (pronunciado Daiana). Que realmente no te importa, porque no tienes ni jodida idea de quién es la tal Daiana porque estás terriblemente concentrada en adivinar porqué ahora todos los niños juegan a comerse ratones. El caso es que te mueves por el patio con cara de "¿Nos hemos vuelto locos niños? ¿Qué ha pasado con el apasionante Escondite o el siempre sorprendente Bote-bote? ¿O ese relajado y contructivo juego llamado El burro?".
- Los niños se van a la cama con Casimiro. Tú piensas que por qué Casimiro no tiene nunca tiempo de pasar por tu casa para llevarte a dormir, que seguro que es más agradable el señor Casimiro que tu madre a grito pelado gritando que apagues ya la luz si no quieres enterarte de lo qué significa estar cerca de la muerte en un plis plas.
- Los niños gritan "el de Tulipán" cada vez que ven un helicóptero. Tu sonríes y haces como saludas al señor ese de Tulipán al que tampoco tienes el placer de conocer.
- La gente pide, para reyes, Botibotas, tú por si acaso también. Total, te van a traer un puzzle...
- Pero lo que más me sorprendió fue el fenómeno del fútbol. Estaba pasando la tarde en casa de Martita cuando su hermano Juan empezó a llorar porque su equipo de fútbol había perdido. Oye, se abrió el mundo ante mis ojos: ¿El fútbol no era sólo un juego del recreo? ¿Qué nivel tenía el futbol frente a mi amado Escondite para que Juan llorara por perder? ¿Daban también El Escondite por la tele?

Llegué a casa y formulé exactamente esas preguntas a mis padres. Conmocionados, me regalaron una tele en color. Bueno, quien dice me regalaron, dice compraron una para el salón. Bueno en realidad, utilizaron todas las pagas que yo había recogido en la primera comunión y que se supone que eran para estudiar una carrera y compraron la tele.
- Nena, es por tu bien. Dudo mucho que llegues a la universidad si seguimos por este camino.

Excepciones para utilizarlo:
La frase es una mierda y no tener tele de pequeña más. ¿Sabes la típica conversación en el curro en la que alguien dice "Os acordáis de aquella canción de Barrio Sésamo..."? Pues yo no me acuerdo, nunca. Así que futuros hijos míos, ésta nos la vamos a saltar. Y damos por hecho que todo lo que yo haga por vosotros será por vuestro bien. Para eso habéis salido de mis entrañas o de un larguísimo y carísimo proceso de adopción, que es aún peor.

lunes, 8 de noviembre de 2010

44. Nena, eso es un lujo capitalista.

Mi madre es un ser contradictorio. Desde que recuerdo, ella ha deseado que fuera normal y me ha educado para no serlo.
Yo de pequeña quería ser dimplomática y a mi madre le daba mucha rabia porque le parecía raro. Jugaba a los diplomáticos con mi hermana, y sí, era raro.
- Tú ponte en esa silla y coge ese vaso como si fuera una copa de vino, y vamos a discutir sobre política internacional. Yo soy España y tú eres Portugal.
- Jooo yo no quiero ser Portugal- decía mi hermana.
- Pues Francia no puedes ser porque con los franceses no se puede discutir.
Muy raro. La culpa en realidad era de mi padres que me explicaban cosas complicadísimas para una niña, y a mí se me grababan a fuego. A ellos les hacía gracia que yo repitiera cosas así, hasta que se les fue de las manos.
- Nena, a ver si jugamos a cosas más normales. Por ejemplo a papás y mamás o a profesoras.
- ¿Qué tiene de malo ser diplomática? ¿Si vosotros siempre decís que es el mejor trabajo del mundo?
- Nada nena, no tiene nada de malo pero tú tienes 9 años y deberías jugar con muñecas.
- ¡Pues cómprame una Barbie!
- No empezemos ¿eh? nena, no empezemos.
¿Pero qué querías mamá? ¡Si mis muñecas parecían una jodida reunión de Naciones Unidas!

Otra frase que mis padres me repetían constantemente era: "Eso es un lujo capitalista". Para que os hagáis una idea: la nocilla, el pan bimbo, el chocolate, los cereales, cualquier galleta que no fuera María, los petitsuis, la cocacola... Todo era un lujo capitalista. Y el mini-babybel: un super lujo capitalista.
- Mamá quiero colacao.
- Nena, la leche se toma sola. Si quisieran que tú tomaras la leche con chocolate, las vacas la harían así.
- Pero mamá, toooodoooo el mundo toma la leche con Colacao.
- Pues nosotros no, porque es un lujo capitalista.
Claro que como yo no tenía ni jodida idea de qué significa aquello, pues no podía discutirlo.
Un día en la panadería del barrio, con todas las vecinas alrededor, mi amiga Martita le pidió a mi madre que le comprara una napolitana de chocolate. Y a mí me faltó tiempo:
- Martita, eso es un lujo capitalista y nosotros no lo compramos.
- ¡Ay qué salada es la niña!- me dijo la típica vecina cabrona que vio que allí había materia para la humillación- ¿y tú qué quieres ser de mayor guapa?
- Yo dimplomática para beber siempre buen vino y viajar mucho.
Pellizco de la muerte, pisotón y mi madre de un rojo escarlata.
- Esta niña, de verdad que no sé de dónde saca esas cosas-. Tirones del brazo hasta casa, gritos en el ascensor, pellizco de la muerte, repellizco.
- Un día me matas de un disgusto. Pero ¿quién te mandará a ti decir esas cosas en público? Te voy a mandar interna, te prometo que te voy a mandar interna, para que aprendas.

Consecuencias del consejo:
Me pasé años creyendo que "lujo capitalista" debía ser un insulto parecido a "hijo de puta".
Valoro poco a los diplomáticos: mi imagen de ellos se reduce a gente bebiendo vino y hablando en palacios impresionantes.
No me gusta la cocacola, el colacao justito y nada los petitsuis. Si nunca de pequeña te has acostumbrado a esos sabores, pues de mayor te parecen extraños, sobre todo la cocacola. Esto te hace rara. Muy rara. En los cumpleaños infantiles, en los botellones con el kalimotxo y en la treintena con los cubatas.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, no os pienso decir frases que no comprendáis pero quiero ser la madre de un dimplómatico y beber buen vino y vivir retirada en un palacio. ¿Ha quedado claro? Pues eso.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

43. Las cosas hay que hacerlas en el momento.

Mi madre está mala, con jaqueca. Ella es muy de jaquecas. Y es porque se preocupa por todo. Creo que esa es la primera premisa para ser una drama mamá: que todo te angustie un poco. Y en este momento, mi madre tiene la mayor de las angustias encima: está reformando la casa. Que si se midieran las angustias como los terremotos, en mi madre una reforma es un 9 en la escala de Ritcher, el 10 es un constipado de alguna de sus hijas.
Está en plan: vamos a tirarlo todo y, eso, lo está tirando todo y también me obliga a mí. Me pasé el sábado intentando salvar cosas bajo la premisa: "Esto dentro de unos años valdrá un pastón". El típico tocadiscos que no funciona, la típica cinta original de Los Inhumanos, la típica falda de ante con agujeros... Estoy tranquila porque en 10 años voy a estar forrada ¿Os he comentado lo de la típica cinta original de Olé Olé? Lo sé, os morís de envidia.
Pero mi madre que está de vuelta de todo y que no se ha hecho rica con sus reliquias me lo dejó clarito:
- Nena, la mierda, vale lo mismo ahora que el futuro: una mierda. Así que ya me vas tirando eso.
- Pero mamá ¿tú sabes lo que va a valer dentro de unos años este teléfono móvil que pesa 6 kilos y medio?
- Nena, sí, 6 kilos y medio de mierda. Tíralo ya.
- Mamá, deja que me lo piense. Lo aparto ahí y luego decido.
- Nena, las cosas hay que hacerlas en el momento.
- Pero qué más te da después de 20 años, esperar una hora más.
- Mira nena, en mayo quise mandarle unas flores a tu tía de Málaga porque allí se celebra el Santo, no como aquí que solo tenemos el cumpleaños. En el Sur son más de festejar, eso se agradece, es por el calor. Con este frío sólo dan ganas de deprimirse. En cuanto podamos nos vamos para el Sur, te lo digo, en cuanto nos jubilemos, a tener los pies calientes todo el año ¿Te imaginas? Eso es la gran vida. Bueno, pues total que se me pasó y no le mandé flores. Me dije: pues para el cumpleaños que seguro que con 86 años le hace ilusión. Pero me dijo su hija que el día del cumpleaños no iban a estar en casa porque se la llevaban a comer pescadito. Ya ves tú, con 86 años y conservaba el apetito, eso es de personas con voluntad. Gracias a comer bien y a un vasito de vino que se tomaba en las comidas estaba tan bien, pobre mía, con lo que pasó en la guerra. Porque que sepas, que en Andalucía no hay nacionalimos porque es lo que tiene el hambre, que no te deja espacio para pensar en banderas, sólo piensas en patatas. Así que tampoco pude mandarle el ramo. ¿Qué ha pasado por no hacer las cosas en el momento? Pues ya lo sabes, que hace dos semanas se las mandé, pero para su tumba. Así que aprende nena, nunca sabes cuando todo esto se puede acabar, así que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
Mi madre me aterra a veces de tal manera, que cualquier cosa deja de tener importancia al lado de la crisis existencial en la que me sumerge: ¿Para qué guardar un movil para el futuro? El jodido el futuro no existe.

Consecuencias del consejo:
Soy vaga. Esto lo traigo puesto en los genes, que está claro que no son de mi madre. Me he pasado 31 años batallado entre mi personalidad perezosa y esa angustiante sensación de que me voy a morir en cualquier momento. Así que mi cerebro procesa con completa normalidad pensamientos como: "Tengo que estudiar,  Mejor me voy a la calle a jugar, total me voy a morir mañana". Lo que a su vez ha supuesto numerosas collejas de mi madre: "Mira nena, tú me tomas la palabra para lo que te la gana. Yo que tu me ponía a estudiar porque como no te mueras mañana y me suspendas el Inglés, vas a estar más cerca del infierno de lo que te crees".

Excepciones para utilizarlo:
En realidad tiene razón. Futuros hijos míos, las cosas hay que hacerlas en el momento. No pienso traumatizaros con una muerte inminente. Pero yo tampoco me pienso dejar engañar por el Carpe Diem.
- Nena, eso son tonterías para vagos. Lo que tu tienes que hacer es cumplir con tu obligación que es ordenar tu cuarto hoy, para que mi obligación mañana no sea castigarte. ¿Lo has entendido? Pues, ale, menos literatura y más acción".

domingo, 24 de octubre de 2010

42. Como se entere tu padre.

Sí, tengo padre. Pero mi padre no es un drama papá. Es más bien lo opuesto. Voy a intentar ejemplificar por oposición su diferentes maneras de educar:

Cómo dar órdenes:
Drama mamá: "Nena, pon la mesa hoy antes de que lleguemos. Que tu padre tiene poco tiempo para comer y se le pone ese caracter un poco como torcido. Pon la vajilla de diario, ni se te ocurra poner la buena, que ya rompiste un plato la última vez. Y acuérdate de poner mantel. Que ahora la gente piensa que no hace falta, pero comer con mantel de tela es algo que no se debería perder. ¿Qué es eso de comer como en las tabernas? En mi casa se come como Dios manda: con mantel y servilletas de tela. Que lo que se aprende en casa, se hace luego. Y pon cucharas que hoy tenemos sopa. Mira a ver si hay cuatro iguales de las que tienen un lazo en la base, si no, te friegas una, que no te va a pasar nada. Y pon salvamanteles, que siempre se te olvida. ¿Me has oído nena?".
No drama papá: Mi padre no gasta palabras. Te deja un cuchillo encima de la mesa de la cocina y mi hermana y yo que ya conocemos su lenguaje subliminal sabemos que tenemos que poner la mesa. Listo.

Cuando nos llamaban a comer:
Drama mamá: "Nenassssss a comer. Mira que como tenga que ir yo. Que os he dicho que apaguéis la tele. Que os quedáis como embobadas, que parecéis dos zombis. No lo vuelvo a repetir: a comer ahora mismo o estáis castigadas un mes sin tele. A ver si así aprendéis a obedecer a la primera".
No drama papá: cortaba la luz general de la casa. No había tele. A comer. Listo.

Respecto a gastar mucho dinero:
Drama mamá: "30.000 pesetas de factura de teléfono. Nena, te vas a pasar la vida pagándome esta factura. ¿Me has oído? ¿Pero tu te crees que somos los dueños de Teléfonica? ¿Y de qué hablas? Si tienes 15 años, qué vas tener tú que contarle a nadie. No lo entiendo, de verdad. De qué hablas con tus amigas para gastar 30.000 pesetas si las acabas de ver. Pero, óyeme, una y no más. Tú al teléfono no te acercas. Me vas a matar de un disgusto. Pero qué te has pensado tú que eres hija de millonarios ¿no? Esto se va a acabar. Ya puedes aprender a comunicarte con Martita con tambores, porque lo que es la teléfono ni te acerques. Ya vas a ver cuando se entere tu padre".
No drama papá: Ese día cuando llegué a casa. La factura de 30.000 pesetas estaba pegada por fuera de la puerta, en el descansillo para recocijo de todos mis vecinos, con una nota de mi padre: "Piénsatelo antes de entrar". Listo. Yo me lo pensé, y me quedé en las escaleras llorando hasta que oí que se metían en la cama. Me colé sigilosa, bueno no tanto, porque mi madre vino corriendo y susurrando: "Te lo dije, nena, te dije que se iba a enfadar. ¿Has cenado algo? ¿Te hago una tortilla?". Ella se enfada mucho pero con la alimentación no se juega.

Sobre llegar tarde:
Drama mamá: "¿Pero qué horas son estas para llegar a casa? De verdad que no entiedo qué hacéis por ahi a estas horas. Y mira cómo vienes, con los ojos que da pena verte. ¿Qué has tomado? Algo has tenido que beber para traer esa cara. Que disgustos, por Dios, qué disgustos me das. Llevo toda la noche sin dormir, venga a dar vueltas pensando que te había pasado algo, y tú, tan tranquila, con la de violadores que hay. Yo no entiendo a la juventud de ahora. Yo a tu edad ya tenía hijos y no andaba por los bares, como una cualquiera. Ay, si hubieras tenido unos padres como los míos, otro gallo nos cantaría. Habrás cenado algo por lo menos, ¿no? ¿Te hago una tortilla?".
No drama papá: A la siguiente mañana: "Nena, a las tres de la mañana, a casa se llegada meada y cenada. Como vuelvas a armar semejante alboroto, te cierro con llave por dentro". Listo, porque tengo bien claro que me hubiera cerrado.

Sobre ponerme un pendiente en la nariz:
Drama mamá: "Estás loca nena. Eso es lo que te pasa. ¿Un pendiente en la nariz? Bajo mi cadaver ¿me oyes? Cuando vivas fuera de mi casa haces todas las locuras que te de la gana, pero mientras vivas bajo mi techo no te dejo que te agujerees el cuerpo. Lo que nos faltaba. Te mando interna. Palabra que te mando interna como aparezcas con un pendiente. ¿Tú has visto a alguien normal con un pendiente? No, no, no. Lo que tengo que aguantar. ¡Me estoy ganando el cielo contigo! Que castigo señor. Como se entere tu padre...".
No drama papá: "Si tu te haces un pendiente, yo voy a ir a buscarte al colegio todos los días con una pamela. ¿Vamos al practicante a que te lo hagan? Yo te lo pago". Oye listo. Se me pasó la idea.

Consecuencias del consejo:
Dadme mil enfados de mi madre frente a un mosqueo de mi padre. Yo me apaño.
Fobia a las pamelas y extraña relación mental entre los disgustos y las tortillas.

Excepciones para utilizarlo:
Son el equipo perfecto. Lo que le sobra a uno le falta al otro. Ojalá futuros hijos míos tengáis las suerte de tener dos padres que se equilibre tan bien, porque imaginaros que os tocan dos drama papás. Eso no hay ser humano que lo soporte.

lunes, 18 de octubre de 2010

41. Nena, abrígate que viene un frente.

adn.es
A mi madre el frío no es que le asuste, le aterroriza. Olvídate de zombis, demonios, o plagas mundiales, tú a mi madre como mejor le puedes asustar es diciéndole:
-Mamá, he oído en el parte que viene una ola de frío.
Y se le eriza la piel como si hubiera visto al mismo diablo. A mi madre, el cambio climático no le parece tan malo porque va a hacer más calor. Y los nórdicos le dan un pena que no puede:
- Esa pobre gente, todo el año con frío a punto de coger un resfriado. Qué horror. Nena, si alguna vez hay una tercera guerra mundial tú te vas para el sur, que bastante jodida es una guerra como para que encima pases frío.
- Mamá... Has dicho "jodida"...
- ¡Nena, por Dios! Que te estoy hablando de una cosa muy seria, déjate de tonterías. Tú te vas para el sur, que con calor, el hambre es menos mala.
Sí, esa es la peor pesadilla de mi madre: su hija malcomiendo y muerta de frío. Su propia versión del apocalipsis.
Ella vive la meteorología como si fuera una telenovela. Está completamente enganchada. Tiene termómetros dentro y fuera de casa, una pequeña estación meteorología y una figura de una pastora con una oveja que cambia de color en función del tiempo. Le tiene una fe absoluta. Incluso le pone velas cuando quiere que pare de llover. Así que ayer me llamó, y me dice:
- Nena, ¿has sacado los abrigos de invierno? Que la oveja esta azul, azul. Y eso es que mañana viene un frente.
- Pues chica, aquí hace 20 grados. He estado tomándome un café en una terraza en la calle y se estaba tan agusto.
- Tú siempre estás en la calle, ¿en casa no tienes café? Ya son ganas de gastar, luego vienen los lloros de que no tienes dinero. Pero bueno, tú sabrás, ya eres mayor para perder el tiempo y el dinero en lo que quieras. Ahora, si te da por seguir siendo una derrochona mañana, te coges un abrigo, que la pastora está azul, y he visto la estación y da descenso de hasta 7 grados, y ya me estoy notando yo en esta rodilla que viene lluvia.
Coño, yo no sé para que España se gasta dinero en el Meteosat, si con una llamada a mi madre les bastaba. Ella cree en los meteorólogos cómo la gente en los astrólogos:
- Yo es que he sido muy de José Antonio Maldonado de la 1, que me acertaba mucho. Y se toma esto en serio, no como el muchacho de La Sexta que hace bromas. El tiempo es una cosa muy seria como para andar con jueguecitos Muy modernos eso es lo que son. Y también me gusta una chica nueva que hay en la 1 que tiene pinta de limpia, y cuenta muy bien todo: de dónde va dar el viento en cada provincia y bien clarito. Que en algunos canales sólo hablan de Madrid, y en provincias también nos enfríamos, y pillamos la gripe. Y más aquí, que un día te pilla el viento norte y te da un aire que te paraliza la cara. El de la Ser, ese que tiene nombre de mujer mayor, Florenci, ese, pues me hace gracia. Es demasiado optimista pero, chica, cuando se acerca el fin de semana sólo tengo ganas de oír buenas noticias, y llámame loca, pero le hago caso, y me acierta bastante, aunque ya te digo es muy optimista, y yo por si acaso siempre echo una chaqueta de más. Y bueno, mi pastora, que no me falla nunca, y hoy está azul. Así que mañana, no te olvides el abrigo.
Creo que si mi madre descubriera que en internet puede ver el tiempo que hace en todo el mundo, y todas las aplicaciones que hay sobre el clima, entraría en colapso.

Consecuencias del consejo:
No me sé abrigar sola. Llevo toda la vida escuchando qué debía ponerme la noche anterior. Incluso ahora que vivo lejos de mi madre, me llama y me informa. Así que, si un día no hablo con ella, o en Madrid el clima es distinto, me pilla por sorpresa, desabrigada. Yo a ella no se lo digo, porque si le digo que he pasado frío se echa a llorar y se lleva un disgusto enorme.
Otra consecuencia es que yo sufro mis resfriados en silencio. No le puedo decir que estoy mala porque me echa la bronca por no haberme abrigado, así que me inflo a Couldina y Lizipaina para que no me lo note en la voz cuando le llamo. Eso sí, luego tengo que aguantar cosas como:
- ¿Ves nena? Llevas 10 años sin cogerte un catarro, y todo por abrigarte bien. Ay... si me hicieras caso en todo, algo mejor te iría en la vida...

Excepciones para utilizar el consejo:
Futuros hijos míos, si algún día tomo alguna decisión en función del cambio de color de una oveja, podéis estamparla contra el suelo. Eso sí, si viene frío, os abrigáis, no os vaya a dar un aire.

jueves, 14 de octubre de 2010

40. Le quitas lo negro al plátano y está buenísimo.

Mamá, si le quito lo negro al plátano suelen quedar dos opciones:
1- Me quedo sin plátano, porque el negro está por todos los lados.
2- Me como una especie de puré de plátano dulzón que me da un para atrás que no puedo sorportar, y lo único que se puede morder de ese plátano son los asqueros hilos.
Y se me hace bolo. Sí, con 31 años, hay cosas que se me hacen bolo. No entiendo cómo pasa y mi madre tampoco pero ¡eh! ahí está el bolo de plátano pasado para demostrarlo.
-Nena, ese plátano no está pasado. Está maduro. Le quitas lo negro y está buenísimo.
- Pues a mí no me gusta tan blando.
- Pero si es cómo más rico está. Anda come un poco.
- Mamá, pero si parece puré. Me da asco.
- Nena, nunca puedes decir de la comida que da asco. ¿Qué pasa? ¿Soy yo una asquerosa porque a mí me gusta maduro?
- Pues comételo tú.
- Te voy a estampar el plátano en la cara, a ver si está lo suficientemente blando o no.
Oye, mira, las palabras mágicas: plátano y estampar. No hay mejor sistema para tragar un bolo.

Cuando utilizaba el consejo:
Lo negro del plátano es un ejemplo de la economía de madre. Sirve con los melócotones, peras, cerezas, manzanas:
- Mamíiiiíii está manzana tiene gusanos.
- Que no me llames mami, por dios, que no me llames mami, que a mí las niñas cursis me dan jaqueca.
- Mamá, están golpeadas y parece que tienen gusanos, están llenas de agujeros...
- A ver, dame- cogía una, la partía por la mitad- lo que les pasa es que son de huerto, y son manzanas de verdad, no como las que salen en la tele, que son de plástico. Que os engañan con cualquier cosa. Serán bonitas y brillantes pero no saben a manzana. Estás están buenísimas aunque sean feuchas. Y cómetela ya.
- Pero mamá, que por aquí veo un hueco como de gusano.
- Pues le quitas esa esquina y listo. Y déjame tranquila que tengo mucho que hacer.

La esquina se le quitaba a todo: al queso mohoso, a la mayonesa amarillenta, al jamón de york un poco seco, a los tomates golpeados. Bajo una  premisa por la que todos los niños de mi generación podremos sobrevivir ante terribles hambrunas: "Lo que no mata engorda". Y, oye, seguimos vivos.

Consecuencias el consejo:
Como con miedo, en tensión: ¿esto me engordará o me matará? Un poco rollo ruleta rusa: ¿esta empanadilla será la última? Y sobre todo, no creo para nada en las fechas de "Consumir preferentemente antes de". ¡Vamos hombre! Tu pones a mi madre a poner esos sellos y terminamos con el hambre en el mundo.

Excepciones para utilizarlo:
Todas. Lo siento futuros hijos míos. No os metiré diciendo que está buenísimo. A mí los platanos muy maduros no me gustan, pero no es suficiente motivo para tirarlos, como diría mi madre: "Por Dios, con la de niños que hay muriéndose de hambre en África".

domingo, 10 de octubre de 2010

39. No tires eso que se puede aprovechar.



Kill The Heel
  Según mi madre todo se puede aprovechar, especialmente la ropa. Este era básicamente el ciclo de la vestimenta en mi casa.
Primero, te vestías con ropa heredada:
- Las camisetas que mis primas no querían porque: A eran de propaganda de la carnicería del barrio, B eran de algún color espantoso por ejemplo verde lima a aguas, C tenían un estampado completamente equivocado. Por ejemplo, tuve un chandal con un print de leopardo en rosa y morado en un tejido que a mi madre le parecía lo más de lo más: el táctel. "Nena, no se plancha, no se ensucia y es casi impermeable", me decía ufana. "Ya mamá, pero brillo demasiado, reflejo la luz como el faro de la bici, y me resbalo de la silla", decía yo menos ufana. "Pues te agarras mejor, que te quejas por cualquier cosa".
- Cuando ya estaban completamente pasadas de moda y habían perdido su color, las ropas heredadas pasaban al cajón de los disfraces. "Guarda eso para el disfraz de fin de curso ¿de qué querías ir? Ah sí de Madonna, ya vas a ver qué éxito". "Mamá, Madonna no lleva chandals de táctel. Esa ropa es super cutre incluso para un disfraz". "Y tu eres demasiado super listilla, que con la pinta de fantoche que lleva, cualquier cosa te sirve".
- Cuando ya me había disfrazado de Madonna unas 4 veces y 3 de zíngara, ella lo llamaba zíngara pero las mendigas del barrio quedaban glamurosas a mi lado, la ropa se trasformaba en paños de cocina.
- Cuando los paños de cocina usados habían perdido la dignidad, les llegaba el turno de ser mopas para el suelo. "Nena, ponte esos paños en las zapatillas y arrástrate por la casa, que hay que sacarle un poco de brillo al parqué que lo tengo muy tristón. ¡Nenaaaaa! (Esta es mi madre gritando desde la cocina) Y no derrapes, que la última vez que derrapaste, ¿te acuerdas lo que pasó? Te lo voy a recordar, por si acaso: que conseguiste ponerte el dedo pequeño del pie mirando para el talón. ¿Te acuerdas ahora? Sí, nos acordamos todos ¿verdad nena? Hasta el médico aquel que te sacó fotos porque nunca había visto una fractura así, que ya le dije yo, que la niña nos ha salido especial hasta para partirse un dedo. Pues eso, nada de derrapar".
- Y ya por fin, aquella ropa inmunda conseguía su merecido descanso.

Segundo ciclo económico de la ropa.  Esta era la parte en la que mi madre me compraba ropa, sólo para mí. Pero ¡ah! no hay que emocionarse antes de tiempo. La premisa era: comprar todo dos tallas más para cuando creciera:
- Te está un poco grande nena, pero así te lo podrás poner dentro de un par de años- me decía mientras trataba de colocarme un falda que a Monserrat Caballé le hubiera quedado holgada.
- Pero mamá, si me la piso al andar que parece que tengo cola y aquí dentro cabe otra niña gorda.
- Tonterías. Que creces muy rápido nena, y no hay que tirar el dinero,que como tú no lo ganas pues no sabes lo que cuesta conseguirlo. En un par de meses te quedará estupenda, que te quejas por todo.
- Pero mamíííí, si las mangas de la chaqueta me llegan a las rodillas.
- Bah, bah, eso la remangamos un poco...- y me subía todo el exceso de tejido por los brazos.
- ¡Mamá! Ahora no puedo doblar los codos.
- Pues mejor nena, así, no te arrugas la ropa.
Pasados los dos años:
- Mamá, esta falda me está muy corta.
- Anda, anda, si no enseñas las piernas ahora ¿cuándo lo vas a hacer?
- Pero que me da frío, que justo me tapa el culo.
- Pues te pones unos leotardos, que eres muy quejica.
- Y tiene un agujero.
- Huy nena, te he comprado unas pegatinas de esas que se planchan a la ropa de Snoppy que lo tapan del todo, y encima le dan otro aire, que parece nuevo.
- Pero mamá, Snoppy es para niños y la chaqueta a juego me queda como si fuera de manga corta.
- Ay nena, que cansada eres. Ahora se llevan así, se llama manga francesa. Es lo último y Snoppy también.

Pues eso, el reciclaje lo inventó mi madre, e imaginación no le faltaba para colarte cualquier cosa. Y cuando ya no había manera de meterse en aquellas faldas, cuando le había sacado las pinzas al uniforme porque las tetas ya no entraban allí dentro, cuando las chaquetas se convertían en manga a la sisa, entonces, sí:
- Pues se lo das a tu hermana, que seguro que le queda monísimo.

Consecuencias del consejo:
Mi hermana me odia un poco. Y le encanta estrenar ropa y llamarme para decímerlo. No se lo tengo en cuenta, después de que ella tuviera que llevar aquel espantoso chándal de táctel, al que ya le habían puesto rodilleras después de mi segundo derrape, oye, le perdono lo que sea.

Segunda consecuencia: yo todavía me pongo la ropa de los 17 años. Ahora, a mi madre no le hace ninguna gracia, claro:
- Nena, tienes 31 años ¿no crees que ya puedes tirar esa chupa de cuero que te compré en segundo de BUP? Que yo recuerde era azul marino, y ahora es gris.
- ¿Pero no hay que aprovecharlo todo?
- Sí pero también hay que encontrarte un novio (golpe bajo), y con esa pinta de indigente no te van a querer ni los de Caritas.
Pequeña depresión tipo: voy a morir sola.

Excepciones para utilizar el consejo:
Futuros hijos míos, tenéis suerte. En mi época no había Primark ni H&M, eso sí, no quiero saber nada de derrapes y vosotros no tendréis que sabes nada de coderas. ¿Queda claro?

lunes, 4 de octubre de 2010

38. Nena, los pantalones tienen que llegar a la cintura.

- Nena, los pantalones tienen que llegar a la cintura. Por eso, la parte de arriba de los pantalones se llama cintura. Donde se pone el cinturón ¿Ves como es muy fácil de entender? Las palabras lo dicen bien clarito. Si hubieran querido que tú llevaras los pantalones a la cadera, esa zona se llamaría cadera. Pero no, no, no... Se llama cintura y es exactamente ahí donde te tienen que llegar los vaqueros.
- ¿Si hubieran querido quienes?
- Dios y los inventores de los pantalones. Y como digas una palabra más nena, este año te pagas la ropa tú. Que te estás volviendo muy respondona, muy respondona. Y hortera. También te estás volviendo un poco hortera.

Cuando utilizaba el consejo:
Invariablemente este consejo viene justo después de cogerme de los pantalones cuando los llevo puestos y meterme un tirón hacia arriba. Es ligeramente doloroso y absolutamente irritante, sobre todo a los 31 años.
Primero, el tirón, y luego:
- De verdad que no entiendo esa manía de llevar los pantalones bajos. No te favorecen nada nena. El cuerpo de la mujer está hecho para ceñirse en la cintura, CINTURA, y el hombre en la cadera, CADERA. Te lo repito así despacito, porque parece que a ritmo normal no te entra. ¡Pero si te marca todos los cuadriles! Porque tú eres flaca pero eres mujer de cuadriles. Pero noooo. Ahora llega la moda y todas como tontas a deformaros la silueta. Porque ese corte te deforma la silueta. Sólo yo te digo la verdad. Tus amigas te dirán que vas monísima. Seguro. Pero yo soy tu madre y estoy obligada a decirte la verdad: pareces un palo.
- Mamá, no tienes ni idea de lo que se lleva- le decía yo a los 15 años.
- Ni falta que me hace, nena. De toda la vida de Dios, los cánones de belleza son los que son. Básicamente porque la cintura está donde está. ¿Lo entiendes?
- Los cánones también cambian.
- Pues no nena, los cánones son para siempre. Si no se llamarían modas, y si fueran como esta moda de llevar los pantalones por la cadera se llamarían modas de mierda.
- Mamá, has dicho mierda...
- Y poco me parece. Que viene un tarado y dice que lo que se lleva es ponerse una gallina en la cabeza, y ale, todas corriendo a comprar vuestra gallina.
- Pero mamááá... Todo el mundo los lleva así.
- A mí lo que haga todo el mundo me importa un pepino. Yo no te pienso pagar esos vaqueros, pero si se te ve toda la tripa. Una fulanilla es lo que pareces. Por ahí no paso. ¡Una hija mía vestida como una fulana! Cuando tengas tu dinero te compras lo que quieras, mientras tanto elijo yo.
Vale, mamá, el dinero era tuyo. Pero a los 31 años sigues tirando de mis pantalones y explicándome la diferencia entre cadera y cintura. Lo entiendo, pero no quiero parecer el Cachuli. Es una decisión personal.

Consecuencias del consejo:
Leves. Quitando que hasta los 18 llevaba pantalones sobaqueros por lo que he tenido que quemar tres albumes familiares.
Cierta desorientación en mi madre: "Nena, ¿no había fotos del viaje a Nerja? Es que no las encuentro. Para mí que teníamos una foto los cuatro en la puerta de las cuevas de Nerja en las que estábamos todos muy bien. Tu hermana con ese vestido con babero que le quedaba tan mono. Chica, la recuerdo perfectamente, pero no hay manera de encontrarla".

Excepciones para utilizarlo con mis hijos:
Espero con toda mi ilusión que no vuelva la moda cachuli, por vuestro bien, el mío y el las futuras generaciones. Eso y los pantalones nevados, por favor, que no vuelvan los horribles pantalones nevados.

PD Han vuelto!!!!!! ¿Pero cómo es posible? Buscando la imagen para el post he visto miles de bloggers de moda vestida igualitas que yo en las cuevas de Nerja. Es el jodido apocalipsis de la estética. Lo llaman vintage. Por mucho nombre francés, esos son los mismos pantalones que yo di a la Parroquia. Ya estoy oyendo a mi madre: "Si ya te lo dije nena, lo que es bonito, es bonito ahora y con los romanos".

martes, 21 de septiembre de 2010

37. No te separes del grupo, nena.

Cuándo utilizaba en el consejo:
Dentro de la lista de 534 recomendaciones ordenadas por importancia cuando me iba de excursión, de viaje o a dar una vuelta a la manzana, una de las última era: "No te separes del grupo".

En la lista estaban: "Pórtate bien como si yo te estuviera viendo, y sé educada, como yo te he enseñado. No hables mucho, que tú eres de hablar mucho, y eso cansa. No te metas en lo oscuro. Lleva siempre las bragas limpias por si acaso tienes un accidente, que los médicos vean que eres una niña aseada. Nunca sabes qué te puede pasar. Da siempre las gracias, acuérdate, nena, que eres mucho de olvidarte. No andes tarde por las calles, ni muy pronto, que a esas horas sólo hay maleantes. No te asomes por las ventanas, no aceptes nada de desconocidos, y sobre todo, nena no te separes del grupo".
Yo todavía no entiendo qué tipo de escudo protector le parecían a mi madre los grupos.
- Mamá, ¿y si el grupo se pierde?
- Pues tú te pierdes con el grupo.
- ¿Y si le roban a todo el grupo?  Pues tú los salvas porque te he cosido un bolsillo interno en la falda y te metes ahí el dinero. Los billetes nena, a ver si te vas a meter las monedas, y del peso se te cae la falda y andas con las bragas al aire. Y lleva la mochila para adelante, que así no te robarán. Que hay ladrones muy listos que ni te enteras. Que tu tía Mari cuando fue a Madrid, iba en el metro, que ya le dije yo que qué hacía ella en el metro, que para dos días que va, podían cogerse un taxi. Total, tu tío Ángel que es un poco agarrado, pues ale, en metro. Y la Mari, que mira que es cuidadosa y llevaba el bolso cruzado delante, y con cremallera y todo, un bolso que le regalamos por Navidad, muy bonito, que parece casi de piel, de esos plásticos que lo aguantan todo. Bueno pues se lo abrieron y ella tan tranquila. Que no notó nada dice. Y la Mari, que es veinte veces más cuidadosa que tú, porque sabe lo que vale un peine y el esfuerzo que cuesta ganar dinero, no como tú, que te crees que los pájaros maman, se llevó un disgusto horrible. Con hipo me llamó la pobre, y sobre todo le daba pena que llevaba en la cartera una foto de cuando éramos pequeñas en la que estábamos vestidas de flamencas, ¡más saladas! Y no tenemos copia. Que ya podía el ladrón haber devuelto la cartera, echarla a un buzón, que tu tía todavía va ilusionada cuando llega el cartero y eso que hace tres años desde lo de Madrid. ¿Me estás oyendo nena?
- Que sí mamá, que no me separe del grupo.
- Pues eso.

Consecuencias del consejo:
Ligero aborregamiento. Allá donde hay un grupo, estoy yo.
Confusión cuando le decía a mi madre años después:
- Mamá, que a todo el grupo le dejan salir hasta las 12.
- A mí lo que hagan los hijos de los demás me importa un rábano. Tú, a las 10 en casa y puntual.
- Pero mamá, ¿qué me va a pasar si voy en grupo?
- Te va a pasar que te vas a tirar castigada dos meses sin salir, que no son horas para que una niña ande por la calle. ¡Las 12! Yo hasta que no estuve casada con tu padre no salí por ahí a esas horas. A las 10 y no se hable más.
- Los tiempos cambian mamá- esta soy yo tentando a mi suerte.
- A ver, que igual no me he explicado bien. ¿Qué entiedes tú por "no se hable más"?
Y me callaba, porque yo suicida no era.

Excepciones para utilizar el consejo:
Si sois el quinto Beatle. Si acabo siendo la madre del jodido quinto Beatle, no os queda país para correr.

domingo, 19 de septiembre de 2010

36. Bah, esos pelos se ponen rubios con el sol y ni se ven.

http://beardrevue.com/

Calculo que tenía 13 años. Igual 12.
- Mamá, quiero depilarme.
- Eres muy pequeña.
- Seré pequeña pero tengo pelos en las piernas.
- ¡Bah tonterías! Esos pelos se ponen rubios con el sol y ni se ven. Nena, que eres muy exagerada. Que tu ves una paloma y ya andas diciendo que es un flamenco. Cuatro pelos tienes, y finitos. Mucho cuento es lo que tienes. Una vez que empiezas a depilarte, tienes que hacerlo todos los meses. Eso es muy esclavo, y caro. Ale, te aguantas un poquito que no te va a pasar nada.
- Pero mamíííí, si los pelos me traspasan los leotardos.
- Pues más calentita que irás y te he dicho cien veces que no me llames me mami que me pone nerviosa, que pareces una niña de cuatro años con ese tonillo. ¡Un poco de carácter, por dios!
- Pero mamá, ¿tú a qué edad empezaste a depilarte?
- Mira, nena, en mi época no nos depilábamos porque no había dinero ni para playas, ni para piscinas. Cuando seas mayor me lo agradecerás. Te habré quitado unos años de estar esclavizada de la cera, porque tú no lo sabes pero la cera es un horror. Según te depilas, ale, ya te vuelven a salir los pelos otra vez. Además que te nacen con más fuerza, y recuerda, nunca nunca te pases la cuchilla, que te salen más. ¿Me has oído nena?
- ¿Entonces puedo hacerme la cera que salen menos?
- Pero a ver, nena, de verdad que crees que me vas a engañar así. A veces de tan ingénua no sé si eres un poco tonta, tal cual te lo digo. Que más sabe el diablo por viejo, que por diablo. Y no me hagas perder más tiempo que tengo muchas cosas que hacer. He dicho que no, y es que no.
Esta era una frase de no retorno. La nena tenía claro que no había discusión.

Consecuencias del consejo:
Mamá se veían. Los jodidos pelos se veían perfectamente a distancia. Y eso de que se ponen rubios... es a la semana de estar en la playa. Coño, a la semana. Que me pasaba el rato en el agua para que nadie me viera. Que por ahorrarme dos años de depilación me tiré dos veranos a remojo. ¿Y eso de hacerme después sólo medias piernas? ¡Qué narices van a ser más finos los pelos de los muslos! Otros dos veranos con falda a la rodilla.

Excepciones para utilizarlo con mis futuros hijos:
No hay.
Si son niñas: se depilarán cuando tengan pelos. Por supuesto que si traspasan los leotardos, empezaremos a pensar en la depilación láser rápidito. Así, sí que os ahorraré años de depilación.
Si son niños: en el caso de los niños no era la depilación. Era esa absurda pelusilla que llevaban como bigote durante años. Imagino que ante el consejo de las drama mamás: "Si te afeitas una vez, lo tendrás que hacer todos los días". Pues hijos, os afeitaréis todos los días y punto. Eso es mejor que la pinta tan rara que tenían los niños de mi clase. Que se veía perfectamente el bigote, por dios.

martes, 14 de septiembre de 2010

35. Un drogata suicida no es decorativo, nena, una planta sí.

Mi madre utiliza la palabra drogata como adjetivo: pantalones de drogata, pelo de drogata, zapatos de drogata. La otra palabra perfecta para definir mis gustos es pilingui. Y si algo es de "drogata piligui sucia", olvídate. Ya puedes ir tirando a la basura lo que sea que cuadre en esa clasificación porque no podrás soportar oirla cada vez que te lo pongas. Te derrumba. Bueno, tiene que ver con un agotamiento tipo al que debe sentir alguien que sube al Himalaya. O eso imagino la 304 vez que le oigo decirme: "Nena esa falda es horrorosa, te sienta fatal, es que no entiendo cómo pagas por algo así ¡Pero si eso es de pilingui drogata sucia! Y no me digas que es moderno. Que me tienes de las moderneces hasta las narices. Lo que es bonito, es bonito, ahora y con los romanos!". Y yo no puedo respirar, siento el mal de altura y me dan ganas de buscar un buen precipicio por donde tirarme.
Bueno, pues con 16 años, en plena rebelión hormonal, intenté resistir. El caso es que puse en mi cuarto un poster de Kurt Cobain. Me gustaba mucho y fue el único poster que he tenido de un cantante, actor, etc. Lo puse medio escondido porque veía la que se me venía encima, y se me vino. No quedaba muy normal, esa es la verdad. Digamos que no encajaba con las enormes hortensias moradas de mis cortinas (quien dice mis cortinas, dice las cortinas que mi madre eligió mientras yo pataleaba como una loca gritando:  mamá son de vieja, y de vieja cursi), ni con los cuadros de marinas, ni con las muñecas de porcelona, sobre todo no pegaba con las muñecas de porcelana, que por cierto me daban un miedo de muerte de pequeña.
Pero la nena pensó que tenía que defender su identidad y en aquel momento toda mi identidad residía en aquel poster. Ahora, que mi madre pensó que la guerra de los cien años iba a ser una tontá comparado con el asedio al que iba a someter a la nena.
Comenzó sin miramientos: "Un drogata suicida no es decorativo, nena, una planta sí. ¿Entiendes la diferencia? Voy a intentar explicártelo: Las plantas son bonitas, quedan bien con todo y están vivas, no como ese drogata de la pared. Te voy  poner otro ejemplo: un hortensia en una cortina es algo bonito. Por eso durante siglos, las hortensias han decorado los jardines reales. ¿Alguna vez has visto jardines con drogatas suicidas plantados? Nooooo, porque son feos. ¿Entiendes ahora la diferencia entre decorativo y feo? Te lo digo nena porque me parece que se te resiste el concepto".
Intentó seguir por otros caminos cuando yo no lo quité de la pared:
- Nena pues si quieres un poster, ponte el de un chico guapo, como ese de Los problemas crecen.
- A mi no me gusta y se llama Kirk Cameron.
- Ay qué gracia ¿en serio que eso es un nombre de persona? ¿Y por qué no te gusta? Si es muy guapo y tiene un pelo precioso, que se le ve que va a envejecer bien.
- Pues a mí me gusta Kurt Cobain y su pelo.
- Pelo escoba, eso es lo que tenía ese. Muerto y feo.
- Se ha suicidado porque sufría mucho... Tú no lo entiendes mamá.
- Yo sí que sufro mucho y no veo que pongas ningún poster mío en la pared.
- Y me encanta su música.
- Ah no, vale que te permita tener al drogata muerto en la pared pero que llames música a eso que pones, por ahí no paso. Serrat hace música, con sus letras bonitas y sus melodías, y no ese drogata que sólo hace griteríos y ruidos. Por no hablar de que Serrat está vivo.
- Mamá, déjame, es que no me entiendes. Nadie me entiende.

Vale, yo misma me caigo mal oyéndome y ni siquiera me parece guapo Kurt Cobain, creo que en realidad fue mi primera gran guerra. Perdí. Como le parecía muy triste el poster, le puso delante un jarrón con flores de plástico "Ay nena, para darle otro aire, de... no sé... ¿más vivo?".

Consecuencias del consejo:
Pocas. Grandes batallas durante toda mi vida ejemplificadas con : "Como cuando te dio por poner al drogata aquel  en la pared, que tú solica te diste cuenta que quedaba mal. Pues esto es lo mismo, me darás la razón. Al tiempo, nena, al tiempo".

Excepciones para utilizarlo con mis futuros hijos:
Por favor, por favor, que no os dé por el reggaeton. Lo que sea hijos, pero el reggaeton no.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

34. Nena, tú nunca me escuchas. Ahora, que un día me vas a escuchar.

Vale, trato de no escucharle mucho, esa es la verdad. Pero es que mi madre habla raro y largo, sobre todo largo.
Me explico:
- Nena bájate al trastero y me traes la carpeta roja de las facturas- Parece una orden simple. Ah... pero la simpleza no existe en la comunicación maternal, y ella sigue:
- La roja ¿eh nena? Ni la azul, ni la amarilla.
- Que si mamá, que te oído.
- Sí, sí, tu oyes mucho pero te enteras de poquico que ya lo llevo viendo un tiempo. La carpeta está en el armario del medio, en el del medio, no en el pequeño azul, ni en el grande marrón.  En el del medio, que es como de color caqui, pero está muy viejo. Mira que nos costó dinero ese armario y salió malo, malo. Se lo dije a tu padre, que los de Muebles El Gran Pino son unos liantes. Pero como tienen nombre en el barrio pues te cuelan cualquier cosa a un precio de rico, que podíamos haber comprado otro que había que era de color beige, pero chica, elegí ese porque el beige es tan sucio, es muy poco sufrido. Como la falda esa que te compraste el año pasado, que no te pones nunca. Ya te lo dije: que el beige no aguanta nada y tú eres muy de arrastrarte. ¿Quién te habrá enseñado a ti esa manía de sentarte en el suelo como si fueras una apache? Porque yo no habré sido. Esos son los de la catequesis, que van de místicos modernos y os sientan en corro, ¡habiendo sillas!  Que bien que piden dinero para la Iglesia y luego los niños al suelo, y yo a gastarme dinero en detergente para sacarte todos esos ronchones. Bueno, pues la carpeta está en el tercer cajón. Ni en el primero, ni el segundo. Y no vayas a abrir con fuerza el segundo porque está flojo y mal sujeto, que ya te digo yo, que último mueble que les compro a los de El Gran Pino. ¡Tres años aguantó el cajón! ¿Tú has visto las mesillas que hay en mi cuarto? Pues llevan ahí desde que me casé con tu padre. Las compramos por cuatro duros porque antes nos casábamos con nada, que ahora necisitáis tener un jacuzzi para casaros, que si no, no funciona el matrimonio.  Mucha tontería es lo que tenéis. ¿Cuántas veces habré abierto yo esas mesillas? ¿Miles? Qué digo miles, millones, porque yo por las noches me despierto mucho, que tengo insomnio. Cuando era joven no tenía pero como tú dormías tan mal de pequeña pues me cambiaste el sueño y ahora me despierto muchas veces. Y los cajones siguen como el primer día. Además son de estilo castellano que te va con cualquier cosa y son muy sufridas y ni un arañazo que tienen. ¿Me has oído? Pues no te quedes con esa cara de pasmada que me corre prisa. Le tengo que llamar a tu tía Mari para decirle cuánto me costo la olla exprés, porque ha visto una parecida pero le parece muy cara y yo no me acuerdo de memoria del precio. Chica, se me olvida todo. Han dado en la tele que las almendras son muy buenas y mira que me tomo todas las mañanas tres pero no noto nada, ando fatal de memoria...

¡Dios mamá!, ¡porque la tienes llena de palabras!, hasta arriba, ahí no te entra ni un recuerdo nuevo, todo tiene que resbalar (esto sólo lo pienso mientras pongo cara de concentrada, si lo digo en alto, puedo llegar a ver el mismo centro del infierno en un momentito).

Consecuencias:
Estoy en el tratero y mi memoria rastrea. Recuerdo las palabras carpeta, facturas, amarilla, azul, roja, armario beige. No hay armario beige. Creo que también ha dicho marrón. No, el marrón no era. Está lleno de ropa. ¡Caqui!, era el caqui que es más sufrido. Recuerdo las palabras: segundo cajón. Irremediablemente abro el segundo cajón y todo el contenido cae al suelo, lo recoloco. Nerviosa. Se va a dar cuenta. La he cagado. Abro los otros, hay montones de carpetas. Tengo que abrir las carpetas. ¿Cuál era?  ¡Facturas! ¡Ha dicho facturas! Hay dos carpetas llenas y una especie de archivador con acordeón. Joder. 

- Ya era hora, pues menos mal que te he dicho que tenía prisa.  Llevas ahí abajo más de media hora ¿Pero qué narices haces con todas esas carpetas? Si te lo he dicho, nena, pero tú nunca me escuchas. Ahora que un día me vas a escuchar. Bien clarito te lo he dicho: la carpeta roja del armario caqui en el tercer cajón. Si es que todo lo tengo que hacer yo.

Excepciones para utilizarlo:
Tranquilos futuros hijos míos, no tengo ese don de palabra. He necesitado re-escribir cuatro veces este post hasta que he conseguido que la carpeta fuera del color, estuviera en el armario y en el cajón en que inicialmente había pensado. Será porque no me gustan las almendras.

domingo, 5 de septiembre de 2010

33. Nena, el mundo es un lugar terriblemente injusto.

¿Y cómo lo iba a aprender la nena? Pues sintiendo la injusticia en sus carnes. No era plan de contármelo, ponerme un vídeo y no concederme nunca un capricho en pro de todos aquellos niños más desgraciados que yo. Eso hubiera sido simple, sencillo, poco pertubardor y mi madre es perturbadora por encima de todas las cosas. Mi madre quería que yo fuera consciente de la marginación, el sexismo, el racismo, la pobreza y sobre todo, el clasismo, una cosa que a mi madre le parece el peor invento del demonio.

Así que el plan era el siguiente:
- Tratamiento de choque contra el racismo: Consistía en no comprarme ninguna muñeca blanca. Nada ni remotamente cercano a la raza a la que pertenezco. Nunca comprarme una Barbie, ni siquiera una Nancy rubia.  En la cabeza de mi madre, si yo jugaba con muñecas de otras razas, no sería racista. Así que mis muñecas fueron: una barriguita africana con el pelo ensortijado y una Nancy marroquí (en serio) cuyo mejor complemento era el shari indio que traía para cambiarle la ropa. Tuve un bebe chino de color amarillo chillón, porque tampoco es que comprara los juguetes caros, así que más que oriental el bebé parecía un extraterrestre (tratamiento de choque contra la pobreza). Tuve matriuskas, una geisha, una familia andina al completo y una especie de Barbie regorderta de todo a 100 pelirroja, porque "nena, los pelirrojos también sufren mucho".
Segunda parte del plan, la que era la parte realmente perturbadora. El día de la vuelta al colegio después de Navidad, todos teníamos que llevar un juguete, el preferido, el más grande, el más caro. Finalidad: dar el máximo posible de envidia al resto de niños. Y ahí entraba mi madre.
- Nena, tú juguete lo elijo yo. En tu clase hay algunos niños que no habrán tenido regalos tan estupendos como los tuyos, así que vas a aprender a solidarizarte con ellos. Te llevas la barriguita negra y no se hable más (tratamiento de choque contra las desigualdades sociales, aunque personalmente creo que era un tratamiento de choque contra mis relaciones sociales normales).
- Pero mamááááá´.... Martita va a llevar la autocaravana de la Barbie y Ana lleva el carricoche del Nenuco. Nadie va a querer jugar conmigo, déjame llevarme al menos las marionetas rusas que son más.
- No, cuando seas mayor me lo agradecerás.
Puede mamá, pero con 7 años aquello era un jodido castigo. Me pasaba esos días sentada el pupitre intentando jugar con Laurita y un tangram que llevaba ella, voluntariamente. "Nena, tú hazte amiga de Laurita que es un niña lista, que sabe lo que importa en la vida". Sí mamá, la capacidad de abstración a veces es lo más importante en la vida. Sobre todo cuando te mandan a chulear al cole con un ábaco, para que aprendas la importancia de las matemáticas, otra vez con una plantilla para aprender a atarme los cordones, otra vez con un tampon que imprimaba mini Quijotes, en fin, lo que viene siendo una vida social de mierda.

Consecuencias del consejo:
Lo dicho, escasa vida social y cierta marginación.
Estado total de éxtasis cada vez que iba a casa de Martita: me disfrazaba de princesa, me pintaba la cara, llevaba unas 5 barbies en la mano mientras acunaba a un Nenuco dentro de la autocaravana, y merendaba nocilla, untada sobre Smacks de Kellogs (prohibidos en mi casa: "Nena, eso no es comida, son chucherías inventadas por los americanos para hacer de los niños seres pusilánimes, en nuestra casa se desayunan tostadas, como Dios manda, con su pan y su mermelada. ¡Arroz inflado! El arroz, para la paella, nena. A ver si aprendes a distinguir las cosas importantes de las tonterías, que parece que te cuesta un poco".

Excepciones para utilizar el consejo:
Todas.
Gracias mamá por enseñarme la cantidad de mierda que hay el mundo, y gracias por hacerme creer que es posible educar a los niños de otra manera para que los adultos acaben siendo también de otra manera, gracias por hacerme valorar cada juguete que tuve, y porque gracias a ti hubo muchas Lauritas en mi vida con sus tangram y sus metrónomos, que me siguen acompañando 20 años después y que jamás me dieron de lado por no tener una Barbie.
Eso sí, te pierden las formas mamá, de verdad, que te pierden. Qué te costaba haberme mandado al cole con un muñeco algo más normal, que me daba igual que fuera aquél bebé indígena con taparrabos, pero ¿el ábaco? Eso no es un juguete mamá, eso es hundirle la vida social a un niño. Palabra.

lunes, 30 de agosto de 2010

32. Nena, ¿Crees que soy la dueña del Banco de España?

Bueno, en realidad, la formulación era BancoEspaña, del tirón. Y a mí me daban unas ganas horribles de decirle:
- Pues sí mamá, porque si yo de paga tengo 2 duros y en tu cartera hay más de 600 veces esa cantidad... Pues sí, mamá, algo tienes que tener tú con el Bancoespaña para tener tantííiísimo dinero con el que me podría comprar todos los huevos kinder del mundo. Ahora, que no lo haces porque no te da la gana.
Pero sólo me daban ganas de decírselo, porque si yo le contestaba así a mi madre, me regalaba a los gitanos del circo, que ya me lo tenía advertido.

Variaciones del consejo:
Pero tú te crees que soy la dueña de Iberdrola.
Pero tú te crees que el dinero lo regalan.
Pero tú te crees que el dinero crece en los árboles.

Cuándo utilizaba el consejo:
Pues siempre que le pedía algo, fuera un capricho una necesidad. A mi madre todo le parece un gasto.
- Mami me compras un estuche nuevo.
- Pero si tienes el que te compré el año pasado. Nena, ¿tu te crees que soy la dueña del BancoEspaña?
- Es de hace dos años mami.
- Está como nuevo nena, y no me llames mami que me pone nerviosa.
- Mamá pero si no cierra, la cremallera está rota.
- Ah ¿y se la he roto yo? He sido yo ¿no?
- No mamá, se ha roto de usarlo mucho.
- Pues nena, no te pienso comprar otro para que lo rompas otra vez. (¿Os habéis dado cuenta? Ya no estamos discutiendo sobre comprarme o no el estuche, estamos hablando de que la nena rompe cosas constantemente. Otro poder de madre: manipulación).
- Pero mamá es que Martita tiene uno super chulo con un organillo en la tapa y puedes tocar canciones mientras haces la tarea.
- ¿Un organillo? Mira nena, tú haz las tareas centradita y en silencio, sin musiquitas, que yo artistas no quiero en la familia. ¡Un estuche con música!, qué inventarán. Un estuche lo que tiene que hacer es guardar bolis y punto. A parte que tú desafinas cantando Campana sobre campana, que mira qué es difícil, así que no vamos a tirar el dinero.
- Pero mami y ¿cómo llevo los bolis dentro de este estuche roto?
- Ni mami, ni zarandajas.  Le pones una goma y haber si cuidas un poco las cosas que el dinero no me lo regalan, ¿eh? nena.

Consecuencias del consejo:
Odio al Bancoespaña, ¡cabrones de mierda! Qué os costaba haberle dado a mi madre 500 pesetas para un estuche con órgano, ¿eh? Que sólo dos niñas de mi clase no tuvimos ese estuche y Laurita era la niña que creía que no había cosa más divertida que mirar un metrónomo durante horas. Pues eso, cabrones, a ver cómo queríais que tuviera una vida social normal con un estuche cerrado con una goma. Es que es pasar por la calle Alcalá y me tengo que cambiar de acera, porque me entran unas ganas de prenderle fuego al edificio, que miedo me doy.

Excepciones para utilizarlo:
No pienso utilizarlo. Mi frase tipo será algo más:
- Mami que quiero un estuche que vuela. (porque en mi mente de los 80, todo en el futuro debe volar).
- No tengo dinero porque me lo gasto en terapia para superar un exceso de educación maternal.
- Pero mami...
- Ni mami, ni zarandajas.
Me gusta cómo suena zarandajas aunque ni idea de qué significa.

lunes, 23 de agosto de 2010

31. Tenías que haber caído en otra casa.

Esto nunca se le debería decir a un niño, porque un niño puede pensar:
Primero: los niños caen lo que produce confusiones en cuanto a la reproducción humana.
Segundo: a mi madre le hubiera gustado que le hubiera caído otra niña distinta, más... más... No es que no se me ocurran cosas, es que son tantas que me cuesta ordenarlas: más limpia, ordenada, buena comedora, recta, educada, tranquila, obediente, conformista, disciplinada, y sobre todo, más normal. Voy a parar de enumerar para no deprimirme.
Tercero: ¿Y si hubiera caído en casa de Martita? Tendría Barbie y piscina. ¡Oh mundo cruel! Y yo con la muñeca Pepa que sólo sabe tirarse pedos y la piscina municipal con el profesor psicópata de natación:
- No llores niña. Tampoco es tan grave que te caiga alguien encima desde el trampolín. Que eres muy blanda.
- Pero es que Manolito pesa 70 kilos.
- ¡Ah! o sea que tenemos una niña que discrimina a los demás por su peso. Bueno, pues se me ocurre que piense en ello nadando otros... pongamos... 30 largos, y suelta la burbuja, que te estoy viendo. Así no te vas a hacer fuerte niña.

Cuándo utilizaba el consejo:
Siempre que me quejaba.
- Joo mami las alubias verdes están malas.
- Tenías que haber caído en otra casa en la que te dieran de comer siempre alubias, para que aprendieras.
- Mami nosotros nunca tenemos Nocilla.
- Tenías que haber caído en otra casa en la que siempre te dieran de comer siempre alubias, para que aprendieras.
- Mami yo lo que quiero cenar de verdad son tranchetes, sólo tranchetes.
- Tenías que haber caído en otra casa en la que siempre te dieran de comer siempre alubias, para que aprendieras. (Luego se pregunta porqué coño le tengo tanta manía a las alubias).
- También podía haber caído en una casa en la que sólo dieran Nocilla y tranchetes- decía yo por lo bajini. Pero el super oído de madre ahí está, para amargarle el día a una.
- ¡Ah sí! Pues ala, venga, vete a buscar esa casa. Sí, sí, ya me estás oyendo. Anda coge tus cosas, ah no, que tu cosas son nuestras ¿o es que tú has pagado alguna? Venga, que sí nena, que tienes mi permiso. Vete a ver si te quieren en otra casa, no sé, igual los gitanos del circo buscan niñas.
Y me comía las jodidas alubias.

Excepciones para utilizar este consejo:
Ninguna. Futuros hijos míos: habéis caído en mi casa. La vida es así. Espero tener piscina para cuando lleguéis, Nocilla ya tengo, algo es algo, pero algún día habrá que comer alubias verdes. Lo dicho, la vida es así.

viernes, 20 de agosto de 2010

30. Nena, como te caigas, vas a cobrar.

- ¿Voy a cobrar 100 pesetas mamá? (ajá soy de la generación de las pesetas y de los chistes malos).
- Mira nena, como te sigas haciendo la graciosa no te va a hacer falta caerte para cobrar. Y bájate de esa barandilla que te vas a abrir la crisma y luego vendrán los lloros.

Oye, dicho y hecho. Es que mi madre te dice algo tipo: ten cuidado con ese vaso que se te va a caer. Y al jodido vaso parece que le faltan segundos para estamparse contra el suelo. Y, por supuesto, que a mi madre le faltan menos segundos para decir: "Te lo dije, nena".
Yo creo que es un super poder de madres. En realidad, si ella no dijera nada, el vaso jamás se caería pero se cae, y vienen los lloros, y las crismas abiertas.
Crisma es una de esas palabras que no tengo ni idea de qué significa, supongo que cabeza, pero que sólo se la he oído a mi madre en dos variantes: romper la crisma y abrir la crisma (Segunda entrega del vocabulario de madre).
Y también está esa gran frase de madre: "luego vendrán los lloros". Tengo que confesar que durante años, para mí, los lloros eran unos seres tipo el coco, malvados, que iban a venir a castigarme por portarme mal. Descubrí lo que eran la primera vez que me abrí la crisma. La escena: yo llorando con una herida en la cabeza y mi madre:
- Te lo dije nena. A no, no, a mí con lloros no me vengas. Que te lo he dicho nena: bájate de ese patinete que tú tienes el mismo equilibrio que un calabacín, mejor tumbada. Pero noooo, tú ni caso: que mira cómo me deslizo, que mira que velocidad... Pues ala, ya lo has aprendido: la velocidad en la vida no trae nada bueno, nunca, y tú sobre ruedas, pues tampoco puedes traer nada bueno. ¡Pero si tenías 8 meses y todavía no te sujetabas la cabeza! Que las vecinas me decían que te pusiera collarín para que se fijara un poco el cuello, que no era normal. Y sí que quedabas un poco rara, así te has quedado, rara. Que ya es desgracia. Habiendo podido ser normal, normal, pues mira, nos ha tocado que seas rara.
Insisto: yo lloraba con una herida en la cabeza.

Consecuencias:
Puro y rotundo pánico cada vez que mi madre dice cosas tipo:
- Tú sigue así, que te van a echar a la calle en dos días- Oye, pues justo, fueron dos días y a la calle.
Le hago caso, al menos con las cosas básicas, le hago caso.
- Nena, si no sabes cocinar vas a morir sola.
A ver quién tiene narices de no hacerle caso. ¿Eh? ¿A ver? Vamos, que hago una paella para chuparse los dedos y estoy aprendiendo a desconstruir la tortilla de patatas. Bueno, para qué mentir, mis tortillas siempre son deconstruídas, jamás me cuajan. Joder, voy a morir sola.

Excepciones para utilizar el consejo:
Futuros hijos míos, lo siento pero el consejo me importa un pimiento, lo que quiero son esos super poderes premonitorios ya mismo y decirme por las noches:
- Nena, como mañana eches a la primitiva, te van a tocar 20 kilos.
¡Y a vivir! que es lo mío.

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