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jueves, 9 de febrero de 2012

98. No abras eso con los dientes

Última foto de la nena con dientes.
Vaya por delante que yo tengo las dos palas falsas, producto de la torpeza infantil. Quién dice torpeza dice cierto ánimo suicida y predilección por aterrizajes forzosos en esquinas, radiadores y suelos en general. Así que tengo ciertas limitaciones para comer: prohibido bocatas, manzanas y pipas.

También vaya por delante que si tú a mi prohíbes algo, consigues que las pipas, las manzanas y los bocatas se conviertan en mi alimento preferido al instante.

Y luego también está la niña empírica que vivía dentro de mí y que tenía que confirmar aquella recomendación del dentista en sus propias carnes, bueno, dientes:

—A partir de ahora, la niña tiene que tener cuidado con lo que muerde. Siempre mejor con las muelas. Y que se olvide de cosas duras si quiere que esos dientes le lleguen a los 20 años.

Así que mi drama mamá incluyó aquel discurso dentro de su retahíla de discursos varios:

—Ya has oído al dentista. Nada de morder duro. Que con lo que nos han costado esas palas, como para romperlas. ¡Más que mi Seiscientos! Además, si no quieres que te tengan que poner implantes con 15 años, más te vale conservarlas. Bueno, no sé si te importará lo de los implantes, pero como yo tenga que volver a pagar por otras falsas, te pongo a trabajar. Así te lo digo.

Pero como decía, en mi interior vivía una niña empírica que comenzó con las pipas a escondidas, manzanas de contrabando con mi hermana y mordiscos robados en bocatas del cole, y siguió con todo lo demás. Vamos, que yo todo lo abro con los dientes: botes, bolsas, cervezas… Ahora, que la cantidad ingente de collejas que me he llevado por mi espíritu empírico…

—Que no abras eso con los dientes —colleja—; «la nena abrelatas», te voy a llamar. Pero si das dentera y todo. Y como te rompas una pala… ¡Ay, como te rompas una pala!



Consecuencias del consejo:

A mi comer pipas me da vidilla, es como si jugara a la ruleta rusa.

Fama merecida de MacGyver en diversos campamentos. Tú me das un palo y una cuerda, y te limo un arco y una flecha.

Desolación total cuando al final, hace un par de años, una maldita pipa me partió la pala izquierda. Después de haber utilizado los dientes incluso para jugar a la soga tira, una pipa Facundo acabó dándole la razón a aquel dentista.

Cuarta consecuencia: bronca apoteósica con mi madre, que pasará a los anales de nuestras broncas apoteósicas (y eso es mucho decir), porque ya me lo dijo. Hombre, le podía haber recordado que el dentista les dio a la palas una vida máxima de diez años, y que me habían acompañado casi diez más. Podría habérselo recordado, o mejor tú, se lo podías haber recordado tú, porque yo me protegía la nuca mientras ella soltaba espumarajos por la boca.

Quinta consecuencia: una pena terrible por mí misma y cierto flagelo cuando el dentista me dio la factura que tenía que pagar. Mi nueva pala me costó más que el coche que tenía, no el Seiscientos de mi madre, no, el que tenía yo en 2009. Di que tenía un Saxo con 310.000 kilómetros. Que se lo cambié a mi prima Arantxa por un iPod al poco tiempo, en lo que yo creí el mejor acto de trueque de la historia, porque dentro de aquel coche no funcionaba más que el motor. Hasta el freno de mano había que pillarlo con un destornillador para que se sujetara. El iPod ya no funciona y ahí sigue el Saxo, dándolo todo.
Sexta consecuencia: simbiosis extra-temporal cuando en filosofía llegamos a Hume y Locke, esos empíricos que hubieran sabido entenderme. Soy una mujer fuera de mi tiempo, eso es lo que pasa.


Excepciones para utilizarlo:

No abráis las cosas con los dientes, futuros hijos míos. Dádmelas a mí, yo me encargo

martes, 24 de enero de 2012

96. Es que vas sin mirar, nena.

El rincón de los libros olvidados
Que levante la mano quien no haya oído esto en su infancia. ¡Venga ya! Bajad esas manos, mentirosos. Todo el mundo ha oído esto. Pero lo peor no es oírlo, no. Lo peor es el momento en que te lo decían. Justo después de haberte metido una leche. Y, normalmente, acompañado de un ¿pero no lo has visto?

De verdad. Esta frase debería desaparecer del lenguaje. ¿En serio que si alguien lo hubiera visto se hubiera empotrado contra ese radiador? Pues claro que no lo has visto. ¡Coño! Que estás sangrando y sangrar a propósito, pues nunca entra dentro de tus planes.


Cuándo lo utiliza:
Pues eso, siempre después de un golpe. El otro día mismamente: el 31 de diciembre de 2011 a las 9 de la noche. Temperatura exterior menos 2 grados, humedad al 80%, bancos de niebla intermitentes. Hemisferio norte. Meridiano de Greenwich.

La escena va así: el coche familiar, que tiene el mismo volumen que cuatro como el mío y era la tercera vez que lo conducía yo. Primera desaparcando.
Dentro de él: mi hermana, mi novio, y yo al volante.
Fuera: mi madre, mi prima, su hijo bebé, y mi tía, todos dirigiendo la operación.
Lo sé, aquel plan fallaba desde la base. La calle cortada a la derecha por la San Silvestre, y yo teniendo que dar la vuelta en una calle de pueblo con pivotes a los lados de la acera. Vamos, que era una misión para Fernando Alonso. Y, eso, si el tío es pacientoso con las críticas.
Mi tía en zapatillas de casa negociando con un policía municipal para que nos dejara pasar porque no llegábamos a la cena de nochevieja. Mi madre gritando: “Derechaaa, izquierdaaa, tuerce, tuerce, tuerce, yaaaaa”. Que el sargento de hierro al su lado, una nenaza. Mi prima con el niño en brazos animándome con la mirada. Dentro del coche también oía: “Izquierdaaa, derechaaa, tuerce, tuerce, tuerce”. Pero nunca a la vez que las órdenes exteriores.

Y se precipitan los acontecimientos: el municipal insolidario diciendo que no me dejaba pasar (que ya nos veremos las caras, bonito, al tiempo). Mi tía corriendo y gritando por la calle. Yo pensando: aún tenemos que ir a urgencias con ella y a ver quién sale de esta calle a toda leche. Mi madre con un movimiento corporal tipo biodanza pero biodanza de la muerte. Y yo sudando en un pueblo que no pasa de 10 grados en agosto. Y entonces sí, con el coche cruzado en mitad de la calle, llega el artista invitado: el gilipollas de la bocina que no ve que la calle está cortada 20 metros más adelante. Y ahí, sí, yo ya pierdo los nervios y las distancias, y le meto con los bajos del coche a un escalón. Pequeña concreción: a la parte de debajo de los bajos, es decir, al protector. Lo raspo ligeramente. Se hace un silencio sepulcral en el interior del coche, rollo funeral, vamos. Mi prima protege al bebé y oigo un grito desde fuera, desde fuera, o desde las mismas entrañas de la tierra:

- ¿¿¿¿¿¿¡¡¡¡¡Pero es que no lo has vistooooo????!!!!!? Es que vas sin mirar, vas sin mirar. Te he dicho izquierda. Clarísimo lo he dicho.

Y apunto estaba de empotrar el coche a propósito mientras le gritaba a mi hermana que no sé qué me decía de cómo salir de allí, cuándo me acordé de una imagen de mi padre: hace muchos años, en mitad de una carretera mal iluminada arrastrando hacia la cuneta el contenedor contra el que nos habíamos chocado, mientras gritaba: “¿¿¡¡Pero tú crees que si lo hubiera visto me empotro en él??!! ¿En qué cabeza cabe? ¡Por supuesto que no lo he visto! ¡Verlo implica intentar esquivarlo!”. Y mi padre nunca gritaba, ni decía tacos, y creo que le vi perder los papeles 3 veces en su vida, contando el “momento contenedor”. Y me entró una tristeza tan grande, que se pasaron las ganas de empotrar nada.

Consecuencias de la frase:
Entre la tristeza, el cabreo, la tensión y probablemente el sudor en las manos, al aparcar en casa de mi tío le di al coche de atrás. Eso sí, nadie dijo ni mu. Le di las llaves a mi hermana y le dije:
- Todo tuyo. ¿Dónde esta el vino?

Excepciones para utilizarlo:
Ninguna. Tengo bien claro que el golpe que te das es más que suficiente, aún con más motivo, si sangras. Y también que, con toda la adrenalina que tienes en un momento así, lo peor que alguien puede decirte es: ¿es que no lo has visto? Pues claro que no, verlo implica intentar esquivarlo…

domingo, 29 de mayo de 2011

80. Nena no hables de más, solo cuando te pregunten.

Cuddle Fish
Que, claro, el día que mi madre descubra el blog quiero cientos de voluntarios entonando: Yo le pregunté, yo le pregunté. Ya os daré una dirección para escribirle. Lo voy a necesitar.

Cuándo utilizaba el consejo:
Lo recuerdo desde niña. Yo soy habladora, por si ochenta post no os han servido de pista hasta ahora. La típica niña que lo cuenta todo, que habla cuando no tiene que hablar y a la que se le fija en el cerebro todo tipo de frases. Así que cada vez que iba a entrar en contacto con cualquier entorno social mi madre insistía:
- Nena, no hables de más. Solo cuando te pregunten. Que tú vas y sueltas cualquier cosa. Mejor quedar de muda que de pesada. Y sobre todo, no repitas nada de lo que yo digo. Y no seas indiscreta, por dios, no seas indiscreta. Como el jueves en el autobús, que mira que preguntarle directamente a aquella mujer que qué le pasaba. Por favor, qué vergüenza. Pues qué le va a pasar. Que tenía una chepa terrible. Ay, que cada vez que lo recuerdo me pongo mala (y yo peor, porque con cada recuerdo me llevaba una colleja). Y menos mal que era comprensiva y encima te explicó que porque se había caído. Ya lo sabes. Por saltar en la cama. Te sale chepa por saltar en la cama (esto verdad no es, pero ella aprovechaba para asustarme con cualquier cosa). Así que hoy calladica, que vas a una casa importante. Tú como si no tuvieras lengua. Sonríes y solo hablas para dar las gracias. Y si alguien tiene los ojos bizcos, le falta un brazo o tiene dos cabezas, te callas nena. Te guardas la curiosidad y luego si quieres me preguntas a mí. ¿Has entendido? Y compórtate comiendo. Te sientas bien recta y no pongas los codos sobre la mesa, que es una casa importante. Y aléjate de cualquier cosa que tenga ruedas, eso también. Y no toques nada que se pueda romper. O sea, no toques nada. Ay, yo no sé para qué vas a ir. Tu tía que se ha empeñado pero no sabe lo tremenda que eres. Seguro que tenemos un disgusto.
Este “mini” consejo me lo dio justo antes de que una tía mía me llevara a comer a casa de unos amigos suyos, unos señores que en vez de casa tenían un palacete, y en vez de un balcón, que era a lo que yo estaba acostumbrada, tenía tropecientas mil hectáreas, una piscina y una pista de tenis. Así que según se abrió la verja yo había olvidado todo lo que me había dicho mi madre y tenía un solo objetivo: bañarme en aquella piscina, como fuera. Así que cuando la dueña del espacio más grande que yo había visto nunca me dijo: “Mira que niña más guapa, y que vestido más bonito trae”. Yo no me contuve:
- Pues a mí no me gusta nada, porque es de mi prima, que mi tía le hizo este trozo que se llama nido de abeja, aunque no entiendo por qué, porque a mí las abejas me encantan y esto solo pica un montón por dentro. Además, también lo ha llevado mi prima Raquel y luego otra prima mía, pero como es muy alta pues le tuvieron que poner este volante de abajo, que mi madre dice que tiene una vainica monísima, pero se me engancha en todos los lados, y ya me ha dicho mi madre que como lo rompa, me entero, porque luego lo tiene que llevar mi hermana, aunque van a necesitar un montón de vainica de más por todos los lados, porque mi hermana pesa mucho más que yo, porque es una tragalari, que ya se lo dice mi padre, y eso que la tienen a dieta porque la pediatra dice que se va a quedar enana, que yo no lo entiendo porque también dicen que yo me voy a quedar enana y eso que como fatal, y mi madre dice que más que flaca estoy espiritual y me obliga a comer cualquier cosa en bocadillo. ¿Me puedo bañar en la piscina?
La señora y mi tía casi se mean encima y mi tía sin casi cuando se lo contó a mi madre, que casi me mata, pero como me resfrié porque no salí de la piscina hasta las 9 de la noche, y solo porque ya tenía los labios morados, pues mi madre andaba más preocupada en abrigarme que en matarme, por eso fue un casi.
- Mami, no te enfades. Es que me preguntaron…
- ¿Qué te preguntaron? Que si el traje era heredado de cuarta mano, o que si tu hermana tiene problemas con la comida. Explícame. Porque me parece muy difícil que esa señora te preguntara algo así.
- No sé, me lié un poco, es que había piscina…
- No me lo recuerdes, no me lo recuerdes, que ya me ha dicho tu tía que te has pasado 6 horas en el agua en bragas, que ni has comido, ni nada, y que la sobrina de la casa se ha hecho un chichón porque le enseñaste a jugar a la bomba. Y encima catarro. Es que no se te puede sacar de casa.

Consecuencias del consejo:
Pocas. Siempre pienso que hablo de más. Da igual que me comunique con monosílabos, inevitablemente pienso que ese “sí o no”, era demasiada información. Aunque luego también me abro un blog y cuento todos los detalles de mi infancia. Mi madre me mata.
Segunda consecuencia: si me preguntan no tengo freno. Es como si tuviera la excusa perfecta para la incontinencia verbal.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos, este no lo voy a utilizar, porque para cuando vosotros digáis que os queréis bañar en la piscina yo ya habré contado la procedencia de vuestra vestimenta, si coméis mal, si se os dan bien las matemáticas o si vuestra novia es una lagarta. Lo siento, os lo digo desde ya, pero no me contengo, y menos, si hay una piscina por el medio.

lunes, 18 de abril de 2011

74. Daos un beso y pedíos perdón.

Bueno, tengo que admitir que la mayoría de las veces esta frase mi madre la formulaba diferente: “Dale un beso y pídele perdón”. Pero hombre, alguna vez, mi hermana también tenía la culpa. Alguna, digo.

Cuándo utilizaba el consejo:
Cada vez que nos peleábamos. Y, casi siempre, por mi culpa. Mi hermana es una de esas personas que raramente se enfada. Tiene una capacidad de entrega y una tranquilidad que, a pesar de ser cuatro años más pequeña que yo, siempre ha parecido que era la mayor. Yo he sido la niña de las broncas, los chichones y los gritos. Probablemente, dios pensó en compensar a mi madre. Y ella era la niña plácida que sabía reírse como nadie. En serio, tiene una risa contagiosa que deberían dar por la tele cuando el país anduviera deprimido. Bueno, pues a pesar de su personalidad, he conseguido sacarla de quicio. Es otra de mis virtudes, esa y la de vomitar si me concentro. Lo sé, dios ha sido generoso con sus dones.
Normalmente empezábamos suave: que si un empujón porque ese tangram es mío (hay que ser friki para pelear por un trangram pero la necesidad hace milagros), que “de eso nada que me lo regaló la mamá a mí”, un empujón de vuelta, que te piso un pie disimuladamente porque “yo lo estaba usando primera como techo para mi casa de muñecas”, pues yo te piso el pie sin disimulo porque “en la caja del tangram viene mi nombre”, que si “me da igual porque soy la mayor y todo lo que me dé la gana es mío para eso llegaste después” y te meto un pellizco pequeñito (que esto entre hermanos es algo parecido a la invasión de Polonia), y yo te tiro del pelo y “el tangram es súper mío aunque sea la pequeña”, y yo te meto un mordisco que “tú lo que eres es adoptada porque no te pareces en nada a los papás”, y ahí, sí, Hirosima y Nagasaki juntos: tirones, pelliquiztos mortales, patadas, mordiscos y ella gritando: “Eso no es verdad, que todo el mundo dice que soy igual que el abuelo. Retíralo ahora mismo, retíralo o te tragas el tangram pieza a pieza, la grande también”. Bueno mientras tenía lugar esa amable y distendida charla entre hermanas, llegaba mi madre, nos pegaba cuatro gritos y decía:
- Que nos os vuelva a oír discutir. Las hermanas se quieren, no se pegan. Y ahora, daos un beso y pedíos perdón.
Y nos dábamos un beso, que si el aliento pudiera matar, yo a mi hermana la hubiera petrificado varias veces y ella decía:
- Perdóname- pero yo oía perfectamente dentro de su cabeza: “Perdóname zorra pero ya estás corriendo en cuanto salga la mamá porque te pienso pisar la cabeza bonita”.
Porque dios, imagino que también para compensar, hizo que mi hermana menor pudiera, a los pocos años, hacerme placajes y sentarse encima de mí para dejarme inmovilizada. Dios, sus dones y sus actos de justicia a veces no me han hecho ni jodida gracia.

Consecuencias del consejo:
Primera: soy realmente buena escapando a una inmovilización. Mi nombre de guerra era: la lagartija.
Segunda: si alguien me dice “perdóname”, me dan ganas de salir corriendo, por si después me quiere pisar la cabeza.
Abusé durante años del recurrente: “eres adoptada” al ver que funcionaba tan bien. Ella abusó durante años del placaje. Así que, cuarta consecuencia: algunos dedos del pie rotos contra los quicios de las puertas derrapando para huir de mi hermana. Quinta consecuencia: trato cercano con el pediatra de urgencias con el que mi madre conserva, 25 años después, una agradable amistad.
Sexta consecuencia: no entiendo eso que dice la gente de que pedir perdón es difícil. A mí me sale solo. Ahora, de ahí a que le perdone de verdad… zorra de mierda.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, tener una hermana es la leche. Ojalá tengáis la suerte de tener una como la mía: que os acompañe en todos los juegos y te crea cuando le dices que puede volar, una hermana que aguante broncas por ti, que te traiga chocolate cuando te castigan, que te apoye en los actos de rebeldía aunque no vayan con ella, que se coma tu acelgas cuando tu madre se da la vuelta y, que de adulta, siga conservando esa risa que lo llena todo. Pero incluso con una hermana como la mía, cuando invadáis Polonia, no pienso decir: “daos un beso y pedíos perdón” porque sé que es inútil. Es como cuando te mandaban al rincón de pensar. ¿A pensar en qué? ¿Realmente hay algún adulto que crea que el niño está pensando en que ha hecho mal en romper un jarrón por jugar al balón dentro de casa? El niño está pensando: “Esto me pasa por imbécil, la próxima vez le echo la culpa a mi hermana”. Aunque luego, jamás lo haga porque todos sabemos que una cosa es un pellizco mortal y otra muy distinta chivarse de una hermana. Eso no hay dios que lo compense.

lunes, 31 de enero de 2011

58. Como te vea con un cigarro te lo tragas.

Y claro, después de recibir este consejo, pues nunca me vio.

Cuando utilizaba el consejo:
Sin criterio, ni contexto, vamos, como coletilla general en cualquier situación. Pongamos ejemplos:
- Nena, te he preparado la mochila para la excursión y te he metido 500 pesetas, por si acaso. Y no te alejes del grupo, que eres muy de alejarte, y haz caso a las profesoras y como te vea alguien con un cigarro en la boca te lo tragas. (ajá)
- Nena vuelve a casa las 10, ni un minuto más. Mira, para que no te entren dudas, que tú eres muy de dudar. Por cada minuto tarde que llegues, te castigo un mes. Tú verás si te compensa dudar y como te vea con un cigarro en la boca te lo tragas. (ajá)
- Nena baja a por patatas, un kilo, de las de atrás que son las mejores, y le pides un poco de perejil, y  como te vea con un cigarro en la boca te lo tragas. (ajá, ajá).
Mi madre inventó el spam. Palabrita.

Consecuencias del consejo:
Fumo a toda pastilla, con ansiedad, por si acaso anda cerca
Segunda consecuencia: falta de credibilidad en mi madre. Llegué un día casa y después de un par de gritos, la veo en la terraza pequeña de su cuarto:
- ¿Qué haces aquí mamá?- y ella me mira con cara de infarto.
- Pues mirando por la ventana, que hay mucho que mirar- seguía con cara de infarto y un brazo flexionado detrás de la espalda.
- ¿Mamá tú estás fumando?- lo dije con miedo, sabiendo que podía lanzarme por la ventana.
- ¡Pero qué voy a fumar yo! ¡Qué cosas tienes! Ayayayayay esta chica- cara de infarto e ictus.
- Pero mamá...- me estaba jugando la vida- La cortina de detrás tuya está ardiendo -ahí sí se le saltaron los ojos de las órbitas, cara de apoplejía, y un segundo después, sin mirar a la cortina que ardía- Mucho tiempo tienes tú para estar aquí de cháchara, será que ya has ordenado tu cuarto y hecho los deberes, entonces se me ocurre, que te puedes poner a limpiar borraja, por ejemplo, y luego te pasas el aspirador, y...
- Ya me voy, ya me voy...
¡Estaba fumando! ¡La vi! Bueno, en realidad vi como ardía la cortina. Se lo conté a mi hermana como si le contara un secreto en el que está en juego el fututo del planeta. Y nunca, jamás, ni siquiera en la típica cena de nochebuena en la te relajas, jamás, hemos hablando del "incidente de la cortina" . Me podeis llamar cobarde, pero yo me veo más como una superviviente. Ajá.

Excepciones para utilizarlo:
Futuros hijos míos, este consejo no sirve para nada. Fumar es una mierda y siento una enorme envidia de la gente que no fuma y no se tiene que enfrentar a dejar un vicio de mierda como éste. Así que optaré por la técnica de mi no drama papá, mucho más realista.
- ¿Qué la nena fuma? Déjala, que se joda.

lunes, 13 de diciembre de 2010

50. Nena, cuando te vayas, apaga los fuegos.

Bloogpress
Yo esta frase no la entiendo. En serio.
Primero: lo dice como si yo tuviera los fuegos encendidos todo el rato. Como si los fuegos, fueran las luces.
Segundo: me lo sigue diciendo. Tengo 31 años y nunca, repito, nunca he quemado una casa. Pero mi madre piensa que siempre estoy a punto de hacerlo.
Tercero: ¿qué fuegos? Si yo a penas cocino y como mucho enciendo uno para hacer pasta.
Cuarto: lo dice siempre que nos despedimos, como quien dice adiós. También por teléfono, que yo lo mismo no voy a salir de mi casa, pero ella, ante el miedo de que le prenda fuego al edificio, me lo dice: "Nena, cuando te vayas apaga los fuegos".

Consecuencias del consejo:
Pues, clarísimamente, siempre creo que me los he dejado encendidos. No hay como pensar si has apagado algo para que te entre la duda. Y si estoy en casa de mis padres, soy capaz de volver a comprobarlo compulsivamente, 300 kilómetros soy capaz de volver, aunque no haya cocinado. Porque, ¿te imaginas que un día se me olvida y prenden? ¿Te imaginas lo que tendría que aguantar? Pues yo sí, me hago a la idea perfectamente, y siento escalofríos sólo de pensarlo, en realidad me muero un poco sólo de pensarlo.
La segunda consecuencia es una inseguridad constante a producir una catástrofe, inundación o incendio. Vivo en tensión. Porque está claro que si tu madre es capaz de repetirte durante 31 años, unas 300 veces al año, que apagues los fuegos, la plancha, cierres los grifos, quites el gas y cierres la puerta, cada vez que se despide de ti, insisto CADA VEZ QUE SE DESPIDE DE TI, eso es que tu madre ve algo en ti que se te escapa, algo así como la capacidad de destruir el mundo.
Tercera consecuencia: cuando regreso a casa voy pensando "Por dios que no se haya quemado, que no se haya quemado, que mi madre me mata".
Cuarta consecuencia: yo veo un bombero y disimulo, como si hubiera hecho algo malo y estuviera a punto de pillarme.

Excepciones para utilizarlo:
Ninguna. Me niego a cargar a mis futuros hijos con el peso de producir un apocalipsis en cualquier momento. Ahora, eso sí, no sé cómo voy a hacer yo para fiarme de que los apagan porque ¿te imaginas que se les olvida? ¿Te imaginas que se los dejan encendidos y me queman la casa? Mi madre me mata.

lunes, 6 de diciembre de 2010

49. El pescado tiene mucho fósforo, nena.

- Cómete ese chicharro que esta riquísimo, y me ha costado un ojo de la cara, nena. Además el pescado tiene mucho fósforo.
- ¿Por qué se llama tan feo? ¿por eso está tan malo?
- Que feo, ni que feo. Harta me tienes. Todo el día pensando qué hacerte para comer y tú siempre con tus ascos. Eso sí, un día me voy a cansar y entonces ya veremos, os vais enterar de lo que es estar sin mí.
- Mamá es que la piel me da asco...
- Nena es lo que más fósforo tiene. Y el fósforo hace niños listos, y tu padre y yo queremos una niña lista, así que date vida.
- Mama ¿y por qué Dios no puso el fósforo en el queso que está más rico y lo tuvo que poner en la piel del pescado?
- Pero ¡qué cosas tienes! ¿Y quién eres tú para cuestionar dónde puso Dios las cosas? Pues donde le dio la real gana. Sólo faltaba que eres una milindris. ¿Me oyes? Eso es lo que pasa, que yo sí me pregunto cómo Dios me dio una hija tan milindris. Y no encuentro respuesta. Ahora, que tú te comes esa piel ahora mismo. ¿Me oyes? O vas a estar castigada hasta que vayas a la universidad.
- Bueno mami, no te pongas así que sólo era una pregunta...
- Una pregunta dice. Que comas ya eso, hombre, que me tienes harta. Y ni una palabra más.

Consecuencias del consejo:
Lo del fósforo yo lo repetía continuamente de niña. Cada vez que alguien decía algo sobre el pescado ahí estaba yo para contarle al mundo entero "que tiene mucho fósforo y que es muy bueno para el cerebro, que me lo ha dicho mi madre y sobre todo la piel". Estuve a punto de ser linchada en el comedor del colegio un par de veces. Ya sabes, típica situación, la monja le dice a la niña de al lado mía:
- Niña, cómete el pescado.
- Pero hermana es que a mí no me gusta.- Y yo que nunca he sido de medir las consecuencias:
- Pues tiene mucho fósforo y es super bueno para el cerebro. Sobre todo la piel.
- Mira ya lo has oído, a comer y cómete también la piel.
La niña con los ojos inyectados en sangre, y esa cara de: "ya nos veremos en el patio, ya".
Me costó también más de una tarde de aislamiento por parte de mis primos que me bautizaron como "la pesada del fósforo" después de que repitiera la frasecita en una comida familiar. Todos mis tíos me rieron la gracia, y todos mis primos quisieron matarme en ese momento a base de rellenarme de pescado. No es mi imaginación, es exactamente lo que me dijo mi primo "Te voy a meter todo el pescado que sobre por la boca hasta que te quedes rellenica como un pimiento".  Sí, ese es mi primo el sensible.
Por mi empeño en defender sus virtudes se podría deducir que me gustaba el pescado... Ni de broma. Insisto de pequeña sólo me gustaban el queso y los yogures. Ya. Nada más. Pero era un poco resabidilla y sobre todo era un experta desintegradora de comida. Los realmente malos comedores desarrollan todo tipo de técnicas:
1- Partir todo en trozos pequeñitos, esparcirlo por el plato, dejando caer algún trozo fuera.
2- Si a pesar de eso, el adulto insistía, en cuanto se despistaran los comensales de al lado, echarles trozos pequeños a sus platos.
3- Si los comensales se daban cuenta, los radiadores cercanos son capaces de albergar ingentes cantidades de comida. (Está técnica tiene un pero: hay que acordarse de limpiar esa comida ese mismo día. Si no, huele, y tu madre te obliga a comerte eso. Bueno, no se si tu madre, pero la mía sí).
4- Sólo para precavidos: en los bolsillos, colocar estratégicamente papel albal, vaciar el asqueroso pescado en el interior. Seguir siendo una niña feliz en ayunas.

Excepciones para utilizar el consejo:
Pues futuros hijos míos, acabo de buscar en google si lo del pescado es cierto y resulta que el queso, sí, mi amado queso, tiene la misma proporción de fósforo. ¡Mamáaaa! ¡Era mentira, leche! Tanta propaganda que le hice yo al pescado y era mentira.
En fin, eso sí, futuros hijos míos, lo tenéis realmente difícil para engañarme con la comida, me las sé todas. Sí, la de vaciar un peluche de espuma y meterle la comida dentro también.

domingo, 13 de junio de 2010

13. Échate un novio pudiente, creyente y sin pendiente

Así tal cual.
Pequeña explicación del consejo:
Pudiente: que tenga pasta, no hace falta que sea millonario, pero que no pase miserias.  Su explicación: "Nena, eso de "contigo pan y cebolla" es mentira. Si es "contigo pata negra y buen vino", mucho mejor. Más fácil. No quiere decir que vaya a funcionar pero será más fácil. ¿Tú dónde crees que las parejas discuten más? ¿De camping o en un hotel de cinco estrellas? Pues eso, nena, si puedes, que sea pundiente. Todos vamos a vivir más tranquilos. Yo también".
Cuando me dice estas cosas me deja sin palabras. Cuando tenía 16 años, todo mi espíritu romántico le decía: "mamá el amor no se elige, el amor sobrevive a todas las penurias, no importa el dinero en el amor". Ahora me callo, primero por cansancio, y porque verdaderamente discutes menos en un cinco estrellas. Así es la vida.

Creyente: en fin. Esta parte del consejo es la que ha perdido más fuerza con los años. Con que crea en algo: la bondad, las caras de Belmez, o en los yogures bio, de momento, le vale. También le sirven los kiwis. Mi madre cree en los kiwis con una fé ciega.

Sin pendiente: Mejor que hable ella: "Uy uy uy uy... Los modernos esos... Se creerán modernos por llevar pendiente. Uy uy uy uy... Nena, uno de esos no traigas, no, no, no. ¿Me has oído nena? Que a veces creo que no me oyes, y luego pasa lo que pasa. Esos no pueden estar bien de la cabeza ¡Un pendiente! ¡En un hombre! Lo que me quedará por ver... Quieren ser taaannn originales, taaaaan diferentes. Nena, tú uno normal, normal, normal. ¿Me oyes?". La nena ha oído, por eso se queda ojiplática.

Consecuencias del consejo:
Agotadoras discusiones en la adolescia tipo:
- Yo saldré con quién me dé la gana. El amor está por encima de todo, ¿si el papá se hicera un pendiente le dejarías de querer?- ésta soy yo con 16 años, ligeramente deprimida, sensible y explosiva a partes iguales.
-¿Tu padre? Anda nena, ¡tu padre, un pendiente! Es que tienes unas cosas. Tu padre no es de esos, es de los de verdad.- esta es mi madre, simplemente explosiva a cualquier edad.
Segunda consecuencia: novios aterrorizados cada vez que les presentaba a mis padres.
Tercera consecuencia en mi madre: frustración. Sólo un novio mío no ha tenido pendiente.

Excepción para utilizar el consejo:
Nunca. Futuros hijos míos: que os quieran y que os quieran bien, que os hagan reír a carcajadas, que se os erice la piel cuándo andáis cerca, que os dejen espacio, que os sigan de cerca, que crean en vosotros por encima de todas las cosas (incluso de los kiwis), y sobre todo, que sepan que en la vida hay pocas cosas de las que uno no pueda reirse. Muy pocas.

viernes, 4 de junio de 2010

9. Si te toca lo puesto, te guardas algo para un café. Así no serás ludopata.


En fin, ¿por dónde empezar? Lo primero es un consejo raro, muy raro. En toda su pedagogía, que os aseguro que es mucha, ella no intenta que aprenda a ahorrar. Lo que le da miedo es que sea ludópata. Así es ella, llenita de miedos. Lo segundo, me lo dijo antes de ayer, y antes de ayer yo tenía 31 años. La típica edad en la que necesitas un consejo pedagógico sobre ludopatía.
Tercero, y que quede claro, jamás he tenido ningún problema con el juego, las apuestas ni el bingo.

Cómo lo utilizó:
Reproduzco la conversación telefónica literalmente. En serio, es literal:
-¿Qué tal en el trabajo?- dice ella.
- Mal pero como me va a tocar la primitiva  mañana, estoy tranquila- ésta soy yo.
- Uy sí, tú siempre con tu cosas.
- No en serio, que me va a tocar mamá, que llevó 1 mes que me toca lo puesto y vuelvo a jugarlo...- aquí me corta. Allá vamos:
- Nena, si te toca lo puesto, te guardas algo para un café, así no serás ludópata. Si te lo gastas todo... malo, malo.
-....- yo bloqueada, asimilando.
-nena, nena? me oyes? se ha cortado Jesús, nena?
- Estoy aquí mamá- asimilando.
- ¿Me has oído? Que no lo gastes todo.
- Pero si me han tocado 4 euros!
- Pues te guardas dos. Así son las cosas.
- Mamá, te tengo que dejar, me llaman al teléfonillo.
- Mucho te llaman a tí, bueno reina, cuídate y no salgas mucho.
- Vale mamá, hasta mañana.

Consecuencias del consejo:
Me ha quitado la fé. Ya no creo que me vaya a tocar la primitiva.

Excepciones para utilizarlo con mis hijos:
Por dios: nunca.

domingo, 30 de mayo de 2010

2. Si duermes con el pelo mojado, te puede dar un aire.

¿Qué es un aire? Todavía vivo aterrada de que me dé un aire. De pequeña imaginaba que era una especie de ataque que me iba a paralizar la cara. Miles de veces, me he dormido con el pelo mojado y los dedos cruzados.

Me he metido en google a intentar saber si es cierto. Normalmente, busques lo que busques, siempre encuentran un millón de resultados. Lo único que he encontrado son las preguntas en los foros de miles de niñas traumadas que han recibido el mismo consejo.

Una amable doctora dice:
"Lo que hace que los niños se enfermen son los virus y las bacterias, no el hecho de que se acuesten con el cabello mojado". Gracias, doctora.

En cuanto a lo del aire, no he sido capaz de encontrar nada. ¿Alguien sabe qué es un aire?

Cuándo lo utilizaba mi madre:
Preferiblemente en época estival. Siempre que me iba de vacaciones, excursión o a pasar la noche en casa de una amiga.

Consecuencias en la mente de un niño:
Terror a los aires, aunque sin certeza de qué narices son, es decir, miedo a que te pase algo terrible que ni siquiera sabes qué es.

No hay excepción para utilizar este consejo. Lo ha dicho la amable doctora.